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8 de abril 2011    /   IDEAS
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Por qué las reuniones no sirven para (casi) nada

8 de abril 2011    /   IDEAS     por          
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Recuerdo que durante mis primeras prácticas estaba deseando que me invitasen a una reunión. Veía a mis compañeros dirigirse con sus agendas hacia la sala de reuniones y, cuando tras el último, se cerraba la puerta, yo me decía: “Pronto estaré ahí dentro tratando asuntos importantes y resolviendo los problemas de la empresa”.
Algunos años y reuniones después, debo decir que son un camelo. Puedo afirmar que, hasta la fecha, he acudido a más reuniones de las necesarias. Sí, a más de las necesarias, porque la mitad tratan asuntos totalmente irrelevantes y, de la otra mitad, un porcentaje elevado no llevan a ningún sitio por estar mal estructuradas y dirigidas o por llevarse a cabo a destiempo.
Seamos serios. ¿Me puede explicar alguien para qué sirve una reunión un lunes a las 8:30 de la mañana? En teoría para organizar y estructurar la semana. En mi opinión, para soliviantar al personal desde bien temprano y reducir su rendimiento, de por sí no muy alto los lunes por la mañana.
¿Para qué sirven las reuniones de los viernes a última hora? Pues, a no ser que sean para destacar algún logro o unos buenos resultados que animen y motiven, solo sirven para que vayamos a tomarnos la cerveza del viernes con más ganas aún y para que, tras la segunda o tercera, empecemos a rajar del jefe con más ímpetu que de costumbre.
Muchos managers o directores dedican gran parte de su tiempo a organizar reuniones con el único objetivo de controlar el trabajo de sus empleados, para camuflar sus propias carencias y para aparentar ante su equipo, sus empleados y/o superiores y justificar su tiempo y sueldo.
Refiriéndome en todo momento a reuniones internas, no estoy diciendo que todas sean innecesarias. Considero que son fundamentales para compartir ideas y puntos de vista, para mejorar la creatividad, establecer objetivos, exponer problemas y buscar soluciones. Sin embargo, creo que están sobrevaloradas y que, en su mayoría, no sirven porque interrumpen los flujos de trabajo y porque destruyen en lugar de crear.
Por favor, managers del mundo, cuando se os encienda la bombilla y creáis que es momento para una reunión, respirad hondo, contad hasta diez y dejad que la idea salga plácidamente de vuestra mente. Si pasado un tiempo, la idea vuelve, respirad hondo de nuevo, contad hasta veinte, y así sucesivamente hasta que la idea realmente desaparezca. En serio, todo seguirá funcionando bien. No se os necesita tanto como creéis, ni a vosotros, ni a vuestras reuniones. Si la idea persiste, entonces nos lo planteamos en serio.
Mirad, el tema es simple. Antes de convocarla, preguntaos: ¿Tenemos una buena razón para hacerla? ¿Sacaremos algo positivo para la empresa? ¿Será productiva esta reunión? Si la respuesta es con toda honestidad “sí, es necesaria para la compañía o el proyecto”, entonces adelante con ella.
Si, por el contrario, la respuesta es no y sólo estáis aburridos, no queréis trabajar mucho ese día o, simplemente, queréis aparentar, llamad a vuestra madre para decirle cuánto la queréis o id a tomar unas cañas, pero ¡dejad al personal que trabaje en paz!

José Alberto Benavides dialoga en Twitter con el nombre de usuario @joselond.
Foto portada: Opensourceway bajo lic. CC
Este artículo fue publicado en el número de abril de Yorokobu.


Recuerdo que durante mis primeras prácticas estaba deseando que me invitasen a una reunión. Veía a mis compañeros dirigirse con sus agendas hacia la sala de reuniones y, cuando tras el último, se cerraba la puerta, yo me decía: “Pronto estaré ahí dentro tratando asuntos importantes y resolviendo los problemas de la empresa”.
Algunos años y reuniones después, debo decir que son un camelo. Puedo afirmar que, hasta la fecha, he acudido a más reuniones de las necesarias. Sí, a más de las necesarias, porque la mitad tratan asuntos totalmente irrelevantes y, de la otra mitad, un porcentaje elevado no llevan a ningún sitio por estar mal estructuradas y dirigidas o por llevarse a cabo a destiempo.
Seamos serios. ¿Me puede explicar alguien para qué sirve una reunión un lunes a las 8:30 de la mañana? En teoría para organizar y estructurar la semana. En mi opinión, para soliviantar al personal desde bien temprano y reducir su rendimiento, de por sí no muy alto los lunes por la mañana.
¿Para qué sirven las reuniones de los viernes a última hora? Pues, a no ser que sean para destacar algún logro o unos buenos resultados que animen y motiven, solo sirven para que vayamos a tomarnos la cerveza del viernes con más ganas aún y para que, tras la segunda o tercera, empecemos a rajar del jefe con más ímpetu que de costumbre.
Muchos managers o directores dedican gran parte de su tiempo a organizar reuniones con el único objetivo de controlar el trabajo de sus empleados, para camuflar sus propias carencias y para aparentar ante su equipo, sus empleados y/o superiores y justificar su tiempo y sueldo.
Refiriéndome en todo momento a reuniones internas, no estoy diciendo que todas sean innecesarias. Considero que son fundamentales para compartir ideas y puntos de vista, para mejorar la creatividad, establecer objetivos, exponer problemas y buscar soluciones. Sin embargo, creo que están sobrevaloradas y que, en su mayoría, no sirven porque interrumpen los flujos de trabajo y porque destruyen en lugar de crear.
Por favor, managers del mundo, cuando se os encienda la bombilla y creáis que es momento para una reunión, respirad hondo, contad hasta diez y dejad que la idea salga plácidamente de vuestra mente. Si pasado un tiempo, la idea vuelve, respirad hondo de nuevo, contad hasta veinte, y así sucesivamente hasta que la idea realmente desaparezca. En serio, todo seguirá funcionando bien. No se os necesita tanto como creéis, ni a vosotros, ni a vuestras reuniones. Si la idea persiste, entonces nos lo planteamos en serio.
Mirad, el tema es simple. Antes de convocarla, preguntaos: ¿Tenemos una buena razón para hacerla? ¿Sacaremos algo positivo para la empresa? ¿Será productiva esta reunión? Si la respuesta es con toda honestidad “sí, es necesaria para la compañía o el proyecto”, entonces adelante con ella.
Si, por el contrario, la respuesta es no y sólo estáis aburridos, no queréis trabajar mucho ese día o, simplemente, queréis aparentar, llamad a vuestra madre para decirle cuánto la queréis o id a tomar unas cañas, pero ¡dejad al personal que trabaje en paz!

José Alberto Benavides dialoga en Twitter con el nombre de usuario @joselond.
Foto portada: Opensourceway bajo lic. CC
Este artículo fue publicado en el número de abril de Yorokobu.

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Opiniones 3
  • …Una vez invitado a esa reunión del fin del mundo, fuera de tu zona geográfica, inamovible por agendas, en la que se van a tratar los nuevos asuntos imprescindibles para que el mundo siga siendo el mundo y seguramente de vida o muerte para la especie…
    ¿cómo dices que te pasas?
    … al final: 14 horas de jornada laboral, habiendo asisitido a «otra más» y al llegar a casa te cuentan que tu hijo, al que llevas a los partidos los Viernes por la tarde, ha metido un gol (el primero).
    Mejor que cuenten hasta mil, si saben…

  • Tiene toda la razón, pero una de las peores cosas es cuando lo invitan a una reunión en donde se gesta la creación de un producto para web, en donde hay gente de mercadeo, vendedores, el gerente, periodistas y demás, la reunión ya lleva una hora y nadie le ha preguntado a uno que opina, todos dan sus ideas (la mayoría retazos de otros sitios web, que tenga la navegación de amazon, el buscador de google, el diseño de coca-cola, e.t.c) y uno piensa ¿qué demonios hago acá?, No creo que este producto le dará valor a algún usuario o cliente, además para implementar este nuevo producto los temas urgentes de nuestro sitio web se desplazan y esta babosada se convierte en prioridad, que asco.

  • Está feo plantearlo así pero son muchos los hombres directivos que plantean reuniones estériles a última hora para llegar lo máximo posible la llegada a sus casas y a sus problemas domésticos: sus hijos. Si hubiera más mujeres en puestos directivos, el uso del tiempo sería más racional. Yo pasé de tener una jefa que nos tenía a todos amedrentados a un jefe totalmente ácrata y ninguno de los extremos es bueno para el trabajo. Sí echo de menos algunas reuniones orientadas a aclarar responsabilidades, diseñar estrategias interesantes y motivar al personal…aunque creo que estamos evolucionando. Gracias por el interesante topic.

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