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22 de junio 2015    /   CREATIVIDAD
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Lo que dice de nosotros nuestra forma de escribir e-mails  

22 de junio 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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Más o menos todo el mundo tiene categorizado a nuestros contactos por su manera de redactar correos electrónicos. Puede ser que se haya contactado con un cliente encantador y dicharachero en el trato, pero cuando llega su primer email, este sea totalmente rudo y arisco. ¿Dónde están esos abrazos y palmadas en la espalda? Al escribir correos electrónicos proyectamos parte de nuestra personalidad, y lo más curioso del asunto es que este estilo es casi como nuestra huella dactilar: no cambia con el paso del tiempo. Y de la misma manera que un psicólogo puede determinar nuestro carácter basándose en nuestra forma de hablar o gesticular, sucede lo mismo con la forma en la que redactamos los correos, hasta el punto de poder categorizar a los diferentes tipos de personas.
El colegui
Se caracteriza por empezar siempre sus misivas con un «hey» o «qué pasa tío» y abusa irremediablemente de las exclamaciones. Este perfil no suele dejar frío a nadie y puede ser uno de los más odiados entre los usuarios; o por el contrario, si su interlocutor es igual de informal, se sentirá cómodo con sus mensajes. Este tipo de usuarios suele tener, por contra, dificultades a la hora de comunicarse con gente jerárquicamente superior o bien cuando toca ponerse serio con algún asunto. En el primer caso, es evidente que enviar un «qué pasa crack» al director general no parece la mejor idea; y en el segundo, ¿cómo protestar ante un mal comportamiento cuando el tono del mensaje es tan campechano y amistoso?
El telegráfico (y borde)
Para este usuario parece que escribir un correo electrónico es una pérdida de tiempo de la que no puede zafarse y por ese motivo destila las letras como si su valor fuese comparable a un metal precioso. Suelen responder a prácticamente todo con un «ok», «no», «perfecto» o «imposible», y por descontado, los saludos y despedidas son un lujo que no pueden permitirse. La comunicación escrita con ellos puede resultar hosca, pero este perfil de usuario tiene algo muy bueno: al no perder un solo segundo de su tiempo tampoco nos roba el nuestro. Si lo que queremos es una respuesta a algo concreto, con esta persona la tendremos en una sola línea, aunque el precio a pagar sea proyectar una imagen antipática, algo que, por otro lado, no parece preocuparles.
El confuso
Este es uno de los perfiles más complejos de gestionar. Engloba a aquellos usuarios con manifiestas dificultades para ir al grano en un asunto. Estas personas son, por lo general, igual de confusas en el cara a cara y tras explicarte algo durante un par de minutos a veces uno se ve obligado a preguntar: «Entonces… ¿qué querías exactamente?». Lo peor es que en los emails también transmiten esta confusión con textos sin puntuaciones, dando rodeos y que obligan al receptor a leer varias veces el correo para saber qué era exactamente lo que querían decir. Se trataría del opuesto exacto (en lo que respecta a la claridad de ideas) del telegráfico. Es uno de los perfiles más odiados, pero no tanto por las formas, sino por el tiempo que involuntariamente nos hacen perder.
El escritor y detallista
Si para el telegráfico un simple «ok» era más que suficiente en una respuesta, para el escritor eso sería un infame ultraje. Este tipo de usuarios invierte mucho tiempo en confeccionar sus correos, que son enviados con todo lujo de detalles y por lo general, con una elevada claridad en los conceptos, que son separados correctamente en negritas y saltos de línea. Es un usuario que puede resultar bueno y malo al mismo tiempo, y dependiendo de las circunstancias. Así, si lo que queremos son instrucciones precisas sobre cómo preparar una reunión con clientes, será la persona perfecta: hora, lugar y contenidos quedarán meridianamente claros en su comunicación. Ahora bien, si tenemos prisa y solo queremos saber si podrá asistir o no a una visita comercial, tendremos que extraer la respuesta de su largo epílogo.
En definitiva, no hay perfiles mejores que otros, sino que la forma de escribir correos electrónicos refleja en gran parte cómo nos comportamos en la vida real. Tal vez lo más importante sea recordar en todo momento que el correo electrónico es una herramienta de comunicación que sirve para transmitir y recibir mensajes de la manera más breve y clara posible, y que esto no está reñido con una mínima etiqueta.

Más o menos todo el mundo tiene categorizado a nuestros contactos por su manera de redactar correos electrónicos. Puede ser que se haya contactado con un cliente encantador y dicharachero en el trato, pero cuando llega su primer email, este sea totalmente rudo y arisco. ¿Dónde están esos abrazos y palmadas en la espalda? Al escribir correos electrónicos proyectamos parte de nuestra personalidad, y lo más curioso del asunto es que este estilo es casi como nuestra huella dactilar: no cambia con el paso del tiempo. Y de la misma manera que un psicólogo puede determinar nuestro carácter basándose en nuestra forma de hablar o gesticular, sucede lo mismo con la forma en la que redactamos los correos, hasta el punto de poder categorizar a los diferentes tipos de personas.
El colegui
Se caracteriza por empezar siempre sus misivas con un «hey» o «qué pasa tío» y abusa irremediablemente de las exclamaciones. Este perfil no suele dejar frío a nadie y puede ser uno de los más odiados entre los usuarios; o por el contrario, si su interlocutor es igual de informal, se sentirá cómodo con sus mensajes. Este tipo de usuarios suele tener, por contra, dificultades a la hora de comunicarse con gente jerárquicamente superior o bien cuando toca ponerse serio con algún asunto. En el primer caso, es evidente que enviar un «qué pasa crack» al director general no parece la mejor idea; y en el segundo, ¿cómo protestar ante un mal comportamiento cuando el tono del mensaje es tan campechano y amistoso?
El telegráfico (y borde)
Para este usuario parece que escribir un correo electrónico es una pérdida de tiempo de la que no puede zafarse y por ese motivo destila las letras como si su valor fuese comparable a un metal precioso. Suelen responder a prácticamente todo con un «ok», «no», «perfecto» o «imposible», y por descontado, los saludos y despedidas son un lujo que no pueden permitirse. La comunicación escrita con ellos puede resultar hosca, pero este perfil de usuario tiene algo muy bueno: al no perder un solo segundo de su tiempo tampoco nos roba el nuestro. Si lo que queremos es una respuesta a algo concreto, con esta persona la tendremos en una sola línea, aunque el precio a pagar sea proyectar una imagen antipática, algo que, por otro lado, no parece preocuparles.
El confuso
Este es uno de los perfiles más complejos de gestionar. Engloba a aquellos usuarios con manifiestas dificultades para ir al grano en un asunto. Estas personas son, por lo general, igual de confusas en el cara a cara y tras explicarte algo durante un par de minutos a veces uno se ve obligado a preguntar: «Entonces… ¿qué querías exactamente?». Lo peor es que en los emails también transmiten esta confusión con textos sin puntuaciones, dando rodeos y que obligan al receptor a leer varias veces el correo para saber qué era exactamente lo que querían decir. Se trataría del opuesto exacto (en lo que respecta a la claridad de ideas) del telegráfico. Es uno de los perfiles más odiados, pero no tanto por las formas, sino por el tiempo que involuntariamente nos hacen perder.
El escritor y detallista
Si para el telegráfico un simple «ok» era más que suficiente en una respuesta, para el escritor eso sería un infame ultraje. Este tipo de usuarios invierte mucho tiempo en confeccionar sus correos, que son enviados con todo lujo de detalles y por lo general, con una elevada claridad en los conceptos, que son separados correctamente en negritas y saltos de línea. Es un usuario que puede resultar bueno y malo al mismo tiempo, y dependiendo de las circunstancias. Así, si lo que queremos son instrucciones precisas sobre cómo preparar una reunión con clientes, será la persona perfecta: hora, lugar y contenidos quedarán meridianamente claros en su comunicación. Ahora bien, si tenemos prisa y solo queremos saber si podrá asistir o no a una visita comercial, tendremos que extraer la respuesta de su largo epílogo.
En definitiva, no hay perfiles mejores que otros, sino que la forma de escribir correos electrónicos refleja en gran parte cómo nos comportamos en la vida real. Tal vez lo más importante sea recordar en todo momento que el correo electrónico es una herramienta de comunicación que sirve para transmitir y recibir mensajes de la manera más breve y clara posible, y que esto no está reñido con una mínima etiqueta.

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Opiniones 2
  • El problema es que existe mucha gente que todavía no sabe ni cómo utilizar la propia herramienta de email eficientemente ni como redactar o enviar mensajes eficientes que no se conviertan en un trasiego de conversaciones inútiles…

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