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18 de octubre 2012    /   CINE/TV
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Un poco de porno, un río, un sombrero, un Ecce Homo…

18 de octubre 2012    /   CINE/TV     por          
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La gata sobre el tejado de zinc

«Los ojos tienen que estar, donde tienen que estar», dijo Richard Brooks.

Richard Brooks dirigió películas como El fuego y la palabra (imprescindible en estos tiempos de telepredicadores y videntes catódicas), A sangre fría o La gata sobre el tejado de cinc.

Cuando Richard Brooks era joven y aún no había iniciado su carrera como director, un contacto le llevó a conocer a un reputado montador cinematográfico. “Me han dicho que puede contarme el secreto de hacer películas”, dijo Brooks. El montador dio a Brooks una caja de zapatos con unos rollos de películas y dijo: “Mira estas películas y mañana hablamos”.

Al día siguiente, Brooks fue a ver al montador. “¿Y bien?”, dijo el montador. “Maestro, estas películas… Eran películas porno”, dijo Brooks. “¿No has aprendido nada?”, dijo el montador. Brooks pensó durante un momento, y respondió: “Sí, que la cámara debe estar donde tiene que estar”.

Está claro que Brooks aprendió la lección, porque es raro encontrar en su filmografía un plano que sobre o se aparte de la narración.

¿Podemos aplicar lo de «la cámara debe estar donde tiene que estar» a otras expresiones artísticas?
LITERATURA

Stephen King cuenta en Mientras escribo que una de las mejores líneas de la literatura norteamericana es, quizá, la más escueta:

«Llegó al río. Lo tenía delante.»

(Ernest Hemingway: El río de los dos corazones)

La frase como de Hemingway se opone a la mayoría de la retórica de la novela contemporánea llena de menciones a marcas y la descripción detallada de los productos que usan los personajes. Literatura que apabulla con datos, más que con historias, durante 600 páginas. Sin embargo, Rosa G. Perea, escritora y editora, apunta que los mamotretos desaparecerán de aquí a unos años. El público demanda libros que puedan leerse de tirón. La próxima literatura negra, por ejemplo, tomará como referente las novelas de 200-300 páginas de Patricia Highsmith, que la editoria describe como óperas breves, pero intensas.
DISEÑO/ILUSTRACIÓN/PINTURA

Si ponemos el ojo donde tenemos que ponerlo, apreciaremos los detalles. Un detalle marca la diferencia, como supo apreciar Serviceplan Gruppe a la hora de diseñar un cartel para una tienda de sombreros de Bonn.

Quizá parte del éxito del Ecce Homo de Cecilia se deba a que la fallida restauración destaca los ojos negros, penetrantes, y la comisura de los labios, como una petición de auxilio. Cecilia ha alcanzado la fama al apartarse por accidente de la pintura figurativa que había realizado hasta entonces, ilustrando la frase «menos es más».

 

 ARQUITECTURA 

¿Qué es un edificio? ¿Unas paredes, una puerta, una ventana? El artículo El vigilante de Trolls de Yorokobu muestra una construcción que hace larga la definición de ‘edificio’ que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Parece que una magia trasladó los trazos de lápiz a la montaña. Los arquitectos crearon un marco imaginario en el que «está lo que tiene que estar».

La arquitectura contemporánea, a diferencia de la literatura pop, prescinde de lo superfluo, como muestra la Bodega Solar de Michate Jatzen (abajo, en la foto) o las oficinas más modernas del mundo.

 

 TWITTER

Posiblemente, un Twitter con más de 140 caracteres no hubiera triunfado. Es cierto que hay usuarios que utilizan Twitter como chat, y también están quienes cuartean mensajes en varios tuits. Sin embargo, la naturaleza de Twitter alienta al usuario a encajonar un mensaje en 140 caracteres. El tuit es la cámara hecha palabras, y «debe contener lo que debe contener».

Las creaciones mencionadas son un pequeño ejemplo de obras que seducen porque centran nuestra atención en lo mínimo, en lo pequeño. La forma sencilla produce calma. Esto hace que resalte lo disonante, si es lo que pretendemos. Si en una habitación al estilo nórdico (todo blanco), colocamos un cojín rojo, ahí caerán nuestros ojos. Sin embargo, la acumulación de colores nos apartará de lo que pretendemos. Apabullar al espectador o lector con datos, colores, sustos, definiciones, risas enlatadas… acaba por ahuyentarlo.

«Hay dos artes: primero, terminar una cosa; y luego el segundo gran arte, aprender a cortarla sin matarla ni dejarle ninguna herida», dice Ray Bradbury en Zen en el arte de escribir.

La gata sobre el tejado de zinc

«Los ojos tienen que estar, donde tienen que estar», dijo Richard Brooks.

Richard Brooks dirigió películas como El fuego y la palabra (imprescindible en estos tiempos de telepredicadores y videntes catódicas), A sangre fría o La gata sobre el tejado de cinc.

Cuando Richard Brooks era joven y aún no había iniciado su carrera como director, un contacto le llevó a conocer a un reputado montador cinematográfico. “Me han dicho que puede contarme el secreto de hacer películas”, dijo Brooks. El montador dio a Brooks una caja de zapatos con unos rollos de películas y dijo: “Mira estas películas y mañana hablamos”.

Al día siguiente, Brooks fue a ver al montador. “¿Y bien?”, dijo el montador. “Maestro, estas películas… Eran películas porno”, dijo Brooks. “¿No has aprendido nada?”, dijo el montador. Brooks pensó durante un momento, y respondió: “Sí, que la cámara debe estar donde tiene que estar”.

Está claro que Brooks aprendió la lección, porque es raro encontrar en su filmografía un plano que sobre o se aparte de la narración.

¿Podemos aplicar lo de «la cámara debe estar donde tiene que estar» a otras expresiones artísticas?
LITERATURA

Stephen King cuenta en Mientras escribo que una de las mejores líneas de la literatura norteamericana es, quizá, la más escueta:

«Llegó al río. Lo tenía delante.»

(Ernest Hemingway: El río de los dos corazones)

La frase como de Hemingway se opone a la mayoría de la retórica de la novela contemporánea llena de menciones a marcas y la descripción detallada de los productos que usan los personajes. Literatura que apabulla con datos, más que con historias, durante 600 páginas. Sin embargo, Rosa G. Perea, escritora y editora, apunta que los mamotretos desaparecerán de aquí a unos años. El público demanda libros que puedan leerse de tirón. La próxima literatura negra, por ejemplo, tomará como referente las novelas de 200-300 páginas de Patricia Highsmith, que la editoria describe como óperas breves, pero intensas.
DISEÑO/ILUSTRACIÓN/PINTURA

Si ponemos el ojo donde tenemos que ponerlo, apreciaremos los detalles. Un detalle marca la diferencia, como supo apreciar Serviceplan Gruppe a la hora de diseñar un cartel para una tienda de sombreros de Bonn.

Quizá parte del éxito del Ecce Homo de Cecilia se deba a que la fallida restauración destaca los ojos negros, penetrantes, y la comisura de los labios, como una petición de auxilio. Cecilia ha alcanzado la fama al apartarse por accidente de la pintura figurativa que había realizado hasta entonces, ilustrando la frase «menos es más».

 

 ARQUITECTURA 

¿Qué es un edificio? ¿Unas paredes, una puerta, una ventana? El artículo El vigilante de Trolls de Yorokobu muestra una construcción que hace larga la definición de ‘edificio’ que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Parece que una magia trasladó los trazos de lápiz a la montaña. Los arquitectos crearon un marco imaginario en el que «está lo que tiene que estar».

La arquitectura contemporánea, a diferencia de la literatura pop, prescinde de lo superfluo, como muestra la Bodega Solar de Michate Jatzen (abajo, en la foto) o las oficinas más modernas del mundo.

 

 TWITTER

Posiblemente, un Twitter con más de 140 caracteres no hubiera triunfado. Es cierto que hay usuarios que utilizan Twitter como chat, y también están quienes cuartean mensajes en varios tuits. Sin embargo, la naturaleza de Twitter alienta al usuario a encajonar un mensaje en 140 caracteres. El tuit es la cámara hecha palabras, y «debe contener lo que debe contener».

Las creaciones mencionadas son un pequeño ejemplo de obras que seducen porque centran nuestra atención en lo mínimo, en lo pequeño. La forma sencilla produce calma. Esto hace que resalte lo disonante, si es lo que pretendemos. Si en una habitación al estilo nórdico (todo blanco), colocamos un cojín rojo, ahí caerán nuestros ojos. Sin embargo, la acumulación de colores nos apartará de lo que pretendemos. Apabullar al espectador o lector con datos, colores, sustos, definiciones, risas enlatadas… acaba por ahuyentarlo.

«Hay dos artes: primero, terminar una cosa; y luego el segundo gran arte, aprender a cortarla sin matarla ni dejarle ninguna herida», dice Ray Bradbury en Zen en el arte de escribir.

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Opiniones 10
  • Muy bien, Javier, lo que tú digas o lo que diga Stephen King, pero me niego a aceptar que esa frase de Hemingway sea la mejor de la literatura americana. Ni tampoco estoy dispuesta a admitir eso de la «desaparición de los mamotretos» de Rosa G. Perea, bien está que las novelas tipo American Psycho sean un bluff, pero no por eso hay que decir que lo bueno tiene que ser siempre breve, no es cierto. Lo que pasa es que la gente no soporta leer algo que tenga más de 500 palabras o si te pones las 140 de twitter. Y no admito que se tilde a Guerra y Paz, Ana Karenina o los Hermanos Karamazov, ni por supuesto la Montaña Mágica y sus 100 páginas de descripción de la circulación de la sangre, de mamotretos.

    • Estoy contigo, Marien: Las obras que mencionas no son mamotretos. Por mamotretos debemos entender la mayoría de los bestseller actuales donde se mete paja y paja porque realmente no hay una historia que contar y no está la riqueza de caracteres de Dostoievski.

  • Richard Brooks dirigió una de esas grandes películas que casi nadie recuerda, pero que demostró que Diane Keaton era una de las grandes. “Buscando al Sr. Goodbar”. Basta ver el planteamiento de los títulos iniciales para darse cuenta que había aprendido muy bien la lección.
    La importancia de la palabra. Menos es más…depende también. En tiempos pasados las descripciones eran necesarias. Los medios para acceder a según qué lugares mucho más escasos, y las posibilidades más restringidas. Si yo escribo: “ La luz iluminaba la Sagrada Familia” no haría falta que dijese nada más. La memoria colectiva supliría el resto de palabras, y unida a la individual seguro que me ahorraría veinte páginas de descripciones.
    Tampoco creo que esa sea la mejor frase de la literatura americana. La mejor, para mí, era la última línea de Sophie, de William Styron…

    «This was not judgment day, but morning. Morning, excellent and fair.” («No era el día del juicio final, era solo una mañana. Una mañana serena y excelente”.)
    Pero para los que quieran leer un libro de un tirón, uno de esos libros en el que se vive intensamente la época, la historia y el momento, que se hagan con un ejemplar de “Reencuentro” de Fred Uhlman. Una obra maestra…y sobre todo no lean la contraportada.

  • Lo bueno si breve es dos veces bueno, es una afirmación difícil de generalizar. Si fuese cierta, seguramente nos iríamos a un lenguaje de impacto, es decir de frases que son sentencias. El lenguaje publicitario barrería a cualquier otra forma de expresión escrita. Es cierto que los tiempos están a favor de la brevedad pero creo que se hace necesario averiguar, porque se lee, nos referimos a leer como actividad que precisa, complicidad, tiempo y reflexión.
    Seguramente, vencerá lo breve porque el tiempo es una poderosa razón. La vida es corta, y el ser humano cree podrá hacer muchas cosas; por eso triunfa el lenguaje simplificado de los emoticones y abreviaturas de los mensajes de móvil. Un lenguaje informal, desenfadado, rápido y que no obliga. Imagínense una noticia de prensa, redactada en términos de emoticones y abreviaturas, o más… una sentencia judicial.
    Escribir: -Te quiero más que a mi vida- Es contundente, duradero.
    Decir: -Te quiero más que a mi vida- Es solemne, pero las palabras puede llevárselas el viento.
    Leer – Te quiero más que a mi vida- Debe de ser… muy agradable.
    Un saludo.

  • Lo simple, lo sencillo, es bello, y probablemente se pueda establecer una función matemática que nos indique en qué consiste esa simplicidad. Estos conceptos en malas manos pueden ser muy perversos, los ejemplos los padecemos todos los días.
    En el caso de la creación literaria, un texto no debería de tener más palabras de las que se puedan recordar para contárselas, de otro modo, a nuestro mejor amigo. Pero, no el resolvemos por qué se necesita contar a un amigo. (Ese libro será un gran bestseller si tienes que recordarlas ante quienes ni son amigos)
    Creo sinceramente que el mundo jamás se aclarará, si sencillo o compuesto. No obstante siempre nos queda el lenguaje de lo políticamente correcto….sencillamente complejo para señalar al segundo primero o para inventarse conceptos impactantes pero tremendamente vacios, si se leen.
    Dos saludos.

  • Estoy de acuerdo con estos comentarios: «lo bueno, si breve, dos veces bueno» o «menos es más» es una cantinela que nunca he creído. Por esa regla de tres nos cargaríamos el 50 por ciento, al menos, de la literatura universal. Tampoco creo que Perea acierte: los mamotretos se siguen vendiendo como rosquillas, y cuando sus consumidores se deshagan del libro físico, y se habitúen al e-book, donde no se nota cuán «tochos» son, seguirán vendiéndose. Una novela que se lea de un tirón no es probable que aporte ese placer que da: personajes que evolucionan, un ambiente, una época, una atmósfera, algo que a mí siempre me ha recordado a las series. No, yo creo que todavía hay muchos lectores a los que les gusta lo de «volver» cada día, cada dos días, a ese mundo, ese universo que dejaron, y para eso se necesitan 300 páginas mínimo.

    Ahora bien, lo de que los best sellers están «hinchados» en muchas ocasiones es cierto. Mucha paja. Pero paja puede haber en un relato, en un corto, en una película, o en una novela de literatura «normal» (por oponerla al concepto de best seller).

    La cuestión no es con cuántas palabras puedes transmitir algo, como si esto fuera un concurso de minimalismo (0 esa otra gran moda, los microrelatos), sino si cada una de esas palabras ayudan o no a esa transmisión.

    Y Stephen King… Hombre, podría aplicarse el cuento, que sus novelas no son precisamente el culmen de la precisión. Hemingway era un poco obseso de esto del número de palabras, y le tenía manía a los adjetivos. Seguramente, de todo se puede aprender, pero tal vez sus consejos valgan más para la escritura de relatos donde sí hace falta más concisión, y, por cierto, donde, más o menos, todos los críticos se ponen de acuerdo que Hemingway destacó (y no con sus novelas).

    No, no soy del menos es más, excepto en los diálogos de un guión (y dependerá del guión).

  • Son interesantes las opiniones, pero estamos abordando el asunto desde distintos puntos de vista.
    Un nexo es, transmitir una información que llegue un receptor y encienda las emociones que deseamos. Otro aspecto común es el tiempo; el receptor (lector, espectador….) tiene poco y lo suele valorar, desea la mayor utilidad posible del tiempo que ha empleado.(maximizar).
    Un escritor, mediante su texto tratara en incidir, en la imaginación del receptor y utilizará palabras, para crear aromas, ruidos…. En definitiva el papel impreso requiere el esfuerzo del lenguaje silencioso.
    Un pintor, un escultor, un músico… no necesitaran ese lenguaje silencioso, en estos casos el tiempo que necesita el receptor para que se le activen las sensaciones y por tanto las emociones, es mínimo, y además es un tiempo cómodo.( En definitiva hablamos de tiempos de ocio).
    En el cine esperas a sentir la historia en pocos minutos, y es cierto, en la misma película a velocidad de vértigo puedes asustarte, reírte, llorar y todo en una sesión… casi como una visita al psicólogo. Lo importante es que cuando salgas, por ejemplo de una peli dramática, le digas al acompañante.
    -Joder…. se me ha metido algo en el ojo-
    Un mamotreto que se pueda dibujar, esculpir y escuchar…. por muchas páginas que tenga nos resultaran pocas.
    Un saludo.

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