fbpx
19 de octubre 2016    /   IDEAS
por
 

Arquitectura para una primavera eterna que salve a las abejas

19 de octubre 2016    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Todo requiere de un tiempo. Las abejas tienen que moverse muy rápido para permanecer quietas

Las abejas se están extinguiendo y no sabemos exactamente por qué. El problema se llama CCD —siglas del inglés Colony Collapse Disorder; o sea, trastorno de colapso de las colonias— y es jodido de verdad. Sin motivo aparente, las abejas obreras abandonan las colmenas en masa, y aunque dejan atrás comida, a la reina y a unas pocas cuidadoras, se llevan con ellas la fuerza de trabajo necesaria para mantener la colonia, que colapsa efectivamente a los pocos días.

Hay casos registrados de este comportamiento anómalo desde el siglo XIX, pero es sobre todo a partir de 2006 cuando el número de colmenas abandonadas crece drásticamente, momento en el que se le dio el nombre de CCD. Desde 1945 hasta 2005, el número de colonias salvajes se había reducido a la mitad en todo el mundo, desde los seis millones hasta poco más de tres; y esta disminución masiva ya sería lo suficientemente preocupante si no fuese porque en los siete años que transcurren desde 2007 hasta 2013 se perdieron otros 10 millones de colmenas (cada colonia tiene varias colmenas, desde unas pocas hasta más de un centenar). Un ritmo de pérdida que duplicaba al anterior, hasta el punto de que en septiembre pasado, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos incluyó siete especies de abeja en la lista federal de especies protegidas.

«Cuando nos vayamos, os llevaremos con nosotras». Grafiti londinense del artista Louis Masai Michel. Fotografía: Abbie Trayler-Smith.

Este fenómeno se produce en todo tipo de especies, desde las salvajes hasta la abeja común que, si bien no está amenazada, ha reducido su actividad polinizadora de manera dramática. Teniendo en cuenta que, si la BBC tiene razón, dicha polinización afecta al 70% de las variantes de cosecha que alimentan al 90% de la población mundial, el problema, como dijimos al principio, es jodido. Desde luego que la pérdida de biodiversidad ya es una circunstancia que debería preocuparnos, pero es que, en este caso, no hay que ser especialmente apocalíptico para entender que la amenaza es seria de veras.

Aún no se ha podido determinar con precisión la causa o causas que provocan el CCD, si bien la hipótesis más probable entre quienes estudian el trastorno apunta a una combinación de factores, desde infestaciones de ácaros parasitarios hasta el uso de pesticidas neonicotinoides o las modificaciones en los hábitats naturales. Y sin embargo, quizá una de las posibles soluciones a la desaparición de las abejas pase precisamente por ofrecerles un hábitat mejor. Aunque sea artificial.

Fotografía: © The Mediated Matter Group.

En su Synthetic Apiary, el Mediated Matter Group del MIT Media Lab propone un entorno cerrado y dirigido para favorecer el desarrollo estable de una colonia de abejas. En sus propias palabras: «Se manipula y controla la luz, la humedad y la temperatura para simular un entorno de primavera perpetua. De igual manera, a las abejas se las provee de polen sintético y agua azucarada, y son evaluadas regularmente para verificar su salud y bienestar».

Sin embargo, este colmenar artificial no se parece a la imagen que se nos ocurre cuando imaginamos la primavera. No hay flores ni sol ni aire libre, solo una habitación uniformemente blanca con la luz uniformemente blanca de los fluorescentes que se esconden tras el falso techo. A priori, podríamos pensar que la sala está diseñada por hipertecnificados biólogos sin ningún miramiento por la belleza y la calidad de vida; una aséptica cápsula de vigilancia, más parecida a una celda que al hábitat perfecto para las abejas. Y nos equivocaríamos.

Fotografía: © The Mediated Matter Group.

Nos equivocaríamos por dos razones. La primera, porque estaríamos mirando al espacio con los ojos de un ser humano y no con los del usuario principal del entorno. Y la segunda, porque, de hecho, la directora del Mediated Matter Group es una arquitecta: Neri Oxman. Nacida en Haifa y con la doble nacionalidad israelí y estadounidense, Oxman lleva trabajando en el MIT desde principios de la década, tanto como profesora como en el MIT Media Lab. Especializada en diseño paramétrico y fabricación digital, su obra está en la verdadera vanguardia de la arquitectura contemporánea, alejada de la palabrería hueca de la academia.

Como, precisamente, Oxman trabaja en la punta del pensamiento arquitectónico, está menos preocupada por los resultados estéticos que por los medios y los procesos. No busca un resultado objetual, sino una investigación real. Por eso los proyectos del Mediated Matter Group son muy dispares: desde el Silk Pavillion, construido en su totalidad con el trabajo de seis mil quinientos gusanos de seda moviéndose libremente por la superficie de una estructura prefijada de nylon; hasta prendas de ropa fotosintéticas fabricadas mediante impresión 3D.

En el Synthetic Apiary, Oxman no genera una arquitectura para el ser humano y ni siquiera para las abejas; crea un entorno donde los insectos puedan desarrollarse de manera adecuada y sean, en último extremo, ellos mismos quienes construyan su propia arquitectura. «Elegimos investigar con abejas, entre otras cosas, por su capacidad para trabajar en grupo» afirma Oxman. «A menudo, grupos de estos organismos eusociales manifiestan un comportamiento colaborativo para alcanzar un objetivo común; por ejemplo, en construcciones de relativa gran escala».

Fotografía: © The Mediated Matter Group.

En realidad, el propósito final de la fabricación digital biológicamente aumentada que propone Oxman y el Media Matter Group es investigar las futuras —y posiblemente necesarias— relaciones entre las arquitecturas de entes sociales tan distintos como pueden ser los insectos y los seres humanos. Comprobar si se pueden integrar, por ejemplo, colmenas sintéticas o estructuras de seda de araña superresistente en edificios para el hombre e incluso en entornos de escala urbana. Y si es así, cuál será su interacción y su grado de hibridación.

De momento, y tal y como se puede ver en el minuto 2:33 del video, ya han conseguido que la abeja reina ponga huevos y nazcan nuevas abejas en su habitación blanca. Como los futuros colonos intergaláticos que crucen el universo en una nave generacional: «La única vida que conocerá esta abeja será la de una existencia en el Colmenar Sintético». Suena áspero, pero tal vez sea la mejor posibilidad de supervivencia. Para todos.

 

Todo requiere de un tiempo. Las abejas tienen que moverse muy rápido para permanecer quietas

Las abejas se están extinguiendo y no sabemos exactamente por qué. El problema se llama CCD —siglas del inglés Colony Collapse Disorder; o sea, trastorno de colapso de las colonias— y es jodido de verdad. Sin motivo aparente, las abejas obreras abandonan las colmenas en masa, y aunque dejan atrás comida, a la reina y a unas pocas cuidadoras, se llevan con ellas la fuerza de trabajo necesaria para mantener la colonia, que colapsa efectivamente a los pocos días.

Hay casos registrados de este comportamiento anómalo desde el siglo XIX, pero es sobre todo a partir de 2006 cuando el número de colmenas abandonadas crece drásticamente, momento en el que se le dio el nombre de CCD. Desde 1945 hasta 2005, el número de colonias salvajes se había reducido a la mitad en todo el mundo, desde los seis millones hasta poco más de tres; y esta disminución masiva ya sería lo suficientemente preocupante si no fuese porque en los siete años que transcurren desde 2007 hasta 2013 se perdieron otros 10 millones de colmenas (cada colonia tiene varias colmenas, desde unas pocas hasta más de un centenar). Un ritmo de pérdida que duplicaba al anterior, hasta el punto de que en septiembre pasado, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos incluyó siete especies de abeja en la lista federal de especies protegidas.

«Cuando nos vayamos, os llevaremos con nosotras». Grafiti londinense del artista Louis Masai Michel. Fotografía: Abbie Trayler-Smith.

Este fenómeno se produce en todo tipo de especies, desde las salvajes hasta la abeja común que, si bien no está amenazada, ha reducido su actividad polinizadora de manera dramática. Teniendo en cuenta que, si la BBC tiene razón, dicha polinización afecta al 70% de las variantes de cosecha que alimentan al 90% de la población mundial, el problema, como dijimos al principio, es jodido. Desde luego que la pérdida de biodiversidad ya es una circunstancia que debería preocuparnos, pero es que, en este caso, no hay que ser especialmente apocalíptico para entender que la amenaza es seria de veras.

Aún no se ha podido determinar con precisión la causa o causas que provocan el CCD, si bien la hipótesis más probable entre quienes estudian el trastorno apunta a una combinación de factores, desde infestaciones de ácaros parasitarios hasta el uso de pesticidas neonicotinoides o las modificaciones en los hábitats naturales. Y sin embargo, quizá una de las posibles soluciones a la desaparición de las abejas pase precisamente por ofrecerles un hábitat mejor. Aunque sea artificial.

Fotografía: © The Mediated Matter Group.

En su Synthetic Apiary, el Mediated Matter Group del MIT Media Lab propone un entorno cerrado y dirigido para favorecer el desarrollo estable de una colonia de abejas. En sus propias palabras: «Se manipula y controla la luz, la humedad y la temperatura para simular un entorno de primavera perpetua. De igual manera, a las abejas se las provee de polen sintético y agua azucarada, y son evaluadas regularmente para verificar su salud y bienestar».

Sin embargo, este colmenar artificial no se parece a la imagen que se nos ocurre cuando imaginamos la primavera. No hay flores ni sol ni aire libre, solo una habitación uniformemente blanca con la luz uniformemente blanca de los fluorescentes que se esconden tras el falso techo. A priori, podríamos pensar que la sala está diseñada por hipertecnificados biólogos sin ningún miramiento por la belleza y la calidad de vida; una aséptica cápsula de vigilancia, más parecida a una celda que al hábitat perfecto para las abejas. Y nos equivocaríamos.

Fotografía: © The Mediated Matter Group.

Nos equivocaríamos por dos razones. La primera, porque estaríamos mirando al espacio con los ojos de un ser humano y no con los del usuario principal del entorno. Y la segunda, porque, de hecho, la directora del Mediated Matter Group es una arquitecta: Neri Oxman. Nacida en Haifa y con la doble nacionalidad israelí y estadounidense, Oxman lleva trabajando en el MIT desde principios de la década, tanto como profesora como en el MIT Media Lab. Especializada en diseño paramétrico y fabricación digital, su obra está en la verdadera vanguardia de la arquitectura contemporánea, alejada de la palabrería hueca de la academia.

Como, precisamente, Oxman trabaja en la punta del pensamiento arquitectónico, está menos preocupada por los resultados estéticos que por los medios y los procesos. No busca un resultado objetual, sino una investigación real. Por eso los proyectos del Mediated Matter Group son muy dispares: desde el Silk Pavillion, construido en su totalidad con el trabajo de seis mil quinientos gusanos de seda moviéndose libremente por la superficie de una estructura prefijada de nylon; hasta prendas de ropa fotosintéticas fabricadas mediante impresión 3D.

En el Synthetic Apiary, Oxman no genera una arquitectura para el ser humano y ni siquiera para las abejas; crea un entorno donde los insectos puedan desarrollarse de manera adecuada y sean, en último extremo, ellos mismos quienes construyan su propia arquitectura. «Elegimos investigar con abejas, entre otras cosas, por su capacidad para trabajar en grupo» afirma Oxman. «A menudo, grupos de estos organismos eusociales manifiestan un comportamiento colaborativo para alcanzar un objetivo común; por ejemplo, en construcciones de relativa gran escala».

Fotografía: © The Mediated Matter Group.

En realidad, el propósito final de la fabricación digital biológicamente aumentada que propone Oxman y el Media Matter Group es investigar las futuras —y posiblemente necesarias— relaciones entre las arquitecturas de entes sociales tan distintos como pueden ser los insectos y los seres humanos. Comprobar si se pueden integrar, por ejemplo, colmenas sintéticas o estructuras de seda de araña superresistente en edificios para el hombre e incluso en entornos de escala urbana. Y si es así, cuál será su interacción y su grado de hibridación.

De momento, y tal y como se puede ver en el minuto 2:33 del video, ya han conseguido que la abeja reina ponga huevos y nazcan nuevas abejas en su habitación blanca. Como los futuros colonos intergaláticos que crucen el universo en una nave generacional: «La única vida que conocerá esta abeja será la de una existencia en el Colmenar Sintético». Suena áspero, pero tal vez sea la mejor posibilidad de supervivencia. Para todos.

 

Compártelo twitter facebook whatsapp
¿Quieres subir al coche de la próxima década?
La mitad del mundo y la que no
No ames, yo tampoco lo haría
A ver qué me llevas
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 6
  • Polen sintético?…agua y azúcar como alimento?…ellas tienen todo lo necesario para transcurrir el invierno.
    Sólo que nosotros se lo sacamos «todo» le dejamos muy poco,y a raíz de ello se enferman, y reducen su población.Si no deseas que desaparescan(y nosotros con ellas) ..No deberíamos consumir el fruto de su producción, por un tiempo prudencial,hasta que se recuperen,los ácaros son producto agua azucarera,la miel lo tiene todo,el polen ayuda al organismo de la cría, la jalea Real para evitar y fortalecer de. enfermedades..evitemos la extracción desmesurada de sus productos.

    • Juan, si lees bien el artículo dicen claramente que la población de abejas salvajes se ha reducido enormemente, ¿quién le quita la miel a esas colmenas? Nadie. No enferman porque se les quite la comida, en tal caso morirían de hambre. ¿sabes que en la unión europea hace un año se declaró la abeja como animal doméstico? es decir, que no sobrevive mas de 1 año en estado salvaje. El agua azucarada no crea ácaros, pero si se abusa de éso puede producir nosema. El polen no ayuda al organismo de la cría, el polen es la proteína, sin ella no nace la cría. La jalea real solo la toma durante toda su vida la reina, el resto de las abejas la toma durante 2 – 3 días cuando son larvas. Hay muchos bulos sobre que desapareceríamos con ellas….pero no te preocupes, hay muchas especies que polinizan mucho más que ellas, el problema es que también están desapareciendo jajaja. Hay un vídeo que trata sobre una región de china que han desaparecido las abejas y es muy curioso, te invito a que lo veas.
      Sobre el experimento como experimento no está mal, espero los resultados.

  • Para salvar a las abejas, y a nosotros, es necesario más que esto. Prescindir de la agricultura intensiva y del abuso de pesticidas, promover el consumo local y favorecer un tipo de agricultura menos agresiva con el medio ambiente. Preservar nuestros montes y áreas naturales y tras eso, no será necesario alimentar a las abejas (y otros polinizadores) porque ellas tendrán su propio alimento disponible en el ambiente.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *