19 de agosto 2021    /   CINE/TV
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Por qué matan las mujeres (T2)

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La segunda temporada de Por qué matan las mujeres es una mezcla de vodevil y cuento de hadas de antaño: cruel y sangriento.

EL CUENTO DE LA CENICIENTA

A propósito o no, el cine y las series disfrazan las historias de siempre, pero nuestro cerebro las reconoce. Por eso nos atraen. Más o menos como cuando conoces a una persona y te cae bien o te gusta porque te recuerda a una vieja amistad o un amor.

En la segunda temporada de Por qué matan las mujeres reconocemos las líneas básicas de la sangrienta Cenicienta de los Grimm. Quizá una coincidencia, pero los artistas difícilmente escapan de las influencias.

La existencia de un narrador refuerza la idea de que la serie es un cuento. (El narrador también está en la temporada 1, pero tiene un estilo cercano a la crónica periodística más que el cuento).

Alma Fillcot (Allison Tolman) es la Cenicienta, un ama de casa anodina, como la describe el narrador.

Pero en esta versión, el palacio es un club de jardinería de mujeres ricas y ociosas. El hada madrina inesperada es la vecina que sube a la enredadera para espiar a Alma y su esposo. Ella no es simpática ni agita una varita mágica: es grosera y por cotilla cae sobre unas tijeras de podar y muere. Alma no quiere escándalos y la entierra en el jardín como la Cenicienta de los Grimm entierra a su madre, aunque esta, por amor. Después, Cenicienta planta un zarzal que se convierte en el árbol de los deseos y le ruega:

«Arbolito pequeño,

dame un vestido;

que sea, de oro y plata,

muy bien tejido».

Así consiguió Cenicienta su fastuoso traje y sus zapatos… de oro.

Pero el tiempo de la magia pasó. Alma no ruega a las rosas sobre la tumba de la vecina cotilla: se hace con la ropa de diseño de la difunta y le está perfecta. Es tiempo de pillaje.

La figura del príncipe recae en Rita Castillo (Lana Parrilla), pero no como sujeto romántico. Alma necesita el reconocimiento de Rita tanto como la Cenicienta el reconocimiento del príncipe, que no su amor.

El ama de casa espera que la bendición de Rita le abra las puertas a una vida de revista ilustrada.

CENICIENTA TRAS EL CRISTAL

La serie comienza con la voz del narrador acompañando la entrada de la exuberante Rita en un restaurante de lujo. Afuera, Alma observa triste, pero sonríe maravillada en cuanto ve a Rita.

Mientras, el narrador la describe así:

«Un ama de casa de mediana edad de la que nadie habla. Para quien nadie tiene tiempo. La chica desarreglada a la que nunca invitan a las fiestas. No tiene belleza de la que servirse. Ni estilo ni gracia. Esta tímida criatura va por la vida como si fuera invisible. Aún así, no se queja nunca».

Un retrato que quizás muchas mujeres reconocen en ellas mismas u otras, y que conocen los hombres atentos y sensibles.

La escena recuerda de alguna manera el comienzo de Desayuno con diamantes.

Hay diferencias importantes: una glamurosa Audrey Hepburn mira el escaparate de Tiffany’s con aparente indiferencia mientras come un croissant. Alma viste de calle, está triste, pero su rostro se ilumina cuando mira a Rita.

Ambos comienzos son propios de los cuentos de hadas: las protagonistas parten de una posición humilde.

Las imágenes que acompañan al narrador muestran a Alma pequeña, con el cuerpo recortado por la ventana del restaurante, por la ventanilla del autobús, y apenas visible por la mala iluminación de las calles. Alma no brilla.

LA ENVIDIA

Por qué matan las mujeres T2 propone un tema que se ha convertido en un cáncer en nuestros días: la envidia. Las redes sociales la fomentan y no es raro encontrar artículos que proponen «trucos para dar envidia en Instagram».

«Envidiamos lo que vemos cada día», dice Hannibal Lecter a Clarice Sterling en El silencio de los corderos.

Y Alma Fillcot sigue cada día la vida de Rita Castillo por los periódicos, las revistas y, en cuanto tiene una oportunidad, la observa a distancia. Es una envidia disfrazada de admiración. La envidia causa dolor y la admiración placer. Y Alma se tortura ella misma comparando su vida doméstica con la vida que Rita muestra al público.

Alma no es diferente a las personas que hoy muestran desprecio por los ricos, pero sueña vivir como ellos. Deseo y desprecio que puede conducir al crimen.

LAS REGLAS DEL VODEVIL

Marc Cherry, el creador de la serie, parece adaptar las reglas no escritas del vodevil para convertir un tema shakesperiano en una comedia negra:

  • Cuando una trama se complica, no se resuelve: se añade una nueva complicación.
  • Cuando una escena amenaza con volverse dramática, ocurre una catástrofe.
  • Lo peor que tiene que pasar, pasa.
  • Las casualidades existen para complicar las cosas.

Con estas reglas, la serie es previsible en algunos momentos, pero la historia demanda que ciertas cosas sucedan y el público lo espera como espera un duelo en un western:

  • Alma pide a su esposa que no mate | Alma pide a su esposo que mate.
  • Rita quiere proteger a Alma | Rita quiere destrozar a Alma.
  • Alma admira a Rita | Alma quiere destruir a Rita.

La audiencia detecta bombas de relojería:

  • La hija de Alma es la novia del amante de Rita.
  • Más adelante, el detective que pretende demostrar la inocencia de Rita en el asesinato de su esposo es el yerno de Alma.

A veces la telegrafía del humor (avisar qué ocurrirá) es el mejor recurso.

Lo arriba expuesto parece sencillo, pero no es raro encontrar comedias que desperdician oportunidades.

Por supuesto, Marc Cherry prescinde de aquello que moleste el funcionamiento de la comedia:

Sin embargo, Cherry no olvida que, en 1949, las mujeres apenas tienen posibilidades para prosperar por sus propios medios. Durante la Segunda Guerra Mundial, millones de mujeres trabajaron en las fábricas, llevaron negocios y ejercieron oficios reservados a los hombres en tiempos de paz. Tras la guerra, la reincorporación de los excombatientes a la vida civil expulsó a las mujeres del mundo laboral: no hubo integración, no se compartieron espacios, como refleja la serie británica The Bletchley Circle. Solo quedaron las secretarias, las enfermeras, las camareras, las maestras y poco más. Oficios que en muchos casos abandonaban tras casarse.

¿Qué podía soñar entonces una mujer como Alma Fillcot sino formar parte del mundo de mujeres como Rita Castillo?

EL ARTE DE LA COMPLICACIÓN

La primera temporada de Por qué matan las mujeres es entretenida, pero la propuesta se resiente al desarrollar tres tramas no relacionadas en líneas temporales distintas. La casa como nexo carece de importancia porque no tiene la personalidad propia de una casa encantada. (Recordemos que las distintas líneas temporales de La maldición de Hill House influyen las unas en las otras gracias a pasadizos del tiempo).

Las tramas dispersas de la T1 de Por qué matan las mujeres reduce el juego entre los personajes. Por contra, la segunda temporada transcurre en un único tiempo (1949) y lugar (Hollywood).

En los vodeviles, un personaje sale de prisa por una puerta, y por otra puerta entra un nuevo personaje en escena. A veces, coinciden. Las comedias de situación heredan el mecanismo de las puertas: los amigos, los familiares y los vecinos se cuelan por el balcón y por la puerta cuando quieren… Y eso trae problemas.

Hollywood es grande, pero Marc Cherry atrapa a los personajes en unos pocos escenarios y tramas en las que todos tienen una participación:

  • La guerra entre Alma y Rita.
  • El triángulo entre la hija de Alma, el actor mediocre y Rita… con detective por medio.
  • El club de jardinería.

EL CORAZÓN CRUEL DE UNA MUJER ANODINA

Marc Cherry consigue con Alma Fillcot lo que Vince Gilligan con Walter White en Breaking Bad. Aunque Alma se convierte en una máquina de matar y hacer daño, despierta simpatía porque la seguimos desde que era un personaje mediocre. Por esto, consideramos que las acciones de Alma son inevitables. El guion refuerza la simpatía hacia Alma porque las víctimas son groseras y violentas. El karma por la mano de la jardinera.

Justo por esa simpatía, decepciona que Alma chantajee a una pareja lesbiana y más tarde se plantee asesinar a su yerno, el detective. Cherry sabe cómo incomodar.

Pero el creador de la serie quiere a Alma y no la muestra hundida cuando camina a la ejecución. Alma tiene lo que siempre quiso: reconocimiento, en una escena que recuerda al final de El crepúsculo de los dioses.

EL CORAZÓN FRÁGIL DE UNA ARPÍA

Alma Fillcot es la protagonista de la serie, pero Rita Castillo, su enemiga, es más que un cliché, aunque el narrador la presenta así:

«Hollywood. Una ciudad que siempre ha atraído a cierto tipo de mujer. Llega dispuesta a batallar. El pintalabios y el escote son sus armas principales. Confía en la victoria porque sabe lo que le ha enseñado la vida: que la belleza es poder».

… Palabras que colocan al público contra Rita.

Más tarde, sabemos que Rita ha sido maltratada por sus dos esposos y ejerció la prostitución para comer. Esto genera cierta compasión, pero no consigue la simpatía que despierta Alma. En contra de Rita está la maldad contra Alma y la hija de esta.

2500 años después, Aristóteles sigue teniendo razón:

«La tragedia no ha de introducir un sujeto muy perverso, que de dichoso acabe en desdichado porque tal constitución no producirá compasión ni miedo; porque la compasión se tiene del que padece no mereciéndolo; el miedo es de ver el infortunio en un semejante nuestro».

Realmente, Rita es «un semejante nuestro», pero llega tardía la información de sus desdichados comienzos. Por esto no apena su muerte a manos de Alma, aunque tampoco sentimos satisfacción por este último asesinato cometido por la protagonista. Un cara a cara en el que ambas mujeres encuentras las posiciones iniciales invertidas.

POR QUÉ MATAN LAS MUJERES

Alma no mata por una razón distinta a la de un hombre. El deseo de tener lo que otros tienen puede nublar la razón a cualquiera. Alma mata para vivir como desea igual que hace Tom Ripley, el carismático asesino creado por Patricia Highsmith.

Aunque sí es cierto, como se apunta arriba, que Alma es un personaje de su tiempo, cuando el horizonte de las mujeres estaba tan limitado como sus sueños.

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La segunda temporada de Por qué matan las mujeres es una mezcla de vodevil y cuento de hadas de antaño: cruel y sangriento.

EL CUENTO DE LA CENICIENTA

A propósito o no, el cine y las series disfrazan las historias de siempre, pero nuestro cerebro las reconoce. Por eso nos atraen. Más o menos como cuando conoces a una persona y te cae bien o te gusta porque te recuerda a una vieja amistad o un amor.

En la segunda temporada de Por qué matan las mujeres reconocemos las líneas básicas de la sangrienta Cenicienta de los Grimm. Quizá una coincidencia, pero los artistas difícilmente escapan de las influencias.

La existencia de un narrador refuerza la idea de que la serie es un cuento. (El narrador también está en la temporada 1, pero tiene un estilo cercano a la crónica periodística más que el cuento).

Alma Fillcot (Allison Tolman) es la Cenicienta, un ama de casa anodina, como la describe el narrador.

Pero en esta versión, el palacio es un club de jardinería de mujeres ricas y ociosas. El hada madrina inesperada es la vecina que sube a la enredadera para espiar a Alma y su esposo. Ella no es simpática ni agita una varita mágica: es grosera y por cotilla cae sobre unas tijeras de podar y muere. Alma no quiere escándalos y la entierra en el jardín como la Cenicienta de los Grimm entierra a su madre, aunque esta, por amor. Después, Cenicienta planta un zarzal que se convierte en el árbol de los deseos y le ruega:

«Arbolito pequeño,

dame un vestido;

que sea, de oro y plata,

muy bien tejido».

Así consiguió Cenicienta su fastuoso traje y sus zapatos… de oro.

Pero el tiempo de la magia pasó. Alma no ruega a las rosas sobre la tumba de la vecina cotilla: se hace con la ropa de diseño de la difunta y le está perfecta. Es tiempo de pillaje.

La figura del príncipe recae en Rita Castillo (Lana Parrilla), pero no como sujeto romántico. Alma necesita el reconocimiento de Rita tanto como la Cenicienta el reconocimiento del príncipe, que no su amor.

El ama de casa espera que la bendición de Rita le abra las puertas a una vida de revista ilustrada.

CENICIENTA TRAS EL CRISTAL

La serie comienza con la voz del narrador acompañando la entrada de la exuberante Rita en un restaurante de lujo. Afuera, Alma observa triste, pero sonríe maravillada en cuanto ve a Rita.

Mientras, el narrador la describe así:

«Un ama de casa de mediana edad de la que nadie habla. Para quien nadie tiene tiempo. La chica desarreglada a la que nunca invitan a las fiestas. No tiene belleza de la que servirse. Ni estilo ni gracia. Esta tímida criatura va por la vida como si fuera invisible. Aún así, no se queja nunca».

Un retrato que quizás muchas mujeres reconocen en ellas mismas u otras, y que conocen los hombres atentos y sensibles.

La escena recuerda de alguna manera el comienzo de Desayuno con diamantes.

Hay diferencias importantes: una glamurosa Audrey Hepburn mira el escaparate de Tiffany’s con aparente indiferencia mientras come un croissant. Alma viste de calle, está triste, pero su rostro se ilumina cuando mira a Rita.

Ambos comienzos son propios de los cuentos de hadas: las protagonistas parten de una posición humilde.

Las imágenes que acompañan al narrador muestran a Alma pequeña, con el cuerpo recortado por la ventana del restaurante, por la ventanilla del autobús, y apenas visible por la mala iluminación de las calles. Alma no brilla.

LA ENVIDIA

Por qué matan las mujeres T2 propone un tema que se ha convertido en un cáncer en nuestros días: la envidia. Las redes sociales la fomentan y no es raro encontrar artículos que proponen «trucos para dar envidia en Instagram».

«Envidiamos lo que vemos cada día», dice Hannibal Lecter a Clarice Sterling en El silencio de los corderos.

Y Alma Fillcot sigue cada día la vida de Rita Castillo por los periódicos, las revistas y, en cuanto tiene una oportunidad, la observa a distancia. Es una envidia disfrazada de admiración. La envidia causa dolor y la admiración placer. Y Alma se tortura ella misma comparando su vida doméstica con la vida que Rita muestra al público.

Alma no es diferente a las personas que hoy muestran desprecio por los ricos, pero sueña vivir como ellos. Deseo y desprecio que puede conducir al crimen.

LAS REGLAS DEL VODEVIL

Marc Cherry, el creador de la serie, parece adaptar las reglas no escritas del vodevil para convertir un tema shakesperiano en una comedia negra:

  • Cuando una trama se complica, no se resuelve: se añade una nueva complicación.
  • Cuando una escena amenaza con volverse dramática, ocurre una catástrofe.
  • Lo peor que tiene que pasar, pasa.
  • Las casualidades existen para complicar las cosas.

Con estas reglas, la serie es previsible en algunos momentos, pero la historia demanda que ciertas cosas sucedan y el público lo espera como espera un duelo en un western:

  • Alma pide a su esposa que no mate | Alma pide a su esposo que mate.
  • Rita quiere proteger a Alma | Rita quiere destrozar a Alma.
  • Alma admira a Rita | Alma quiere destruir a Rita.

La audiencia detecta bombas de relojería:

  • La hija de Alma es la novia del amante de Rita.
  • Más adelante, el detective que pretende demostrar la inocencia de Rita en el asesinato de su esposo es el yerno de Alma.

A veces la telegrafía del humor (avisar qué ocurrirá) es el mejor recurso.

Lo arriba expuesto parece sencillo, pero no es raro encontrar comedias que desperdician oportunidades.

Por supuesto, Marc Cherry prescinde de aquello que moleste el funcionamiento de la comedia:

Sin embargo, Cherry no olvida que, en 1949, las mujeres apenas tienen posibilidades para prosperar por sus propios medios. Durante la Segunda Guerra Mundial, millones de mujeres trabajaron en las fábricas, llevaron negocios y ejercieron oficios reservados a los hombres en tiempos de paz. Tras la guerra, la reincorporación de los excombatientes a la vida civil expulsó a las mujeres del mundo laboral: no hubo integración, no se compartieron espacios, como refleja la serie británica The Bletchley Circle. Solo quedaron las secretarias, las enfermeras, las camareras, las maestras y poco más. Oficios que en muchos casos abandonaban tras casarse.

¿Qué podía soñar entonces una mujer como Alma Fillcot sino formar parte del mundo de mujeres como Rita Castillo?

EL ARTE DE LA COMPLICACIÓN

La primera temporada de Por qué matan las mujeres es entretenida, pero la propuesta se resiente al desarrollar tres tramas no relacionadas en líneas temporales distintas. La casa como nexo carece de importancia porque no tiene la personalidad propia de una casa encantada. (Recordemos que las distintas líneas temporales de La maldición de Hill House influyen las unas en las otras gracias a pasadizos del tiempo).

Las tramas dispersas de la T1 de Por qué matan las mujeres reduce el juego entre los personajes. Por contra, la segunda temporada transcurre en un único tiempo (1949) y lugar (Hollywood).

En los vodeviles, un personaje sale de prisa por una puerta, y por otra puerta entra un nuevo personaje en escena. A veces, coinciden. Las comedias de situación heredan el mecanismo de las puertas: los amigos, los familiares y los vecinos se cuelan por el balcón y por la puerta cuando quieren… Y eso trae problemas.

Hollywood es grande, pero Marc Cherry atrapa a los personajes en unos pocos escenarios y tramas en las que todos tienen una participación:

  • La guerra entre Alma y Rita.
  • El triángulo entre la hija de Alma, el actor mediocre y Rita… con detective por medio.
  • El club de jardinería.

EL CORAZÓN CRUEL DE UNA MUJER ANODINA

Marc Cherry consigue con Alma Fillcot lo que Vince Gilligan con Walter White en Breaking Bad. Aunque Alma se convierte en una máquina de matar y hacer daño, despierta simpatía porque la seguimos desde que era un personaje mediocre. Por esto, consideramos que las acciones de Alma son inevitables. El guion refuerza la simpatía hacia Alma porque las víctimas son groseras y violentas. El karma por la mano de la jardinera.

Justo por esa simpatía, decepciona que Alma chantajee a una pareja lesbiana y más tarde se plantee asesinar a su yerno, el detective. Cherry sabe cómo incomodar.

Pero el creador de la serie quiere a Alma y no la muestra hundida cuando camina a la ejecución. Alma tiene lo que siempre quiso: reconocimiento, en una escena que recuerda al final de El crepúsculo de los dioses.

EL CORAZÓN FRÁGIL DE UNA ARPÍA

Alma Fillcot es la protagonista de la serie, pero Rita Castillo, su enemiga, es más que un cliché, aunque el narrador la presenta así:

«Hollywood. Una ciudad que siempre ha atraído a cierto tipo de mujer. Llega dispuesta a batallar. El pintalabios y el escote son sus armas principales. Confía en la victoria porque sabe lo que le ha enseñado la vida: que la belleza es poder».

… Palabras que colocan al público contra Rita.

Más tarde, sabemos que Rita ha sido maltratada por sus dos esposos y ejerció la prostitución para comer. Esto genera cierta compasión, pero no consigue la simpatía que despierta Alma. En contra de Rita está la maldad contra Alma y la hija de esta.

2500 años después, Aristóteles sigue teniendo razón:

«La tragedia no ha de introducir un sujeto muy perverso, que de dichoso acabe en desdichado porque tal constitución no producirá compasión ni miedo; porque la compasión se tiene del que padece no mereciéndolo; el miedo es de ver el infortunio en un semejante nuestro».

Realmente, Rita es «un semejante nuestro», pero llega tardía la información de sus desdichados comienzos. Por esto no apena su muerte a manos de Alma, aunque tampoco sentimos satisfacción por este último asesinato cometido por la protagonista. Un cara a cara en el que ambas mujeres encuentras las posiciones iniciales invertidas.

POR QUÉ MATAN LAS MUJERES

Alma no mata por una razón distinta a la de un hombre. El deseo de tener lo que otros tienen puede nublar la razón a cualquiera. Alma mata para vivir como desea igual que hace Tom Ripley, el carismático asesino creado por Patricia Highsmith.

Aunque sí es cierto, como se apunta arriba, que Alma es un personaje de su tiempo, cuando el horizonte de las mujeres estaba tan limitado como sus sueños.

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