31 de mayo 2010    /   ENTRETENIMIENTO
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Primavera Sound 2010 | Monotonix: Graduados en underground

31 de mayo 2010    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Monotonix_edit

Como en muchos festivales, en el Primavera Sound de Barcelona, que se cerró anoche con un concierto de despedida en la sala Apolo, existen, como poco, dos caras. Por un lado está la de los grandes titulares, los conciertos masivos en prime time popero/rockero, la de la comunión de miles de personas gritando los himnos de Pixies o la de la teatralidad para todos los públicos de Pet Shop Boys. Existe también otra cara que no es apta para cualquier estómago.

Esta parte del festival se programa en escenarios más pequeños y a horas en las que el recinto se encuentra en pleno proceso de ocupación o vaciado. En este caso, las dos propuestas más salvajes del cartel se han dado en el mismo sitio, el escenario Vice (patrocinado por la revista del mismo nombre), sin duda el que alineaba a algunos de los artistas con un discurso más impactante de todo el fin de semana.

Ubiquemos. Jueves, día laborable. Siete de la tarde. El escenario Vice se sitúa en el extremo más alejado a la puerta de entrada del recinto. Dos jornadas a caballo cargado de víveres no son siempre suficientes para acceder a él. Afortunadamente, a esa hora eran muy pocas personas las que habían accedido al recinto del Parc del Forum. Al no ver instrumentos montados sobre el escenario,un servidor, como todo el mundo, estaba distraído intentando conseguir una cerveza con la que regar la agradable tarde que se pudo disfrutar.

Comienza a sonar una potente descarga de garaje cacharerro y deslabazado. La gente se gira hacia el escenario y no ve a nadie. ¿Dónde está el grupo? ¿Sirven como guía dos decenas de brazos moviéndose en medio de la explanada que hay delante del escenario? ¡Sí, ahí está Monotonix! Un trío israelí formado por Ami Shalev, un cantante en bañador con más pinta de indigente que de cualquier otra cosa; Haggai Fershtman, un batería que encarna al sosías perfecto de Borat vestido con unos calzoncillos de saldo de H&M y Yonatan Gat, un guitarrista descamisado que parece el más normal de los tres. Y, créanme, que ese tipo pareciese el más normal es para preocuparse.

En ese contexto, rodeado de un público enfervorecido y con deseo de dar rienda suelta a los más primarios instintos, es donde se encuentra cómodo Monotonix. Un ambiente en el que el público es partícipe activo de la tormenta descargada ya sea aporreando la batería con las baquetas que repartió Shalev entre la concurrencia o cargando, literalmente, de un sitio a otro, con las piezas de la batería en los constantes cambios de ubicación que el trío llevaba a cabo. El que no estuviera viendo a los músicos, confundidos entre la marabunta, sabía que no había ningún problema ya que, probablemente, el grupo cogería los bártulos y se le pondría delante un par de temas después.

Saltos sobre el público, surfeo virtual sobre el bombo de la batería -elevado por el público sobre sus cabezas con sus propios brazos-, gritos, aullidos, codazos y líquidos de todo tipo volando entre la gente. Una experiencia nada sofisticada que terminó con la banda en el graderío lateral, golpeando las piezas de la batería que aún no se habían quedado extraviadas unos metros atrás y con un público en pleno delirio, multiplicado exponencialmente con respecto a los que habían presenciado el inicio del show. Sin duda, el SMS más repetido a esa hora fue: «Deja lo que estés viendo y ven al escenario Vice. ¡Corre!».

Monotonix_edit

Como en muchos festivales, en el Primavera Sound de Barcelona, que se cerró anoche con un concierto de despedida en la sala Apolo, existen, como poco, dos caras. Por un lado está la de los grandes titulares, los conciertos masivos en prime time popero/rockero, la de la comunión de miles de personas gritando los himnos de Pixies o la de la teatralidad para todos los públicos de Pet Shop Boys. Existe también otra cara que no es apta para cualquier estómago.

Esta parte del festival se programa en escenarios más pequeños y a horas en las que el recinto se encuentra en pleno proceso de ocupación o vaciado. En este caso, las dos propuestas más salvajes del cartel se han dado en el mismo sitio, el escenario Vice (patrocinado por la revista del mismo nombre), sin duda el que alineaba a algunos de los artistas con un discurso más impactante de todo el fin de semana.

Ubiquemos. Jueves, día laborable. Siete de la tarde. El escenario Vice se sitúa en el extremo más alejado a la puerta de entrada del recinto. Dos jornadas a caballo cargado de víveres no son siempre suficientes para acceder a él. Afortunadamente, a esa hora eran muy pocas personas las que habían accedido al recinto del Parc del Forum. Al no ver instrumentos montados sobre el escenario,un servidor, como todo el mundo, estaba distraído intentando conseguir una cerveza con la que regar la agradable tarde que se pudo disfrutar.

Comienza a sonar una potente descarga de garaje cacharerro y deslabazado. La gente se gira hacia el escenario y no ve a nadie. ¿Dónde está el grupo? ¿Sirven como guía dos decenas de brazos moviéndose en medio de la explanada que hay delante del escenario? ¡Sí, ahí está Monotonix! Un trío israelí formado por Ami Shalev, un cantante en bañador con más pinta de indigente que de cualquier otra cosa; Haggai Fershtman, un batería que encarna al sosías perfecto de Borat vestido con unos calzoncillos de saldo de H&M y Yonatan Gat, un guitarrista descamisado que parece el más normal de los tres. Y, créanme, que ese tipo pareciese el más normal es para preocuparse.

En ese contexto, rodeado de un público enfervorecido y con deseo de dar rienda suelta a los más primarios instintos, es donde se encuentra cómodo Monotonix. Un ambiente en el que el público es partícipe activo de la tormenta descargada ya sea aporreando la batería con las baquetas que repartió Shalev entre la concurrencia o cargando, literalmente, de un sitio a otro, con las piezas de la batería en los constantes cambios de ubicación que el trío llevaba a cabo. El que no estuviera viendo a los músicos, confundidos entre la marabunta, sabía que no había ningún problema ya que, probablemente, el grupo cogería los bártulos y se le pondría delante un par de temas después.

Saltos sobre el público, surfeo virtual sobre el bombo de la batería -elevado por el público sobre sus cabezas con sus propios brazos-, gritos, aullidos, codazos y líquidos de todo tipo volando entre la gente. Una experiencia nada sofisticada que terminó con la banda en el graderío lateral, golpeando las piezas de la batería que aún no se habían quedado extraviadas unos metros atrás y con un público en pleno delirio, multiplicado exponencialmente con respecto a los que habían presenciado el inicio del show. Sin duda, el SMS más repetido a esa hora fue: «Deja lo que estés viendo y ven al escenario Vice. ¡Corre!».

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