19 de noviembre 2014    /   IDEAS
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¡A por las máquinas!

19 de noviembre 2014    /   IDEAS     por          
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Hace unos meses que el supermercado en el que solía hacer la compra cerca de mi casa instaló unas cajas de autopago. En un principio mantuvieron las cajas convencionales atendidas por cajeras junto a las automatizadas. Pero al poco tiempo las cajas tradicionales desaparecieron dando paso a un único lineal automatizado. (Opinión) 

Las cajas autopago me parecen un atraso. No solo son mucho más incómodas, ya que tienes que depositar toda la compra sobre un lector de códigos de barras en un mostrador sumamente pequeño, sino que por el mismo precio en cada producto, yo y otros compradores como yo estábamos prestando un servicio laboral no remunerado a dicho establecimiento. Donde antes había seis o siete cajas, cada una de ellas con su correspondiente empleado, ahora había doce terminales autopago atendidos por una única persona.

Esto es tendencia. No solamente sucede en el supermercado que hay junto a mi casa. Grandes compañías han implantado o están desarrollando políticas que acaban en sistemas parecidos. Amazon anunció hace unos meses que estaba experimentando realizar el reparto de sus pedidos con drones. Correos ha lanzado un sistema de consignas inteligentes para poder enviar y recoger paquetes desde el portal de las viviendas de sus clientes.

El sistema experimental de drones de Amazon, denominado Prime Air, cuenta con la ventaja -según la propia multinacional- de que el comprador pueda recibir su pedido en treinta minutos o menos. Las consignas inteligentes de Correos prometen poder entregar y retirar envíos las 24 horas del día. Estos son los últimos de entre una larga lista de inventos que robotizan el trabajo y por consiguiente destruyen empleos, pero hubo otros: los cajeros automáticos, las expendedoras de billetes del transporte público, las gasolineras autoservicio…

Las cajas autopago me parecen un atraso. No solo son mucho más incómodas, sino que por el mismo precio estamos prestando un servicio laboral no remunerado al establecimiento

Bajo la premisa de la urgencia y el servicio 24/7 las máquinas están copando casi cualquier puesto de atención pública. No temo que se produzca una rebelión de estas siguiendo los pasos de Skynet en la saga Terminator, pero no está de más que tengamos preparado nuestro propio John Connor por si la cosa se desmanda.

La historia no es nueva. En el comienzo de la era de las máquinas, en la Inglaterra de la Revolución Industrial, la política del poder también era el maquinismo. A esta tendencia se le contrapuso una de las estéticas más eficaces y originales de la historia de la lucha obrera: Ned Ludd.

Resulta curioso que una estética o una estrategia política tengan nombre y apellido. Nadie sabe a ciencia cierta si Ned Ludd llegó a existir o no, pero su nombre, su legado y sobre todo sus hechos consiguieron los objetivos perseguidos.

Los propietarios industriales de las factorías textiles comenzaban por entonces a equipar sus industrias con máquinas tejedoras. La implantación de dichas máquinas se traducía en un aumento de la producción y una estandarización de la calidad, pero también en pérdida de empleos y pobreza entre los vecinos de aquella región. Hartos de la situación, los trabajadores de dichas factorías decidieron lanzarse a destruir las máquinas que amenazaban su supervivencia e inventaron a un personaje que encabezara un movimiento carente de estructura y organización. Ahí es donde empieza la polémica. Se supone que Ned era el primero de los destructores de máquinas que en 1779 destruyó (no hay acuerdo sobre si por accidente o no) una tejedora. Pero en 1811, cuando oficialmente comienza el movimiento Luddita, Ned probablemente ya estaría muerto. Aquel Ned Ludd, aquel capitán Ludd solo era un argumento con el que firmar sus acciones.

El capitán Ludd en las zonas urbanas o el capitán Swing en las zonas rurales fueron dos de muchos otros líderes ficticios que, inventados por los auténticos artífices de los sabotajes contraindustriales, conseguían de esta manera un doble fin: salvaguardar su integridad y la de su compañeros y al mismo tiempo extender el terror y la inquietud entre sus patronos.

Durante la década de 1810, el luddismo mantuvo en vilo a la Inglaterra urbana e industrial y debió funcionar porque el movimiento luddita se extendió por Europa llegando hasta España, como por ejemplo durante los sucesos de Alcoy en 1821.

Malcon Thomis en su historia del luddismo (The luddites, 1970) y con la perspectiva de la distancia histórica, apunta que los ludditas primigenios no profesaban ninguna aversión a las máquinas y que tampoco les tenían miedo. De hecho eran obreros industriales que trabajaban a diario con ellas. Pero apunta que los ludditas entendieron que era la mejor estrategia para condicionar a aquellos que les oprimían.

Todas las políticas siguen una estética o viceversa. La estética de la maquinización sigue la política de la deshumanización del trabajo. Por el contrario, la máquina del maquinismo argumenta: una máquina hace el trabajo mucho mejor, más rápido y más perfecto de lo que lo pueda hacer una persona.

Nadie está realmente en contra del progreso cuando el progreso supone eso mismo

Yo no me veo bajando ahora al supermercado y saboteando una caja autopago. Tampoco intentando derribar un Amazon dron. Siempre he tenido muy mala puntería. Pero sí que creo factible emplear estéticas creativas en contra de políticas poco constructivas.

Nadie está realmente en contra del progreso cuando el progreso supone eso mismo. Pero conviene analizar en profundidad si el progreso que proponen determinadas políticas implica un avance social o simplemente uno económico que redunda exclusivamente en dichas empresas.

Comprar y obtener lo comprado en 30 minutos no puede hacer que la humanidad sea mejor. De hecho, si realmente necesitas algo con tan absoluta urgencia, te recomiendo que no lo compres por internet: baja al comercio que te pille más a mano y procura que te atienda una persona. O si es tarde, espera a mañana, quizá ya no necesites tanto eso que ibas a comprar.

Hace unos meses que el supermercado en el que solía hacer la compra cerca de mi casa instaló unas cajas de autopago. En un principio mantuvieron las cajas convencionales atendidas por cajeras junto a las automatizadas. Pero al poco tiempo las cajas tradicionales desaparecieron dando paso a un único lineal automatizado. (Opinión) 

Las cajas autopago me parecen un atraso. No solo son mucho más incómodas, ya que tienes que depositar toda la compra sobre un lector de códigos de barras en un mostrador sumamente pequeño, sino que por el mismo precio en cada producto, yo y otros compradores como yo estábamos prestando un servicio laboral no remunerado a dicho establecimiento. Donde antes había seis o siete cajas, cada una de ellas con su correspondiente empleado, ahora había doce terminales autopago atendidos por una única persona.

Esto es tendencia. No solamente sucede en el supermercado que hay junto a mi casa. Grandes compañías han implantado o están desarrollando políticas que acaban en sistemas parecidos. Amazon anunció hace unos meses que estaba experimentando realizar el reparto de sus pedidos con drones. Correos ha lanzado un sistema de consignas inteligentes para poder enviar y recoger paquetes desde el portal de las viviendas de sus clientes.

El sistema experimental de drones de Amazon, denominado Prime Air, cuenta con la ventaja -según la propia multinacional- de que el comprador pueda recibir su pedido en treinta minutos o menos. Las consignas inteligentes de Correos prometen poder entregar y retirar envíos las 24 horas del día. Estos son los últimos de entre una larga lista de inventos que robotizan el trabajo y por consiguiente destruyen empleos, pero hubo otros: los cajeros automáticos, las expendedoras de billetes del transporte público, las gasolineras autoservicio…

Las cajas autopago me parecen un atraso. No solo son mucho más incómodas, sino que por el mismo precio estamos prestando un servicio laboral no remunerado al establecimiento

Bajo la premisa de la urgencia y el servicio 24/7 las máquinas están copando casi cualquier puesto de atención pública. No temo que se produzca una rebelión de estas siguiendo los pasos de Skynet en la saga Terminator, pero no está de más que tengamos preparado nuestro propio John Connor por si la cosa se desmanda.

Bajo la premisa de la urgencia y el servicio 24/7 las máquinas están copando casi cualquier puesto de atención pública. No temo que se produzca una rebelión de estas siguiendo los pasos de Skynet en la saga Terminator, pero no está de más que tengamos preparado nuestro propio John Connor por si la cosa se desmanda.

La historia no es nueva. En el comienzo de la era de las máquinas, en la Inglaterra de la Revolución Industrial, la política del poder también era el maquinismo. A esta tendencia se le contrapuso una de las estéticas más eficaces y originales de la historia de la lucha obrera: Ned Ludd.

Resulta curioso que una estética o una estrategia política tengan nombre y apellido. Nadie sabe a ciencia cierta si Ned Ludd llegó a existir o no, pero su nombre, su legado y sobre todo sus hechos consiguieron los objetivos perseguidos.

Los propietarios industriales de las factorías textiles comenzaban por entonces a equipar sus industrias con máquinas tejedoras. La implantación de dichas máquinas se traducía en un aumento de la producción y una estandarización de la calidad, pero también en pérdida de empleos y pobreza entre los vecinos de aquella región. Hartos de la situación, los trabajadores de dichas factorías decidieron lanzarse a destruir las máquinas que amenazaban su supervivencia e inventaron a un personaje que encabezara un movimiento carente de estructura y organización. Ahí es donde empieza la polémica. Se supone que Ned era el primero de los destructores de máquinas que en 1779 destruyó (no hay acuerdo sobre si por accidente o no) una tejedora. Pero en 1811, cuando oficialmente comienza el movimiento Luddita, Ned probablemente ya estaría muerto. Aquel Ned Ludd, aquel capitán Ludd solo era un argumento con el que firmar sus acciones.

El capitán Ludd en las zonas urbanas o el capitán Swing en las zonas rurales fueron dos de muchos otros líderes ficticios que, inventados por los auténticos artífices de los sabotajes contraindustriales, conseguían de esta manera un doble fin: salvaguardar su integridad y la de su compañeros y al mismo tiempo extender el terror y la inquietud entre sus patronos.

Durante la década de 1810, el luddismo mantuvo en vilo a la Inglaterra urbana e industrial y debió funcionar porque el movimiento luddita se extendió por Europa llegando hasta España, como por ejemplo durante los sucesos de Alcoy en 1821.

Malcon Thomis en su historia del luddismo (The luddites, 1970) y con la perspectiva de la distancia histórica, apunta que los ludditas primigenios no profesaban ninguna aversión a las máquinas y que tampoco les tenían miedo. De hecho eran obreros industriales que trabajaban a diario con ellas. Pero apunta que los ludditas entendieron que era la mejor estrategia para condicionar a aquellos que les oprimían.

Todas las políticas siguen una estética o viceversa. La estética de la maquinización sigue la política de la deshumanización del trabajo. Por el contrario, la máquina del maquinismo argumenta: una máquina hace el trabajo mucho mejor, más rápido y más perfecto de lo que lo pueda hacer una persona.

Nadie está realmente en contra del progreso cuando el progreso supone eso mismo

Yo no me veo bajando ahora al supermercado y saboteando una caja autopago. Tampoco intentando derribar un Amazon dron. Siempre he tenido muy mala puntería. Pero sí que creo factible emplear estéticas creativas en contra de políticas poco constructivas.

Nadie está realmente en contra del progreso cuando el progreso supone eso mismo. Pero conviene analizar en profundidad si el progreso que proponen determinadas políticas implica un avance social o simplemente uno económico que redunda exclusivamente en dichas empresas.

Comprar y obtener lo comprado en 30 minutos no puede hacer que la humanidad sea mejor. De hecho, si realmente necesitas algo con tan absoluta urgencia, te recomiendo que no lo compres por internet: baja al comercio que te pille más a mano y procura que te atienda una persona. O si es tarde, espera a mañana, quizá ya no necesites tanto eso que ibas a comprar.

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Opiniones 6
  • Yo tengo la esperanza de que esto sea el comienzo de una utopía factible. Porque imaginemos que se cambia de sistema económico global (ya sea por causa directa del uso de máquinas, por Pablo Iglesias, por un genio de la lámpara o cualquier otra razón) y se establece un sistema de renta básica a todos los ciudadanos por el mero hecho de… ser ciudadanos.
    La mayoría de los puestos estarían cubiertos por máquinas, así que habría producción (de alta calidad y con alto rendimiento), y con una renta básica la población podrían consumir los bienes producidos.
    Los que quisieran consumir más de lo que se pueden permitir con su renta básica trabajarían bien cuidando, construyendo o inventando las máquinas; o en el sector del entretenimiento (porque la gente al no trabajar estaría muy aburrida). Con esto se fomentaría la innovación y la creatividad a través de ‘bonus’ económicos procedentes de la organización que distribuya las rentas (yo pienso en un gobierno democrático, para que entre dentro de la calificación de utopía).
    Esto derivaría en una sociedad del ocio, en la que la gente con talento podría dedicarse enteramente a producir más y más entretenimiento y cultura sin preocuparse de trabajar en trabajos mundanos de producción y servicio… porque eso ya lo harían las máquinas.
    En un mundo en el que el proletariado son las máquinas, el sistema capitalista tiene los días contados (o todos morimos de hambre) pero en un sistema de distribución (ejem, socialismo por ejemplo), se puede crear una utopía del ocio como la que he descrito, ¿no?
    Luego ya vendría la rebelión de las máquinas y eso porque las esclavizamos. Pero yo creo que a eso viva no llego.

  • 100% de acuerdo, llevo tiempo que abandono la compra y el carrito, cuando veo muchas colas (por reducción de plantilla) y cuando veo los autocobros, también… Me encantó esa frase: Nadie está realmente en contra del progreso cuando el progreso supone eso mismo.

  • Estoy de acuerdo con lo que dice Alisal porque llevo bastante tiempo pensándolo y a eso añadiría el transformar la sociedad a lo menos material posible para asegurar la perduración o retrasar la desaparición de los recursos naturales. No obstante, no sé por qué no acabo de verlo posible.
    PD: demos gracias a quien sea de que seamos un país semisubdesarrollado y no hayan llegado todavía con fuerza las cajas de autopago. Porque viajando por Europa uno puede ver que en otros países llevan mucho tiempo instauradas y yo, de momento, no me fio

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