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26 de septiembre 2017    /   IDEAS
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¿Tiene los días contados el punto y coma?

26 de septiembre 2017    /   IDEAS     por          Notegraphy
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«Stendhal es prodigioso:
es capaz de resumir una noche de amor en un punto y coma»
Giuseppe Tomasi di Lampedusa

El punto y coma se agarra como puede al papel. Piensa que en los libros y en algunos documentos aún puede sobrevivir un tiempo porque en los dispositivos móviles no ve porvenir: ahí nunca lo han querido. Es muy raro verlo en un mensaje de WhatsApp, un tuit o un post en Facebook.

Parece que los que escriben desde un teclado no necesitan el punto y coma. Retarda; enturbia. Y, en cambio, con los signos de exclamación, los interrogativos y los puntos suspensivos están desatados. Hay preguntas que llevan una corte de cinco, siete, diez interrogaciones detrás (tantas que casi daña a la vista) y ninguna al principio, anunciando su llegada, abriéndole el paso. Son dudas vociferadas, alarmantes; llamadas de atención a gritos en una época que, como dice José Luis Cuerda, «somos pasto del berrido».

Las pausas del punto y coma parecen poner nerviosos a los que escriben y leen en dispositivos digitales. Lo ven como un semáforo en ámbar en tiempos en que los coches ya ni necesitan conductor. En el mundo de lo inmediato no hay pausas, ni principio ni fin, ni hola ni adiós.

Las conversaciones digitales permanecen en suspenso; latentes en los canales de chat. Puede que esto sea lo que provocó que, en estos aparatos, muchas frases acaben en puntos suspensivos en vez de en punto y seguido o en punto final. En los formatos electrónicos de hoy, a menudo, los saludos y las despedidas se hacen pastosos, innecesarios; como la paja que estorba para hallar el grano.

punto y coma

Piensa Ícaro Moyano que «el proceso físico, mecánico, de la escritura influye en su calidad porque le quita pausa y le mete urgencia. Por eso escribimos mejor a mano (mejor: más pausado, con más reflexión) que a máquina y mucho peor en el móvil; lo que cuesta esfuerzo sale mejor que lo que hacemos rápido».

Dice este experto en lenguaje y comunicación en dispositivos digitales que «en la prisa, en pasar de usar todos los dedos a solo dos (¡dos pulgares, además!), hemos ganado tiempo pero hemos perdido muchas cosas: nos hemos dejado los signos de apertura de interrogación y exclamación, se nos han caído las tildes y, también, el punto y coma».

Ni siquiera está muy a mano en los teclados del móvil. A menudo hay que buscar el punto y coma en un menú secundario; a veces, solo se alcanza pulsando una tecla situada a la izquierda y eso lo hace más costoso porque estos aparatos están pensados para mayorías diestras.

No parece que el punto y coma tenga un futuro fácil. Los niños lo siguen estudiando en el colegio pero, después, más que llevarlo a los textos, lo usan para dibujar el ojo guiñado de un emoticono. Quizá no lo necesiten; pueden decir lo que quieren sin recurrir a él. En su caja de herramientas lingüísticas es más útil un emoji con su significado evidente que el matiz de la pausa y el aliento que aporta un punto y coma.

Aunque puede que los niños y adolescentes entendieran mejor este signo si alguien se lo presentara como hace el domador de palabras Álex Herrero: «Todos tenemos dos amigos que sabemos que son algo más que amigos, pero no terminan de pasar a la siguiente etapa: el noviazgo. Lo que conocemos coloquialmente como amigovios. ¿Y qué tiene que ver esto con el punto y coma? Pues que el pobre signo agrupa dos oraciones que guardan una relación de significado como si fueran novios, pero tienen sus propios sujetos, verbos… como si solo fueran amigos. Por eso, en ocasiones, se pueden interpretar como construcciones distintas y utilizar otro signo ortográfico más conocido: el punto y seguido».

punto y coma

Paz Battaner, la doctora en Filología Románica que ocupa la silla s de la RAE, describe el punto y coma de un modo casi poético: «un pequeño instrumento de precisión que sirve para ordenar el discurso escrito con más finura que la vulgar coma o que el tajante punto». Por eso este signo nunca lleva a grandes equívocos ni da para hacer esos chistes que surgen al birlar la coma a una frase, como, por ejemplo, este:

—Cualquiera puede cometer un error, estúpido.
—Perdone, ¿cómo dijo?
—Que cualquiera puede cometer un error estúpido.

Donde resulta fundamental es en listas e inventarios porque, según Battaner, el punto y coma pone cada cosa en su sitio: «conjunta todos los elementos, aísla a cada uno y ordena la enumeración». Es como abrir un armario y encontrar la ropa, ordenada, en las perchas y los cajones. En cambio, allá donde las comas y los punto y coma no estén bien colocados costará sudores encontrar un calcetín y no sería extraño acabar poniéndose uno negro y otro azul (con agujero).

Decía Adorno que era en los signos de puntuación donde mejor sonaba la música del lenguaje. Los signos de exclamación resultaban silenciosos golpes de platillos; las interrogaciones parecían mover un frasco hacia arriba o hacia abajo. Pero el punto y coma era apenas para los oídos más finos: «solo percibirá la diferencia entre la coma y el punto y coma aquel que conozca el diverso peso del fraseo fuerte y el fraseo débil en la forma musical».

El filósofo veía en la exclamación un dedo índice erguido en actitud amenazante. La interrogación le parecía una caída de párpados; y el punto y coma, unos bigotes colgantes. Ramón Gómez de la Serna decía que los religiosos entendían la muerte como un punto y coma; para los ateos, morir era un punto final.

punto y coma

¿Estará entonces el punto y coma a las puertas de un punto y coma o de un punto final? El signo que expandió una nueva tecnología en la Edad Media, la imprenta, podría acabar borrado por la técnica digital. Quizá por eso se aferre al papel con toda su tinta el signo que entró en España, en 1606, con el nombre de colon imperfecto.

Si desaparece este signo, piensa Ícaro Moyano, «podemos pensar que, en el fondo, lo que hemos perdido es mucho más y nos estamos dejando los matices, el tono. Cuando me dicen que no hay tono en la expresión escrita siempre me sale el impulso esnob de pensar que no saben escribir; que no saben meterle ritmo, volumen o intención a lo que teclean».

Hace tiempo que Moyano dedica ratos a pensar «si quienes nos han de sobrevivir son más capaces de expresar sus sentimientos con emojis que con palabras; si quizá son más certeros los emojis que las palabras para aquellos que, en el fondo, no saben escribir en mi idioma y usan otro». Y si lo que a él le cuesta un párrafo, dice, a sus herederos les costará una berenjena morada o una mierda con gafas.

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«Stendhal es prodigioso:
es capaz de resumir una noche de amor en un punto y coma»
Giuseppe Tomasi di Lampedusa

El punto y coma se agarra como puede al papel. Piensa que en los libros y en algunos documentos aún puede sobrevivir un tiempo porque en los dispositivos móviles no ve porvenir: ahí nunca lo han querido. Es muy raro verlo en un mensaje de WhatsApp, un tuit o un post en Facebook.

Parece que los que escriben desde un teclado no necesitan el punto y coma. Retarda; enturbia. Y, en cambio, con los signos de exclamación, los interrogativos y los puntos suspensivos están desatados. Hay preguntas que llevan una corte de cinco, siete, diez interrogaciones detrás (tantas que casi daña a la vista) y ninguna al principio, anunciando su llegada, abriéndole el paso. Son dudas vociferadas, alarmantes; llamadas de atención a gritos en una época que, como dice José Luis Cuerda, «somos pasto del berrido».

Las pausas del punto y coma parecen poner nerviosos a los que escriben y leen en dispositivos digitales. Lo ven como un semáforo en ámbar en tiempos en que los coches ya ni necesitan conductor. En el mundo de lo inmediato no hay pausas, ni principio ni fin, ni hola ni adiós.

Las conversaciones digitales permanecen en suspenso; latentes en los canales de chat. Puede que esto sea lo que provocó que, en estos aparatos, muchas frases acaben en puntos suspensivos en vez de en punto y seguido o en punto final. En los formatos electrónicos de hoy, a menudo, los saludos y las despedidas se hacen pastosos, innecesarios; como la paja que estorba para hallar el grano.

punto y coma

Piensa Ícaro Moyano que «el proceso físico, mecánico, de la escritura influye en su calidad porque le quita pausa y le mete urgencia. Por eso escribimos mejor a mano (mejor: más pausado, con más reflexión) que a máquina y mucho peor en el móvil; lo que cuesta esfuerzo sale mejor que lo que hacemos rápido».

Dice este experto en lenguaje y comunicación en dispositivos digitales que «en la prisa, en pasar de usar todos los dedos a solo dos (¡dos pulgares, además!), hemos ganado tiempo pero hemos perdido muchas cosas: nos hemos dejado los signos de apertura de interrogación y exclamación, se nos han caído las tildes y, también, el punto y coma».

Ni siquiera está muy a mano en los teclados del móvil. A menudo hay que buscar el punto y coma en un menú secundario; a veces, solo se alcanza pulsando una tecla situada a la izquierda y eso lo hace más costoso porque estos aparatos están pensados para mayorías diestras.

No parece que el punto y coma tenga un futuro fácil. Los niños lo siguen estudiando en el colegio pero, después, más que llevarlo a los textos, lo usan para dibujar el ojo guiñado de un emoticono. Quizá no lo necesiten; pueden decir lo que quieren sin recurrir a él. En su caja de herramientas lingüísticas es más útil un emoji con su significado evidente que el matiz de la pausa y el aliento que aporta un punto y coma.

Aunque puede que los niños y adolescentes entendieran mejor este signo si alguien se lo presentara como hace el domador de palabras Álex Herrero: «Todos tenemos dos amigos que sabemos que son algo más que amigos, pero no terminan de pasar a la siguiente etapa: el noviazgo. Lo que conocemos coloquialmente como amigovios. ¿Y qué tiene que ver esto con el punto y coma? Pues que el pobre signo agrupa dos oraciones que guardan una relación de significado como si fueran novios, pero tienen sus propios sujetos, verbos… como si solo fueran amigos. Por eso, en ocasiones, se pueden interpretar como construcciones distintas y utilizar otro signo ortográfico más conocido: el punto y seguido».

punto y coma

Paz Battaner, la doctora en Filología Románica que ocupa la silla s de la RAE, describe el punto y coma de un modo casi poético: «un pequeño instrumento de precisión que sirve para ordenar el discurso escrito con más finura que la vulgar coma o que el tajante punto». Por eso este signo nunca lleva a grandes equívocos ni da para hacer esos chistes que surgen al birlar la coma a una frase, como, por ejemplo, este:

—Cualquiera puede cometer un error, estúpido.
—Perdone, ¿cómo dijo?
—Que cualquiera puede cometer un error estúpido.

Donde resulta fundamental es en listas e inventarios porque, según Battaner, el punto y coma pone cada cosa en su sitio: «conjunta todos los elementos, aísla a cada uno y ordena la enumeración». Es como abrir un armario y encontrar la ropa, ordenada, en las perchas y los cajones. En cambio, allá donde las comas y los punto y coma no estén bien colocados costará sudores encontrar un calcetín y no sería extraño acabar poniéndose uno negro y otro azul (con agujero).

Decía Adorno que era en los signos de puntuación donde mejor sonaba la música del lenguaje. Los signos de exclamación resultaban silenciosos golpes de platillos; las interrogaciones parecían mover un frasco hacia arriba o hacia abajo. Pero el punto y coma era apenas para los oídos más finos: «solo percibirá la diferencia entre la coma y el punto y coma aquel que conozca el diverso peso del fraseo fuerte y el fraseo débil en la forma musical».

El filósofo veía en la exclamación un dedo índice erguido en actitud amenazante. La interrogación le parecía una caída de párpados; y el punto y coma, unos bigotes colgantes. Ramón Gómez de la Serna decía que los religiosos entendían la muerte como un punto y coma; para los ateos, morir era un punto final.

punto y coma

¿Estará entonces el punto y coma a las puertas de un punto y coma o de un punto final? El signo que expandió una nueva tecnología en la Edad Media, la imprenta, podría acabar borrado por la técnica digital. Quizá por eso se aferre al papel con toda su tinta el signo que entró en España, en 1606, con el nombre de colon imperfecto.

Si desaparece este signo, piensa Ícaro Moyano, «podemos pensar que, en el fondo, lo que hemos perdido es mucho más y nos estamos dejando los matices, el tono. Cuando me dicen que no hay tono en la expresión escrita siempre me sale el impulso esnob de pensar que no saben escribir; que no saben meterle ritmo, volumen o intención a lo que teclean».

Hace tiempo que Moyano dedica ratos a pensar «si quienes nos han de sobrevivir son más capaces de expresar sus sentimientos con emojis que con palabras; si quizá son más certeros los emojis que las palabras para aquellos que, en el fondo, no saben escribir en mi idioma y usan otro». Y si lo que a él le cuesta un párrafo, dice, a sus herederos les costará una berenjena morada o una mierda con gafas.

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Opiniones 15
  • Artículos como este le empañan a uno de cariño, comprensión y nostalgia por el problemático punto y coma. El diagnóstico sobre su nulo uso sobre pantallas táctiles me parece acertado. Ello condiciona su futuro y mucho, y creo estamos cerca de que sólo algunas élites de ciertas generaciones podamos saborearlo y degustarlo en obras del pasado como ya es esta. Bien es cierto que la IA y los robots aún no han escrito su última frase con el incomprendido ;

  • Pues leyendo el artículo lo único que veo es que has puesto ; donde puede ir perfectamente una coma o un punto. No creo que le hagas un favor al ; usándolo de una manera tan supérflua.

  • SOY UNA PERSONA ENFERMA DE UN MAL MUY CRUEL Y DECIDÍ DEDDE UN PRINCIPIO PLUCHAR POR ESA ENFERMEDAD Y MIRE CUANDO ME OCURRIO ESTO TENIA 50 AÑOS ACTUALMENTE TENGO 66 AÑOS ME HAN OPERADO EN 32 OPERACIONES Y HASTA AHORA SOY FELIZ PORQUE TENGO VIDA UNA PALABRA DE 4 LETRAS QUENO HSY DINERO PARA PODERLA COMPRAR SINO CENTRARTE RN QUE TIENES ESE MAL Y YO MISMO ME DIJE ESTO ES PARA MI Y LO IMPORTANTE RS LUCHAR PARA TENER VIDA HASTA AHORA LO ESTOY HACIENDO PASANDO POR MOMENTOS MUY DIFICILES PERO LO TENIA MUY CLARO FRANCISCO HAY QUE LUCHAR Y MAS AL TENER ESTA ENFERMEDAD TODAVIA TENIA MAS TIEMPO PARA LUCHAR AUNQUE HAN HABIDO MOMENTOS MUY DIFICILES PERO PENSABA QUE SI ME HUNDIA ERA LO PEOR PUES ESTOY DENTRO DE LO QUE CABE CON MUCHAS GANAS DE VIVIR Y HASTA HOY ME SIENTO ORGULLOSO POR LLEGAR AHORA TENER VIDA CON MOMENTOS MALOS, BUENOS Y REGULARES PERO SEGUIRÉ MIENTRAS TENGA ESAS GANAS DE LUCHAR POR ESA ENFERMEDAD.TERMINO DICIENDO SONRIO PUES TENGO V I D A….

  • La técnica digital está desarrollada a base de ;, cada línea de código termina con ;, con que sólo uno de ellos faltara no funcionaría Android ni Twitter ni Facebook ni WhatsApp…

  • Me conmovió.

    Me considero de los pocos que siguen teniendo presente este signo en el ritmo del discurso; pero, soy de los que también han caído en las garras de la palabrería inmediata sacrificando las cualidades del lenguaje. ;( .

    Ahora sentiré más remordimiento cada que escriba omitiendo tildes, apertura de signos y, por supuesto, pausas: eso es muy bueno.

  • Suprimir el punto y coma, me parece una genialidad como ir a un restaurante y comer de pie; o querer independizarse Cataluña.
    Cedemos ante la tiranía de los que nos van a suceder tras aceptar que en sus mensajes sustituyan la «K» por el «que» por comodidad y tolerancia.
    Puso el escritor gallego Curros Enríquez en boca de Dios, estas palabras: «Si este e, o Mundo que eu fixen, co Demo me leve». Traducido: «Si este es el Mundo que yo hice, que el Demonio me lleve»

  • Agradezco haber leído un texto en el que se usa correctamente el punto y coma. Porque no es que no se use, es que el pobre, como ya casi nadie se acuerda de él, cuando lo hacen, lo colocan en el lugar que no le corresponde. Además de cornudo, apaleado.

  • Este texto me dejó pensando… sobre todo cuando dice que «estos aparatos están pensados para mayorías diestras». Lo cierto es que todo en este mundo está pensado para los diestros. A los demás nos dejan de lado, y aunque a veces suena a chiste y torpeza, lo cierto es que no es fácil vivir haciendo todo con la otra mano.

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