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28 de noviembre 2017    /   BUSINESS
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Profesores que hacen de actores para acabar con el machismo

28 de noviembre 2017    /   BUSINESS     por          
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«¡Quedaos con quien os quiera libres, con quien os quiera de verdad!», proclama la protagonista desde las tablas. Y los chicos y chicas tragan saliva. Algo les remueve las tripas porque se sienten identificados. Porque «los tiempos están cambiando», cantaba Dylan, pero no tanto cuando hablamos de una lacra social que sigue cobrándose víctimas mortales en pleno siglo XXI.

«Después de la obra, todos tenemos más presente que es algo que puede pasar y que no siempre es tan lejano como parece», «es muy importante educar bien a la gente para que en un futuro esté concienciada y no haga cosas erróneas». Son impresiones de varios alumnos de Bachillerato del Colegio GSD Las Rozas, en Madrid, tras ver la obra de teatro que cuatro profesores han montado para concienciar a los estudiantes contra el machismo.

Y lo hacen con un testimonio desgarrador en una función titulada El Regalo y cuyo envoltorio esconde una reflexión tan contundente como necesaria: hay que prevenir la violencia de género desde la mismísima escuela para que el monstruo no devore a las siguientes generaciones.

Huir del maltrato como de la pólvora

Así, con vocación docente y pegado a la áspera realidad como una lapa ansiosa, nace el Programa Integral de Convivencia y Responsabilidad Ciudadana a cargo de más de una veintena de maestros. Los artífices apuestan por la inteligencia emocional «desde muy pequeñitos, con solo seis años», afirma su impulsora, Araceli Luján. «Y no paramos hasta nuestros alumnos de Segundo de Bachillerato y FP Dual».

Una metodología multidisciplinar propia del centro GSD Las Rozas que quieren desarrollar en los ocho colegios del gran grupo cooperativo de enseñanza de la Comunidad de Madrid como referente más allá de sus aulas. «Los mayores, los de Secundaria y Bachillerato, han recibido charlas y tutorías específicas del tema. Otro hito es el hecho de trabajar con búhos en Infantil o tarsios –unos entrañables primates- en Primaria, observadores de la convivencia en todas las etapas educativas y cursos», explica con entusiasmo, no sin ocultar una evidente inquietud.

Porque los datos de la sociedad siguen disparando las alarmas. «Nuestra principal intención es que las chicas, las mujeres jóvenes, detecten los primeros indicadores y salgan huyendo de situaciones de maltrato como de la pólvora. Pero también sus amigos, sus amigas, que sean capaces de identificarlos, reaccionar y ayudar. No podemos dejar las actuaciones únicamente en manos de los mecanismos judiciales», subraya Luján, jefa de Orientación Psicopedagógica de GSD y autora de la obra de teatro.

Un magistrado, un psicólogo, una jueza… Muchos expertos se han dirigido a los chavales para contarles cara a cara que las manadas sexistas pueden andar al acecho. Sin melodramas, pero con claridad. Como en el espectáculo El Regalo, cuyo objetivo es que «los niños y niñas aprendan a detectar las señales, leves al principio, que anuncian a un futuro maltratador», señala su director, el profesor Jesús Montoro. Sí, se asoma el año 2018 y así vamos.

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Una «normalidad» preocupante

Según un reciente estudio de la FAD, Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, una cuarta parte de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años considera la violencia como una conducta «normal» en la pareja. Y el pasado 25 de noviembre, con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, se han conocido muchas más cifras indignantes.

Desde la Organización Mundial de la Salud destacan otro horror: una de cada tres mujeres del planeta sufre a lo largo de su vida algún tipo de maltrato por parte de su pareja, además del aterrador hecho de que casi un 40% de asesinatos a mujeres los cometen sus propias parejas. De ahí la relevancia de la educación integral desde la infancia. Y la coletilla que se torna imprescindible en la efeméride de ONU: ¡que todos los días sean 25N!

En 2004 en España se promulgó la Ley Integral contra la Violencia de Género con el acuerdo unánime —insólita unanimidad, valga el cinismo— de los partidos políticos, una ley premiada por la ONU en 2014 y cuyo contenido pivota sobre tres ejes: la prevención, la protección a las víctimas y la sanción al autor.

En uno de esos actos organizados por el colegio GSD en su programa de convivencia, lo recordaba Joaquín Delgado, magistrado de la Audiencia Nacional en la Sección de Violencia de Género y Delitos Cibernéticos, que arengaba a los jóvenes sin ambages: «Cuando tenéis una relación de pareja no se deja de tener intimidad. ¡Cada uno tiene derecho a su propia intimidad!».

No lo toleremos y… cuanto antes

Frente al abuso, «tolerancia cero». Es el mensaje coral y unívoco desde las distintas instituciones. La inspectora jefe del Cuerpo Nacional de Policía y responsable de la Unidad Central de Atención a Familia y Mujer, Elena Palacios, desgrana los cuatro puntos del Plan Director de la Policía respecto a la juventud: drogas y alcohol, acoso escolar, bandas juveniles y violencia de género.

El sexismo entra sin freno y tristemente en esa lista de problemas actuales. «Desde la escuela, estamos viendo fenómenos emergentes de unos años a esta parte y se están utilizando las nuevas tecnologías e internet para cometer delitos», apunta quien cuenta casi 30 años de experiencia dedicada a la lucha contra la violencia doméstica, de género y sexual hacia niños y mujeres. «Es un problema de Estado tan grave que nos afecta a todos. Son delitos públicos y esto nos obliga a todos a denunciarlo», concluye.

«No aguanto más, no te soporto más, me voy esta noche… esto se acabó», proclama aterida y firme la actriz y profesora Julia Montero en El Regalo. Tras la presentación en los Teatros Luchana, insiste en el trasfondo conjunto de una iniciativa que pretende brindar desde el ámbito local una idea válida para cualquier centro educativo: «Y queremos reivindicar el papel del observador como ciudadano responsable y no como chivato».

Su compañera en escena, la profesora Jacqueline Chajma, no oculta su estupor ante lo que sigue sucediendo: «Con tanta educación en el siglo XXI, creíamos que ya había más recursos para pararlo… Pero se vuelven a repetir los clichés y se hace otro tipo de control y maltrato. ¡Parece que no pasa nada! Móvil, whatsapp, ordenadores… Es complicado decir «no, esto no». Que te quieran no significa que solo seas para ti. Y, a veces, estás en medio de la espiral y no te das cuenta de lo que te pasa».

Formando personas del siglo XXI

Seguro que lo has oído. La innovación pedagógica empieza a construir una escuela diferente, una pedagogía más propia de quienes se han matriculado este curso con tan solo tres añitos y pasarán unos 15 más acudiendo a diferentes clases, sorteando cursos, madurando, haciendo un poco el cafre y creciendo por dentro y por fuera.

Ese cambio educativo que se acerca inexorablemente anhela personas con valores globales del siglo XXI, al margen de los conocimientos del temario. Gente resuelta, flexible, abierta y partícipe en la sociedad que le ha tocado vivir. Nunca debió hacerlo, pero en este panorama no puede colarse el machismo. Sin embargo, desde el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte se promueven diferentes campañas por la convivencia escolar y uno de los puntos claves es —¡eureka, lamentable!— la violencia de género. Sin duda, todo un desafío que reclama la complicidad colectiva y la actuación inmediata frente al abuso.

Una tragedia cotidiana que se podría evitar si, como en el Colegio Puerta Sancho de Zaragoza, los alumnos analizasen esta lacra social y, por ejemplo, grabasen un vídeo ilustrativo. Aquí, bajo la tutela de César Bona, quien fuera candidato español al Premio Nobel de Enseñanza, el imaginario continente de Lechugandia del Sur permitió a niños y niñas de 5º pedir deseos como el respeto y la igualdad.

Asistimos a una época en la que la Fundación ANAR, de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo, acaba de presentar una aplicación móvil para atender a los menores ante el acoso escolar, la violencia familiar o de género. Un chat que no levanta sospechas de ningún tipo y deriva la alerta a psicólogos y orientadores, así como, si procede, a la Guardia Civil y la Policía Nacional. Ya, con el 2018 apuntalando los calendarios y tú con estos pelos.

¿Te acuerdas? Cantaba Dylan en los sesenta que «los tiempos están cambiando». Más de medio siglo después, algunos comportamientos machistas perduran y desde la escuela toca poner la primera piedra de la prevención. Otra manada, sensible e ilustrada, es posible. Y que todos los días sean 25N.

«¡Quedaos con quien os quiera libres, con quien os quiera de verdad!», proclama la protagonista desde las tablas. Y los chicos y chicas tragan saliva. Algo les remueve las tripas porque se sienten identificados. Porque «los tiempos están cambiando», cantaba Dylan, pero no tanto cuando hablamos de una lacra social que sigue cobrándose víctimas mortales en pleno siglo XXI.

«Después de la obra, todos tenemos más presente que es algo que puede pasar y que no siempre es tan lejano como parece», «es muy importante educar bien a la gente para que en un futuro esté concienciada y no haga cosas erróneas». Son impresiones de varios alumnos de Bachillerato del Colegio GSD Las Rozas, en Madrid, tras ver la obra de teatro que cuatro profesores han montado para concienciar a los estudiantes contra el machismo.

Y lo hacen con un testimonio desgarrador en una función titulada El Regalo y cuyo envoltorio esconde una reflexión tan contundente como necesaria: hay que prevenir la violencia de género desde la mismísima escuela para que el monstruo no devore a las siguientes generaciones.

Huir del maltrato como de la pólvora

Así, con vocación docente y pegado a la áspera realidad como una lapa ansiosa, nace el Programa Integral de Convivencia y Responsabilidad Ciudadana a cargo de más de una veintena de maestros. Los artífices apuestan por la inteligencia emocional «desde muy pequeñitos, con solo seis años», afirma su impulsora, Araceli Luján. «Y no paramos hasta nuestros alumnos de Segundo de Bachillerato y FP Dual».

Una metodología multidisciplinar propia del centro GSD Las Rozas que quieren desarrollar en los ocho colegios del gran grupo cooperativo de enseñanza de la Comunidad de Madrid como referente más allá de sus aulas. «Los mayores, los de Secundaria y Bachillerato, han recibido charlas y tutorías específicas del tema. Otro hito es el hecho de trabajar con búhos en Infantil o tarsios –unos entrañables primates- en Primaria, observadores de la convivencia en todas las etapas educativas y cursos», explica con entusiasmo, no sin ocultar una evidente inquietud.

Porque los datos de la sociedad siguen disparando las alarmas. «Nuestra principal intención es que las chicas, las mujeres jóvenes, detecten los primeros indicadores y salgan huyendo de situaciones de maltrato como de la pólvora. Pero también sus amigos, sus amigas, que sean capaces de identificarlos, reaccionar y ayudar. No podemos dejar las actuaciones únicamente en manos de los mecanismos judiciales», subraya Luján, jefa de Orientación Psicopedagógica de GSD y autora de la obra de teatro.

Un magistrado, un psicólogo, una jueza… Muchos expertos se han dirigido a los chavales para contarles cara a cara que las manadas sexistas pueden andar al acecho. Sin melodramas, pero con claridad. Como en el espectáculo El Regalo, cuyo objetivo es que «los niños y niñas aprendan a detectar las señales, leves al principio, que anuncian a un futuro maltratador», señala su director, el profesor Jesús Montoro. Sí, se asoma el año 2018 y así vamos.

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Una «normalidad» preocupante

Según un reciente estudio de la FAD, Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, una cuarta parte de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años considera la violencia como una conducta «normal» en la pareja. Y el pasado 25 de noviembre, con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, se han conocido muchas más cifras indignantes.

Desde la Organización Mundial de la Salud destacan otro horror: una de cada tres mujeres del planeta sufre a lo largo de su vida algún tipo de maltrato por parte de su pareja, además del aterrador hecho de que casi un 40% de asesinatos a mujeres los cometen sus propias parejas. De ahí la relevancia de la educación integral desde la infancia. Y la coletilla que se torna imprescindible en la efeméride de ONU: ¡que todos los días sean 25N!

En 2004 en España se promulgó la Ley Integral contra la Violencia de Género con el acuerdo unánime —insólita unanimidad, valga el cinismo— de los partidos políticos, una ley premiada por la ONU en 2014 y cuyo contenido pivota sobre tres ejes: la prevención, la protección a las víctimas y la sanción al autor.

En uno de esos actos organizados por el colegio GSD en su programa de convivencia, lo recordaba Joaquín Delgado, magistrado de la Audiencia Nacional en la Sección de Violencia de Género y Delitos Cibernéticos, que arengaba a los jóvenes sin ambages: «Cuando tenéis una relación de pareja no se deja de tener intimidad. ¡Cada uno tiene derecho a su propia intimidad!».

No lo toleremos y… cuanto antes

Frente al abuso, «tolerancia cero». Es el mensaje coral y unívoco desde las distintas instituciones. La inspectora jefe del Cuerpo Nacional de Policía y responsable de la Unidad Central de Atención a Familia y Mujer, Elena Palacios, desgrana los cuatro puntos del Plan Director de la Policía respecto a la juventud: drogas y alcohol, acoso escolar, bandas juveniles y violencia de género.

El sexismo entra sin freno y tristemente en esa lista de problemas actuales. «Desde la escuela, estamos viendo fenómenos emergentes de unos años a esta parte y se están utilizando las nuevas tecnologías e internet para cometer delitos», apunta quien cuenta casi 30 años de experiencia dedicada a la lucha contra la violencia doméstica, de género y sexual hacia niños y mujeres. «Es un problema de Estado tan grave que nos afecta a todos. Son delitos públicos y esto nos obliga a todos a denunciarlo», concluye.

«No aguanto más, no te soporto más, me voy esta noche… esto se acabó», proclama aterida y firme la actriz y profesora Julia Montero en El Regalo. Tras la presentación en los Teatros Luchana, insiste en el trasfondo conjunto de una iniciativa que pretende brindar desde el ámbito local una idea válida para cualquier centro educativo: «Y queremos reivindicar el papel del observador como ciudadano responsable y no como chivato».

Su compañera en escena, la profesora Jacqueline Chajma, no oculta su estupor ante lo que sigue sucediendo: «Con tanta educación en el siglo XXI, creíamos que ya había más recursos para pararlo… Pero se vuelven a repetir los clichés y se hace otro tipo de control y maltrato. ¡Parece que no pasa nada! Móvil, whatsapp, ordenadores… Es complicado decir «no, esto no». Que te quieran no significa que solo seas para ti. Y, a veces, estás en medio de la espiral y no te das cuenta de lo que te pasa».

Formando personas del siglo XXI

Seguro que lo has oído. La innovación pedagógica empieza a construir una escuela diferente, una pedagogía más propia de quienes se han matriculado este curso con tan solo tres añitos y pasarán unos 15 más acudiendo a diferentes clases, sorteando cursos, madurando, haciendo un poco el cafre y creciendo por dentro y por fuera.

Ese cambio educativo que se acerca inexorablemente anhela personas con valores globales del siglo XXI, al margen de los conocimientos del temario. Gente resuelta, flexible, abierta y partícipe en la sociedad que le ha tocado vivir. Nunca debió hacerlo, pero en este panorama no puede colarse el machismo. Sin embargo, desde el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte se promueven diferentes campañas por la convivencia escolar y uno de los puntos claves es —¡eureka, lamentable!— la violencia de género. Sin duda, todo un desafío que reclama la complicidad colectiva y la actuación inmediata frente al abuso.

Una tragedia cotidiana que se podría evitar si, como en el Colegio Puerta Sancho de Zaragoza, los alumnos analizasen esta lacra social y, por ejemplo, grabasen un vídeo ilustrativo. Aquí, bajo la tutela de César Bona, quien fuera candidato español al Premio Nobel de Enseñanza, el imaginario continente de Lechugandia del Sur permitió a niños y niñas de 5º pedir deseos como el respeto y la igualdad.

Asistimos a una época en la que la Fundación ANAR, de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo, acaba de presentar una aplicación móvil para atender a los menores ante el acoso escolar, la violencia familiar o de género. Un chat que no levanta sospechas de ningún tipo y deriva la alerta a psicólogos y orientadores, así como, si procede, a la Guardia Civil y la Policía Nacional. Ya, con el 2018 apuntalando los calendarios y tú con estos pelos.

¿Te acuerdas? Cantaba Dylan en los sesenta que «los tiempos están cambiando». Más de medio siglo después, algunos comportamientos machistas perduran y desde la escuela toca poner la primera piedra de la prevención. Otra manada, sensible e ilustrada, es posible. Y que todos los días sean 25N.

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