16 de octubre 2020    /   ENTRETENIMIENTO
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Por qué nos emociona el deporte

16 de octubre 2020    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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«Escribir honestamente sobre el hecho de correr
es también escribir honestamente sobre mí». (
Haruki Murakami)

A menudo me he preguntado por los motivos de que el deporte levante pasiones. Me incluyo en el grupo de las personas que se emocionan al practicarlo o presenciarlo y me inquietaba no saber explicar ese sentimiento. Sé bien que otros no lo comparten. Al fin y al cabo –pensaba– solo son juegos.

Decidí consultar a profesionales. «¿Por qué nos emociona el deporte?», les pregunté. Recibí respuestas preciosas de jugadores, técnicos, aficionados y familiares: «Desde que naces tienes que tomar partido, elegir», «el deporte es una versión en reducido de la vida» o «sin él, yo sería una persona diferente».

Busqué libros que relacionaran el deporte con nuestra personalidad y con otras facetas de nuestra vida.

Pep Marí es un psicólogo especializado en deporte que ha trabajado con cientos de deportistas de primera línea. En su libro Aprender de los campeones, que recomiendo a todos los deportistas profesionales, explica algunas técnicas muy útiles y relata experiencias concretas con personajes reconocidos a los que ayudó a controlar los nervios o a entrenar al cien por cien de su capacidad.

Siempre me pregunté hasta qué punto influía el estado de ánimo de un deportista, su cabeza, en su actuación en la pista. ¿Había un porcentaje concreto? Este libro trata precisamente sobre los aspectos psicológicos que influyen en el rendimiento. Pacho Maturana decía «se juega como se vive». Y Pep Marí añade: «¿Quieres que tu rendimiento sea regular, consistente y estable? Pues primero debes conseguir que tu estado de ánimo sea regular, consistente y estable». Esta misma regla puede aplicarse, por ejemplo, al rendimiento profesional. El bienestar emocional es un requisito imprescindible para poder ser un buen empleado, un buen emprendedor, una buena pareja, un buen compañero de equpo o, en definitiva, una buena compañía.

Hay muchos otros aspectos de psicología deportiva que pueden servirnos para nuestra vida. Estos son algunos de los que se desprenden de ese libro:

  • Debemos buscar soluciones en lugar de excusas para fallar
  • Tenemos que hacer cuanto dependa de nosotros para alcanzar nuestros fines pero asumir que aún así puede que no los consigamos
  • Debemos mostrar coherencia entre nuestro nivel de ambición y nuestro nivel de compromiso
  • Debemos aprovechar cada ventaja que se presente
  • Es más fácil interiorizar una enseñanza si has llegado tú mismo a la conclusión que si te la presentan en bandeja
  • La forma de no ceder ante la presión radica en no hacer especial ninguna situación
  • Una organización funciona si iguala el nivel de compromiso de sus miembros

En el deporte tenemos una metáfora completa y muy gráfica de cada uno de estos consejos. Tras comprender esto, me resultó imposible seguir viéndolo como un simple juego.

El escritor Haruki Murakami es también corredor de larga distancia. En su libro autobiográfico De qué hablo cuando hablo de correr relaciona continuamente la práctica de deporte con la vida real. Él sostiene que las personas tienen unas «tendencias generales» que se muestran en todas las facetas de su vida. «Mis músculos son idóneos para largas distancias, y estas peculiaridades están ligadas a las de mi mente», dice. Puede que no le falte razón: no es difícil encontrar rasgos de personalidad comunes en personas que practican un mismo deporte. La elección entre individual o de equipo, popular o minoritario, con o sin contacto… está lógicamente determinada por la forma de ser de las personas.

El autor es todavía más explícito cuando habla de la relación entre el deporte y su trabajo: «La mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada mañana. De un modo natural, físico y práctico. ¿En qué medida y hasta dónde debo forzarme? ¿Cuánto descanso está justificado y cuánto es excesivo? ¿Hasta qué punto debo creer firmemente en mi capacidad y hasta qué punto debo dudar de ella?»

Cuando Haruki Murakami habla de correr, parece, en efecto, que esté hablando de cualquier otra cosa. Describe la satisfacción que sentimos cuando sabemos que hemos hecho todo lo posible (ya sea en un partido o en la reclamación de una injusticia en el entorno laboral), independientemente de que logremos o no nuestro objetivo. Desvela un truco para tener constancia: detener la actividad (ya deportiva o de otro tipo) antes de haberse agotado, ya que esa es la única forma de cogerla con fuerzas al día siguiente. Y otro para vencer la excusa del «no tengo tiempo» que nos hace posponer muchas cosas que nos gustan. Lo explica así: «razones para seguir corriendo no hay más que unas pocas, pero, si es para dejarlo, hay para llenar un tráiler. Así las cosas, lo único que podemos hacer es seguir puliendo, cuidadosamente y una por una, esas “pocas razones”».

Para el deportista amateur, más allá del ejercicio en sí, el deporte es una metáfora, un catalizador que cada uno es libre de usar para bien o para mal. Para sentirse mejor o para potenciar sus monstruos.

Para el profesional, es el trabajo más claro del mundo: no hay ambigüedad sobre los objetivos ni sobre los medios para conseguirlos. Y es, además, un espejo para conocerse a sí mismo.

Para finalizar, os dejo algunas frases que he subrayado de estos dos libros:

«La belleza del sistema es lo que permite a los jugadores experimentar una nueva y más poderosa forma de gratificación que la del ego». (Canastas sagradas, de Phil Jackson).

«Sólo hay dos clases de deportistas: los que buscan una excusa para poder fallar y los que andan buscando una solución para poder acertar». (Pep Marí)

«El mejor no siempre es el más adecuado». (Pep Marí)

«Ser un buen gestor de personas consiste en consensuar percepciones. Se trata de ayudar al grupo a encontrar el mínimo común múltiplo de sus opiniones». (Pep Marí)

«El tabique que separa la sana autoconfianza de la insana arrogancia es realmente muy fino». (Haruki Murakami)

«Escribir honestamente sobre el hecho de correr
es también escribir honestamente sobre mí». (
Haruki Murakami)

A menudo me he preguntado por los motivos de que el deporte levante pasiones. Me incluyo en el grupo de las personas que se emocionan al practicarlo o presenciarlo y me inquietaba no saber explicar ese sentimiento. Sé bien que otros no lo comparten. Al fin y al cabo –pensaba– solo son juegos.

Decidí consultar a profesionales. «¿Por qué nos emociona el deporte?», les pregunté. Recibí respuestas preciosas de jugadores, técnicos, aficionados y familiares: «Desde que naces tienes que tomar partido, elegir», «el deporte es una versión en reducido de la vida» o «sin él, yo sería una persona diferente».

Busqué libros que relacionaran el deporte con nuestra personalidad y con otras facetas de nuestra vida.

Pep Marí es un psicólogo especializado en deporte que ha trabajado con cientos de deportistas de primera línea. En su libro Aprender de los campeones, que recomiendo a todos los deportistas profesionales, explica algunas técnicas muy útiles y relata experiencias concretas con personajes reconocidos a los que ayudó a controlar los nervios o a entrenar al cien por cien de su capacidad.

Siempre me pregunté hasta qué punto influía el estado de ánimo de un deportista, su cabeza, en su actuación en la pista. ¿Había un porcentaje concreto? Este libro trata precisamente sobre los aspectos psicológicos que influyen en el rendimiento. Pacho Maturana decía «se juega como se vive». Y Pep Marí añade: «¿Quieres que tu rendimiento sea regular, consistente y estable? Pues primero debes conseguir que tu estado de ánimo sea regular, consistente y estable». Esta misma regla puede aplicarse, por ejemplo, al rendimiento profesional. El bienestar emocional es un requisito imprescindible para poder ser un buen empleado, un buen emprendedor, una buena pareja, un buen compañero de equpo o, en definitiva, una buena compañía.

Hay muchos otros aspectos de psicología deportiva que pueden servirnos para nuestra vida. Estos son algunos de los que se desprenden de ese libro:

  • Debemos buscar soluciones en lugar de excusas para fallar
  • Tenemos que hacer cuanto dependa de nosotros para alcanzar nuestros fines pero asumir que aún así puede que no los consigamos
  • Debemos mostrar coherencia entre nuestro nivel de ambición y nuestro nivel de compromiso
  • Debemos aprovechar cada ventaja que se presente
  • Es más fácil interiorizar una enseñanza si has llegado tú mismo a la conclusión que si te la presentan en bandeja
  • La forma de no ceder ante la presión radica en no hacer especial ninguna situación
  • Una organización funciona si iguala el nivel de compromiso de sus miembros

En el deporte tenemos una metáfora completa y muy gráfica de cada uno de estos consejos. Tras comprender esto, me resultó imposible seguir viéndolo como un simple juego.

El escritor Haruki Murakami es también corredor de larga distancia. En su libro autobiográfico De qué hablo cuando hablo de correr relaciona continuamente la práctica de deporte con la vida real. Él sostiene que las personas tienen unas «tendencias generales» que se muestran en todas las facetas de su vida. «Mis músculos son idóneos para largas distancias, y estas peculiaridades están ligadas a las de mi mente», dice. Puede que no le falte razón: no es difícil encontrar rasgos de personalidad comunes en personas que practican un mismo deporte. La elección entre individual o de equipo, popular o minoritario, con o sin contacto… está lógicamente determinada por la forma de ser de las personas.

El autor es todavía más explícito cuando habla de la relación entre el deporte y su trabajo: «La mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada mañana. De un modo natural, físico y práctico. ¿En qué medida y hasta dónde debo forzarme? ¿Cuánto descanso está justificado y cuánto es excesivo? ¿Hasta qué punto debo creer firmemente en mi capacidad y hasta qué punto debo dudar de ella?»

Cuando Haruki Murakami habla de correr, parece, en efecto, que esté hablando de cualquier otra cosa. Describe la satisfacción que sentimos cuando sabemos que hemos hecho todo lo posible (ya sea en un partido o en la reclamación de una injusticia en el entorno laboral), independientemente de que logremos o no nuestro objetivo. Desvela un truco para tener constancia: detener la actividad (ya deportiva o de otro tipo) antes de haberse agotado, ya que esa es la única forma de cogerla con fuerzas al día siguiente. Y otro para vencer la excusa del «no tengo tiempo» que nos hace posponer muchas cosas que nos gustan. Lo explica así: «razones para seguir corriendo no hay más que unas pocas, pero, si es para dejarlo, hay para llenar un tráiler. Así las cosas, lo único que podemos hacer es seguir puliendo, cuidadosamente y una por una, esas “pocas razones”».

Para el deportista amateur, más allá del ejercicio en sí, el deporte es una metáfora, un catalizador que cada uno es libre de usar para bien o para mal. Para sentirse mejor o para potenciar sus monstruos.

Para el profesional, es el trabajo más claro del mundo: no hay ambigüedad sobre los objetivos ni sobre los medios para conseguirlos. Y es, además, un espejo para conocerse a sí mismo.

Para finalizar, os dejo algunas frases que he subrayado de estos dos libros:

«La belleza del sistema es lo que permite a los jugadores experimentar una nueva y más poderosa forma de gratificación que la del ego». (Canastas sagradas, de Phil Jackson).

«Sólo hay dos clases de deportistas: los que buscan una excusa para poder fallar y los que andan buscando una solución para poder acertar». (Pep Marí)

«El mejor no siempre es el más adecuado». (Pep Marí)

«Ser un buen gestor de personas consiste en consensuar percepciones. Se trata de ayudar al grupo a encontrar el mínimo común múltiplo de sus opiniones». (Pep Marí)

«El tabique que separa la sana autoconfianza de la insana arrogancia es realmente muy fino». (Haruki Murakami)

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