29 de mayo 2013    /   IDEAS
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Más preguntas, señores alumnos

29 de mayo 2013    /   IDEAS     por          
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Casi cualquier profesor podrá contar experiencias acerca de lo complicado que resulta mantener la atención de los alumnos durante un tiempo más o menos prolongado. Lo de plantearse que adopten una actitud activa que les empuje a encontrar nuevos caminos de conocimiento es, en muchos casos, sencillamente utópico. Ramsey Musallam explica en una charla de TED cómo consigue despertar en sus alumnos la curiosidad por aprender.
Ramsey Musallam es profesor de química de secundaria. Por aquella época, la separación de jerarquías y poderes entre profesores y alumnos era asumida como normal. Púlpito por un lado y pupitres por el otro. Discurso magistral de un lado de la ecuación y aceptación virtualmente pasiva desde la audiencia.
Fue, sin embargo, un aneurisma que casi termina con su vida en 2010 lo que le hizo replantearse muchas cosas. Entre otras, la manera en que desempeñaba su trabajo como profesor. Musallam observó que en una situación que no era sencilla de manejar y que a él le aterrorizaba, su cirujano se mostraba tranquilo y confiado.

Si los educadores dejamos atrás el papel de difusores de contenidos y adoptamos un nuevo paradigma como cultivadores de curiosidad e investigación, puede que aportemos un poco más de sentido a la jornada escolar y que despertemos la imaginación.

Le preguntó cómo hacía para mostrarse así. Su médico le dijo que se basaba en tres premisas sobre las que se apoyaba: la curiosidad suficiente como para cuestionarse planteamientos que pueden no funcionar, la pérdida del miedo a los procesos de prueba y error y, por último, la capacidad de asimilar información para elaborar nuevos procesos.
Ramsey Musallam cayó en la cuenta de que algo muy básico le estaba pasando desapercibido. “Las preguntas de los alumnos son las semillas del aprendizaje real”, explica Musallam en la charla en TED. Y así fue cómo adaptó las tres reglas que le sugirió su cirujano.
Para el profesor, es esta suerte de crowdsourcing, la que ayuda a mejorar la ‘calidad del servicio’. “Las preguntas pueden ser la fuente de una gran instrucción, pero eso no ocurre a la inversa”, señala. “Hay que sorprender a los alumnos, dejarlos perplejos, plantear preguntas que ofrezcan respuestas para confeccionar métodos de enseñanza”. Esa sería la primera regla.
La segunda es aceptar el desastre. “Sabemos que el aprendizaje puede ser muy feo”. La prueba y el error pueden ser partes útiles e informales de lo que señalan los rígidos epígrafes de los libros y manuales.
La tercera regla que propone el profesor es practicar la reflexión. Todos los procesos son revisables y están sujetos a constantes y potenciales cambios.
Ramsey Musallam quiso también alertar acerca de lo inconveniente de situar a la tecnología como centro de los procesos de aprendizaje. “La curiosidad trasciende todas las tecnología y modas en la educación. Anteponer estas tecnologías a la inquietud de los estudiantes nos priva de lo más interesante de todo esto: las preguntas de los alumnos”. El profesor explicó que “una clase aburrida en un móvil es igual de deshumanizante que una en clase normal, aunque vaya vestida de lujo”.
La implantación de la tecnología tiene lecturas muy positivas y facilita la divulgación desde muchos puntos de vista. Sin embargo, las dificultades empujan a los alumnos a esforzarse y buscar soluciones. ¿Creéis que la excesiva tecnificación de la educación puede ser contraproducente?
Dejadnos vuestras respuestas en los comentarios. De entre todos ellos elegiremos a uno que recibirá en casa, #gratistotal, el Yorokobu de junio.

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Casi cualquier profesor podrá contar experiencias acerca de lo complicado que resulta mantener la atención de los alumnos durante un tiempo más o menos prolongado. Lo de plantearse que adopten una actitud activa que les empuje a encontrar nuevos caminos de conocimiento es, en muchos casos, sencillamente utópico. Ramsey Musallam explica en una charla de TED cómo consigue despertar en sus alumnos la curiosidad por aprender.
Ramsey Musallam es profesor de química de secundaria. Por aquella época, la separación de jerarquías y poderes entre profesores y alumnos era asumida como normal. Púlpito por un lado y pupitres por el otro. Discurso magistral de un lado de la ecuación y aceptación virtualmente pasiva desde la audiencia.
Fue, sin embargo, un aneurisma que casi termina con su vida en 2010 lo que le hizo replantearse muchas cosas. Entre otras, la manera en que desempeñaba su trabajo como profesor. Musallam observó que en una situación que no era sencilla de manejar y que a él le aterrorizaba, su cirujano se mostraba tranquilo y confiado.

Si los educadores dejamos atrás el papel de difusores de contenidos y adoptamos un nuevo paradigma como cultivadores de curiosidad e investigación, puede que aportemos un poco más de sentido a la jornada escolar y que despertemos la imaginación.

Le preguntó cómo hacía para mostrarse así. Su médico le dijo que se basaba en tres premisas sobre las que se apoyaba: la curiosidad suficiente como para cuestionarse planteamientos que pueden no funcionar, la pérdida del miedo a los procesos de prueba y error y, por último, la capacidad de asimilar información para elaborar nuevos procesos.
Ramsey Musallam cayó en la cuenta de que algo muy básico le estaba pasando desapercibido. “Las preguntas de los alumnos son las semillas del aprendizaje real”, explica Musallam en la charla en TED. Y así fue cómo adaptó las tres reglas que le sugirió su cirujano.
Para el profesor, es esta suerte de crowdsourcing, la que ayuda a mejorar la ‘calidad del servicio’. “Las preguntas pueden ser la fuente de una gran instrucción, pero eso no ocurre a la inversa”, señala. “Hay que sorprender a los alumnos, dejarlos perplejos, plantear preguntas que ofrezcan respuestas para confeccionar métodos de enseñanza”. Esa sería la primera regla.
La segunda es aceptar el desastre. “Sabemos que el aprendizaje puede ser muy feo”. La prueba y el error pueden ser partes útiles e informales de lo que señalan los rígidos epígrafes de los libros y manuales.
La tercera regla que propone el profesor es practicar la reflexión. Todos los procesos son revisables y están sujetos a constantes y potenciales cambios.
Ramsey Musallam quiso también alertar acerca de lo inconveniente de situar a la tecnología como centro de los procesos de aprendizaje. “La curiosidad trasciende todas las tecnología y modas en la educación. Anteponer estas tecnologías a la inquietud de los estudiantes nos priva de lo más interesante de todo esto: las preguntas de los alumnos”. El profesor explicó que “una clase aburrida en un móvil es igual de deshumanizante que una en clase normal, aunque vaya vestida de lujo”.
La implantación de la tecnología tiene lecturas muy positivas y facilita la divulgación desde muchos puntos de vista. Sin embargo, las dificultades empujan a los alumnos a esforzarse y buscar soluciones. ¿Creéis que la excesiva tecnificación de la educación puede ser contraproducente?
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Opiniones 13
  • Completamente cierto y muy interesante.
    A veces, lo más difícil es acortar la distancia con el alumnado para que se anime a preguntar. Pero cuando los contenidos están relacionados con sus problemas reales, el alumnado está más receptivo y más animado a participar en el proceso de aprendizaje común.
    El miedo a la evaluación también tiene que ver con esa distancia profesorado-alumnado y por eso es también importante desdramatizar el error. Personalmente, como docente, creo que es bueno que el alumnado me perciba como falible y sepa que puedo meter a pata. Lo realmente importante es demostrar capacidad de extraer aprendizaje de esos errores tanto para ellos como para mí.

    • En esto hay algo de humildad en los profes. Será muy difícil mientras crear en jerarquías dadas por su puesto. Y luego, claro, hay alumnos y alumnos. Pero creo que el reto está del lado del docente.

  • La pregunta lleva implícita la respuesta. “La excesiva tecnificación”, el exceso no conlleva progreso, conlleva dogmatizar la tecnología. Las TIC no dejan de ser otra cosa que poderosísimas herramientas que deben ponerse al servicio del aprendizaje, pero las que justifican su uso deben ser siempre las preguntas que se formula uno, y en la búsqueda de respuestas la interacción con el profesor. Un profesor vocacional sabe cómo motivar a sus alumnos. Imaginación, curiosidad y aprendizaje conforman la verdadera piedra filosofal del conocimiento.

  • Muy interesante la nota!
    Actualmente estoy participando en un programa online (Máster) y, a pesar de que nos simplifica la vida esta modalidad de educación a distancia, he experimentado eso que dice el artículo “una clase aburrida en un móvil es igual de deshumanizante que una en clase normal, aunque vaya vestida de lujo”.
    Acabamos de salir de un módulo donde el profesor nos llevaba rapidísimo, pero nadie se quejaba porque cada contenido era más interesante que el anterior. Nos retaba a buscar nuevas alternativas de ver las cosas, a respetar las opiniones de los compañeros sin importan lo “locas” que pudieran parecer, nos hacía cuestionar lo que hasta ahora dábamos por bueno y válido y a reflexionar sobre nuestro ejercicio profesional y la ruta en la que nos estamos encaminando.
    Confieso que hubo un momento en que entre el trabajo y el programa mi vida era un total caos porque el tiempo se me hacía escaso para cumplir con las responsabilidades laborales y académicas, pero me disfruté cada minuto de ese caos. Aprendimos todos, de todos. Se generó un ambiente de cooperación maravilloso donde todos compartían sus ideas y propuestas. al final de la clase el profesor nos dice:
    “Mantenganse hambrientos.
    Mentenganse irrazonables”.
    No hubo un día aburrido.
    Ahora estamos en una nueva clase, tenemos todas las herramientas tecnológicas a nuestra disposición, pero la motivación no es la misma. A pesar de todos los avances tecnológicos, la magia de los profesores en aula está en disparar el factor curiosidad en sus alumnos, despertad su creatividad y crear un ambiente propicio en el que fluya en conocimiento compartido entre alumnos y profesor.
    Saludos,

  • “Una clase aburrida en un móvil es igual de deshumanizante que una en clase normal, aunque vaya vestida de lujo”
    Pienso que, en general, partimos de un punto de partida equivocado cuando valoramos el éxito (o no) de la implicación de las TIC en los procesos de aprendizaje actuales. Sustituir el discurso de un experto en el aula por otro de ese mismo experto en forma de video de Youtube, o presentar el texto de un curso a través de la pantalla de nuestro ordenador, poco tienen de tecnificación, en la medida en que no aportan nada nuevo a la hora de hacer que el aprendizaje sea más eficiente.
    De entre todas las variables que influyen en el aprendizaje, algunas tienen que ver con las personas y sus procesos psicológicos, mientras que otras se atribuyen a factores externos. Ahora sabemos que el verdadero aprendizaje, el que nos hace crecer, surge de la adecuada combinación de todas ellas. Y es ahí donde, desde mi punto de vista, las TIC desempeñan un importante papel. Porque, bien aplicadas, nos permiten por primera vez soñar (y crear) entornos de aprendizaje capaces de jugar con algunas de esas variables que hasta entonces quedaban fuera del marco de la instrucción clásica a la que muchos de nosotros estamos acostumbrados.
    En la sociedad red los límites del aula se rompen, todo planteamiento se cuestiona automáticamente porque podemos contrastarlo mediante un simple golpe de ratón, sentimos menos miedo a la hora de expresar nuestra opinión libremente y, sobre todo, somos capaces de compartir todo tipo de información porque disponemos de fuentes casi inagotables. Y no son pocas las iniciativas que están surgiendo últimamente, incluso en nuestro país, planteando nuevos modelos de aprendizaje. Aquí un ejemplo que encontré hace unos días del Observatorio para la Cibersociedad:
    http://www.hybridlearning.com/
    Estoy de acuerdo en eso de que “la curiosidad trasciende todas las tecnologías y modas en la educación”, pero no es menos cierto que las TIC han despertado más que nunca la curiosidad en todos nosotros. ¿Por qué no aprovechar todo su potencial?

  • Puede ser contraproducente si convertimos esa tecnología en un fin, en un objetivo a alcanzar creyendo que, cuando lleguemos a niveles óptimos de aprovechamiento tecnológico, los alumnos aprenderán como por arte de magia, gracias a la maravillosa tecnología.
    Los medios (ya sean tecnológicos o rudimentarios) son eso, medios, herramientas al servicio de un plan educativo, de unos contenidos, de una motivación y, por supuesto, de unas personas. Muchas veces se nos olvida que los alumnos son personas, con todo el amasijo que eso supone de emociones, inquietudes, miedos, dificultades, motivaciones, etc.
    Nos empeñamos en pensar que son meros recipientes de conocimiento, y que cuanto mejor sea el embudo por el que vamos a meter los conocimientos, más ordenados quedarán.

  • Comento algo que nos ocurrió en clase hace unos meses:
    En una clase de Realización Audiovisual visionamos como ejemplo de fragmentación narrativa un cortometraje de un director español y en el aula se abrió un debate acerca de si una de las secuencias podía considerarse como una sola escena o dos. Algo parecido ocurrió con una elipsis temporal que podía darse o no al final de la pieza (no quedaba completamente claro). Debatimos un poco sobre ello y acabamos zanjando la cuestión restándole importancia por tratarse de un análisis a posteriori y porque el cortometraje funcionaba perfectamente, en cualquier caso: En realidad, de lo que se trataba en esa sesión era de que el alumnado aprendiese sobre planificar su trabajo antes de realizarlo.
    Pero lo curioso es que, cuando empezábamos a salir del aula, uno de los alumnos nos llamó la atención a todos: Había contactado con el director del cortometraje a través de Twitter y le había preguntado cómo planificó él aquella pieza. El director le respondió y le resolvió la duda a él y al resto de la clase.
    Cuento esto porque creo que las posibilidades de las TIC son tan grandes y tan diversas que suele resultar precipitado desestimarlas. Como docente defensor de las TIC, reconozco que nunca se me había ocurrido hacer lo que hizo mi alumno y, desde luego, poder hacerlo me parece revolucionario. Es la vieja historia: Lo importante no son las herramientas, sino lo que podemos hacer con ellas.

  • Como ya ha pasado un tiempo prudencial, voy a hacer el sorteo del ejemplar gratuito. Entráis en él todos los que habéis comentado menos Colo, que es de los nuestros 🙂
    Olivier tiene el número 1, Gilbert el 2, Ester el 3, Alejandro el 4, Leticia el 5 y Mauricio el 6

  • Para mí, el debate no está en las herramientas sino en el método de prueba y error. Personalmente, creo que es la única manera con la que consigo aprender. Como soy torpe, necesito muchos intentos. Y usar un ordenador, o cualquier tecnología -incluyo lápiz y papel- no es demasiada ayuda, y unos bastones, que terminan por perjudicar más que otra cosa, no son la solución. Usar la calculadora cuando ya sabes qué es un algoritmo, es una cosa. otra muy distinta empezar con la calculadora directamente.
    Descubrir, redescubrir, esa es el verdadero aprendizaje.
    Lo del debate me encanta (¿Sócrates?)
    Os he enlazado desde http://unbosqueinterior.com/blog/el-verdadero-cultivo/

  • Comentarios cerrados.

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