25 de agosto 2022    /   CREATIVIDAD
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Pájaros de sal que reivindican el patrimonio natural y artesanal canario 

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Fue durante los siglos XVII y XVIII cuando las salinas canarias vivieron su mayor esplendor. El cultivo de la sal por aquel entonces se realizaba mediante un método artesanal que contaba con tres elementos fundamentales: el viento, el sol y al agua del mar que, en aquellos rincones del archipiélago se dejaba domesticar como en ningún otro lugar en la costa. 

Luna Bengoechea ha echado la vista a atrás hasta llegar a aquella época para volver a dar vida a algunas de estas salinas, ahora infrautilizadas o directamente en desuso. Investigó en cada una de las islas con el objetivo de intervenir estos espacios para su denominado Proyecto Salinas. «Mi intención era para dar visibilidad a estos espacios del paisaje canario», comenta la artista.

Tras visitar varias salinas y examinar cuáles de estos espacios le permitían trabajar sobre el terreno, Bengoechea se decantó por tres de ellas: la salina de Las Puntas de la isla de El Hierro, la salina de Fuencaliente de la Palma y la salina de Los Cocoteros de la isla de Lanzarote. Cada una de estas se convirtió en un gran lienzo en el que el material que iba a emplear, como no, sería la propia sal marina.

Para la primera de sus obras, la artista utilizó 300 kg de sal. 500 kg y 600 kg en la segunda y la tercera, respectivamente. Con toda esa sal dio forma a varios tipos de aves presentes es las islas, como el chorlitejo patinegro, entre otros. «Tuvimos la oportunidad de ver algunos ejemplares en la salina de Fuencaliente».

Todas las especies representadas en Proyecto Salinas se alimentan del limo, un nutriente que se encuentra en zonas húmedas con gran contenido en sal, por lo que dependen de este tipo de entornos durante sus migraciones. En ellos es donde realizan sus paradas y su proceso de anidación.

Además de dar a conocer parte del patrimonio natural de las islas, con su proyecto la artista reivindica también la producción artesanal de sal en Canarias. Porque pese a su relevancia histórica, hoy apenas subsisten unas pocas salinas infrautilizadas, las mayoría de ellas relegadas por la importación de sal industrial.

Al recurrir a la sal como componente principal de sus intervenciones, Bengoechea, que no suele dejar ningún hilo suelto en sus trabajos, sigue la línea discursiva de su obra, centrada en la reflexión sobre la industria alimentaria y la problemática de los modelos actuales  de producción de alimentos. 

Las obras nacieron con vocación efímera con el fin de no generar ningún impacto en el ecosistema. El paso del tiempo y la acción de la propia naturaleza son los encargados de desdibujar las formas creadas por Bengoechea: «Al ser un espacio en el que se trabaja con un material propio de ese lugar, no pensé que fuera necesario retirar la sal, ya que está presente de manera natural en el espacio y puede quedarse».

De lo que fueron aquellos dibujos ahora quedan fotografías y vídeos que a partir del 8 de septiembre acogerá la galería Lucía Mendoza, dentro de la 13ª edición de Apertura Madrid Gallery Weekend 2022. La muestra, que podrá visitarse hasta el 19 de noviembre, se completa con una publicación de edición limitada en la que se documenta cada una de estas acciones en el paisaje salinero. Además, cuenta con un texto de Juan Guardiola, comisario de la muestra.

Proyecto Salinas, además, se enmarca dentro de la Convocatoria de Investigación y Creación Artística por el Centenario de César Manrique que consiste en intervenciones efímeras en el paisaje de las Islas Canarias, que al igual que el proyecto de Bengoechea tratan de generar una conexión entre el territorio y el paisaje para dar visibilidad a espacios de gran valor natural y patrimonial. 

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Fue durante los siglos XVII y XVIII cuando las salinas canarias vivieron su mayor esplendor. El cultivo de la sal por aquel entonces se realizaba mediante un método artesanal que contaba con tres elementos fundamentales: el viento, el sol y al agua del mar que, en aquellos rincones del archipiélago se dejaba domesticar como en ningún otro lugar en la costa. 

Luna Bengoechea ha echado la vista a atrás hasta llegar a aquella época para volver a dar vida a algunas de estas salinas, ahora infrautilizadas o directamente en desuso. Investigó en cada una de las islas con el objetivo de intervenir estos espacios para su denominado Proyecto Salinas. «Mi intención era para dar visibilidad a estos espacios del paisaje canario», comenta la artista.

Tras visitar varias salinas y examinar cuáles de estos espacios le permitían trabajar sobre el terreno, Bengoechea se decantó por tres de ellas: la salina de Las Puntas de la isla de El Hierro, la salina de Fuencaliente de la Palma y la salina de Los Cocoteros de la isla de Lanzarote. Cada una de estas se convirtió en un gran lienzo en el que el material que iba a emplear, como no, sería la propia sal marina.

Para la primera de sus obras, la artista utilizó 300 kg de sal. 500 kg y 600 kg en la segunda y la tercera, respectivamente. Con toda esa sal dio forma a varios tipos de aves presentes es las islas, como el chorlitejo patinegro, entre otros. «Tuvimos la oportunidad de ver algunos ejemplares en la salina de Fuencaliente».

Todas las especies representadas en Proyecto Salinas se alimentan del limo, un nutriente que se encuentra en zonas húmedas con gran contenido en sal, por lo que dependen de este tipo de entornos durante sus migraciones. En ellos es donde realizan sus paradas y su proceso de anidación.

Además de dar a conocer parte del patrimonio natural de las islas, con su proyecto la artista reivindica también la producción artesanal de sal en Canarias. Porque pese a su relevancia histórica, hoy apenas subsisten unas pocas salinas infrautilizadas, las mayoría de ellas relegadas por la importación de sal industrial.

Al recurrir a la sal como componente principal de sus intervenciones, Bengoechea, que no suele dejar ningún hilo suelto en sus trabajos, sigue la línea discursiva de su obra, centrada en la reflexión sobre la industria alimentaria y la problemática de los modelos actuales  de producción de alimentos. 

Las obras nacieron con vocación efímera con el fin de no generar ningún impacto en el ecosistema. El paso del tiempo y la acción de la propia naturaleza son los encargados de desdibujar las formas creadas por Bengoechea: «Al ser un espacio en el que se trabaja con un material propio de ese lugar, no pensé que fuera necesario retirar la sal, ya que está presente de manera natural en el espacio y puede quedarse».

De lo que fueron aquellos dibujos ahora quedan fotografías y vídeos que a partir del 8 de septiembre acogerá la galería Lucía Mendoza, dentro de la 13ª edición de Apertura Madrid Gallery Weekend 2022. La muestra, que podrá visitarse hasta el 19 de noviembre, se completa con una publicación de edición limitada en la que se documenta cada una de estas acciones en el paisaje salinero. Además, cuenta con un texto de Juan Guardiola, comisario de la muestra.

Proyecto Salinas, además, se enmarca dentro de la Convocatoria de Investigación y Creación Artística por el Centenario de César Manrique que consiste en intervenciones efímeras en el paisaje de las Islas Canarias, que al igual que el proyecto de Bengoechea tratan de generar una conexión entre el territorio y el paisaje para dar visibilidad a espacios de gran valor natural y patrimonial. 

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