13 de febrero 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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Posgimnasios: postureo, lujo y reuniones de trabajo

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Ir a un gimnasio, sudar, ducharse e irse a casa es algo demodé: cosa de pobres. Ahora, se asiste al salón a alcanzar el Nirvana y a hacer negocios. Ahora, cada levantamiento de pesas, en cada pedalada o en cada estiramiento se vende como un paso más hacia la trascendencia.

(Foto portada: Psycle)

Empresas como Equinox o Hula Fit han sofisticado la actividad deportiva con una mezcla de espiritualidad y comunitarismo trascendental que les permite proponer unos precios criminales y que se los paguen con mueca de agradecimiento.

Al parecer, los gimnasios más top diseñaron en laboratorio un embrión que mezcla el ADN de Josef Ajram y de Pablo Coelho: la criatura resultante se encarga hoy de redactar los mensajes de promoción de cada modalidad. Los textos quedan resultones: no hay quién entienda a qué actividad física se refieren.

«Es más que solo un entrenamiento, se trata de personas, conexión fuerza y comunidad. (…) Nos desafiamos a nosotros mismos para fortalecer no solo nuestros cuerpos, sino también nuestras mentes. (…) Nuestras clases superarán tus límites y te enseñarán lo poderoso que eres», dicen en la web de Psycle London, y siguen así, repitiendo cosas cómo liberar la mente, conectarse; la página no tiene un blog como cualquier otra, sino un Inspire Blog, etcétera.

Este tipo de establecimientos cuajan entre gentes de negocios. Mientras consiguen la fórmula científica para transpirar con olor a azahar, se están dedicando a intelectualizar el sudor y a solaparlo con la actividad profesional y productiva. El ocio por el ocio también suena demodé.

El gimnasio Barry’s Bootcamp ofrece cintas de correr contiguas para que corras al lado de tus clientes o contactos que mezcla disciplina militar con el ambiente de una discoteca. Como recoge CMD Sport, la responsable de prensa de la compañía, Vicky Land, «si se consigue un entrenamiento divertido junto a un cliente, es mucho más eficiente laboralmente que divagar en una comida de negocios».

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Foto: Barry’s Bootcamp

Brooklyn Boulders Somerville prefirió, directamente, crear unos espacios de trabajo y reunión dentro de un rocódromo. Sus responsables contaron el proyecto a Fast Company: «Escalar atrae a los inversores de capital riesgo, artistas y programadores. Es un deporte muy cerebral».

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El precio crece de manera proporcional a la extravagancia de las propuestas. La empresa Hula Fit vende un paquete que en un solo día te titula como monitor de entrenamiento con hula hop. Un día de entrenamiento, un aro y dos camisetas por 286 euros.

El boom de esta reinvención del deporte se propaga por las calles de la capital británica. Conscientes de la fiebre, el Consell de Ibiza acudió a la World Travel Market con el proyecto Ibiza es Wellness para promocionar la isla como destino del culto al cuerpo. Los organizadores lo tenían claro: el mercado londinense es uno de los más propensos a estas ofertas.

Según The Guardian, el mercado del entrenamiento de lujo está creciendo en suelo británico. Los llaman gimnasios boutique. La cabecera inglesa habló con Pip Black, cofundador de Framer. Black argumentó que tanto la suya como otras firmas de lujo tienen algo de lo que los gimnasios pedestres carecen: la comunidad. No obstante, los gimnasios han servido siempre para hacer amigos: cientos de grupos de whatsapp lo atestiguan. «Nuestros miembros son conocidos como framers y se identifican increíblemente bien con los valores de nuestra marca», remataba Black.

Como el mercado del fitness se va masificando, la competencia aprieta y los deportes y actividades, en consecuencia, van retorciendo sus nombres y sus rutinas. Desde hace un tiempo, triunfa el barre method: una mezcla bien medida de ballet, pilates y yoga. Traducido al subconsciente del consumidor contemporáneo, es decir, al que dice esto que hago de mi imagen, se trata de un cóctel de fortaleza, arte y espiritualidad. Tres en uno. El objetivo de este ejercicio es, por descontado, «encontrar un balance entre cuerpo y mente».

Hay más, en Reino Unido hay quienes acuden a clases de algo llamado Doga: una conjunción de las palabras perro y yoga. Básicamente, hacer yoga acariciando y levantando a tu perro. «Confiamos en que el Doga funcionará. Es magia pura para ti y tu perro, independientemente de si el perro está involucrado en las posturas o no», explican en su página. En las imágenes, los perros no saben muy bien qué está pasando.

Hace unos días, Johanna Leggatt estalló en una columna: «En estos días es casi imposible encontrar una clase de ejercicios que no intente enseñarle algo revelador sobre usted o le abra los ojos o le cambie la vida. Créanme, he intentado encontrarlos».  Y siguió: «Los elementos espirituales o de bienestar se han agregado a muchas clases de ejercicios en los últimos años con programas que muestran los lemas de autoayuda de la cultura de las startups: supera el dolor, no te pongas excusas». Ir, sudar en camisetas baratas, ducharse y volver a casa. Uno puede conseguir la excelencia física con este método, pero será una excelencia de la que nunca hablaría Pablo Coelho.

 

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(Foto portada: Psycle)

Empresas como Equinox o Hula Fit han sofisticado la actividad deportiva con una mezcla de espiritualidad y comunitarismo trascendental que les permite proponer unos precios criminales y que se los paguen con mueca de agradecimiento.

Al parecer, los gimnasios más top diseñaron en laboratorio un embrión que mezcla el ADN de Josef Ajram y de Pablo Coelho: la criatura resultante se encarga hoy de redactar los mensajes de promoción de cada modalidad. Los textos quedan resultones: no hay quién entienda a qué actividad física se refieren.

«Es más que solo un entrenamiento, se trata de personas, conexión fuerza y comunidad. (…) Nos desafiamos a nosotros mismos para fortalecer no solo nuestros cuerpos, sino también nuestras mentes. (…) Nuestras clases superarán tus límites y te enseñarán lo poderoso que eres», dicen en la web de Psycle London, y siguen así, repitiendo cosas cómo liberar la mente, conectarse; la página no tiene un blog como cualquier otra, sino un Inspire Blog, etcétera.

Este tipo de establecimientos cuajan entre gentes de negocios. Mientras consiguen la fórmula científica para transpirar con olor a azahar, se están dedicando a intelectualizar el sudor y a solaparlo con la actividad profesional y productiva. El ocio por el ocio también suena demodé.

El gimnasio Barry’s Bootcamp ofrece cintas de correr contiguas para que corras al lado de tus clientes o contactos que mezcla disciplina militar con el ambiente de una discoteca. Como recoge CMD Sport, la responsable de prensa de la compañía, Vicky Land, «si se consigue un entrenamiento divertido junto a un cliente, es mucho más eficiente laboralmente que divagar en una comida de negocios».

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Foto: Barry’s Bootcamp

Brooklyn Boulders Somerville prefirió, directamente, crear unos espacios de trabajo y reunión dentro de un rocódromo. Sus responsables contaron el proyecto a Fast Company: «Escalar atrae a los inversores de capital riesgo, artistas y programadores. Es un deporte muy cerebral».

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El precio crece de manera proporcional a la extravagancia de las propuestas. La empresa Hula Fit vende un paquete que en un solo día te titula como monitor de entrenamiento con hula hop. Un día de entrenamiento, un aro y dos camisetas por 286 euros.

El boom de esta reinvención del deporte se propaga por las calles de la capital británica. Conscientes de la fiebre, el Consell de Ibiza acudió a la World Travel Market con el proyecto Ibiza es Wellness para promocionar la isla como destino del culto al cuerpo. Los organizadores lo tenían claro: el mercado londinense es uno de los más propensos a estas ofertas.

Según The Guardian, el mercado del entrenamiento de lujo está creciendo en suelo británico. Los llaman gimnasios boutique. La cabecera inglesa habló con Pip Black, cofundador de Framer. Black argumentó que tanto la suya como otras firmas de lujo tienen algo de lo que los gimnasios pedestres carecen: la comunidad. No obstante, los gimnasios han servido siempre para hacer amigos: cientos de grupos de whatsapp lo atestiguan. «Nuestros miembros son conocidos como framers y se identifican increíblemente bien con los valores de nuestra marca», remataba Black.

Como el mercado del fitness se va masificando, la competencia aprieta y los deportes y actividades, en consecuencia, van retorciendo sus nombres y sus rutinas. Desde hace un tiempo, triunfa el barre method: una mezcla bien medida de ballet, pilates y yoga. Traducido al subconsciente del consumidor contemporáneo, es decir, al que dice esto que hago de mi imagen, se trata de un cóctel de fortaleza, arte y espiritualidad. Tres en uno. El objetivo de este ejercicio es, por descontado, «encontrar un balance entre cuerpo y mente».

Hay más, en Reino Unido hay quienes acuden a clases de algo llamado Doga: una conjunción de las palabras perro y yoga. Básicamente, hacer yoga acariciando y levantando a tu perro. «Confiamos en que el Doga funcionará. Es magia pura para ti y tu perro, independientemente de si el perro está involucrado en las posturas o no», explican en su página. En las imágenes, los perros no saben muy bien qué está pasando.

Hace unos días, Johanna Leggatt estalló en una columna: «En estos días es casi imposible encontrar una clase de ejercicios que no intente enseñarle algo revelador sobre usted o le abra los ojos o le cambie la vida. Créanme, he intentado encontrarlos».  Y siguió: «Los elementos espirituales o de bienestar se han agregado a muchas clases de ejercicios en los últimos años con programas que muestran los lemas de autoayuda de la cultura de las startups: supera el dolor, no te pongas excusas». Ir, sudar en camisetas baratas, ducharse y volver a casa. Uno puede conseguir la excelencia física con este método, pero será una excelencia de la que nunca hablaría Pablo Coelho.

 

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