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8 de julio 2015    /   BUSINESS
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Los soportes publicitarios se transforman en bibliotecas libres

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En los años 70 unos marcianitos pixelados llegaron a la Tierra. Los Space Invaders intentaban conquistar el planeta pero, en aquella ocasión, por mucho terreno que ganaran nunca podrían salir de las pantallas de los videojuegos. Décadas después Truth behind 404 denuncia otra ocupación. Los soportes publicitarios han irrumpido en las calles y las plazas del planeta como pequeñas trampas visuales de las que los ciudadanos no pueden escapar.
La invasión empezó hace tiempo, pero la llegada del zapping, en la década de los 90, avivó la presencia de estos extraños en las calles. Los anunciantes se dieron cuenta de que el mando a distancia retiraba su publicidad de los ojos de los telespectadores en milésimas de segundo. Bastaba con pulsar un botón. En cambio, en la calle, decía el sociólogo Fermín Bouza, nadie se salva de ver los mensajes que muestran esos chirimbolos.
En Madrid hay hoy 1992 mupis (mueble urbano para la presentación de información). El Ayuntamiento cede la gestión de la publicidad a la empresa JC Decaux, pero, según el grupo municipal de UPyD, el anterior equipo de gobierno comercializó este mobiliario a precio de ganga en comparación con el valor que le dan otras ciudades como Barcelona.
Truth behind 404 cree que el suelo de Madrid ha dejado de ser un espacio público para convertirse en un espacio para el mercado. Pero ocurre algo aún peor. La idea de vender las plazas y las avenidas parece la única política urbana posible. «Las ciudades están orientadas a ciudadanos consumidores. Nos hemos olvidado de que es un lugar de encuentro», indica César Pérez, fundador de este colectivo. «Nosotros pensamos que es mejor crear un espacio público socializador que un espacio público rentable. Nuestro objetivo es hacer una defensa de los comunes urbanos».
Para hacer esa llamada de atención Truth behind 404 ha creado un videojuego en el que los Space Invaders que inventó el japonés Tomohiro Nishikado en 1978 han mutado y se han convertido en soportes publicitarios callejeros que intentan dominar la ciudad. El colectivo, además, ha hecho su propia invasión para reconquistar Madrid. O, al menos, una calle de esta ciudad: Doctor Esquerdo.

En 20 mupis de esa vía han colocado unas tarjetas con un código QR que lleva a la descarga del videojuego y una memoria USB que contiene libros, fotos y otros contenidos culturales para que cualquier persona que pase por ahí pueda copiarlos. «Los colocamos con unas abrazaderas para no dañar el puesto», indica Pérez. «La intención es dar otro uso a ese mobiliario. No pretendemos estropearlo».
En la calle Doctor Esquerdo hay 20 mupis que, a primera vista, parecen tener una única función: mostrar anuncios. Sin embargo, una mirada pausada descubre que ese poste es también una especie de biblioteca silenciosa disponible para cualquier persona que pase por ahí. «Hemos creado una red P2P (red entre iguales para intercambio de archivos) en esa calle de Madrid», continúa. «Nosotros cargamos los USB con contenido cultural y hemos descubierto que algunas personas también han introducido otros archivos».
Truth behind 404 se inspiró en un proyecto de Aram Bartholl para dejar las tarjetas de memoria en la calle. En 2010, este artista alemán empezó a incrustar memorias USB en muros y mobiliario urbano de Nueva York. Quería llevar la cultura digital de intercambio de archivos al mundo físico y transformar la ciudad en un lugar para compartir cultura en vez de una vía exclusivamente de paso.
«Con nuestro proyecto ‘Public Space Invaders’ intentamos convertir estos chismes en elementos para jugar, participar e interactuar. El juego es el valor absoluto y es una forma de combatir la ocupación del espacio público por los intereses comerciales», explica el fundador de este colectivo. «Queremos fomentar otras dinámicas en los comunes urbanos y que los ciudadanos caminemos por la calle con una actitud más crítica. La estructura de una ciudad es el interfaz que determina cómo pueden actuar y relacionarse los individuos entre sí. Nuestras ciudades no pueden ser solo un lugar para consumir».
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En los años 70 unos marcianitos pixelados llegaron a la Tierra. Los Space Invaders intentaban conquistar el planeta pero, en aquella ocasión, por mucho terreno que ganaran nunca podrían salir de las pantallas de los videojuegos. Décadas después Truth behind 404 denuncia otra ocupación. Los soportes publicitarios han irrumpido en las calles y las plazas del planeta como pequeñas trampas visuales de las que los ciudadanos no pueden escapar.
La invasión empezó hace tiempo, pero la llegada del zapping, en la década de los 90, avivó la presencia de estos extraños en las calles. Los anunciantes se dieron cuenta de que el mando a distancia retiraba su publicidad de los ojos de los telespectadores en milésimas de segundo. Bastaba con pulsar un botón. En cambio, en la calle, decía el sociólogo Fermín Bouza, nadie se salva de ver los mensajes que muestran esos chirimbolos.
En Madrid hay hoy 1992 mupis (mueble urbano para la presentación de información). El Ayuntamiento cede la gestión de la publicidad a la empresa JC Decaux, pero, según el grupo municipal de UPyD, el anterior equipo de gobierno comercializó este mobiliario a precio de ganga en comparación con el valor que le dan otras ciudades como Barcelona.
Truth behind 404 cree que el suelo de Madrid ha dejado de ser un espacio público para convertirse en un espacio para el mercado. Pero ocurre algo aún peor. La idea de vender las plazas y las avenidas parece la única política urbana posible. «Las ciudades están orientadas a ciudadanos consumidores. Nos hemos olvidado de que es un lugar de encuentro», indica César Pérez, fundador de este colectivo. «Nosotros pensamos que es mejor crear un espacio público socializador que un espacio público rentable. Nuestro objetivo es hacer una defensa de los comunes urbanos».
Para hacer esa llamada de atención Truth behind 404 ha creado un videojuego en el que los Space Invaders que inventó el japonés Tomohiro Nishikado en 1978 han mutado y se han convertido en soportes publicitarios callejeros que intentan dominar la ciudad. El colectivo, además, ha hecho su propia invasión para reconquistar Madrid. O, al menos, una calle de esta ciudad: Doctor Esquerdo.

En 20 mupis de esa vía han colocado unas tarjetas con un código QR que lleva a la descarga del videojuego y una memoria USB que contiene libros, fotos y otros contenidos culturales para que cualquier persona que pase por ahí pueda copiarlos. «Los colocamos con unas abrazaderas para no dañar el puesto», indica Pérez. «La intención es dar otro uso a ese mobiliario. No pretendemos estropearlo».
En la calle Doctor Esquerdo hay 20 mupis que, a primera vista, parecen tener una única función: mostrar anuncios. Sin embargo, una mirada pausada descubre que ese poste es también una especie de biblioteca silenciosa disponible para cualquier persona que pase por ahí. «Hemos creado una red P2P (red entre iguales para intercambio de archivos) en esa calle de Madrid», continúa. «Nosotros cargamos los USB con contenido cultural y hemos descubierto que algunas personas también han introducido otros archivos».
Truth behind 404 se inspiró en un proyecto de Aram Bartholl para dejar las tarjetas de memoria en la calle. En 2010, este artista alemán empezó a incrustar memorias USB en muros y mobiliario urbano de Nueva York. Quería llevar la cultura digital de intercambio de archivos al mundo físico y transformar la ciudad en un lugar para compartir cultura en vez de una vía exclusivamente de paso.
«Con nuestro proyecto ‘Public Space Invaders’ intentamos convertir estos chismes en elementos para jugar, participar e interactuar. El juego es el valor absoluto y es una forma de combatir la ocupación del espacio público por los intereses comerciales», explica el fundador de este colectivo. «Queremos fomentar otras dinámicas en los comunes urbanos y que los ciudadanos caminemos por la calle con una actitud más crítica. La estructura de una ciudad es el interfaz que determina cómo pueden actuar y relacionarse los individuos entre sí. Nuestras ciudades no pueden ser solo un lugar para consumir».
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