5 de octubre 2016    /   CREATIVIDAD
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La revista Yorokobu de octubre viene con ritual de otoño

5 de octubre 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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En la oquedad del negro de esta portada alguien organiza un ritual. Rafa Merino ha colocado unas flores de esas que ponían las abuelas en un rincón de la casa para advertir que el pasado acecha al presente.

Los pimpollos y los pétalos rosas y azules intentan invadir la negrura de la portada con el mismo ímpetu que crece la mala hierba. Invocan el amor en este ritual, pero alguien ha plantado un enrejado en sus narices. El grafista ha situado una barrera de metal frente a ellas y ha colocado unos billetes por los agujeros. «El dinero está en la alambrada porque es el peaje, es lo que te hace estar en un lado o en otro en la vida», explica. «Es lo que ocurre, por ejemplo, con los inmigrantes que luchan por traspasar las fronteras».

Yorokobu-Cover-4k-macro-1

Alguien acaba de tirar unos dados. Son la evocación a la suerte en esta ceremonia. «Dicen que no existe la suerte, lo que vale es estar preparado. Invocamos la suerte cuando no estamos preparados, aunque mientras tanto te esfuerzas y, finalmente, lo consigues».

Están añadiendo cartuchos de consolas, cuchillas de afeitar, plumas y un smiley. Parece que el tiempo se ha desorientado y ha reunido en este espacio renegrido varias piezas de otras épocas. «Es una forma de expresar la experiencia que vamos acumulando en nuestra vida», aclara Merino. «Hay flores que recuerdan a los bodegones clásicos, Game Boys de los 80… Los cartuchos reflejan esa secuencia de ‘pantallas’ que jugamos en la vida».

Yorokobu-Cover-4k-macro-2

Acaba de aparecer una mosca. Revolotea y se posa sobre un dólar. Viene a recordar que entre todos esos objetos muertos aún hay vida. Aunque sea la de este coleóptero feo con patas que hace los veranos más pegajosos.

Todo está así dispuesto para iniciar «ese ritual interno que cada uno de nosotros hacemos para hallar la felicidad que ansiamos». La felicidad que desprende la palabra Yorokobu (porque ese es su significado: ‘estar feliz’) en un luminoso rojo que podía estar en cualquier rótulo de una calle de Shanghai o un recreativo japonés. «Me gusta que Yorokobu sea ese neón de luz entre lo orgánico de las flores».

Yorokobu-Cover-4k-macro-3

El ritual está a punto de empezar. Pero, antes, Merino ha dado unos retoques al bodegón digital que evoca el dinero, la suerte y el amor. En los pies de la composición ha tumbado unas plumas para dar brillo y ha rociado confeti porque, dice, es «lo que a veces nos ilumina y nos ciega».

Que empiece la ceremonia.


En la oquedad del negro de esta portada alguien organiza un ritual. Rafa Merino ha colocado unas flores de esas que ponían las abuelas en un rincón de la casa para advertir que el pasado acecha al presente.

Los pimpollos y los pétalos rosas y azules intentan invadir la negrura de la portada con el mismo ímpetu que crece la mala hierba. Invocan el amor en este ritual, pero alguien ha plantado un enrejado en sus narices. El grafista ha situado una barrera de metal frente a ellas y ha colocado unos billetes por los agujeros. «El dinero está en la alambrada porque es el peaje, es lo que te hace estar en un lado o en otro en la vida», explica. «Es lo que ocurre, por ejemplo, con los inmigrantes que luchan por traspasar las fronteras».

Yorokobu-Cover-4k-macro-1

Alguien acaba de tirar unos dados. Son la evocación a la suerte en esta ceremonia. «Dicen que no existe la suerte, lo que vale es estar preparado. Invocamos la suerte cuando no estamos preparados, aunque mientras tanto te esfuerzas y, finalmente, lo consigues».

Están añadiendo cartuchos de consolas, cuchillas de afeitar, plumas y un smiley. Parece que el tiempo se ha desorientado y ha reunido en este espacio renegrido varias piezas de otras épocas. «Es una forma de expresar la experiencia que vamos acumulando en nuestra vida», aclara Merino. «Hay flores que recuerdan a los bodegones clásicos, Game Boys de los 80… Los cartuchos reflejan esa secuencia de ‘pantallas’ que jugamos en la vida».

Yorokobu-Cover-4k-macro-2

Acaba de aparecer una mosca. Revolotea y se posa sobre un dólar. Viene a recordar que entre todos esos objetos muertos aún hay vida. Aunque sea la de este coleóptero feo con patas que hace los veranos más pegajosos.

Todo está así dispuesto para iniciar «ese ritual interno que cada uno de nosotros hacemos para hallar la felicidad que ansiamos». La felicidad que desprende la palabra Yorokobu (porque ese es su significado: ‘estar feliz’) en un luminoso rojo que podía estar en cualquier rótulo de una calle de Shanghai o un recreativo japonés. «Me gusta que Yorokobu sea ese neón de luz entre lo orgánico de las flores».

Yorokobu-Cover-4k-macro-3

El ritual está a punto de empezar. Pero, antes, Merino ha dado unos retoques al bodegón digital que evoca el dinero, la suerte y el amor. En los pies de la composición ha tumbado unas plumas para dar brillo y ha rociado confeti porque, dice, es «lo que a veces nos ilumina y nos ciega».

Que empiece la ceremonia.


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