2 de septiembre 2021    /   IDEAS
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Por qué el alemán tiene una palabra específica para todo

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Uno de los efectos colaterales que ha tenido la crisis del coronavirus es que ha obligado a definir nuevos conceptos y a crear nuevas prácticas en el día a día, prácticas que no siempre existían antes o no tenían un nombre con el que referirse a ellas. El coronavirus nos ha obligado a encontrar nuevos términos, aunque no todos los idiomas lo han hecho con el mismo entusiasmo y casi se podría decir con la misma eficacia.

Si pienso en las nuevas palabras que dejó la pandemia en mi entorno, así, a bote pronto, solo se me ocurren como nuevos vocablos el covidiota que se tradujo desde el inglés al castellano y tuvo su momento de gloria en el verano de 2020, y el covidauto y el cribabús que el Servizo Galego de Saúde sumó al gallego abriendo esos servicios y nombrándolos así.

Por el contrario, si yo fuese hablante de alemán, tendría mucho más para escoger. Una estimación de principios de este año apunta que el alemán sumó más de 1.200 palabras durante la pandemia. En alemán hay una palabra para la mascarilla de diario (alltagsmaske) o para la distancia social (mindestabstandsregelung) y la gente que la cumple a rajatabla (los anderthalbmetergesellschaft).

Pero lo cierto es que, si yo fuese esa hablante de alemán, en realidad, tendría palabras para todo, hasta para el dolor premenstrual. Se llama mittelschmerz y que la palabra exista maravillaba hace unas semanas a los usuarios de Twitter.

Igual que hace unos años Steve Jobs prometía que habría una app para todo, el idioma alemán podría hacer lo mismo, pero en el plano del vocabulario. Tiene una palabra para absolutamente todo. Si alguien con quien estás comiendo ha pedido un plato que en realidad te gusta más y ahora te arrepientes, tienes futterneid. Si no puedes contener la emoción cuando ves unas ruinas históricas, sufres de ruinenlust. Y así término tras término.

NO ES MAGIA, ES GRAMÁTICA

¿Por qué los alemanes tienen palabras para todo y consiguen condensar en términos específicos cuestiones complejas que en otros idiomas requieren párrafos llenos de explicaciones?

Para una persona que viene de las lenguas romances, la cuestión parece magia. En estas lenguas, hay palabras comodín que valen para todo (y que asumo que son la pesadilla de quienes las aprenden), pero no esa casi brujería de encontrarse un término específico para una necesidad concreta. Simplemente, me dijo una amiga que estudió alemán en su juventud cuando le comenté esta fascinación sin terminar de comprenderla y pinchando la magia, son palabras compuestas.

Al otro lado del teléfono, Gabriele Kreuter-Lenz, la directora del Goethe-Institut Barcelona, me da la razón, al menos en el primer punto. Sí, en alemán existen palabras «muy específicas, muy concretas», aunque también recuerda que en inglés también se han ido creando términos bastante específicos.

Tanto Kreuter-Lenz como Alexandra Gassler, profesora de alemán en Berlitz, la otra experta en el idioma con la que hablé buscando una explicación a esto, acaban hablando de lo mismo que señaló mi amiga. Si en alemán hay tantas palabras tan específicas, es porque el idioma permite hacer palabras compuestas. Vamos, que no es magia. Es gramática.

UNA LENGUA FLUIDA 

«El alemán es conocido, sobre todo, por las palabras ultralargas, que casi siempre son al mismo tiempo las palabras ultraespecíficas», me dice Gassler; «estas son el resultado de compuestos». Esta profesora las compara con el mecanismo que en castellano usamos cuando unimos términos con la preposición de, como en toque de queda. En alemán, las palabras se fusionan.

Por supuesto, para hacerlo existen reglas gramaticales, pero aun así la realidad es mucho más flexible y el idioma casi se podría decir que es más plástico. De hecho, lo sorprendente no parece tanto que esas palabras existan como el hecho de que rápidamente se integren en la lengua, como ocurre con la avalancha de nuevos términos generados por la pandemia del coronavirus. Gabriele Kreuter-Lenz explica que en alemán «hay mucha más fluidez» en la lengua. Las palabras nuevas se integran rápido y lo mismo ocurre con los cambios en la gramática. «Cosas que hace seis años eran errores ahora se pueden leer en los periódicos más importantes», añade.

Ayuda, quizás, que los medios de referencia no estén esperando a que los términos tengan el ok de un organismo como la Real Academia Española, mucho más lento que la lengua de la calle, para aceptarlos.

Eso no implica que el alemán fluya sin ningún tipo de control. Las nuevas palabras compuestas entran y salen de los diccionarios más importantes, pero también se hace un seguimiento de los cambios que se registran. «La creación de nuevas palabras está documentada, por ejemplo, por el Leibniz-Institut für Deutsche Sprache, una institución científica que se dedica al análisis de cambios en el alemán actual», apunta Alexandra Gassler.

POR QUÉ NO TENER MIEDO A LAS PALABRAS LARGAS 

Quizás, por muy mágicas que parezcan desde fuera, las palabras compuestas son uno de esos elementos que hacen que el alemán dé miedo.

Para quien no habla alemán, (nos) parece una cumbre demasiado complicada de alcanzar. Gassler reconoce que generan «un efecto intimidante a los principiantes», pero que una vez que se comprende cómo se forman se entiende que «su semántica es generalmente transparente». Gabriele Kreuter-Lenz añade que, una vez que has pasado esa primera etapa, queda claro que este tipo de palabras se crean de forma lógica. Lo mejor, dice, para descubrir si aprender alemán es para nosotros, es probarlo.

Luego, poder crear palabras a medida parece, ciertamente, un poderoso incentivo.

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Uno de los efectos colaterales que ha tenido la crisis del coronavirus es que ha obligado a definir nuevos conceptos y a crear nuevas prácticas en el día a día, prácticas que no siempre existían antes o no tenían un nombre con el que referirse a ellas. El coronavirus nos ha obligado a encontrar nuevos términos, aunque no todos los idiomas lo han hecho con el mismo entusiasmo y casi se podría decir con la misma eficacia.

Si pienso en las nuevas palabras que dejó la pandemia en mi entorno, así, a bote pronto, solo se me ocurren como nuevos vocablos el covidiota que se tradujo desde el inglés al castellano y tuvo su momento de gloria en el verano de 2020, y el covidauto y el cribabús que el Servizo Galego de Saúde sumó al gallego abriendo esos servicios y nombrándolos así.

Por el contrario, si yo fuese hablante de alemán, tendría mucho más para escoger. Una estimación de principios de este año apunta que el alemán sumó más de 1.200 palabras durante la pandemia. En alemán hay una palabra para la mascarilla de diario (alltagsmaske) o para la distancia social (mindestabstandsregelung) y la gente que la cumple a rajatabla (los anderthalbmetergesellschaft).

Pero lo cierto es que, si yo fuese esa hablante de alemán, en realidad, tendría palabras para todo, hasta para el dolor premenstrual. Se llama mittelschmerz y que la palabra exista maravillaba hace unas semanas a los usuarios de Twitter.

Igual que hace unos años Steve Jobs prometía que habría una app para todo, el idioma alemán podría hacer lo mismo, pero en el plano del vocabulario. Tiene una palabra para absolutamente todo. Si alguien con quien estás comiendo ha pedido un plato que en realidad te gusta más y ahora te arrepientes, tienes futterneid. Si no puedes contener la emoción cuando ves unas ruinas históricas, sufres de ruinenlust. Y así término tras término.

NO ES MAGIA, ES GRAMÁTICA

¿Por qué los alemanes tienen palabras para todo y consiguen condensar en términos específicos cuestiones complejas que en otros idiomas requieren párrafos llenos de explicaciones?

Para una persona que viene de las lenguas romances, la cuestión parece magia. En estas lenguas, hay palabras comodín que valen para todo (y que asumo que son la pesadilla de quienes las aprenden), pero no esa casi brujería de encontrarse un término específico para una necesidad concreta. Simplemente, me dijo una amiga que estudió alemán en su juventud cuando le comenté esta fascinación sin terminar de comprenderla y pinchando la magia, son palabras compuestas.

Al otro lado del teléfono, Gabriele Kreuter-Lenz, la directora del Goethe-Institut Barcelona, me da la razón, al menos en el primer punto. Sí, en alemán existen palabras «muy específicas, muy concretas», aunque también recuerda que en inglés también se han ido creando términos bastante específicos.

Tanto Kreuter-Lenz como Alexandra Gassler, profesora de alemán en Berlitz, la otra experta en el idioma con la que hablé buscando una explicación a esto, acaban hablando de lo mismo que señaló mi amiga. Si en alemán hay tantas palabras tan específicas, es porque el idioma permite hacer palabras compuestas. Vamos, que no es magia. Es gramática.

UNA LENGUA FLUIDA 

«El alemán es conocido, sobre todo, por las palabras ultralargas, que casi siempre son al mismo tiempo las palabras ultraespecíficas», me dice Gassler; «estas son el resultado de compuestos». Esta profesora las compara con el mecanismo que en castellano usamos cuando unimos términos con la preposición de, como en toque de queda. En alemán, las palabras se fusionan.

Por supuesto, para hacerlo existen reglas gramaticales, pero aun así la realidad es mucho más flexible y el idioma casi se podría decir que es más plástico. De hecho, lo sorprendente no parece tanto que esas palabras existan como el hecho de que rápidamente se integren en la lengua, como ocurre con la avalancha de nuevos términos generados por la pandemia del coronavirus. Gabriele Kreuter-Lenz explica que en alemán «hay mucha más fluidez» en la lengua. Las palabras nuevas se integran rápido y lo mismo ocurre con los cambios en la gramática. «Cosas que hace seis años eran errores ahora se pueden leer en los periódicos más importantes», añade.

Ayuda, quizás, que los medios de referencia no estén esperando a que los términos tengan el ok de un organismo como la Real Academia Española, mucho más lento que la lengua de la calle, para aceptarlos.

Eso no implica que el alemán fluya sin ningún tipo de control. Las nuevas palabras compuestas entran y salen de los diccionarios más importantes, pero también se hace un seguimiento de los cambios que se registran. «La creación de nuevas palabras está documentada, por ejemplo, por el Leibniz-Institut für Deutsche Sprache, una institución científica que se dedica al análisis de cambios en el alemán actual», apunta Alexandra Gassler.

POR QUÉ NO TENER MIEDO A LAS PALABRAS LARGAS 

Quizás, por muy mágicas que parezcan desde fuera, las palabras compuestas son uno de esos elementos que hacen que el alemán dé miedo.

Para quien no habla alemán, (nos) parece una cumbre demasiado complicada de alcanzar. Gassler reconoce que generan «un efecto intimidante a los principiantes», pero que una vez que se comprende cómo se forman se entiende que «su semántica es generalmente transparente». Gabriele Kreuter-Lenz añade que, una vez que has pasado esa primera etapa, queda claro que este tipo de palabras se crean de forma lógica. Lo mejor, dice, para descubrir si aprender alemán es para nosotros, es probarlo.

Luego, poder crear palabras a medida parece, ciertamente, un poderoso incentivo.

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Opiniones 7
  • Encuentro bastante sesgado que se hable de las lenguas romances como si fueran idiomas rígidos y poco precisos porque no tienden a formar compuestos como lo hacen el inglés y el alemán. Cualquiera que sepa de lingüística conoce que los idiomas tienen una serie de rasgos que forman un todo coherente, y que no se entienden los unos sin los otros. Por ejemplo, la tan cacareada facilidad del inglés para formar compuestos, mayor que la del castellano, sin duda, es la otra cara de la moneda de la extrema pobreza de la sintaxis de ese idioma en comparación con la sintaxis del castellano, mucho más flexible, rica, variada y capaz de expresar matices que la del inglés, que se ve obligado a formar compuestos para suplir sus escasos recursos sintácticos.
    En cuanto al alemán, buena parte de su riqueza léxica viene dada por los calcos que hizo del latín; no se puede comprender la estructura actual del alemán sin la huella de la lengua latina.
    Por lo que se refiere a la RAE, es ya un tópico verla como una institución poco menos que clasista, conservadora, esnob e inflexible, olvidando que gracias a las varias academias podemos entendernos los cientos de millones de castellanoparlantes de América y Europa; sin su labor estaríamos ya divididos en dialectos en camino de ser ininteligibles entre sí. El sistema alemán está pensado para un número de hablantes muy inferior al del castellano.
    Quizá, antes de emitir juicios sobre los idiomas, convendría tener en cuenta todos los criterios lingüísticos necesarios para evaluar la cuestión.

    • Este…yo hablo alemán, soy C2, y mi pregunta es: en qué parte de ete mundo a los dolores premestruales se les llama Mittelschmerzen =(«dolores del medio»)?

    • Muy buenos apuntes, José Carlos. Pero tampoco hay por qué sacrificar a la autora, que principalmente quería mostrarnos una cara positiva de la architemida lengua germana.

      En mi opinión, las palabras compuestas en inglés sí que habitualmente están ahí supliendo sus carencias léxicas. Pero en el alemán, si bien algunas palabras compuestas sí cumplen esa función a falta de un vocablo específico (como el caso de Verkehrsmittel = vehículo, Abendessen =cena, o Regenjacke = chubasquero), otras palabras sí condensan más información de la que jamás podríamos expresar con «xxxxxx de xxxxxx». Famosos son Schadenfreude o Wanderlust, pero ejemplos los hay a patadas.

      En situaciones en las que a uno le preguntan algo incómodo de responder, y hay que salirse con una respuesta rápida y convincente sin desvelar toda la verdad. Entramos en estado de Erklärungsnot (urgencia de aclarar).

      Heimatweh expresa lo que la gallega morriña y su antónimo Fernweh, las ansias de dejarlo todo y salir en busca de otra vida.

      Cuando gente de diversas edades y entornos socioeconómicos confluyen en una corriente de pensamiento, se habla de Zeitgeist.

      Y así un sinfín de conceptos que nosotros tardamos varias líneas en definir y a veces nunca logramos hacerlo con la misma connotación.

      Eso sí, los alemanes podrán ser todo lo precisos que quieran, pero nunca disfrutarán de un repertorio tan variado y contundente de palabrotas y lenguaje soez como el castellano.

      ¡Un saludo!

  • Y ahora corrijo, no vaya a ser que no me contesten por apurarme y no corregir.¿ En qué parte de eSte …?

  • Holi,
    Los sustantivos en alemán se escriben en mayúscula. Mindestabstandregelung no significa «distancia social» sino «normativa de separación mínima». Aparte de eso me hace gracia el enfoque del artículo. Yo nunca vi a esas palabras aglutinadas como algo mágico. Entiendo que este artículo pretende ser lúdico y para nada una reflexión seria sobre la gramática alemana. Así que paro con las correciones 🙂
    Como curiosidad, el alemán no es ni mucho menos el único idioma aglutinante. Tenemos más cerca al euskera, que también lo es (y desde hace bastante más tiempo).
    Viele Grüße!

  • Comentarios cerrados.

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