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24 de abril 2012    /   BUSINESS
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¿Por qué sentimos pérdida de equilibrio al andar sobre una escalera mecánica rota?

24 de abril 2012    /   BUSINESS     por          
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Caminar es un ejemplo natural de la intrincada conexión entre el movimiento y el equilibrio. Y cualquier persona que utilice el metro o las escaleras mecánicas de los centros comerciales habrá notado un misterioso efecto que acontece cuando están paradas.

Subir o bajar un tramo de escalera mecánica debe ser tan simple como poner un pie delante del otro. Pero cuando esa escalera mecánica está detenida, parece que nos concentramos mucho más en los pasos que damos. Las personas a menudo explican que se sienten como si hubieran sido «chupadas» por la escalera mecánica, adaptando la velocidad de los pasos y la postura del cuerpo hacia delante como si realmente estuviera funcionando.

Es el “fenómeno de la escalera mecánica rota”, la sensación de perder el equilibrio, incluso de sentir mareos, que sufren algunas personas de modo intenso al entrar en una escalera mecánica parada. Se dice que los que lo experimentan tienen una extraña sensación de desequilibrio que les hace agarrar el pasamanos con fuerza, a pesar de tener la plena conciencia de que la escalera no se va a mover.

Y se ha demostrado que este efecto provoca que las personas anden más rápido sobre una escalera que ya no está en movimiento que sobre una que sí lo está, incluso cuando es evidente para la persona que la escalera no se mueve.

Todo tiene que ver con un proceso de disociación entre el conocimiento consciente y el control por parte del cerebro de nuestras acciones, como descubrieron unos neurocientíficos británicos del Colegio de Medicina del Imperial College de Londres en 2004.

A menos que hayamos vivido nuestra existencia en el desierto, la mayoría de nosotros se ha encontrado alguna vez con escaleras mecánicas en movimiento. Y cuando lo hemos hecho, nuestro cerebro ha aprendido a adaptarse a la pérdida del equilibrio causado por ese movimiento.

Pero, según los investigadores Adolfo Bronstein y Richard Reynolds, a pesar de que el sujeto podría ser plenamente consciente de que la escalera no se mueve, una parte de su cerebro envía señales a las piernas y al movimiento del tronco basándose en la experiencia anterior cuando sí que funcionaba, creando esta especie de “cortocircuito” entre lo que vemos y lo que hace nuestro aparato motor.

Para demostrarlo, los dos neurocientíficos construyeron una especie de plataforma móvil (que se asemejaría a una escalera horizontal de un aeropuerto por donde andan los viajeros) que se movía hacia delante a una velocidad de 1,2 m/s. Y lo probaron en un entorno de laboratorio con 14 voluntarios.

En primer lugar se pidió a estos voluntarios que caminaran sobre la plataforma cuando estaba estacionaria. Luego tuvieron que caminar sobre ella 20 veces mientras se movía hacia delante; y se observó que aumentó la velocidad de sus pies de 0,60 m/s hasta 0,90 m/s.

Después de los ensayos los voluntarios fueron advertidos de que la plataforma ya no se movería más y se le pidió pasar de nuevo, mientras se realizaban lecturas de la actividad eléctrica en los músculos de los participantes.

Los científicos, que publicaron su estudio en la revista Experimental Brain Research, concluyeron que, a pesar de esta advertencia, los sujetos caminaron sobre la plataforma estacionaria de forma inapropiadamente rápida (0,71 m / s), mostrando un aumento evidente de la actividad eléctrica de las piernas.

Las mediciones demostraron que la velocidad de la marcha de los sujetos era excesiva incluso antes de que su pie se pusiera en contacto con la plataforma, lo que descarta una respuesta refleja o una ilusión visual como responsables de las acciones de los voluntarios.

En su lugar, parece que el cerebro motor central siguió esperando que la plataforma se moviera activando nuestro «piloto automático», incluso cuando la mente consciente sabía que no lo hacía ya que había recibido una advertencia inequívoca sobre ello.

El cerebro es un complejo centro de procesamiento de información intimamente enlazado con el entorno que a menudo escapa a nuestra capacidad para entenderlo. Este órgano recolecta, filtra y analiza la información y, en respuesta, realiza un sinnúmero de procesos complejos, algunos de los cuales son automáticos, algunos voluntarios, algunos conscientes…y algunos inconscientes, como ocurre cuando andamos sobre una escalera mecánica rota.

Fuente 1: The broken escalator phenomenon. Aftereffect of walking onto a moving platform.

Fuente 2: What the «broken escalator» phenomenon teaches us about balance.

Fotos: Imperial College London, Jacob Halun Wikimedia Commons.

 

 

Caminar es un ejemplo natural de la intrincada conexión entre el movimiento y el equilibrio. Y cualquier persona que utilice el metro o las escaleras mecánicas de los centros comerciales habrá notado un misterioso efecto que acontece cuando están paradas.

Subir o bajar un tramo de escalera mecánica debe ser tan simple como poner un pie delante del otro. Pero cuando esa escalera mecánica está detenida, parece que nos concentramos mucho más en los pasos que damos. Las personas a menudo explican que se sienten como si hubieran sido «chupadas» por la escalera mecánica, adaptando la velocidad de los pasos y la postura del cuerpo hacia delante como si realmente estuviera funcionando.

Es el “fenómeno de la escalera mecánica rota”, la sensación de perder el equilibrio, incluso de sentir mareos, que sufren algunas personas de modo intenso al entrar en una escalera mecánica parada. Se dice que los que lo experimentan tienen una extraña sensación de desequilibrio que les hace agarrar el pasamanos con fuerza, a pesar de tener la plena conciencia de que la escalera no se va a mover.

Y se ha demostrado que este efecto provoca que las personas anden más rápido sobre una escalera que ya no está en movimiento que sobre una que sí lo está, incluso cuando es evidente para la persona que la escalera no se mueve.

Todo tiene que ver con un proceso de disociación entre el conocimiento consciente y el control por parte del cerebro de nuestras acciones, como descubrieron unos neurocientíficos británicos del Colegio de Medicina del Imperial College de Londres en 2004.

A menos que hayamos vivido nuestra existencia en el desierto, la mayoría de nosotros se ha encontrado alguna vez con escaleras mecánicas en movimiento. Y cuando lo hemos hecho, nuestro cerebro ha aprendido a adaptarse a la pérdida del equilibrio causado por ese movimiento.

Pero, según los investigadores Adolfo Bronstein y Richard Reynolds, a pesar de que el sujeto podría ser plenamente consciente de que la escalera no se mueve, una parte de su cerebro envía señales a las piernas y al movimiento del tronco basándose en la experiencia anterior cuando sí que funcionaba, creando esta especie de “cortocircuito” entre lo que vemos y lo que hace nuestro aparato motor.

Para demostrarlo, los dos neurocientíficos construyeron una especie de plataforma móvil (que se asemejaría a una escalera horizontal de un aeropuerto por donde andan los viajeros) que se movía hacia delante a una velocidad de 1,2 m/s. Y lo probaron en un entorno de laboratorio con 14 voluntarios.

En primer lugar se pidió a estos voluntarios que caminaran sobre la plataforma cuando estaba estacionaria. Luego tuvieron que caminar sobre ella 20 veces mientras se movía hacia delante; y se observó que aumentó la velocidad de sus pies de 0,60 m/s hasta 0,90 m/s.

Después de los ensayos los voluntarios fueron advertidos de que la plataforma ya no se movería más y se le pidió pasar de nuevo, mientras se realizaban lecturas de la actividad eléctrica en los músculos de los participantes.

Los científicos, que publicaron su estudio en la revista Experimental Brain Research, concluyeron que, a pesar de esta advertencia, los sujetos caminaron sobre la plataforma estacionaria de forma inapropiadamente rápida (0,71 m / s), mostrando un aumento evidente de la actividad eléctrica de las piernas.

Las mediciones demostraron que la velocidad de la marcha de los sujetos era excesiva incluso antes de que su pie se pusiera en contacto con la plataforma, lo que descarta una respuesta refleja o una ilusión visual como responsables de las acciones de los voluntarios.

En su lugar, parece que el cerebro motor central siguió esperando que la plataforma se moviera activando nuestro «piloto automático», incluso cuando la mente consciente sabía que no lo hacía ya que había recibido una advertencia inequívoca sobre ello.

El cerebro es un complejo centro de procesamiento de información intimamente enlazado con el entorno que a menudo escapa a nuestra capacidad para entenderlo. Este órgano recolecta, filtra y analiza la información y, en respuesta, realiza un sinnúmero de procesos complejos, algunos de los cuales son automáticos, algunos voluntarios, algunos conscientes…y algunos inconscientes, como ocurre cuando andamos sobre una escalera mecánica rota.

Fuente 1: The broken escalator phenomenon. Aftereffect of walking onto a moving platform.

Fuente 2: What the «broken escalator» phenomenon teaches us about balance.

Fotos: Imperial College London, Jacob Halun Wikimedia Commons.

 

 

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Opiniones 18
  • También hay que tener en cuenta que las dimensiones del escalón así como sus proporciones entre si no son iguales a las de un escalón fijo, sin olvidar mencionar que el escalón fijo es percibido con «solidez», mientras que los escalones móviles absorben el impacto de los pies y se balancean, resultando en mayor gasto para el mismo movimiento. En una escalera temporal hecha de un armazón y escalones desmontables se notan efectos parecidos. Igualmente, en las cintas transportadoras ocurre algo parecido: andar sobre ellas es siempre muy desagradable y cuando están paradas no obtienes ninguna ventaja (más bien al contrario). En cambio, cuando están en movimiento notas un empuje y las piezas de la escalera están encajadas de diferente forma por la presión de unas sobre otras, o bien la tensión de la cinta transportadora es mayor.

  • Esto es otra genialidad con el sello Civantos. Compañero, me entusiasma tu capacidad para elegir temas y contenidos. Eres un genio cotidiano. Admiración.

  • Este es un tema que siempre me ha interesado pues siempre he sentido fascinación por este fenómeno.

    En cualquier caso, y sin tener una base teórica sobre la que apoyar mi teoría, creo que hay algo más. Me explico:

    Desde siempre he pensado que se trataba de un fenómeno puramente psicológico, y por ello, siempre que veía una escalera mecánica parada, me apresuraba a tomarla, intentando evadirme y pensando en que estaba subiendo una escalera «normal», incluso a veces cerraba los ojos para concentrarme en el acto de subir escalones.

    En general la sensación de ligero mareillo ha sido desapareciendo y he notado lo mismo que subiendo una escalera normal. Pero he seguido notando una ligera contrafuerza a la hora de subir el último peldaño y salir de la escalera, que jamás he logrado comprender.

    Creo que debe tratarse por algún tipo de fuerza que absorbe la cadena de trasmisión de movimiento de las escaleras, o algún tipo de elemento elástico entre peldaños; ya que siempre noto cierta fuerza que, en el último peldaño, me «empuja» a quedarme en la escalera mecánica, costándome más esfuerzo salir de la escalera.

    No sé si esto tiene algún fundamento físico real, o se sigue tratando de un elemento puramente cognitivo, pero me sigue causando una curiosidad tremenda, que aún no se ha sentido satisfecha tras leer este artículo 😉
    En ese sentido

  • Por si sirve de interès yo me conecto con un «pincho», y no suelo tener problemas en la carga, si no falla la compañia, claro.

  • Por si sirve de interès yo me conecto con un «pincho», y no suelo tener problemas en la carga, si no falla la compañia, claro.

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