25 de febrero 2022    /   CREATIVIDAD
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Fotos  portada: AggtelekLifePaintings

¿Por qué nadie entiende el lenguaje del arte?

25 de febrero 2022    /   CREATIVIDAD     por        Fotos  portada: AggtelekLifePaintings
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Estamos en la semana del arte, te cuesta elegir entre tanta cita artística: Arco, Hybrid Art Fair, exposiciones a tutiplén… Te gusta mucho el arte contemporáneo pero te sientes totalmente a la deriva cuando lees alguna cartela en un museo o te sumerges en la lectura de alguna publicación especializada… ¿De verdad tiene que ser tan enrevesado el lenguaje de los artistas?

Mientras los mayores se rebelan porque determinados diseños les son complicados (que no es un problema de la persona sino del diseño, mal concebido en origen). Están muy de actualidad, pero esta falta de entente no sucede solo con el uso de los cajeros y de los smartphones. Prueba si no a leer un suplemento salmón (los de los diarios económicos) y confiesa, ¿te enteras de algo? Lo más probable es que la página de fondos de inversión te genere sopor, seamos honestos…

Lo de utilizar lenguaje críptico, pomposo y enrevesado en determinados sectores está muy extendido y por supuesto, sucede también en el arte, tema muy de actualidad esta semana en la que tienen lugar varias citas artísticas. Porque, ¿cuántas veces has ido a un museo, te has leído la cartela del cuadro en cuestión y te has quedado como estabas, o sea, con cara de póker? No nos referimos solo a que el nombre de la obra te parezca que no tiene absolutamente nada que ver con lo que tienes delante, sino que el argumentario artístico se diría que estuviese escrito en arameo, ¿verdad?

¿Cuántas veces has ido a un museo, te has leído la cartela del cuadro en cuestión y te has quedado como estabas, o sea, con cara de póker?

Si crees que estamos exagerando, copiamos a continuación un ejemplo cualquiera cogido al azar de una exposición: «Las obras a la venta tendrán la apariencia de un «sándwich» en el que habrá dos capas de cristal (uno armado de fondo y otro transparente de frente) y en su interior se irán sucediendo distintas capas de objetos, las cuales conformarán tres tipologías de obras distintas (objetos del hotel, cuerpos y elementos reflectantes como el propio cristal)». ¿Te ha quedado claro lo que te llevas a casa si compras esa obra?

AggtelekLifePaintings

Un ejemplo más: «Con todo, el artista genera su sello propio, reconocible y distinta de los anteriores, muy enmarcado en la iconografía postmodernista, centrado en sus inicios en la figura femenina y con el objetivo de lograr la belleza y la estética en la descomposición de sus formas, más recientemente más interesado en las series que trabajan el concepto de la multitud, que a pesar de ello mantiene el orden». Help, socorro… que alguien nos asista.

 

No enterarse casi no es lo peor sino sentirse como si sufrieses de falta de comprensión lectora. Pero, ¿de dónde viene esa manía de los artistas contemporáneos de utilizar un lenguaje encriptado que parece estar solo al alcance de unos pocos? ¿De verdad no se pueden contar las cosas de otra forma más accesible a todos?

Un poco de historia

Este lenguaje fue bautizado como International Art English, IAE, el artista David Levine y el sociólogo Alix Rule. Recogieron textos de exposiciones difundidas en la plataforma e-flux (una red para los profesionales del arte) desde 1999, y los analizaron con un programa de análisis lingüístico.

Publicaron el resultado de sus investigaciones en 2012, en las páginas de la revista Triple Canopy, creando cierto revuelo ya que concluyeron que los textos de arte abusaban de lenguaje excesivo, incomprensible y vacío. Ya vamos entendiendo por qué no entendemos nada en nuestro paseo por ciertos museos…

«Mucha escritura sobre arte contemporáneo es difícilmente comprensible», escribía la crítica Gilda Williams en su obra How to write about contemporary art, y enumeraba algunos de los tics de estos textos: proliferación de sufijos (post, pre, proto, hiper), abuso de ciertas palabras (transversal, espacio, dispositivo, plataforma) o de sustantivos forzados, muchos acabados en idad: espacialidad, performatividad…

Carlos Blanco

«El lenguaje que se emplea en el mundo del arte siempre ha estado orientado al coleccionista. Hablamos de un sector muy elitista, muy cerrado y muy poco evolucionado y por eso nuestra plataforma pretende democratizar esto, que antes era de acceso muy restringido, solo para unos pocos», explica  Pablo García, asesor de Saisho, plataforma española de inversión y formación en arte contemporáneo.

Y es que si lo haces muy enrevesado sigues perpetuando la imagen de que es solo para unos pocos, los elegidos. Ya lo afirmaba el filósofo Ernesto Castro con su texto Vuestras cartelas me hacen sentir estúpido: «La incomprensión genera un aura de imitación y de reverencia a su alrededor».

El origen de todo

Parece ser que el origen de esta escritura encriptada está en la revista October, publicación americana de arte fundada en 1976 por Rosalind E. Krauss, pionera en la utilización de la French Theory (así se denominaba la influencia ejercida por Derrida o Foucault en los intelectuales estadounidenses) en esta disciplina.

Si uno se dedica a bucear en textos artísticos encontrará una serie de vocablos que se utilizan mucho, a veces puestos un poco como ponemos la sal en los filetes, al tuntún: visibilidad, experiencialmente, potencialmente, espacio, concepto, reinterpreta, reubica, descomposición, subyacer... son solo algunos de los más repetidos. También se suele abusar de preposiciones y prefijos: proto, post, hiper, sub, trans

Además, a menudo se quiere dar mucha información en muy pocas líneas y esto genera aún más confusión en el lector:

«Artista que trabaja y reinterpreta la descomposición de la figura humana de George Condo mezclándolo con mucha herencia de vanguardias: Picasso por el lado cubista con la reubicación de partes de la figuración que no debieran estar ahí y Dalí por el lado surrealista, con la temática que subyace antes de la figuración y sobre todo los tonos, muy empleados por este estilo, en concreto el granate y el naranja oscuro para acometer cielos o fondos», es uno de los argumentarios de Carlos Blanco Artero, artista que estará presente en la próxima Bienal de Venecia.

Carlos Blanco

«Si vamos analizando obtenemos varias informaciones. La palabra reinterpretar, por ejemplo, prácticamente todos los artistas enmarcados en el posmodernismo, reinterpretan, o sea, emplean estilos del pasado y los presentan con un nuevo enfoque, sin ocultar la referencia de la obra con dicho estilo. Sobre la palabra descomposición, se refiere a la descomposición geométrica de la figura humana, donde vemos un brazo se presenta un objeto cilíndrico como representación», detalla Pablo García. «George Condo es un artista muy influido por Basquiat que se caracteriza por unas obras en las que desmonta y vuelve a montar la realidad, figuras humanas principalmente, para mostrarnos escenas de la vida cotidiana», añade.

Veamos más ejemplos contados de manera accesible, en este caso acudimos a los artistas Aggtelek  y su serie Second Hand:

«Esta serie rehace, reexamina, altera y se apropia de ideas y obras del arte moderno y del arte contemporáneo de una manera irreverente, ingeniosa y doméstica. Mediante la idea de “segunda mano” se construye y se forma un complejo conocimiento de la historia del arte y el mundo artístico desde una subjetividad alterada por el tiempo, llevada a un territorio de narraciones domésticas, gestos cómicos y grandes ideas desmitificadas. La serie planeta temáticas actuales desde un humor sencillo y cotidiano, como el cambio de personalidad, la alteración de las ideas, la expansión de las imágenes en otros medios y contenidos; y la pérdida de la autenticidad y el cuestionamiento de lo original en un mundo cada vez más digital».

Aggtelek

¿Qué es lo que quieren decirnos estos creadores? «Su obra se basa en el reaprovechamiento de ideas artísticas, como el Pop Art, el Superflat o el Simulacionismo, ya presentadas con anterioridad, de ahí el nombre Second Hand. Las presentan desde una óptica nueva y muy irónica, con una temática de fondo común: un mundo cada vez más digital y con una pregunta que subyace, ¿nos parece bien o mal hacia dónde vamos?», aclara García.

Bien o mal, reivindicamos un futuro en el que el arte, y otras disciplinas, nos resulten menos áridas y confusas. De ahí que recurramos a la cita de Bukowski que resume a la perfección esta postura:

An intelectual says a simple thing in a hard way. An artista says a hard thing in a simple way.

 

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Estamos en la semana del arte, te cuesta elegir entre tanta cita artística: Arco, Hybrid Art Fair, exposiciones a tutiplén… Te gusta mucho el arte contemporáneo pero te sientes totalmente a la deriva cuando lees alguna cartela en un museo o te sumerges en la lectura de alguna publicación especializada… ¿De verdad tiene que ser tan enrevesado el lenguaje de los artistas?

Mientras los mayores se rebelan porque determinados diseños les son complicados (que no es un problema de la persona sino del diseño, mal concebido en origen). Están muy de actualidad, pero esta falta de entente no sucede solo con el uso de los cajeros y de los smartphones. Prueba si no a leer un suplemento salmón (los de los diarios económicos) y confiesa, ¿te enteras de algo? Lo más probable es que la página de fondos de inversión te genere sopor, seamos honestos…

Lo de utilizar lenguaje críptico, pomposo y enrevesado en determinados sectores está muy extendido y por supuesto, sucede también en el arte, tema muy de actualidad esta semana en la que tienen lugar varias citas artísticas. Porque, ¿cuántas veces has ido a un museo, te has leído la cartela del cuadro en cuestión y te has quedado como estabas, o sea, con cara de póker? No nos referimos solo a que el nombre de la obra te parezca que no tiene absolutamente nada que ver con lo que tienes delante, sino que el argumentario artístico se diría que estuviese escrito en arameo, ¿verdad?

¿Cuántas veces has ido a un museo, te has leído la cartela del cuadro en cuestión y te has quedado como estabas, o sea, con cara de póker?

Si crees que estamos exagerando, copiamos a continuación un ejemplo cualquiera cogido al azar de una exposición: «Las obras a la venta tendrán la apariencia de un «sándwich» en el que habrá dos capas de cristal (uno armado de fondo y otro transparente de frente) y en su interior se irán sucediendo distintas capas de objetos, las cuales conformarán tres tipologías de obras distintas (objetos del hotel, cuerpos y elementos reflectantes como el propio cristal)». ¿Te ha quedado claro lo que te llevas a casa si compras esa obra?

AggtelekLifePaintings

Un ejemplo más: «Con todo, el artista genera su sello propio, reconocible y distinta de los anteriores, muy enmarcado en la iconografía postmodernista, centrado en sus inicios en la figura femenina y con el objetivo de lograr la belleza y la estética en la descomposición de sus formas, más recientemente más interesado en las series que trabajan el concepto de la multitud, que a pesar de ello mantiene el orden». Help, socorro… que alguien nos asista.

 

No enterarse casi no es lo peor sino sentirse como si sufrieses de falta de comprensión lectora. Pero, ¿de dónde viene esa manía de los artistas contemporáneos de utilizar un lenguaje encriptado que parece estar solo al alcance de unos pocos? ¿De verdad no se pueden contar las cosas de otra forma más accesible a todos?

Un poco de historia

Este lenguaje fue bautizado como International Art English, IAE, el artista David Levine y el sociólogo Alix Rule. Recogieron textos de exposiciones difundidas en la plataforma e-flux (una red para los profesionales del arte) desde 1999, y los analizaron con un programa de análisis lingüístico.

Publicaron el resultado de sus investigaciones en 2012, en las páginas de la revista Triple Canopy, creando cierto revuelo ya que concluyeron que los textos de arte abusaban de lenguaje excesivo, incomprensible y vacío. Ya vamos entendiendo por qué no entendemos nada en nuestro paseo por ciertos museos…

«Mucha escritura sobre arte contemporáneo es difícilmente comprensible», escribía la crítica Gilda Williams en su obra How to write about contemporary art, y enumeraba algunos de los tics de estos textos: proliferación de sufijos (post, pre, proto, hiper), abuso de ciertas palabras (transversal, espacio, dispositivo, plataforma) o de sustantivos forzados, muchos acabados en idad: espacialidad, performatividad…

Carlos Blanco

«El lenguaje que se emplea en el mundo del arte siempre ha estado orientado al coleccionista. Hablamos de un sector muy elitista, muy cerrado y muy poco evolucionado y por eso nuestra plataforma pretende democratizar esto, que antes era de acceso muy restringido, solo para unos pocos», explica  Pablo García, asesor de Saisho, plataforma española de inversión y formación en arte contemporáneo.

Y es que si lo haces muy enrevesado sigues perpetuando la imagen de que es solo para unos pocos, los elegidos. Ya lo afirmaba el filósofo Ernesto Castro con su texto Vuestras cartelas me hacen sentir estúpido: «La incomprensión genera un aura de imitación y de reverencia a su alrededor».

El origen de todo

Parece ser que el origen de esta escritura encriptada está en la revista October, publicación americana de arte fundada en 1976 por Rosalind E. Krauss, pionera en la utilización de la French Theory (así se denominaba la influencia ejercida por Derrida o Foucault en los intelectuales estadounidenses) en esta disciplina.

Si uno se dedica a bucear en textos artísticos encontrará una serie de vocablos que se utilizan mucho, a veces puestos un poco como ponemos la sal en los filetes, al tuntún: visibilidad, experiencialmente, potencialmente, espacio, concepto, reinterpreta, reubica, descomposición, subyacer... son solo algunos de los más repetidos. También se suele abusar de preposiciones y prefijos: proto, post, hiper, sub, trans

Además, a menudo se quiere dar mucha información en muy pocas líneas y esto genera aún más confusión en el lector:

«Artista que trabaja y reinterpreta la descomposición de la figura humana de George Condo mezclándolo con mucha herencia de vanguardias: Picasso por el lado cubista con la reubicación de partes de la figuración que no debieran estar ahí y Dalí por el lado surrealista, con la temática que subyace antes de la figuración y sobre todo los tonos, muy empleados por este estilo, en concreto el granate y el naranja oscuro para acometer cielos o fondos», es uno de los argumentarios de Carlos Blanco Artero, artista que estará presente en la próxima Bienal de Venecia.

Carlos Blanco

«Si vamos analizando obtenemos varias informaciones. La palabra reinterpretar, por ejemplo, prácticamente todos los artistas enmarcados en el posmodernismo, reinterpretan, o sea, emplean estilos del pasado y los presentan con un nuevo enfoque, sin ocultar la referencia de la obra con dicho estilo. Sobre la palabra descomposición, se refiere a la descomposición geométrica de la figura humana, donde vemos un brazo se presenta un objeto cilíndrico como representación», detalla Pablo García. «George Condo es un artista muy influido por Basquiat que se caracteriza por unas obras en las que desmonta y vuelve a montar la realidad, figuras humanas principalmente, para mostrarnos escenas de la vida cotidiana», añade.

Veamos más ejemplos contados de manera accesible, en este caso acudimos a los artistas Aggtelek  y su serie Second Hand:

«Esta serie rehace, reexamina, altera y se apropia de ideas y obras del arte moderno y del arte contemporáneo de una manera irreverente, ingeniosa y doméstica. Mediante la idea de “segunda mano” se construye y se forma un complejo conocimiento de la historia del arte y el mundo artístico desde una subjetividad alterada por el tiempo, llevada a un territorio de narraciones domésticas, gestos cómicos y grandes ideas desmitificadas. La serie planeta temáticas actuales desde un humor sencillo y cotidiano, como el cambio de personalidad, la alteración de las ideas, la expansión de las imágenes en otros medios y contenidos; y la pérdida de la autenticidad y el cuestionamiento de lo original en un mundo cada vez más digital».

Aggtelek

¿Qué es lo que quieren decirnos estos creadores? «Su obra se basa en el reaprovechamiento de ideas artísticas, como el Pop Art, el Superflat o el Simulacionismo, ya presentadas con anterioridad, de ahí el nombre Second Hand. Las presentan desde una óptica nueva y muy irónica, con una temática de fondo común: un mundo cada vez más digital y con una pregunta que subyace, ¿nos parece bien o mal hacia dónde vamos?», aclara García.

Bien o mal, reivindicamos un futuro en el que el arte, y otras disciplinas, nos resulten menos áridas y confusas. De ahí que recurramos a la cita de Bukowski que resume a la perfección esta postura:

An intelectual says a simple thing in a hard way. An artista says a hard thing in a simple way.

 

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