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25 de enero 2017    /   IDEAS
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Psicología pop: ¡Te he dicho que sonrías!

25 de enero 2017    /   IDEAS     por          
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No importa cuándo leas esto, hoy vas a conseguir todo lo que te propongas. Sigue persiguiendo esa meta tan compleja porque no hay nada imposible. ¿No me crees? Deja de refunfuñar, vamos, tú puedes con todo. Persigue tus sueños, ellos saben el camino. Hay un millón de razones para ser feliz, ¡sonríe! Mi poder favorito es estar contigo. ¿Cómo que no me conoces? Pero si de todos los lugares donde he estado… ¡el mejor es a tu lado!

Quizás te haya parecido una escena tierna, entonces lo tuyo no tiene remedio. Cierra el artículo y entrégate al azúcar. Quienes quieran ver al protagonista flotando en un charco de su propia y esponjosa singularidad, que aguanten un poco más. Las mejores aventuras son las que vivimos juntos.

Las consignas cuquis del primer párrafo —y el cierre del segundo— entroncan con una corriente de pensamiento llamada psicología popular o psicología pop, una amalgama de teorías encaminadas a la conquista de algo tan poco aprehensible como la felicidad. De esta corriente penden, a su vez, infinidad de ramificaciones que alcanzan a tocar todos los palos del conocimiento. Psicología positiva, humanista, mindfulness, coaching, etc.

Por hacerlo menos abstracto: cuando alguien te habla del poder de la mente y de las cosas que podrías lograr con ella siguiendo un sencillo método, ese alguien suele llegar a fin de mes gracias a la psicología popular.

En tiempos de estrés generalizado los consejeros de la felicidad tienen vía libre para maniobrar en nuestro consciente. Son los grandes interioristas del siglo XXI: les damos las llaves y dejamos que nos amueblen la cabeza. A menudo lo hacen a través de la literatura de autoayuda. Hace unos días Buenafuente recibió en su programa a Rafael Santandreu, uno de los grandes autores del género, que acudió al espacio condicionado por un hecho insólito: su editorial había enviado al cómico las preguntas que debía hacer… y las respuestas que obtendría.

Santandreu se apresuró a justificar el gesto alegando que «los periodistas hacen muy malas entrevistas» y, a continuación, durante los siguientes trece minutos, teorizó sobre las propiedades terapéuticas de no darle demasiada importancia a las cosas. De modo que la clave está en relativizarlo todo, menos las preguntas de los periodistas.

Nadie les exige ejemplaridad, pero un poco de coherencia ayudaría a dulcificar ciertos recelos. Los prescriptores del optimismo acostumbran a lidiar con críticas de científicos y académicos, que afean el individualismo inoculado mediante estas enseñanzas.

Así lo considera Edgar Cabanas, profesor de la UCJC e investigador del Instituto Max Planck de Berlín, en una conversación con Yorokobu: «La autoayuda, al igual que la psicología positiva, responde a una forma de entendernos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Ambas construyen narrativas del yo altamente individualistas donde la sociedad no existe, sino que es un agregado de individuos, normas, etc. Por ejemplo: yo soy responsable de controlar mis emociones, mis problemas son míos y no sociales o estructurales, si estoy estresado, inquieto o amargado es porque no tengo la fuerza de voluntad suficiente. Este tipo de subjetividad, donde prima el “yo” frente al “resto”, es sin duda dominante en las sociedades actuales».

Según esto, todo depende de mí y de que interprete correctamente el libro de mi gurú. Si le pongo voluntad, superaré la depresión como quien deja de fumar. Me ahorraré la visita al psicólogo. Mutaré en una persona especial. ¿Convertiré el agua en vino con casera? Parece peligroso alimentar una concepción casi milagrosa de la psicología, infalible e inmediata, que sólo sirve para generar frustración y, a largo plazo, mayor infelicidad.

Funcionaría de otra forma con un poco de humor. Probablemente hayan sacado más sonrisas los memes de Paulo Cohelo que sus textos de autoayuda. La psicología pop construye el camino de la felicidad sobre una superficie lisa, pulcra y ridículamente trascendental; tan intensa que parece autoparódica.

Existe un desvío menos formal que se sirve de la psicología positiva para llegar a nuestros bolsillos. Hablamos de Mr Wonderful. Seis años después de su nacimiento, utilizando un humor blanquísimo, la marca catalana ha logrado ser la punta de lanza en el mercado de lo cuqui —según El Confidencial factura más de 30 millones al año—. Su éxito radica en crearnos la necesidad de beber café en tazas pizpiretas y organizarnos las tareas en cuadernos motivacionales. Nos dicen que somos la caña y que podemos con todo, y lo hacen de tal manera que no podemos más que sonreír.

Hasta que el imperio de la sonrisa se desmorona. Puede suceder en cualquier momento. La empresa necesita recortar personal y tú estás demasiado cerca de la puerta. Intentas sobrellevarlo, haces memoria y rescatas las metodologías de tus libros. Recuerdas que la felicidad consiste en autoconocerse y autocontrolarse, pero no puedes. Entonces buscas la empatía de alguien cercano, una palabra de alivio, algo a lo que aferrarte. Y todos te dicen lo mismo: «Sonríe». Suena tan vacío que te provoca vértigo. «Sonríe». Te lo dicen las tazas y las camisetas. «Sonríe, sé feliz». En los centros comerciales, en los anuncios de la tele; está por todas partes. «¡Te he dicho que sonrías!».

Los expertos lo llaman la industria de la felicidad. Consiste en rentabilizar el máximo anhelo de todo ser humano. «Esta industria es muy poderosa, es global, y genera descomunales beneficios. En términos económicos, a toda librería le interesa promocionar y dar prioridad a los libros de autoayuda, y a todo autor le interesa escribir un libro de este género.

El público potencial es, de hecho, todo el mundo», reflexiona Cabanas, que también analiza el caso de Mr. Wonderful: «Su vinculación con la autoayuda no podría ser más clara. ¿Para qué leer un libro si el mensaje es igual de potente con una simple frase en una taza de café? Esto refleja muy bien lo que decía antes: estamos tan familiarizados con este tipo de narrativas del yo y nos sentimos tan reflejados en ellas que nos vale una simple frase para confortarnos o animarnos».

Obviamente, no hay nada de malo en que una marca alcance el éxito comercial. De hecho resulta inspirador. Tampoco en que un autor superventas nos proporcione cierta sensación de seguridad, consuelo o reafirmación. A casi todos nos ha venido bien alguna vez. El problema es que la industria de la felicidad no contempla su reverso. No tiene un plan B. El pensamiento positivo se ha convertido en un imperativo. Encierra un gran desequilibrio que impide que avancemos hacia esa felicidad que propugna, porque como quedó demostrado en Del revés —y Pixar es irrefutable—, la tristeza también sirve para impulsarnos.

Así pues juguemos en una escala de grises. ¿Hoy es un buen día para sonreír? Y tanto. ¿Hay algo imposible? Muchas cosas: encenderse un cigarro con fuego valyrio, tener la química de Ryan Gosling y Emma Stone en  La La Land o encontrarle el puntito a Donald Trump.

No importa cuándo leas esto, hoy vas a conseguir todo lo que te propongas. Sigue persiguiendo esa meta tan compleja porque no hay nada imposible. ¿No me crees? Deja de refunfuñar, vamos, tú puedes con todo. Persigue tus sueños, ellos saben el camino. Hay un millón de razones para ser feliz, ¡sonríe! Mi poder favorito es estar contigo. ¿Cómo que no me conoces? Pero si de todos los lugares donde he estado… ¡el mejor es a tu lado!

Quizás te haya parecido una escena tierna, entonces lo tuyo no tiene remedio. Cierra el artículo y entrégate al azúcar. Quienes quieran ver al protagonista flotando en un charco de su propia y esponjosa singularidad, que aguanten un poco más. Las mejores aventuras son las que vivimos juntos.

Las consignas cuquis del primer párrafo —y el cierre del segundo— entroncan con una corriente de pensamiento llamada psicología popular o psicología pop, una amalgama de teorías encaminadas a la conquista de algo tan poco aprehensible como la felicidad. De esta corriente penden, a su vez, infinidad de ramificaciones que alcanzan a tocar todos los palos del conocimiento. Psicología positiva, humanista, mindfulness, coaching, etc.

Por hacerlo menos abstracto: cuando alguien te habla del poder de la mente y de las cosas que podrías lograr con ella siguiendo un sencillo método, ese alguien suele llegar a fin de mes gracias a la psicología popular.

En tiempos de estrés generalizado los consejeros de la felicidad tienen vía libre para maniobrar en nuestro consciente. Son los grandes interioristas del siglo XXI: les damos las llaves y dejamos que nos amueblen la cabeza. A menudo lo hacen a través de la literatura de autoayuda. Hace unos días Buenafuente recibió en su programa a Rafael Santandreu, uno de los grandes autores del género, que acudió al espacio condicionado por un hecho insólito: su editorial había enviado al cómico las preguntas que debía hacer… y las respuestas que obtendría.

Santandreu se apresuró a justificar el gesto alegando que «los periodistas hacen muy malas entrevistas» y, a continuación, durante los siguientes trece minutos, teorizó sobre las propiedades terapéuticas de no darle demasiada importancia a las cosas. De modo que la clave está en relativizarlo todo, menos las preguntas de los periodistas.

Nadie les exige ejemplaridad, pero un poco de coherencia ayudaría a dulcificar ciertos recelos. Los prescriptores del optimismo acostumbran a lidiar con críticas de científicos y académicos, que afean el individualismo inoculado mediante estas enseñanzas.

Así lo considera Edgar Cabanas, profesor de la UCJC e investigador del Instituto Max Planck de Berlín, en una conversación con Yorokobu: «La autoayuda, al igual que la psicología positiva, responde a una forma de entendernos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Ambas construyen narrativas del yo altamente individualistas donde la sociedad no existe, sino que es un agregado de individuos, normas, etc. Por ejemplo: yo soy responsable de controlar mis emociones, mis problemas son míos y no sociales o estructurales, si estoy estresado, inquieto o amargado es porque no tengo la fuerza de voluntad suficiente. Este tipo de subjetividad, donde prima el “yo” frente al “resto”, es sin duda dominante en las sociedades actuales».

Según esto, todo depende de mí y de que interprete correctamente el libro de mi gurú. Si le pongo voluntad, superaré la depresión como quien deja de fumar. Me ahorraré la visita al psicólogo. Mutaré en una persona especial. ¿Convertiré el agua en vino con casera? Parece peligroso alimentar una concepción casi milagrosa de la psicología, infalible e inmediata, que sólo sirve para generar frustración y, a largo plazo, mayor infelicidad.

Funcionaría de otra forma con un poco de humor. Probablemente hayan sacado más sonrisas los memes de Paulo Cohelo que sus textos de autoayuda. La psicología pop construye el camino de la felicidad sobre una superficie lisa, pulcra y ridículamente trascendental; tan intensa que parece autoparódica.

Existe un desvío menos formal que se sirve de la psicología positiva para llegar a nuestros bolsillos. Hablamos de Mr Wonderful. Seis años después de su nacimiento, utilizando un humor blanquísimo, la marca catalana ha logrado ser la punta de lanza en el mercado de lo cuqui —según El Confidencial factura más de 30 millones al año—. Su éxito radica en crearnos la necesidad de beber café en tazas pizpiretas y organizarnos las tareas en cuadernos motivacionales. Nos dicen que somos la caña y que podemos con todo, y lo hacen de tal manera que no podemos más que sonreír.

Hasta que el imperio de la sonrisa se desmorona. Puede suceder en cualquier momento. La empresa necesita recortar personal y tú estás demasiado cerca de la puerta. Intentas sobrellevarlo, haces memoria y rescatas las metodologías de tus libros. Recuerdas que la felicidad consiste en autoconocerse y autocontrolarse, pero no puedes. Entonces buscas la empatía de alguien cercano, una palabra de alivio, algo a lo que aferrarte. Y todos te dicen lo mismo: «Sonríe». Suena tan vacío que te provoca vértigo. «Sonríe». Te lo dicen las tazas y las camisetas. «Sonríe, sé feliz». En los centros comerciales, en los anuncios de la tele; está por todas partes. «¡Te he dicho que sonrías!».

Los expertos lo llaman la industria de la felicidad. Consiste en rentabilizar el máximo anhelo de todo ser humano. «Esta industria es muy poderosa, es global, y genera descomunales beneficios. En términos económicos, a toda librería le interesa promocionar y dar prioridad a los libros de autoayuda, y a todo autor le interesa escribir un libro de este género.

El público potencial es, de hecho, todo el mundo», reflexiona Cabanas, que también analiza el caso de Mr. Wonderful: «Su vinculación con la autoayuda no podría ser más clara. ¿Para qué leer un libro si el mensaje es igual de potente con una simple frase en una taza de café? Esto refleja muy bien lo que decía antes: estamos tan familiarizados con este tipo de narrativas del yo y nos sentimos tan reflejados en ellas que nos vale una simple frase para confortarnos o animarnos».

Obviamente, no hay nada de malo en que una marca alcance el éxito comercial. De hecho resulta inspirador. Tampoco en que un autor superventas nos proporcione cierta sensación de seguridad, consuelo o reafirmación. A casi todos nos ha venido bien alguna vez. El problema es que la industria de la felicidad no contempla su reverso. No tiene un plan B. El pensamiento positivo se ha convertido en un imperativo. Encierra un gran desequilibrio que impide que avancemos hacia esa felicidad que propugna, porque como quedó demostrado en Del revés —y Pixar es irrefutable—, la tristeza también sirve para impulsarnos.

Así pues juguemos en una escala de grises. ¿Hoy es un buen día para sonreír? Y tanto. ¿Hay algo imposible? Muchas cosas: encenderse un cigarro con fuego valyrio, tener la química de Ryan Gosling y Emma Stone en  La La Land o encontrarle el puntito a Donald Trump.

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Opiniones 32
  • Muy fan. Tuve esta conversación el otro día. Mr. Wonderful está haciendo mucho daño. Genial el artículo y totalmente de acuerdo. A veces dan ganas de parar a alguien y decirle: «tienes derecho a estar triste».

  • Dejo de lado Mr. Wonderful, poque ni fu ni fa. Ni quiero una de sus tazas ni me dejan de parecer inecesariamente cínicos aquellos que las odian con toda su alma. Habrá quien se gaste los 15 euros en una camiseta y habrá quien se lo gaste en una taza. Sigue siendo consumismo. Respeto la elección de cada uno.

    Pero en lo referente a la psicología positiva o a los libros de autoayuda, ya no estoy nada de acuerdo con el artículo. No soy un gran fan de los libros de autoayuda, cierto. Algunos són más simplistas que otros, cierto (al fin y al cabo, a cada quien le entra mejor un tipo de lenguaje y profundidad). Pero decir que estos libros de limitan a decirte «sonríe» es falso. ¿Has leído a Pablo Cohelo (no sus memes y lo que se dice de él en Internet, sinó alguno de sus libros enteros)? Parecerá que lo defiendo, aunque no es para nada el tipo de libros que a mi me gustan. Pero sus libros (al menos los dos que he leído) defienden por ejemplo la importancia de aceptar las emociones, incluso la tristeza. Sí, igual que Pixar en Del Revés.

    En fin, considero que a ciertas personas les puede hacer bien en algun momento de la vida leer ciertas cosas. Algunos libros de autoayuda realmente pueden ayudar a ciertas personas a trabajarse emocionalmente. Y creo que hay que respetarlo.

  • Me parece que igualas la psicología positiva con otras corrientes que no tienen nada que ver y que no se basan en controlar las emociones negativas, y solo dar lugar a las positivas ya soluciones inmediatas, por ejemplo mindfullness. Deberías informarte mejor y no hacer comparaciones a la ligera. Saludos

  • Me ha gustado mucho el artículo, no es un ataque frontal ni una apología de la industria de la felicidad. La verdad es que el rollo Mr.Wonderful (y su legión de imitadores) ya cansa un poco, y hasta le ha salido su empresa del reverso tenebroso: Mr.Poterful, con un sentido del humor diabólico y, a ratos, desternillante.

  • Bien dicho!! Cuanto más felices intentamos estar, más tristes en el fondo nos sentimos. No hay atajos para la felicidad y sin duda, no la encontraremos dentro de nosotros mismos.

  • Este artículo consigue expresar lo que muchos pensamos de forma de forma graciosa. Estoy totalmente de acuerdo con el artículo anterior de Hache: Existe el derecho a estar triste y a decidir que no puedes con algo. Un saludo y mi enhorabuena por el post

  • Pienso que la clave está en aceptar los dramas de la vida ,que los hay, no lo olvidemos. Si ser felices se convierte en un imperativo constante nos sentiremos doblemente frustrados por no serlo. La postura del ‘todo bien siempre’ puede ser agotadora. No obstante, en mi opinión, esta moda de la felicidad nace de una idea que para mí es totalmente cierta y aplicable y es que una actitud forja un destino. Un mismo hecho como quedarse sin trabajo, ser engañado por tu pareja o tener una enfermedad puede ser afrontado de formas muy diferentes dependiendo de la actitud de la persona. Pienso que cada uno construye su propia realidad en función de la capacidad para amortiguar los golpes y para reponerse. No estamos obligados a ser felices todo el tiempo, pero pienso que es un acierto darle todas las oportunidades que podamos a las sonrisas y al amor.

  • Gracias por el artículo. Como psicólogo no puedo estar más de acuerdo en el daño que hacen todas estas modas y pseudofilosofías que casi parecen culpabilizar a todo aquel que se siente mal, triste, o pasa por una época difícil. Máxime en estos tiempos turbulentos e inciertos (el octavo año de «la crisis»).

    La alegría y la tristeza, o el enfado, etc, forman parte de la vida, y no hay manera de «eliminarlos» sin amputar en el proceso una parte de nosotros mismos.

    Antes era la llamada new age, pero desde que la psicología positiva cuenta además con el beneplácito académico-científico, parece que los demás psicólogos fuéramos unos desfasados! Por supuesto que conocerse a uno mismo, y aprender a gestionar nuestras emociones es muy importante, y ojalá se incorporara dentro de los objetivos de la educación en general, pero desgraciadamente no se consigue ni leyendo un libro, ni tomando un café en una taza bonita. Para conocerse, en la vida, hay que sufrir. No hay que ser masoca, pero no hay manera de saltarse esa parte.

    Saludos.

    Iñaki López
    Psicologo en Madrid

    • Completamente de acuerdo contigo. Parece que si te sientes mal ya eres un estigmatizado. Y si, se aprende con el sufrimiento, la muerte de un ser querido, por ejemplo, no se encaja con una sonrisa de felicidad y un «yupi-yuju». Duele y se sufre y se supera cada uno como puede. Gracias por no hacerme sentir un bicho raro por sentir ràbia, enfadò, tristeza, alegria..

  • La psicología positiva no tiene nada que ver con lo que este señor afirma. Resulta sorprendente cómo tanta gente que ataca a la psicología positiva no ha leído un solo libro ni artículo académico al respecto.
    No es auto ayuda, no es individualismo. Por favor, antes de emitir una opinión, lea, es un acto básico de responsabilidad.

  • Me encanta el artículo. Sólo decir que la persona SÍ es responsable de controlar sus emociones, independientemente de que estas estén motivadas tanto por causas externas como del individuo. Creo que es una cuestión importante, ya que si atribuimos la responsabilidad de nuestras emociones únicamente a lo social, posteriormente la persona se queda sin medios para gestionar sus emociones (si la atribución es externa… será inmodificable). Por suerte, no es así. Repito, me gusta mucho el artículo.

  • Excelente artículo. Es cierto, hemos pasado de que la felicidad estaba en ganarse el cielo amando al prójimo a amarnos primero y ante todo a nosotros mismos. Es una gran paradoja, cuanto más conectados más soledad e individualismo…y en definitiva, más infelicidad.

  • Que bien si dedicásemos más esfuerzos de investigación en algo que parece tan importante. Una definición un poco más concreta, una educación que nos pudiera acercar un poquito. Al menos la preocupación por la felicidad va ganado peso, lo primero para descubrir algo es preguntarse por ello.
    Os recomiendo que busquéis a un científico francés que lleva tiempo participando en experimentos donde se mide ciertas capacidades que parece que nos hacen más felices. A él lo apodaron «el hombre mas feliz del mundo» así que al menos habla desde la experiencia. Se llama Matthieu Ricard y no hace negocio con el tema.

  • Muy bueno. Hace unos años publiqué en un blog un artículo titulado «la dictadura de la felicidad», pero no supe darle el matiz irónico y de «ay, por favor, no digas eso, tú sé feliz y punto» que tú le has dado.
    Hay muchos artículos por internet que se titulan igual y otros que no pero que tratan el mismo tema. De todos los que he leído (soy un obseso de las versiones) el tuyo es quizá el que va más directo, el que «mete el dedo en la llaga» hasta que esta revienta.

  • Me ha encantado, pero no estoy de acuerdo en que Mindfulness promueva le negación de la realidad. Es todo lo contrario. Plena atención en lo que sucede aquí y ahora, sea lo que sea que estoy sintiendo, viviendo, sin juzgar, o comparar….con un ideal.

  • Completamente de acuerdo con Hache. Nos están vendiendo y haciendo creer que todo es maravilloso y que ante la adversidad la sonrisa, los buenos gestos…., perdoooon, somos humanos, con alegria y tristeza, con buenos y malos sentimentos y te encuentras en situaciones en las que los gestos, las palabras hacen daño, mucho daño y hay que aprender a gestionarlo.

  • Un artículo que demuestra desconocimiento del alcance de la psicología positiva y de encasillarla, de hacer mezclas con fuentes de conocimientos muy distantes entre sí. Pero bueno es solo una página con una opinión.

  • Todos sabemos que esta sociedad no ve con buenos ojos la tristeza, la pena, el llanto o el dolor. Vivimos anestesiados, escondiendo nuestras emociones y muchas veces cuando trabajamos en terapia, tenemos que intentar que el paciente triste o deprimido sea capaz de exteriorizar y mirar de frente a su tristeza o a su depresión. La tristeza no vende, pero la pena y el dolor forman parte de la vida y no podemos hacer cómo si no existiera. «Llevo años con mi tristeza encerrada en una jaula» me decía un paciente hace poco. Me gustó su expresión porque refleja muy bien el estado emocional de muchas personas.
    Un saludo

  • Gracias por plasmar esta reflexión que muchos de los que estamos codo a codo con el sufrir de las personas hacemos nuestras tus palabras. Me tomo la libertad de plasmar tu texto en mi web y compartir así este senti. Encantada de leerte.

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