7 de febrero 2022    /   CREATIVIDAD
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¿Por qué la fotografía ‘post mortem’ nos causa tanto pavor?

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Suele ocurrir que el primer encontronazo con la fotografía post mortem normalmente causa rechazo. ¿Fotos de muertos? ¿Por qué y para qué? ¡Qué necesidad! Si ya nos da mala espina ver un cuerpo sin vida, imagina instantáneas así. El asunto es que cuando te informas un poco, la perspectiva cambia. Un sentimiento que es normal en este mundo actual en el que estamos alejados de todo lo que tiene que ver con la muerte.

Pero lo que algunos rechazamos, para otros es atractivo. Como el caso del actor Carlos Areces y la doctora en fotografía post mortem Virginia de la Cruz Lichet, quienes, desde el momento que tuvieron constancia de su existencia, quedaron cautivados por esta. Y muestra de ello es el libro Post mortem. Collectio Carlos Areces, una obra editada minuciosamente, en gran tamaño y con la portada de terciopelo, para el que el primero ha aportado su colección de estas fotografías y la segunda ha escrito una obra inédita en torno a este arte.

fotografía post mortem
Colección Carlos Areces

Cuenta Carlos Areces que no tenía constancia de esta fotografía hasta el año 2001, cuando vio por primera vez Los otros, de Alejandro Amenábar (quien, por cierto, escribió un prólogo para el libro). En ella, la fotografía post mortem tiene un peso importante en la trama y «al final se descubre que los asistentes están todos muertos gracias a una instantánea post mortem».

Así que, como gran coleccionista que es, según terminó la cinta se fue a informar para ver si era cierto que existían. «Era 2001, internet no era como ahora, así que me puse a buscar en las tiendas a las que yo iba a comprar fotografías antiguas de comuniones, que me gustaban mucho. En una de ellas me dijeron que sí, que tenían tres en un cajón. Ahí comencé a coleccionarlas», comenta el actor. Hasta hoy, que cuenta con más de 150.

Carlos Areces

UNA MUESTRA DE AFECTO

Una atracción que sintió desde el primer momento porque, como dice, cumple con dos requisitos: es una fotografía que ha pasado muy de puntillas por la historia oficial y está tomada en la privacidad. «A mí esto es algo que me llama la atención. Todo lo que me gusta está centrado en la intimidad de la familia, en la privacidad. Todo lo que tiene que ver con las comuniones, las bodas, las celebraciones familiares, con la vida rutinaria del siglo XIX y del XX. Los retratos sin ninguna trascendencia pública».

«La fotografía post mortem cumple estos requisitos, ya que es una muestra de afecto y una forma de mantener el recuerdo del ser amado —continúa explicando el actor—. Recordemos que durante el siglo XIX no era muy habitual y, sobre todo, que las fotografías eran muy caras. Y como todo lo que pasa de puntillas, todo lo que no se muestra, me despertó un interés especial. Por lo poco que se habla de ella».

Colección Carlos Areces

Virginia de la Cruz Lichet se acercó a este tipo de fotografía a través del fotógrafo gallego Virxilio Viéitez. «Estaba haciendo una tesis sobre él y descubrí algunos trabajos de este tipo de fotos. Me llamaron mucho la atención y busqué otros fotógrafos que hubieran hecho lo mismo. Era algo que estaba muy generalizado, aunque en ese momento no lo supiera», explica.

«La pregunta que todo el mundo se hace de forma natural es que por qué se hacían. Yo también me la hice, hasta que me di cuenta de que no era inusual. Al final, su finalidad es plasmar otro rito de paso, como la comunión o las bodas. Por ello el fotógrafo capturaba instantáneas de los funerales. Me di cuenta de que hoy en día estábamos con una percepción de la muerte totalmente distinta y quería ver por qué ese cambio de mentalidad con respecto a aquella época», comenta.

Virginia de la Cruz Lichet

¿POR QUÉ HEMOS CAMBIADO LA FORMA DE RELACIONARNOS CON ELLA (Y CON LA MUERTE)?

La ¿evolución? vivida en la sociedad es la clave, y la migración a las ciudades y el avance en la medicina, algunos de los culpables. «En las urbes hay una separación clara entre el espacio de la muerte y la vida. En los pueblos es al revés: los cementerios estaban en el centro, los cuerpos sin vida se velaban en casa, todo el mundo acompaña al difunto, algo que en la ciudad no se puede», cuenta la escritora.

Pero también afecta el hecho de que haya menos muertes, de que sea menos cotidiano. «Antiguamente, en todas las familias había un niño fallecido, algo que hoy en día sería un drama», sostiene Virginia de la Cruz Lichet. Una teoría que también secunda Carlos Areces, quien añade que «cuando alguien se nos muere, no nos ocupamos de nada. Es una rutina que nos resulta desagradable. El otro día veía un documental sobre este tipo de fotografía que decía que el tabú del siglo XIX era el sexo y el del XX la muerte. Y yo añado que el del XXI es la muerte y la vejez. Básicamente porque no nos gusta».

Colección Carlos Areces
Colección Carlos Areces

Por ello muchas de las fotografías post mortem que se iban heredando se rompían ya que causaban incomodidad. «Incluso en herencias de fotógrafos conocidos. El problema es que cada vez que se destruye una foto del tipo que sea estamos destruyendo información. La fotografía es la disciplina que mejor puede describir, es la ventana más fiable que tenemos. Aunque muchas veces haya sido manipulada, lo que tú ves es lo que había», explica Areces.

MÁS FAMILIARIZADOS CON ELLAS DE LO QUE PENSAMOS

Lo curioso de estas fotografías es que estamos más familiarizados con ellas de lo que pensamos. Aunque hayan caído mucho en desuso, hay algunos ámbitos en los que se siguen utilizando. Por ejemplo, cuando se muere un famoso o una persona que ha tenido relevancia se muestra su cuerpo sin vida. Como el caso de Maradona o de Lola Flores.

Otro de los usos que se le sigue dando es como material de estudio. Virgina de la Cruz Lichet apunta que ahora mismo se encuentra trabajando con fotógrafos colombianos sobre cuestiones del duelo y la memoria en el país latinoamericano. Es decir, cómo el arte contribuye en la sociedad colombiana a construir este tipo de procesos.

Colección Carlos Areces

«Uno de los mayores problemas a la hora de afrontar el duelo son las desapariciones forzadas, que los seres queridos no sepan si ha muerto o no. El hecho de poder ver el difunto y prepararlo, de hacerle un velatorio, son pasos que contribuyen a aceptar la muerte. En el momento en que separamos todo eso, si eliminamos etapas, he podido comprobar que se hace más difícil el duelo. En este caso, la fotografía post mortem juega un papel importante», sostiene.

Carlos Areces tampoco cree que sea algo que haya desaparecido del todo. Y habla del proyecto Stillbirth, que recomienda acudir a la fotografía post mortem cuando un bebé nace muerto o fallece a las pocas horas. «En estos casos, este tipo de instantáneas ayuda a los padres a sobrellevar el duelo porque es muy importante dejar constancia del paso por la vida de ese niño. Por supuesto, la memoria no se puede compartir, pero el hecho de hacerle una foto es un testimonio de que esa persona ha existido. Y eso es importante», cierra el actor.

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Pero lo que algunos rechazamos, para otros es atractivo. Como el caso del actor Carlos Areces y la doctora en fotografía post mortem Virginia de la Cruz Lichet, quienes, desde el momento que tuvieron constancia de su existencia, quedaron cautivados por esta. Y muestra de ello es el libro Post mortem. Collectio Carlos Areces, una obra editada minuciosamente, en gran tamaño y con la portada de terciopelo, para el que el primero ha aportado su colección de estas fotografías y la segunda ha escrito una obra inédita en torno a este arte.

fotografía post mortem
Colección Carlos Areces

Cuenta Carlos Areces que no tenía constancia de esta fotografía hasta el año 2001, cuando vio por primera vez Los otros, de Alejandro Amenábar (quien, por cierto, escribió un prólogo para el libro). En ella, la fotografía post mortem tiene un peso importante en la trama y «al final se descubre que los asistentes están todos muertos gracias a una instantánea post mortem».

Así que, como gran coleccionista que es, según terminó la cinta se fue a informar para ver si era cierto que existían. «Era 2001, internet no era como ahora, así que me puse a buscar en las tiendas a las que yo iba a comprar fotografías antiguas de comuniones, que me gustaban mucho. En una de ellas me dijeron que sí, que tenían tres en un cajón. Ahí comencé a coleccionarlas», comenta el actor. Hasta hoy, que cuenta con más de 150.

Carlos Areces

UNA MUESTRA DE AFECTO

Una atracción que sintió desde el primer momento porque, como dice, cumple con dos requisitos: es una fotografía que ha pasado muy de puntillas por la historia oficial y está tomada en la privacidad. «A mí esto es algo que me llama la atención. Todo lo que me gusta está centrado en la intimidad de la familia, en la privacidad. Todo lo que tiene que ver con las comuniones, las bodas, las celebraciones familiares, con la vida rutinaria del siglo XIX y del XX. Los retratos sin ninguna trascendencia pública».

«La fotografía post mortem cumple estos requisitos, ya que es una muestra de afecto y una forma de mantener el recuerdo del ser amado —continúa explicando el actor—. Recordemos que durante el siglo XIX no era muy habitual y, sobre todo, que las fotografías eran muy caras. Y como todo lo que pasa de puntillas, todo lo que no se muestra, me despertó un interés especial. Por lo poco que se habla de ella».

Colección Carlos Areces

Virginia de la Cruz Lichet se acercó a este tipo de fotografía a través del fotógrafo gallego Virxilio Viéitez. «Estaba haciendo una tesis sobre él y descubrí algunos trabajos de este tipo de fotos. Me llamaron mucho la atención y busqué otros fotógrafos que hubieran hecho lo mismo. Era algo que estaba muy generalizado, aunque en ese momento no lo supiera», explica.

«La pregunta que todo el mundo se hace de forma natural es que por qué se hacían. Yo también me la hice, hasta que me di cuenta de que no era inusual. Al final, su finalidad es plasmar otro rito de paso, como la comunión o las bodas. Por ello el fotógrafo capturaba instantáneas de los funerales. Me di cuenta de que hoy en día estábamos con una percepción de la muerte totalmente distinta y quería ver por qué ese cambio de mentalidad con respecto a aquella época», comenta.

Virginia de la Cruz Lichet

¿POR QUÉ HEMOS CAMBIADO LA FORMA DE RELACIONARNOS CON ELLA (Y CON LA MUERTE)?

La ¿evolución? vivida en la sociedad es la clave, y la migración a las ciudades y el avance en la medicina, algunos de los culpables. «En las urbes hay una separación clara entre el espacio de la muerte y la vida. En los pueblos es al revés: los cementerios estaban en el centro, los cuerpos sin vida se velaban en casa, todo el mundo acompaña al difunto, algo que en la ciudad no se puede», cuenta la escritora.

Pero también afecta el hecho de que haya menos muertes, de que sea menos cotidiano. «Antiguamente, en todas las familias había un niño fallecido, algo que hoy en día sería un drama», sostiene Virginia de la Cruz Lichet. Una teoría que también secunda Carlos Areces, quien añade que «cuando alguien se nos muere, no nos ocupamos de nada. Es una rutina que nos resulta desagradable. El otro día veía un documental sobre este tipo de fotografía que decía que el tabú del siglo XIX era el sexo y el del XX la muerte. Y yo añado que el del XXI es la muerte y la vejez. Básicamente porque no nos gusta».

Colección Carlos Areces
Colección Carlos Areces

Por ello muchas de las fotografías post mortem que se iban heredando se rompían ya que causaban incomodidad. «Incluso en herencias de fotógrafos conocidos. El problema es que cada vez que se destruye una foto del tipo que sea estamos destruyendo información. La fotografía es la disciplina que mejor puede describir, es la ventana más fiable que tenemos. Aunque muchas veces haya sido manipulada, lo que tú ves es lo que había», explica Areces.

MÁS FAMILIARIZADOS CON ELLAS DE LO QUE PENSAMOS

Lo curioso de estas fotografías es que estamos más familiarizados con ellas de lo que pensamos. Aunque hayan caído mucho en desuso, hay algunos ámbitos en los que se siguen utilizando. Por ejemplo, cuando se muere un famoso o una persona que ha tenido relevancia se muestra su cuerpo sin vida. Como el caso de Maradona o de Lola Flores.

Otro de los usos que se le sigue dando es como material de estudio. Virgina de la Cruz Lichet apunta que ahora mismo se encuentra trabajando con fotógrafos colombianos sobre cuestiones del duelo y la memoria en el país latinoamericano. Es decir, cómo el arte contribuye en la sociedad colombiana a construir este tipo de procesos.

Colección Carlos Areces

«Uno de los mayores problemas a la hora de afrontar el duelo son las desapariciones forzadas, que los seres queridos no sepan si ha muerto o no. El hecho de poder ver el difunto y prepararlo, de hacerle un velatorio, son pasos que contribuyen a aceptar la muerte. En el momento en que separamos todo eso, si eliminamos etapas, he podido comprobar que se hace más difícil el duelo. En este caso, la fotografía post mortem juega un papel importante», sostiene.

Carlos Areces tampoco cree que sea algo que haya desaparecido del todo. Y habla del proyecto Stillbirth, que recomienda acudir a la fotografía post mortem cuando un bebé nace muerto o fallece a las pocas horas. «En estos casos, este tipo de instantáneas ayuda a los padres a sobrellevar el duelo porque es muy importante dejar constancia del paso por la vida de ese niño. Por supuesto, la memoria no se puede compartir, pero el hecho de hacerle una foto es un testimonio de que esa persona ha existido. Y eso es importante», cierra el actor.

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