15 de julio 2014    /   DIGITAL
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Prosumidores: Gente corriente que fabula noticias

15 de julio 2014    /   DIGITAL     por          
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Llega a mis oídos que una estrella infantil —la niña del pelo rosa de Lazy Town— mata a su madre y viola a su hermano. La historia es tan extravagante que me fascina y busco quién la contó por primera vez.

LA NIÑA DEL PELO ROSA O EL CRIMINAL NÚMERO UNO
La historia de la niña del pelo rosa es falsa como había supuesto. Todas las menciones del supuesto doble crimen están en Twitter y nada más que en Twitter. No es la primera vez que Julianna Rose Mauriello, el nombre auténtico de la actriz, es pasto de mentiras. De ella se ha dicho que ha sido arrestada por prostitución, tráfico de drogas además de por asesinato y violación… y todo en los últimos tres meses. Todas las leyendas parten de personas que aparentemente son admiradores, pero no se toman la molestia de consultar Google. Que Mauriello haya desaparecido del mundo del espectáculo afianza las truculentas historias.
LA ERA DE LOS PROSUMIDORES
Lo mencionado arriba es una consecuencia de la era de los prosumidores que parece haber llegado de sopetón aunque fuera anunciada por McLuhan en 1972. El prosumidor rompe las reglas establecidas: es tanto productor como consumidor de contenidos. Y los tiempos se acortan: el bebé que comienza viendo Pepa Pig pocos años después publica imágenes de su día a día o crea un vídeo para Youtube.
Lo que podría ser bueno para el arte quizá no lo sea tanto para la información. Los prosumidores de noticias no tienen reparos en crear confusión y alarma. De manera que pueden competir en la creación de contenidos con periodistas inexpertos, estúpidos o sin escrúpulos de medios tradiciones con ventajas añadidas: los prosumidores no están sujetos a ningún código ético y carecen por completo de responsabilidades civiles y penales. No hay fe de erratas en Twitter.
MILES DE TUITS PARA UN PEQUEÑO INCENDIO
Un ejemplo de la falta de responsabilidad y sentido común está en el tratamiento de un incendio, casi anecdótico, ocurrido el verano del pasado año en Sevilla. Un transformador eléctrico ardió cerca de Los Arcos, un centro comercial a menudo muy concurrido. El suceso tuvo lugar en la noche del 28 de julio, horas después del horario comercial del centro. Aquella noche podía leerse en Twitter frases como:

«¡Incendio en los Arcos!»

«¡Qué fuerte el incendio de los Arcos! ¡Qué miedo estar en los cines!»

«Mi cuñado dice que ha empezado en los aparcamientos».

«Lo del incendio de los Arcos no me extrañaría que fuera un atentado».

Sobre todos los tuits llama la atención el que menciona al cuñado, personaje este habitual en las leyendas urbanas, junto con el tío y el primo.
También hay frases que expresan el alivio porque un familiar salió de los Arcos poco antes del supuesto incendio. Y por supuesto, no faltan las quejas contra «los medios de comunicación tradicionales»:

«Si no es por Twitter no me entero del incendio en los Arcos».

«Esto es una prueba de por qué no se venden periódicos».

Las fotos con smartphone contribuyen al estado de alarma entre los usuarios de Twitter de Sevilla. La mayoría de las tomas muestran un cielo coloreado de rojo y naranja con las llamas de un incendio que a pesar de su tamaño oculta la visión del centro comercial a cientos de metros, a salvo. (Al igual que ocurre durante las grandes manifestaciones, donde está la cámara, está la noticia: unos pocos de manifestantes o un millón).
Un pequeño incendio
Pasadas las horas pocas personas redifunden las noticias que toman como base las declaraciones de los bomberos. Aun así, siguen circulando durante horas los tuits que hablan del incendio en el centro comercial. Un joven escribe:

«Acabo de levantarme y me entero por Twitter de lo del incendio de los Arcos. Espero que no haya heridos»

Este usuario de Twitter es un ejemplo del prosumidor adolescente que tiene confianza en los tuits de los amigos por encima de cualquier otra fuente.
La mayoría de los comentarios sobre aquel pequeño incendio o las historias inventadas sobre una pequeña estrella infantil son síntomas de pereza, malicia, irresponsabilidad, premura, alarmismo o la demagogia. Con frecuencia la posibilidad de ser el primero puede más que el deseo de contarlo bien. Quizá pronto sea necesaria una guía del prosumidor responsable de noticias para no crear alarma social.
———————————
Fondo de imagen destacada: Upper Chorlton Road in the summer rain. Licencia CC.

Llega a mis oídos que una estrella infantil —la niña del pelo rosa de Lazy Town— mata a su madre y viola a su hermano. La historia es tan extravagante que me fascina y busco quién la contó por primera vez.

LA NIÑA DEL PELO ROSA O EL CRIMINAL NÚMERO UNO
La historia de la niña del pelo rosa es falsa como había supuesto. Todas las menciones del supuesto doble crimen están en Twitter y nada más que en Twitter. No es la primera vez que Julianna Rose Mauriello, el nombre auténtico de la actriz, es pasto de mentiras. De ella se ha dicho que ha sido arrestada por prostitución, tráfico de drogas además de por asesinato y violación… y todo en los últimos tres meses. Todas las leyendas parten de personas que aparentemente son admiradores, pero no se toman la molestia de consultar Google. Que Mauriello haya desaparecido del mundo del espectáculo afianza las truculentas historias.
LA ERA DE LOS PROSUMIDORES
Lo mencionado arriba es una consecuencia de la era de los prosumidores que parece haber llegado de sopetón aunque fuera anunciada por McLuhan en 1972. El prosumidor rompe las reglas establecidas: es tanto productor como consumidor de contenidos. Y los tiempos se acortan: el bebé que comienza viendo Pepa Pig pocos años después publica imágenes de su día a día o crea un vídeo para Youtube.
Lo que podría ser bueno para el arte quizá no lo sea tanto para la información. Los prosumidores de noticias no tienen reparos en crear confusión y alarma. De manera que pueden competir en la creación de contenidos con periodistas inexpertos, estúpidos o sin escrúpulos de medios tradiciones con ventajas añadidas: los prosumidores no están sujetos a ningún código ético y carecen por completo de responsabilidades civiles y penales. No hay fe de erratas en Twitter.
MILES DE TUITS PARA UN PEQUEÑO INCENDIO
Un ejemplo de la falta de responsabilidad y sentido común está en el tratamiento de un incendio, casi anecdótico, ocurrido el verano del pasado año en Sevilla. Un transformador eléctrico ardió cerca de Los Arcos, un centro comercial a menudo muy concurrido. El suceso tuvo lugar en la noche del 28 de julio, horas después del horario comercial del centro. Aquella noche podía leerse en Twitter frases como:

«¡Incendio en los Arcos!»

«¡Qué fuerte el incendio de los Arcos! ¡Qué miedo estar en los cines!»

«Mi cuñado dice que ha empezado en los aparcamientos».

«Lo del incendio de los Arcos no me extrañaría que fuera un atentado».

Sobre todos los tuits llama la atención el que menciona al cuñado, personaje este habitual en las leyendas urbanas, junto con el tío y el primo.
También hay frases que expresan el alivio porque un familiar salió de los Arcos poco antes del supuesto incendio. Y por supuesto, no faltan las quejas contra «los medios de comunicación tradicionales»:

«Si no es por Twitter no me entero del incendio en los Arcos».

«Esto es una prueba de por qué no se venden periódicos».

Las fotos con smartphone contribuyen al estado de alarma entre los usuarios de Twitter de Sevilla. La mayoría de las tomas muestran un cielo coloreado de rojo y naranja con las llamas de un incendio que a pesar de su tamaño oculta la visión del centro comercial a cientos de metros, a salvo. (Al igual que ocurre durante las grandes manifestaciones, donde está la cámara, está la noticia: unos pocos de manifestantes o un millón).
Un pequeño incendio
Pasadas las horas pocas personas redifunden las noticias que toman como base las declaraciones de los bomberos. Aun así, siguen circulando durante horas los tuits que hablan del incendio en el centro comercial. Un joven escribe:

«Acabo de levantarme y me entero por Twitter de lo del incendio de los Arcos. Espero que no haya heridos»

Este usuario de Twitter es un ejemplo del prosumidor adolescente que tiene confianza en los tuits de los amigos por encima de cualquier otra fuente.
La mayoría de los comentarios sobre aquel pequeño incendio o las historias inventadas sobre una pequeña estrella infantil son síntomas de pereza, malicia, irresponsabilidad, premura, alarmismo o la demagogia. Con frecuencia la posibilidad de ser el primero puede más que el deseo de contarlo bien. Quizá pronto sea necesaria una guía del prosumidor responsable de noticias para no crear alarma social.
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Fondo de imagen destacada: Upper Chorlton Road in the summer rain. Licencia CC.

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Opiniones 4
  • LA VERDAD ME DECEPCIONO,TAN FAMOSA QUE ERA QUE ME DIVERTIA TANTO TERMINO SIENDO UNA PROSTITUTA DE AQUELLAS ME PONE MUY TRISTE 🙁 ESPERO QUE ESTE BIEN EN LA CARCEL Y QUE HALLA APRENDIDO LA LECCION

    • No es verdad,o almenos no lo aparenta…es increible.creo que habria que recaudar la mayor info.etc para recien hay juzgar,cuando salgan en los noticieros diarios etc.creo que recien hay ya estaria confirmado.mientras tanto es solo un «chisme»

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