27 de mayo 2015    /   IDEAS
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Esos prehistóricos vegetarianos

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En la Cova do Santo, en el municipio ourensano de Rubiá, los arqueólogos pudieron entrar solo dos veces. El peligro de derrumbe de esta cueva/necrópolis es considerable. Pese a todo, en este par de incursiones, lograron recuperar 64 huesos pertenecientes al menos a 14 individuos que vivieron en la Edad del Bronce Medio hace entre 3.600 y 3.800 años. La antropóloga física Olalla López-Costas ha liderado un equipo que, utilizando una técnica llamada análisis de isótopos estables en colágeno óseo, ha averiguado la dieta que llevaban los protopobladores de Galicia.
«Una novedad importante es que por primera vez nos podemos aproximar más directamente a lo que comían estos individuos gracias a los huesos, ya que antes lo que se hacía era analizar los restos de comida de los yacimientos», cuenta al teléfono, desde Estocolmo, López-Costas, «y aunque no sabemos las cantidades, sí las proporciones de la dieta». Según sus análisis, estos humanos, comían principalmente vegetales con algo de carne animal y poco o nada de pescado, hecho que resulta sorprendente ya que la cueva está muy cercana del río Sil. «La carne», explica, «siempre fue un elemento muy lujoso para nuestros antepasados».
El equipo que lidera López-Costas, formado por Antonio Martínez Cortizas, de la Universidad de Santiago de Compostela, y Gundula Müldner, de la Universidad de Reading, en Reino Unido, no ha encontrado evidencias de los nuevos cultivos que entran en esta época. Son los cultivos de verano, como el mijo o el panizo, que se pueden sembrar en esa estación o en primavera y dan cosecha pronto. «Esto permitía a nuestros antepasados tener la tierra disponible para otras actividades como el pastoreo», razona López-Costas, «y si plantaban, por ejemplo, trigo y por lo que fuera tenían malas cosechas, podían sobrevivir con eso».
La técnica novedosa que ha permitido esta aproximación exacta a la dieta se basa, en palabras de López-Costas, «en un principio muy sencillo» pese a su complicado nombre. «Básicamente, la comida está hecha de átomos y no son todos iguales, habiendo unos más pesados que otros», argumenta; «el ser humano que se alimente va a adquirir la marca característica de los productos que ingiera». Una especie de señal química que pasa a formar parte del hueso.
Los vegetarianos resultados de este estudio, publicado en Journal of Archaeological Science, contrastan con la llamada paleodieta y otros inventos modernos que pretenden reproducir la alimentación prehistórica. Este tipo de ingesta, en la que hay que huir de los alimentos procesados, consiste básicamente en carnes rojas y blancas, combinadas con frutas y verduras frescas. Creada en los años 70 por Walter L. Voegtlin, un gastroenterólogo que sostenía que los humanos son seres carnívoros y que la dieta de nuestros antepasados debía componerse por grasas y proteínas, con poca aportación de hidratos de carbono. Sus defensores sostienen que contradecir esta herencia es lo que lleva a las enfermedades.
La cueva estudiada por López-Costas es especial por varios motivos. «En Galicia los suelos son muy ácidos y entonces no permiten la conservación de restos óseos, por lo que hay pocos yacimientos y la mayoría están en mal estado». Pero este, ubicado en el interior de Galicia, está en una zona básica, que permite una buena conservación. «Ojalá se pudiera excavar más», sentencia López, «la cueva tiene muchísimos más huesos, pero hay peligro de derrumbe y solo pudimos recuperar los que que estaban en la superficie».
Al acabar la conversación reconoce que espera que toda la atención mediática se transforme finalmente en más financiación.

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«Una novedad importante es que por primera vez nos podemos aproximar más directamente a lo que comían estos individuos gracias a los huesos, ya que antes lo que se hacía era analizar los restos de comida de los yacimientos», cuenta al teléfono, desde Estocolmo, López-Costas, «y aunque no sabemos las cantidades, sí las proporciones de la dieta». Según sus análisis, estos humanos, comían principalmente vegetales con algo de carne animal y poco o nada de pescado, hecho que resulta sorprendente ya que la cueva está muy cercana del río Sil. «La carne», explica, «siempre fue un elemento muy lujoso para nuestros antepasados».
El equipo que lidera López-Costas, formado por Antonio Martínez Cortizas, de la Universidad de Santiago de Compostela, y Gundula Müldner, de la Universidad de Reading, en Reino Unido, no ha encontrado evidencias de los nuevos cultivos que entran en esta época. Son los cultivos de verano, como el mijo o el panizo, que se pueden sembrar en esa estación o en primavera y dan cosecha pronto. «Esto permitía a nuestros antepasados tener la tierra disponible para otras actividades como el pastoreo», razona López-Costas, «y si plantaban, por ejemplo, trigo y por lo que fuera tenían malas cosechas, podían sobrevivir con eso».
La técnica novedosa que ha permitido esta aproximación exacta a la dieta se basa, en palabras de López-Costas, «en un principio muy sencillo» pese a su complicado nombre. «Básicamente, la comida está hecha de átomos y no son todos iguales, habiendo unos más pesados que otros», argumenta; «el ser humano que se alimente va a adquirir la marca característica de los productos que ingiera». Una especie de señal química que pasa a formar parte del hueso.
Los vegetarianos resultados de este estudio, publicado en Journal of Archaeological Science, contrastan con la llamada paleodieta y otros inventos modernos que pretenden reproducir la alimentación prehistórica. Este tipo de ingesta, en la que hay que huir de los alimentos procesados, consiste básicamente en carnes rojas y blancas, combinadas con frutas y verduras frescas. Creada en los años 70 por Walter L. Voegtlin, un gastroenterólogo que sostenía que los humanos son seres carnívoros y que la dieta de nuestros antepasados debía componerse por grasas y proteínas, con poca aportación de hidratos de carbono. Sus defensores sostienen que contradecir esta herencia es lo que lleva a las enfermedades.
La cueva estudiada por López-Costas es especial por varios motivos. «En Galicia los suelos son muy ácidos y entonces no permiten la conservación de restos óseos, por lo que hay pocos yacimientos y la mayoría están en mal estado». Pero este, ubicado en el interior de Galicia, está en una zona básica, que permite una buena conservación. «Ojalá se pudiera excavar más», sentencia López, «la cueva tiene muchísimos más huesos, pero hay peligro de derrumbe y solo pudimos recuperar los que que estaban en la superficie».
Al acabar la conversación reconoce que espera que toda la atención mediática se transforme finalmente en más financiación.

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Opiniones 1
  • … vegetarianos no eran si comían algo de carne. Y prehistóricos eran por los pelos, que por otras partes andaban ya escribiendo sus cosas en esa época.
    Y digo que tampoco ha de contrastar con la paleodieta, pues ésta se refiere al paleolítico, que es una época muy, pero muy anterior. Muchos miles de años anterior al bronce medio referido en este yacimiento. Esta gente, cronológicamente hablando, son casi nuestros contemporáneos.
    Que digo yo que no tiene pinta de ser muy sano desayunar y cenar filetes a palo seco. Yo, que con el mismo gusto me como un filete que unas acelgas, como que capto cierto tufillo beligerante verdurófilo en el artículo. Deben ser cosas mías.

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