30 de mayo 2017    /   DIGITAL
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Enseñar a escribir con fotos sexis

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Puedes aprender a escribir correctamente memorizando de tirón las reglas de ortografía o puedes hacerlo de una manera algo más lúdica. En Yorokobu hacemos relatos ortográficos. Romina (Rompower Vlog en redes sociales) lo hace luciendo palmito en Instagram y Facebook para reírse del postureo que domina estas redes sociales.

«Pensé que si ponía en Instagram un texto con una norma ortográfica, nadie lo leería, así que cogí lo ‘mejor’ de las redes sociales, el postureo, y lo llevé al máximo pero poniéndole un elemento discordante», explica esta periodista de Barcelona que trabaja actualmente en La Vanguardia.

«En lugar de mostrar un mundo maravilloso de hoteles, playas y restaurantes bonitos, opté por la vida real para el fondo de mis fotos: abuelas pasando la tarde en un banco o merendando en casa, contenedores de basura, coches parados en los semáforos mientras paseo contoneándome… La vida real es bonita porque es real; lo demás es mentira».

Romina trabajaba en una agencia de comunicación cuando se le ocurrió crear una cuenta en Instagram para explicar ciertas normas de ortografía. Al tener que pasar horas visitando las redes sociales, no tardó en darse cuenta de que el 98% de los textos que se publicaban allí, «sobre todo los de las blogueras», tenía alguna falta de ortografía, gramática o léxico. Tampoco se libraban de cocear el diccionario, aunque en un porcentaje menor, los textos de diarios y otros medios de comunicación.

Pero era en la mayoría de escritos de gente anónima donde esos crímenes ortográficos resultaban poco menos que insoportables.

De esos errores que circulan por las redes, algunos especialmente hieren sus pupilas hasta hacerle sangrar por los ojos. La ausencia de la coma en los vocativos, por ejemplo: «buenos días, amigos»; «felicidades, Manolo»… «Eso me saca de quicio. Si solo pensáramos en la pausa que hacemos al hablar, la pondríamos. De no hacerla, todo el mundo moriría ahogado».

Pero también la confusión entre «a ver» y «haber», o entre «por qué», «porque», «porqué» y «por que»; o las tildes diacríticas. «Y la que me pone de los nervios más son LOS IMPERATIVOS ACABADOS EN “R”: no es “darle” al Me gusta, “comentar” o “compartir”… ¡Es “dadle”, “comentad” y “compartid”! ¡Los imperativos van con D, (coma) gente!».

Se hacía necesario enseñar a escribir usando las mismas redes sociales que el gran público.

«El objetivo es llamar la atención y que la gente se pregunte: ¿qué hace esta mujer? Y lea el texto que acompaña a cada foto y que es una norma ortográfica, gramatical o una explicación de léxico», afirma Romina. «Tengo vocación de difundir el buen uso del lenguaje. Y de hacerlo con sentido del humor».

En 2011 comenzó en Instagram aunque después lo dejó durante un tiempo. Entonces no publicaba demasiadas fotos de ella misma y la ortografía era secundaria. «Un día vi que una foto mía en bañador tenía más éxito que las demás y me resultó curioso». No fue hasta 2014 cuando regresó a esa red social donde también colgó vídeos que realizaba en colaboración con una empresa que se veía en toda Latinoamérica.

«Como no me daba ningún beneficio y me quitaba mucho tiempo porque lo hacía todo yo sola (grabarme, editar el vídeo con efectos de sonido y de imagen, retocar las fotos para las miniaturas de los vídeos… etc.), lo dejé y decidí seguir por mi cuenta».

Ahora acaba de estrenarse en Facebook (hace poco más de dos meses) aunque allí lo único que hace es compartir el contenido que sube a Instagram. «Para mí la red importante es Instagram porque me ha permitido llegar a mucha más gente que con Facebook, que está más limitada tecnológicamente a la hora de contactar con quien quieras», aclara. «Las “Instagram stories”, que a simple vista pueden parecer una chorrada, fidelizan y atraen seguidores que es una maravilla».

Para las fotos que cuelga esta periodista en su perfil de Instagram cuenta con la fotógrafa Anna Senan. La complicidad con ella es básica para el resultado que quiere mostrar en sus lecciones de ortografía. «Por mi tipo de fotos frikis (aceptada por la RAE, je, je, je) y provocadoras (más que provocativas), necesito tener ese buen entendimiento con quien me fotografía», afirma.

En todas ellas hay un elemento común: el postureo, algo que Romina describe como su «máxima, visualmente hablando». «No dispongo de mucho tiempo libre, así que en la mayoría de casos, confío en la improvisación, que me encanta. Si veo un grupo de abuelos en un banco, allá que voy a hacerme fotos. Los contenedores de basura son un clásico, como te digo. Y el resto, pues lo que encuentre. Si no tengo público, aparezco sola haciendo alguna pose exagerada».

Romina no se preocupa por el qué dirán y no considera que el hecho de mostrar su cuerpo para llamar la atención sobre el mensaje pueda ofender a ninguna feminista. «¿Deberían hacerlo? ¿Por qué? ¿Porque estoy orgullosa de ser mujer y sentirme sexi? ¿De aceptarme tal como soy?», afirma con seguridad.

«Voy más tapada que la media de perfiles que encuentras en Instagram y lo que hago es posturear, reírme de mí misma, poner un poco de sal a algo tan aburrido como es enseñar a escribir. Si eso no se entiende, no es mi problema. Si ser feminista implica sentirse orgullosa de ser mujer, sentirse femenina y ponerse un vestido ajustado que marca mis curvas, pues entonces soy feminista. Aunque no me gustan las etiquetas».

Los comentarios que recibe de cada una de sus entradas incluyen también los de mujeres que la felicitan por lo que hace. «Me dicen que ya era hora de que alguien enseñara así, con descaro, con buen humor; que lo que hago les sirve para enseñar a sus hijos o para mejorar el español si son extranjeras». Apenas puede contar algún comentario negativo a su trabajo, afirma.

«El resto de retorno que recibo (que no de “feedback”, je, je, je) es positivo. Para mí no es importante que me siga mucha gente, sino que me sigan personas a las que yo siempre he admirado, como Santi Millán, Santiago Segura, Ernesto Sevilla, Raúl Cimas, Nacho Canut y Luis Canut, Nacho Vigalondo, Sergio Mas… y otros tantos grandes que me dicen que están aprendiendo con mis frikadas. El periodista Víctor Amela me dijo que qué pena que las profesoras no fueran como yo, porque lo que hago estimula, y normalmente hay una carencia de ese estímulo a la hora de enseñar».

A pesar de las apariencias, sus fotos y sus entradas no van dirigidas al público masculino, sino a todo el mundo porque «la lengua es patrimonio de todos. Y el sentido del humor, una de las cosas más importantes para ir por la vida y que hay que cultivar para que esto no sea un sopor».

La actitud sexi forma parte de la broma, de esa búsqueda de hacer reír para que la enseñanza de la lengua cale. «Sé que muchos me siguen para ver unas piernas, porque ni siquiera hablan español, pero me doy por satisfecha si los que entienden lo que hago, aprenden con ello», asegura. «Escribir bien dice muchas cosas de uno mismo, que se fija, que se respeta y que respeta a los demás. Escribir bien es sexi, como mi hashtag o, en español, etiqueta: #escribirbienessexi».

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«Pensé que si ponía en Instagram un texto con una norma ortográfica, nadie lo leería, así que cogí lo ‘mejor’ de las redes sociales, el postureo, y lo llevé al máximo pero poniéndole un elemento discordante», explica esta periodista de Barcelona que trabaja actualmente en La Vanguardia.

«En lugar de mostrar un mundo maravilloso de hoteles, playas y restaurantes bonitos, opté por la vida real para el fondo de mis fotos: abuelas pasando la tarde en un banco o merendando en casa, contenedores de basura, coches parados en los semáforos mientras paseo contoneándome… La vida real es bonita porque es real; lo demás es mentira».

Romina trabajaba en una agencia de comunicación cuando se le ocurrió crear una cuenta en Instagram para explicar ciertas normas de ortografía. Al tener que pasar horas visitando las redes sociales, no tardó en darse cuenta de que el 98% de los textos que se publicaban allí, «sobre todo los de las blogueras», tenía alguna falta de ortografía, gramática o léxico. Tampoco se libraban de cocear el diccionario, aunque en un porcentaje menor, los textos de diarios y otros medios de comunicación.

Pero era en la mayoría de escritos de gente anónima donde esos crímenes ortográficos resultaban poco menos que insoportables.

De esos errores que circulan por las redes, algunos especialmente hieren sus pupilas hasta hacerle sangrar por los ojos. La ausencia de la coma en los vocativos, por ejemplo: «buenos días, amigos»; «felicidades, Manolo»… «Eso me saca de quicio. Si solo pensáramos en la pausa que hacemos al hablar, la pondríamos. De no hacerla, todo el mundo moriría ahogado».

Pero también la confusión entre «a ver» y «haber», o entre «por qué», «porque», «porqué» y «por que»; o las tildes diacríticas. «Y la que me pone de los nervios más son LOS IMPERATIVOS ACABADOS EN “R”: no es “darle” al Me gusta, “comentar” o “compartir”… ¡Es “dadle”, “comentad” y “compartid”! ¡Los imperativos van con D, (coma) gente!».

Se hacía necesario enseñar a escribir usando las mismas redes sociales que el gran público.

«El objetivo es llamar la atención y que la gente se pregunte: ¿qué hace esta mujer? Y lea el texto que acompaña a cada foto y que es una norma ortográfica, gramatical o una explicación de léxico», afirma Romina. «Tengo vocación de difundir el buen uso del lenguaje. Y de hacerlo con sentido del humor».

En 2011 comenzó en Instagram aunque después lo dejó durante un tiempo. Entonces no publicaba demasiadas fotos de ella misma y la ortografía era secundaria. «Un día vi que una foto mía en bañador tenía más éxito que las demás y me resultó curioso». No fue hasta 2014 cuando regresó a esa red social donde también colgó vídeos que realizaba en colaboración con una empresa que se veía en toda Latinoamérica.

«Como no me daba ningún beneficio y me quitaba mucho tiempo porque lo hacía todo yo sola (grabarme, editar el vídeo con efectos de sonido y de imagen, retocar las fotos para las miniaturas de los vídeos… etc.), lo dejé y decidí seguir por mi cuenta».

Ahora acaba de estrenarse en Facebook (hace poco más de dos meses) aunque allí lo único que hace es compartir el contenido que sube a Instagram. «Para mí la red importante es Instagram porque me ha permitido llegar a mucha más gente que con Facebook, que está más limitada tecnológicamente a la hora de contactar con quien quieras», aclara. «Las “Instagram stories”, que a simple vista pueden parecer una chorrada, fidelizan y atraen seguidores que es una maravilla».

Para las fotos que cuelga esta periodista en su perfil de Instagram cuenta con la fotógrafa Anna Senan. La complicidad con ella es básica para el resultado que quiere mostrar en sus lecciones de ortografía. «Por mi tipo de fotos frikis (aceptada por la RAE, je, je, je) y provocadoras (más que provocativas), necesito tener ese buen entendimiento con quien me fotografía», afirma.

En todas ellas hay un elemento común: el postureo, algo que Romina describe como su «máxima, visualmente hablando». «No dispongo de mucho tiempo libre, así que en la mayoría de casos, confío en la improvisación, que me encanta. Si veo un grupo de abuelos en un banco, allá que voy a hacerme fotos. Los contenedores de basura son un clásico, como te digo. Y el resto, pues lo que encuentre. Si no tengo público, aparezco sola haciendo alguna pose exagerada».

Romina no se preocupa por el qué dirán y no considera que el hecho de mostrar su cuerpo para llamar la atención sobre el mensaje pueda ofender a ninguna feminista. «¿Deberían hacerlo? ¿Por qué? ¿Porque estoy orgullosa de ser mujer y sentirme sexi? ¿De aceptarme tal como soy?», afirma con seguridad.

«Voy más tapada que la media de perfiles que encuentras en Instagram y lo que hago es posturear, reírme de mí misma, poner un poco de sal a algo tan aburrido como es enseñar a escribir. Si eso no se entiende, no es mi problema. Si ser feminista implica sentirse orgullosa de ser mujer, sentirse femenina y ponerse un vestido ajustado que marca mis curvas, pues entonces soy feminista. Aunque no me gustan las etiquetas».

Los comentarios que recibe de cada una de sus entradas incluyen también los de mujeres que la felicitan por lo que hace. «Me dicen que ya era hora de que alguien enseñara así, con descaro, con buen humor; que lo que hago les sirve para enseñar a sus hijos o para mejorar el español si son extranjeras». Apenas puede contar algún comentario negativo a su trabajo, afirma.

«El resto de retorno que recibo (que no de “feedback”, je, je, je) es positivo. Para mí no es importante que me siga mucha gente, sino que me sigan personas a las que yo siempre he admirado, como Santi Millán, Santiago Segura, Ernesto Sevilla, Raúl Cimas, Nacho Canut y Luis Canut, Nacho Vigalondo, Sergio Mas… y otros tantos grandes que me dicen que están aprendiendo con mis frikadas. El periodista Víctor Amela me dijo que qué pena que las profesoras no fueran como yo, porque lo que hago estimula, y normalmente hay una carencia de ese estímulo a la hora de enseñar».

A pesar de las apariencias, sus fotos y sus entradas no van dirigidas al público masculino, sino a todo el mundo porque «la lengua es patrimonio de todos. Y el sentido del humor, una de las cosas más importantes para ir por la vida y que hay que cultivar para que esto no sea un sopor».

La actitud sexi forma parte de la broma, de esa búsqueda de hacer reír para que la enseñanza de la lengua cale. «Sé que muchos me siguen para ver unas piernas, porque ni siquiera hablan español, pero me doy por satisfecha si los que entienden lo que hago, aprenden con ello», asegura. «Escribir bien dice muchas cosas de uno mismo, que se fija, que se respeta y que respeta a los demás. Escribir bien es sexi, como mi hashtag o, en español, etiqueta: #escribirbienessexi».

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Opiniones 2
  • Sí, es cierto. Pone «CORCOS’. No lo había visto. Ja, ja, ja, ja.

    Creo que es la primera vez que lo hago, promocionar mi sitio del «Feis». Pero ¿Qué tal si os dáis una vuelta por mi sitio <>

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