7 de mayo 2012    /   BUSINESS
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Príncipe Imperial, el caballo cuyas trenzas se hicieron rastas

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Las crines y colas excesivamente largas en los caballos pueden ser un obstáculo grave en el medio natural. Sin embargo, en una situación doméstica pueden propiciar que un ejemplar acabe en los anales del recuerdo.

Es el caso del percherón “Príncipe Imperial”, el caballo que reclamó para sí la melena más larga del mundo (2,1 metros de pelo), con una cola que se iba a los 3 metros. Aunque aseguran que sus crines de inusual crecimiento llegaron a alcanzar en algún momento hasta los 4 metros.

Príncipe Imperial originalmente pertenecía al emperador Carlos Luis Napoleón Bonaparte III (sobrino de Napoleón I) y era un caballos de tiro, posiblemente con algo de sangre andaluza, lo que se refleja en crines y colas que llegan hasta el suelo.

En 1869, un ganadero estadounidense llamado Jacob Marion Howser viajó a Francia y compró el caballo por 3.000 $, un dineral para la época. Se cree que fue, sino el primero, uno de los primeros caballos percherones importados en los EEUU. Y se hizo famoso exhibiéndose en ferias y espectáculos de caballos por todo el Medio Oeste, presentándolo como “La curiosidad viva más grande de esta o de cualquier otra época”.

Cuando no era exhibido, su melena se trenzaba y se enrollaban las coletas en bucle para impedir que arrastrara el pelo por el suelo y lo ensuciara. Los circos a menudo inventaban historias exóticas sobre hombres excepcionalmente hirsutos o mujeres barbudas, así que este animal era perfecto para protagonizar una fábula en la que lo dibujaron como capturado en un país remoto, pues “era tan salvaje que comían carne cruda para mantener la longitud de su pelo”.

¿La tarifa de ver esta magnífica bestia? Sólo 10 centavos.

Casi 20 años duró su odisea por las pistas de arena hasta que Príncipe Imperial murió en 1888. Aunque eso no fue óbice para que el señor Howser dejara de rastrillar su dinero, pues ordenó que fuera disecado y dotado de relleno como un gran peluche, una especie de proto-pequeño-gran ponny al que continuar exprimiendo el arcoíris. Así que lo siguió anunciando en el cartel como si todavía estuviera vivo y nada hubiera pasado.

Cuando se acababa la temporada del circo, Howser tenía el Príncipe Imperial en su sala de estar familiar.

Después de que Jacob Howser muriera, sus hijos continuaron exponiendo al caballo de peluche. Esta tradición continuó a la siguiente generación, con los nietos de Jacob Howser y su bisnieto Howser Jake Howser haciendo lo mismo.

Pero al final el caballo estaba tan deteriorado, que sus trenzas se habían convertido en rastas por el paso del tiempo y la falta de cepillado, por lo que este último propietario trató de acabar con la tradición y dio instrucciones a sus hijos para quemar el caballo cuando muriera.

Por suerte, el Príncipe Imperial fue vendido a otra familia local, que lo limpió y lo puso en una plataforma con ruedas, que arrastraron a través de desfiles locales sacándole dinero durante un buen puñado de años más, hasta que finalmente se convirtió en propiedad de la Sociedad Histórica del Condado de Marion (Ohio), ocupando desde entonces espacio en el Salón de la Humanidad del museo local.

En cierto sentido, se podría decir que la dinastía de los Napoleón murió en Marion, Ohio; aunque es poco probable que los franceses hubieran tolerado verse gobernados por un caballo con semejante peinado. Así que en ese museo decidieron desenrollar sus longevas rastas y lo volvieron a hacer unas bonitas trenzas con cintas en rojo y amarillo, para que luciera imponente ante el público por muchas décadas más.

 

Otros caballos de muy buen pelo que siguieron la estela que abrió el Príncipe Imperial:

Linus: fue presentado en la revista Scientific American en 1891, donde fue descrito (incorrectamente) como un caballo percherón (los percherones son de color gris, Linus era castaño).

Linus II (hijo de Linus), Marquis y Prince Chaldean en 1894.

Y también hubo pequeños ponis de largas melenas, como Little Chief (“Jefecito”).

Fuentes y fotos: Marion History, Road Side America, Oddball Ohio: A Guide to Some Really Strange PlacesMessybeast Historical FotosFlickr

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Es el caso del percherón “Príncipe Imperial”, el caballo que reclamó para sí la melena más larga del mundo (2,1 metros de pelo), con una cola que se iba a los 3 metros. Aunque aseguran que sus crines de inusual crecimiento llegaron a alcanzar en algún momento hasta los 4 metros.

Príncipe Imperial originalmente pertenecía al emperador Carlos Luis Napoleón Bonaparte III (sobrino de Napoleón I) y era un caballos de tiro, posiblemente con algo de sangre andaluza, lo que se refleja en crines y colas que llegan hasta el suelo.

En 1869, un ganadero estadounidense llamado Jacob Marion Howser viajó a Francia y compró el caballo por 3.000 $, un dineral para la época. Se cree que fue, sino el primero, uno de los primeros caballos percherones importados en los EEUU. Y se hizo famoso exhibiéndose en ferias y espectáculos de caballos por todo el Medio Oeste, presentándolo como “La curiosidad viva más grande de esta o de cualquier otra época”.

Cuando no era exhibido, su melena se trenzaba y se enrollaban las coletas en bucle para impedir que arrastrara el pelo por el suelo y lo ensuciara. Los circos a menudo inventaban historias exóticas sobre hombres excepcionalmente hirsutos o mujeres barbudas, así que este animal era perfecto para protagonizar una fábula en la que lo dibujaron como capturado en un país remoto, pues “era tan salvaje que comían carne cruda para mantener la longitud de su pelo”.

¿La tarifa de ver esta magnífica bestia? Sólo 10 centavos.

Casi 20 años duró su odisea por las pistas de arena hasta que Príncipe Imperial murió en 1888. Aunque eso no fue óbice para que el señor Howser dejara de rastrillar su dinero, pues ordenó que fuera disecado y dotado de relleno como un gran peluche, una especie de proto-pequeño-gran ponny al que continuar exprimiendo el arcoíris. Así que lo siguió anunciando en el cartel como si todavía estuviera vivo y nada hubiera pasado.

Cuando se acababa la temporada del circo, Howser tenía el Príncipe Imperial en su sala de estar familiar.

Después de que Jacob Howser muriera, sus hijos continuaron exponiendo al caballo de peluche. Esta tradición continuó a la siguiente generación, con los nietos de Jacob Howser y su bisnieto Howser Jake Howser haciendo lo mismo.

Pero al final el caballo estaba tan deteriorado, que sus trenzas se habían convertido en rastas por el paso del tiempo y la falta de cepillado, por lo que este último propietario trató de acabar con la tradición y dio instrucciones a sus hijos para quemar el caballo cuando muriera.

Por suerte, el Príncipe Imperial fue vendido a otra familia local, que lo limpió y lo puso en una plataforma con ruedas, que arrastraron a través de desfiles locales sacándole dinero durante un buen puñado de años más, hasta que finalmente se convirtió en propiedad de la Sociedad Histórica del Condado de Marion (Ohio), ocupando desde entonces espacio en el Salón de la Humanidad del museo local.

En cierto sentido, se podría decir que la dinastía de los Napoleón murió en Marion, Ohio; aunque es poco probable que los franceses hubieran tolerado verse gobernados por un caballo con semejante peinado. Así que en ese museo decidieron desenrollar sus longevas rastas y lo volvieron a hacer unas bonitas trenzas con cintas en rojo y amarillo, para que luciera imponente ante el público por muchas décadas más.

 

Otros caballos de muy buen pelo que siguieron la estela que abrió el Príncipe Imperial:

Linus: fue presentado en la revista Scientific American en 1891, donde fue descrito (incorrectamente) como un caballo percherón (los percherones son de color gris, Linus era castaño).

Linus II (hijo de Linus), Marquis y Prince Chaldean en 1894.

Y también hubo pequeños ponis de largas melenas, como Little Chief (“Jefecito”).

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Opiniones 1
  • Ni los percherones son “grises” (capa que no se denomina como tal en los caballos) ni ese caballo Linus era castaño (en la foto a pesar de ser en blanco y negro se ve claramente porque sus crines son claras), a ver si nos documentamos antes se escribir burradas

  • Comentarios cerrados.