6 de agosto 2019    /   IDEAS
por
 

¿Por qué nos molesta tanto que alguien decida no tener hijos?

6 de agosto 2019    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Ya sea porque nos genera desconfianza, porque desafía el sentido de la vida o porque pone en evidencia el acuerdo social de que reproducirse es algo que debemos celebrar y hasta fomentar, quienes deciden no tener hijos pueden ser objeto de duras críticas e incluso ser tachadas de personas poco fiables porque se irían de cañas con Herodes.

Es el caso, por ejemplo, de la periodista experta en tecnología Holly Brockwell, que solicitó ser esterilizada por el servicio público británico.

CONTAMINA Y NO TE HACE FELIZ

En la introducción del último capítulo de la segunda temporada de la serie británica Utopía, un siniestro personaje desliza el siguiente speech a una madre que ondea la bandera del ecologismo flower power (que incluso prefiere viajar en autobús antes que volar para proteger el medio ambiente):

Nada consume más carbono como un humano del primer mundo. Y, aun así, usted creó a uno. ¿Por qué? Producirá 515 toneladas de carbono durante su vida. Eso equivale a cuarenta camiones. Tenerle a él es el equivalente a casi 6.500 vuelos a París. Podría haber volado 90 veces al año, ida y vuelta, casi cada semana de su vida, y todavía no tendría el mismo impacto en el planeta que su nacimiento. Por no mencionar los pesticidas, detergentes, la enorme cantidad de plásticos, los combustibles nucleares usados para mantenerle caliente. Su nacimiento fue un acto egoísta.

Acto seguido, el personaje siniestro le ofrece la posibilidad de rajar el cuello al niño para actuar en consecuencia. Obviamente, estamos ante un psicópata. Sin embargo, en su razonamiento subyacen datos que son ciertos.

Tener hijos aumenta exponencialmente la huella de carbono en el planeta y también es un acto egoísta en esencia: nadie tiene hijos a regañadientes o sintiéndose un mártir por mor de la supervivencia de la especie humana. Lo hace porque lo desea, porque anhela la felicidad de otras personas que ya son padres y no dejan de mostrar las fotos de sus retoños en Facebook.

Otras series de televisión, como Big Little Lies, ya se atreven también a desgranar las dichas y las tragedias de la maternidad. ¿Entonces? ¿Por qué no tener hijos suscita más críticas y cejas enarcadas que tenerlos?

Más aún: tener hijos, a la luz de un nuevo estudio, ni siquiera nos hace más felices. Es como comprar un coche muy caro, que en principio puede parecer una idea muy atractiva, pero que luego supone un gasto suntuoso que no queda compensado con las pocas alegrías que proporciona.

Peor aún: alrededor del 30% de los encuestados se mantuvo en el mismo estado de felicidad o mejor una vez que tuvieron el bebé, pero el 70% informó de que su felicidad disminuyó durante el primer y segundo año después del nacimiento del bebé. Casi la mitad de este porcentaje incluso sintió una reducción de felicidad pareja a la de perder un trabajo.

Señalar datos como que tener hijos contamina y que, estadísticamente, nos hace más infelices parece que esté revestido de varias capas de tabú, suspiros de indignación y hasta reacciones violentas, como si se estuviera manipulando alegremente un mecanismo termonuclear.

Tal vez, poner en duda la reproducción humana pudiera poner en riesgo nuestra supervivencia como especie, pero ese temor no debería estar ni siquiera esbozado en el horizonte si tenemos en cuenta que nacen 180 bebés por minuto. Cada minuto. 180. La población mundial ha pasado de los casi 1.000 millones de habitantes que había en 1800 a los más de 6.000 millones en el año 2000. En 2011, 7.000 millones. En 2017, 7.350 millones de habitantes.

Estamos creciendo exponencialmente. Los recursos escasean. La superpoblación es un miedo que se lleva alentando desde hace más de cinco décadas. De hecho, una investigación japonesa ya ha creado células germinales humanas a partir de sangre de mujer, de modo que quienes tengan útero podrán reproducirse sin necesidad de un varón; y pronto podremos reproducirnos en un laboratorio y crear todas las personas que se necesiten. Suponer que contar lo malo de tener hijos podría condenarnos a la extinción sería ciertamente surrealista. Tiene que haber otra cosa. Y, de hecho, la hay.

GRUPOS Y ENDOGRUPOS

Según explica Dean Burnett en su libro El cerebro feliz, «las expectativas de la sociedad son factores muy poderosos y es fácil que se interpongan en el camino hacia la felicidad individual». Solo así se explica que alguien en su sano juicio se calce unos zapatos de tacón kilométrico o se entregue a jornadas maratonianas de trabajo a cambio de recibir una simple palmadita en la espalda.

Como nuestros comportamientos y preferencias están moldeados de forma indisociable tanto por la cultura como por la biología, la inclinación a tener hijos no solo se funda en la presión del medio social, sino también en la circuitería de nuestro cerebro, moldeada por presiones evolutivas como «la tendencia a sentir afecto y felicidad y a estar motivados para comportarnos cariñosamente con cualquier cosa que se asemeje, ni que sea de lejos, a un bebé humano; de ahí que llenemos nuestras casas de cachorros, gatitos y otras mascotas con cabezas y ojos grandes, y personalidades aparentemente infantiles».

Pero la biología a veces no opera de esta manera en todos los humanos. Al igual que nacen personas daltónicas, o cualquier ejemplo de neurodiversidad, hay quienes no sienten la presión evolutiva de tener hijos. Solo la presión social. Son personas como Holly Brockwell, fundadora y editora sobre tecnología de Gadgette. Brockwell llamó la atención a miles de personas cuando puso en marcha una campaña a fin de persuadir al servicio público de salud británico (NHS) de que sufragara su esterilización quirúrgica.

Finalmente, Brockwell logró ser estéril: en sus planes futuros ya no estaba tener hijos y estaba tan convencida de ello que no le importaba someterse a una operación irreversible como aquella. Esa idea resultó ser muy indigesta para muchos, y Brockwell recibió un aluvión de críticas, algunas verdaderamente sangrantes. Como que le faltaba humanidad. Que se arrepentiría. Que era una psicópata. Por eso, Brockwell ha tenido que hacer un gran esfuerzo para aclarar un matiz obvio o irrelevante: que no odia a los niños, sino que simplemente no quiere tener hijos.

Sin embargo, ¿por qué personas que no conocen de nada a Brockwell se enfadan con la decisión de Brockwell? Por la misma razón por la que otros se enervan frente a las personas que comunican abiertamente ser homosexuales. Se pone en marcha el llamado sesgo endogrupal: criticamos a los que no son como nosotros para reafirmar nuestras decisiones y creencias, así como las decisiones y creencias del grupo de personas al que pertenecemos. Este comportamiento puede tener efectos psicológicos beneficiosos de identidad singular, y es el fundamento de las religiones, las sectas y las modas.

Cuando alguien se sale de la norma, pone en evidencia el gregarismo reinante. Porque solo las notas discordantes nos recuerdan la uniformidad en la que vivimos. Por esa razón, hay individuos que se sienten felices atacando las decisiones personales de los demás. Sobre todo si son decisiones que no se suelen tomar a nuestro alrededor.

Otros, además de sentirse felices atacando a los demás, quizá consideran que es lo justo, que están haciendo el bien si evitan que el prójimo cometa un error imperdonable, como un predicador cristiano callejero cuando suelta una arenga contra un pecador. Y, entonces, quienes desean que tengamos hijos empiezan a comportarse de forma inquietantemente similar al siniestro personaje de Utopía que cuestiona la decisión de no tenerlos y deslizan ideas que, al menos metafóricamente, nos recuerdan la sugerencia de rajarle el cuello al niño para suprimir su altísima huella medioambiental.

Ya sea porque nos genera desconfianza, porque desafía el sentido de la vida o porque pone en evidencia el acuerdo social de que reproducirse es algo que debemos celebrar y hasta fomentar, quienes deciden no tener hijos pueden ser objeto de duras críticas e incluso ser tachadas de personas poco fiables porque se irían de cañas con Herodes.

Es el caso, por ejemplo, de la periodista experta en tecnología Holly Brockwell, que solicitó ser esterilizada por el servicio público británico.

CONTAMINA Y NO TE HACE FELIZ

En la introducción del último capítulo de la segunda temporada de la serie británica Utopía, un siniestro personaje desliza el siguiente speech a una madre que ondea la bandera del ecologismo flower power (que incluso prefiere viajar en autobús antes que volar para proteger el medio ambiente):

Nada consume más carbono como un humano del primer mundo. Y, aun así, usted creó a uno. ¿Por qué? Producirá 515 toneladas de carbono durante su vida. Eso equivale a cuarenta camiones. Tenerle a él es el equivalente a casi 6.500 vuelos a París. Podría haber volado 90 veces al año, ida y vuelta, casi cada semana de su vida, y todavía no tendría el mismo impacto en el planeta que su nacimiento. Por no mencionar los pesticidas, detergentes, la enorme cantidad de plásticos, los combustibles nucleares usados para mantenerle caliente. Su nacimiento fue un acto egoísta.

Acto seguido, el personaje siniestro le ofrece la posibilidad de rajar el cuello al niño para actuar en consecuencia. Obviamente, estamos ante un psicópata. Sin embargo, en su razonamiento subyacen datos que son ciertos.

Tener hijos aumenta exponencialmente la huella de carbono en el planeta y también es un acto egoísta en esencia: nadie tiene hijos a regañadientes o sintiéndose un mártir por mor de la supervivencia de la especie humana. Lo hace porque lo desea, porque anhela la felicidad de otras personas que ya son padres y no dejan de mostrar las fotos de sus retoños en Facebook.

Otras series de televisión, como Big Little Lies, ya se atreven también a desgranar las dichas y las tragedias de la maternidad. ¿Entonces? ¿Por qué no tener hijos suscita más críticas y cejas enarcadas que tenerlos?

Más aún: tener hijos, a la luz de un nuevo estudio, ni siquiera nos hace más felices. Es como comprar un coche muy caro, que en principio puede parecer una idea muy atractiva, pero que luego supone un gasto suntuoso que no queda compensado con las pocas alegrías que proporciona.

Peor aún: alrededor del 30% de los encuestados se mantuvo en el mismo estado de felicidad o mejor una vez que tuvieron el bebé, pero el 70% informó de que su felicidad disminuyó durante el primer y segundo año después del nacimiento del bebé. Casi la mitad de este porcentaje incluso sintió una reducción de felicidad pareja a la de perder un trabajo.

Señalar datos como que tener hijos contamina y que, estadísticamente, nos hace más infelices parece que esté revestido de varias capas de tabú, suspiros de indignación y hasta reacciones violentas, como si se estuviera manipulando alegremente un mecanismo termonuclear.

Tal vez, poner en duda la reproducción humana pudiera poner en riesgo nuestra supervivencia como especie, pero ese temor no debería estar ni siquiera esbozado en el horizonte si tenemos en cuenta que nacen 180 bebés por minuto. Cada minuto. 180. La población mundial ha pasado de los casi 1.000 millones de habitantes que había en 1800 a los más de 6.000 millones en el año 2000. En 2011, 7.000 millones. En 2017, 7.350 millones de habitantes.

Estamos creciendo exponencialmente. Los recursos escasean. La superpoblación es un miedo que se lleva alentando desde hace más de cinco décadas. De hecho, una investigación japonesa ya ha creado células germinales humanas a partir de sangre de mujer, de modo que quienes tengan útero podrán reproducirse sin necesidad de un varón; y pronto podremos reproducirnos en un laboratorio y crear todas las personas que se necesiten. Suponer que contar lo malo de tener hijos podría condenarnos a la extinción sería ciertamente surrealista. Tiene que haber otra cosa. Y, de hecho, la hay.

GRUPOS Y ENDOGRUPOS

Según explica Dean Burnett en su libro El cerebro feliz, «las expectativas de la sociedad son factores muy poderosos y es fácil que se interpongan en el camino hacia la felicidad individual». Solo así se explica que alguien en su sano juicio se calce unos zapatos de tacón kilométrico o se entregue a jornadas maratonianas de trabajo a cambio de recibir una simple palmadita en la espalda.

Como nuestros comportamientos y preferencias están moldeados de forma indisociable tanto por la cultura como por la biología, la inclinación a tener hijos no solo se funda en la presión del medio social, sino también en la circuitería de nuestro cerebro, moldeada por presiones evolutivas como «la tendencia a sentir afecto y felicidad y a estar motivados para comportarnos cariñosamente con cualquier cosa que se asemeje, ni que sea de lejos, a un bebé humano; de ahí que llenemos nuestras casas de cachorros, gatitos y otras mascotas con cabezas y ojos grandes, y personalidades aparentemente infantiles».

Pero la biología a veces no opera de esta manera en todos los humanos. Al igual que nacen personas daltónicas, o cualquier ejemplo de neurodiversidad, hay quienes no sienten la presión evolutiva de tener hijos. Solo la presión social. Son personas como Holly Brockwell, fundadora y editora sobre tecnología de Gadgette. Brockwell llamó la atención a miles de personas cuando puso en marcha una campaña a fin de persuadir al servicio público de salud británico (NHS) de que sufragara su esterilización quirúrgica.

Finalmente, Brockwell logró ser estéril: en sus planes futuros ya no estaba tener hijos y estaba tan convencida de ello que no le importaba someterse a una operación irreversible como aquella. Esa idea resultó ser muy indigesta para muchos, y Brockwell recibió un aluvión de críticas, algunas verdaderamente sangrantes. Como que le faltaba humanidad. Que se arrepentiría. Que era una psicópata. Por eso, Brockwell ha tenido que hacer un gran esfuerzo para aclarar un matiz obvio o irrelevante: que no odia a los niños, sino que simplemente no quiere tener hijos.

Sin embargo, ¿por qué personas que no conocen de nada a Brockwell se enfadan con la decisión de Brockwell? Por la misma razón por la que otros se enervan frente a las personas que comunican abiertamente ser homosexuales. Se pone en marcha el llamado sesgo endogrupal: criticamos a los que no son como nosotros para reafirmar nuestras decisiones y creencias, así como las decisiones y creencias del grupo de personas al que pertenecemos. Este comportamiento puede tener efectos psicológicos beneficiosos de identidad singular, y es el fundamento de las religiones, las sectas y las modas.

Cuando alguien se sale de la norma, pone en evidencia el gregarismo reinante. Porque solo las notas discordantes nos recuerdan la uniformidad en la que vivimos. Por esa razón, hay individuos que se sienten felices atacando las decisiones personales de los demás. Sobre todo si son decisiones que no se suelen tomar a nuestro alrededor.

Otros, además de sentirse felices atacando a los demás, quizá consideran que es lo justo, que están haciendo el bien si evitan que el prójimo cometa un error imperdonable, como un predicador cristiano callejero cuando suelta una arenga contra un pecador. Y, entonces, quienes desean que tengamos hijos empiezan a comportarse de forma inquietantemente similar al siniestro personaje de Utopía que cuestiona la decisión de no tenerlos y deslizan ideas que, al menos metafóricamente, nos recuerdan la sugerencia de rajarle el cuello al niño para suprimir su altísima huella medioambiental.

Compártelo twitter facebook whatsapp
El barbero bicicletero y otras bicis insólitas
¿Por qué está de moda hablar de energía sexual?
¿Y si para seguir adelante nos tienen que eliminar?
Romper listas, hacer cosas
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 15
    • ¡Muy interesante! Me ha encantado aprender más (y ponerle nombre) al «sesgo endogrupal». ¡Gracias!

      Yo siempre he tenido claro que no quería tener hijos y en muchas conversaciones me han criticado, sobre todo en el pueblo… donde creen que estoy loca. Pero lo que para esas personas es «demencia», para mí es autoconocimiento. Vivir en «piloto automático» no es lo mío. Las mujeres de mi edad, tengo 31 años, van teniendo hijos y como con las palomitas parece que las que no «explotamos» somos maíz resquemaillo.

      No rechazo mi posible maternidad por mera rebeldía, ni por irresponsabilidad «peter pánica», ni por el desembolso económico, ni por miedo a hacerlo mal… No quiero tener hijos porque no me llama la atención y creo si te metes en el mega meollo de tener descendencia tienes que quererlo con todas tus ganas, porque sino… traerás al mundo a alguien querido a la fuerza, amado entre comillas, porque no hay otra. A medio hacer. Y el mundo ya tiene suficientes tiranos o infelices con miedo a ir al psicólogo.

      Me alegra ver amigos y amigas que entienden verdaderamente lo que es el amor incondicional, pero me entristece darme cuenta de cómo hay otros que simplemente tienen hijos como meros complementos, porque les sonó la alarma social, porque ya no saben qué ver en Netflix o por la soledad de tener parejas con las que no saben comunicarse. Eso es muy triste, tan triste como criticar a otros para auto confirmar sus decisiones, por no sentirse equivocados, por no tener que hacer el esfuerzo de abrir su amplitud de miras y entender que existen una diversidad inmensa de opciones válidas. Pero… ¡A mi plin! Que cada uno piense y haga lo que quiera.

  • Los que no quieren tener hijos o son demasiado egoístas o son demasiado vagos. Me pregunto cuantas cosas hay en esta vida que valgan la pena hacer, que dejen huella y que te hagan realmente feliz. Pocas cosas en realidad, pocas cosas.

    • Y si no tienes dinero ? y a duras penas llegas a fin de mes o ganas 8 dólares al mes? como pasa en Venezuela, no es egoísmo, ni vagancia, date una vuelta por Africa o Latinoamérica y verás muchachitas de 16 o 20 años con 2,3,4 niños y sin un pan para alimentarlos, sin trabajo, sin estudios, pero según tú hay que tener hijos si o si. En Europa es distinto porque los jóvenes esperan a tener una profesión, un trabajo, un coche , un piso y luego familia y como máximo 2 niños.

    • Hombre, eso tiene mucha guasa. Tildas a quienes no quieren tener hijos de egoístas para acto seguido describir la paternidad como algo que «dejan huella» y te hace «realmente feliz».

      Lo cierto es que tener hijos es un acto inherentemente egoísta. Se traen seres humanos al mundo por única razón de nuestro deseo, y nada más.

    • Entonces asumimos que per sé el humano no nace , crece y se hace feliz a su manera y por si mismo sino hasta el momento en que tiene una descendencia ? Es ilógico pensar que solo se realiza una persona que procrea , me parece un concepto más errado y egoísta que el que decide no tener hijos

  • Y si no tienes dinero ? y a duras penas llegas a fin de mes o ganas 8 dólares al mes? como pasa en Venezuela, no es egoísmo, ni vagancia, date una vuelta por Africa o Latinoamérica y verás muchachitas de 16 o 20 años con 2,3,4 niños y sin un pan para alimentarlos, sin trabajo, sin estudios, pero según tú hay que tener hijos si o si. En Europa es distinto porque los jóvenes esperan a tener una profesión, un trabajo, un coche , un piso y luego familia y como máximo 2 niños.

  • La gente tenemos hijos por costumbre porque la agenda social lo a marcado así, pero casi nadie se cuestiona más allá de sus ideas programa mental o patrón de pensamiento, estas cosas como casi todo lo que se hace ,en esta sociedad y está determinado por el entorno de donde o con quien vives se creado una necesidad ,donde no la hay y si te sales del patrón establecido ,por lo que la gente la sociedad cree o desea ,pues no lo aceptan .

  • Pues yo no voy a tener hijos, ya tengo 31 pero desde que tenía como 10 o 12 supe que los niños no eran para mí y no es que no me gusten, me resultan lindos, simpáticos e interesantes pero la maternidad no es para mí, el mero hecho de pensar en traer a alguien a un mundo como el nuestro con una humanidad bastante deshumanizada, donde abundan las competencias malsanas, donde prevalece el racismo, la misoginia, las religiones, donde el agua cada vez es más escasa, el cambio climático cada vez más fuerte y un largo etcétera. Prefiero viajar, estudiar más y juntar lo que pueda para hacer un buen patrimonio para mí y si a los 45 tengo una buena posición económica y me apetece ser madre, pues adopto y de paso hago la acción de mi vida y le doy una familia a un niño que de otra manera, no la tendría. Tener o no tener no es decisión de nadie más que de uno mismo, es como ser vegano. Finalmente, tengo una pequeña reflexión para esos que odian a los que no queremos tener hijos… pues asumo que es porque idolatran la vida, correcto? Pero casualmente son estas mismas personas las que encuentran abominable la idea de la adopción, así que ya me perdí. Adoran la vida pero rotundamente niegan el derecho a una buena vida a millones de niños que por causas ajenas a ellos, se hallan en situaciones de total vulnerabilidad, que en ocasiones ponen en riesgo su integridad y hasta su vida…
    En fin, suerte a todos!

  • A mí lo que me preocupan las pobres mujeres, que son violadas por imbéciles, y se quedan embarasada. Y no se que es peor, abortar o tener un hijo de un hijo de puta, al que vas a odiar toda tu vida porque te recordará lo que te hicieron. (nota: no me funciona la tecla seta de mi teclado).

  • Los que no queréis tener hijos hacéis muy bien.
    Para os que estéis dudando ahí va mi opinión.
    Soy madre de dos , uno diecisiete y otro de veintitrés, así que se de lo que hablo.
    Según lo vivo yo el problema de ser madre/padre radica en que las leyes actuales les amparan de tal forma que no tenemos margen de maniobra para educarles.
    Esto lo viven también los maestros. Los hijos lo saben y sacan partido de ello.
    A la mínima te amenazan con denunciarte.
    Por esto el resultado es que son tiranos, exigentes egoístas etc….
    Solamente quieren que tengamos la cartera abierta y la boca cerrada.
    Yo estoy arrepentida de haberlos tenido.

    • No había visto un comentario más claro y honesto hace tiempo , un abrazo y saludo cordial para ti

  • Me genera una duda razonable sobre la felicidad y es la siguiente: las personas que dicen haber encontrado la felicidad solo en el momento en que procrearon y que denigran de aquellos que no …. Ese sentimiento no será envidia por no tener el tiempo para si mismo que se tiene el que no procreó?

  • Comentarios cerrados.

    El rollo legal de las cookies

    La Ley 34/2002 nos obliga a avisarte de que usamos cookies propias y de terceros (ni de cuartos ni de quintos) con objetivos estadísticos y de sesión y para mostrarte la 'publi' que nos da de comer. Tenemos una política de cookies majísima y bla bla bla. Si continúas navegando, asumimos que aceptas y que todo guay. Si no te parece bien, huye y vuelve por donde has venido, que nadie te obliga a entrar aquí. Pincha este enlace para conocer los detalles. Tranquilo, este mensaje solo sale una vez. Esperamos.

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Publicidad