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20 de febrero 2015    /   CREATIVIDAD
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El barrio inteligente que reniega de los pelotazos

20 de febrero 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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Lo llaman low profit y es el maná de la nueva economía emergente, que prefiere crecer menos, pero a un coste humano y ecológico más sostenible. Todavía es una nueva tendencia en Italia, ya que la idea nació y prosperó en la Gran Bretaña de Margaret Thatcher, por improbable que parezca. «En la nueva economía hay quien funda una empresa o crea una aplicación tecnológica para móviles con el único objetivo de dar el pelotazo en pocos años. Paralelamente, existe una nueva generación de empresarios que trabajan con la innovación, pero la vinculan a los servicios sociales y al impacto sobre el territorio. Ellos creen que fundar una empresa no significa conseguir el máximo lucro, sino mantenerse dentro de un margen de rentabilidad y, al mismo tiempo, hacer algo que permanezca en el territorio y sea sostenible a medio y largo plazo», explica desde Milán Sergio Galasso, consultor en proyectos sociales y estrategias de desarrollo social.
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Es el caso del Quartiere Intelligente (Q.I.) de Nápoles. Es un proyecto piloto de regeneración y reutilización de espacios urbanos según los principios de las llamadas ciudades inteligentes. Sus creadores lo definen como «un laboratorio experimental para la eco-sostenibilidad, que propone la realización de modelos de desarrollo urbanos basados en la interacción entre investigaciones de ámbito energético, sinergias territoriales, culturas autóctonas y la experimentación de nuevas tecnologías digitales».
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Desde su nacimiento, en 2013, su principal objetivo ha sido recuperar el barrio de Montesanto, un área urbana del centro de Nápoles que, por múltiples razones, ha quedado postrada en un estado de abandono desde hace décadas. «Es un nudo ferroviario de importancia estratégica para la ciudad. Por aquí pasan a diario unas 50.000 personas», explica Cristina Di Stasio, coordinadora del proyecto. Son estudiantes y trabajadores que llegan en metro, bus, funicular o en el tren de cercanías a una zona en la que se concentran varias universidades, museos, el conservatorio y el Teatro San Carlo, el más importante de la ciudad. «Paradójicamente, es el lugar mejor conectado de Nápoles, pero también es uno de los más inhóspitos», afirma Cristina.
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El Barrio Inteligente pretende operar principalmente sobre la escalera monumental Filangieri, una larga escalinata que une el centro histórico de Nápoles, tradicionalmente más humilde, con la parte alta de la ciudad, donde la burguesía napolitana estableció su residencia. «El proyecto nace de mi interés hacia los temas de reutilización y sostenibilidad, y de las ganas de recuperar estructuras arquitectónicas en un sentido ecosostenible. Siento una fascinación enorme por esta escalinata: es un lugar abandonado, un vacío urbano con un enorme potencial», explica Cristina. «Es una de las escaleras más hermosas de la ciudad. Fue construida a finales del siglo XIX para facilitar el acceso a un nuevo barrio, también llamado Filangieri, que sin embargo nunca llegó a existir. Su espectacular forma arquitectónica es ideal para acoger muestras y espectáculos teatrales. En el peculiar contexto histórico de Nápoles, puede tener una función mucho más amplia y no ser un simple atajo», agrega.
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Como muchos lugares de Nápoles, la escalera estaba llena de basura y se había convertido en el hogar de okupas, toxicómanos e indigentes. Lo primero que hizo el equipo fundador de Q.I. fue limpiarla. «Este tipo de acciones tiene mucho que ver con el concepto de bien común. En este caso, se trata de espacios abandonados durante décadas que van a ser recuperados para el uso y beneficio de la sociedad», explica Sergio Galasso. «El patrimonio cultural en Italia es vastísimo y el Estado ni siquiera consigue gestionar la parte más importante, como Pompeya, que se cae a cachos. En este sentido, la iniciativa privada es bienvenida», añade.
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Cristina invirtió su patrimonio personal en adquirir un edificio que ha rehabilitado y hoy funciona como cerebro y corazón del proyecto. La estructura está compuesta por una exfábrica, un edificio de tres plantas y un jardín: en total, cerca de 1.000 metros cuadrados. Desde allí se coordina el programa cultural y urbanístico del Quartiere Intelligente. Hasta la fecha, han sido organizados eventos como la Sera Bianca (Noche Blanca), un programa gastronómico que se realiza en la escalinata con música en vivo; Wine and the City, una jornada de degustación, yoga y proyecciones; Q.I. Vedo, un evento de artes visuales; o la proyección de películas de autor en la fachada de un edificio.

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En el jardín, antiguamente transformado en basurero y hoy reconvertido en huerta urbana, se ofrecen cursos de agricultura ecológica, alimentación y reciclaje, un tema este último muy sensible en Nápoles desde aquella crisis de la basura que dejó la ciudad doblegada durante meses. El programa Q.I. ECO – así se llama – pretende promover el conocimiento y la difusión de las culturas sostenibles.
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El proyecto se financia, entre otras formas, gracias a fondos europeos como URBACT,̀ un programa de promoción e intercambio en materia de desarrollo urbano sostenible. El equipo de Q.I. también fomenta la colaboración con el Ayuntamiento, que podría ceder un antiguo almacén para la manutención del funicular para las actividades organizadas por el centro. La idea es que en la escalera haya restaurantes y bares y que toda el área cobre vida. El fin último de Q.I. es mejorar el día a día de una de las ciudades más antiguas de Europa. Fundada hace 2.500 años, Nápoles padece problemas estructurales que se arrastran hace décadas y que la convierten en una urbe problemática.
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«El Q.I. es un ejemplo excelente para explicar qué es un negocio social. Había que recalificar un espacio en una zona degradada de Nápoles en la que no hay muchos servicios. Una parte es pública y otra privada. Una empresaria decide invertir su capital y compra inmuebles. Habría podido hacer una tienda o un centro comercial, pero decide crear un centro de experimentación de políticas ambientales y de sostenibilidad en ámbito urbano. Está claro que muchas de estas actividades no son lucrativas. Por eso, tiene que buscar el dinero en otro lugar, ya sean los fondos europeos o actividades paralelas como el bar o el curso de yoga», explica Sergio Galasso
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Para este consultor, los empresarios que invierten en negocios sociales son unos visionarios, porque arriesgan su patrimonio personal y su capital en una empresa que, en el mejor de los casos, ofrecerá un low profit. «Cualquier empresario aspira a recuperar su inversión con cierto margen de ganancia. Ahora, si la remuneración es baja, tiene que haber por lo menos un retorno en otro sentido. Puede ser el conseguir ocuparte de lo que te gusta y hacer una empresa con impacto sobre el territorio. En definitiva, es un nuevo modelo de negocio y no simplemente una empresa que ofrece un nuevo servicio. Es un aspecto más amplio de intervención que puede llegar a crear empleo y ofrecer aquellos servicios que el Estado no consigue administrar», analiza Galasso.
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Cristina cree que Q.I. es un experimento innovador que permite a profesionales de distintas áreas – arquitectura, urbanística, energía, sociología, arte, diseño, reciclaje y alimentación – cooperar en el mismo proyecto. «Q.I. quiere fomentar nuevas relaciones de carácter formativo y científico, hacer disponible un espacio común para que distintas intelectualidades puedan crear y colaborar, y facilitar el diálogo entre lo público y lo privado, la investigación y la acción», explica Cristina.
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Para el futuro, espera que Q.I. tenga un impacto sobre el territorio contribuyendo a desarrollar una cultura ecosostenible entre los habitantes del barrio. «Hemos hablado y trabajado con todo tipo de público: profesionales, obreros, inmigrantes, sin hogares y hasta los toxicómanos que solían parar en la escalar. Hoy incluso los okupas del edificio de al lado se preocupan con la limpieza y han respondido bien a nuestro intento de integrarlos en el proyecto», concluye.
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Lo llaman low profit y es el maná de la nueva economía emergente, que prefiere crecer menos, pero a un coste humano y ecológico más sostenible. Todavía es una nueva tendencia en Italia, ya que la idea nació y prosperó en la Gran Bretaña de Margaret Thatcher, por improbable que parezca. «En la nueva economía hay quien funda una empresa o crea una aplicación tecnológica para móviles con el único objetivo de dar el pelotazo en pocos años. Paralelamente, existe una nueva generación de empresarios que trabajan con la innovación, pero la vinculan a los servicios sociales y al impacto sobre el territorio. Ellos creen que fundar una empresa no significa conseguir el máximo lucro, sino mantenerse dentro de un margen de rentabilidad y, al mismo tiempo, hacer algo que permanezca en el territorio y sea sostenible a medio y largo plazo», explica desde Milán Sergio Galasso, consultor en proyectos sociales y estrategias de desarrollo social.
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Es el caso del Quartiere Intelligente (Q.I.) de Nápoles. Es un proyecto piloto de regeneración y reutilización de espacios urbanos según los principios de las llamadas ciudades inteligentes. Sus creadores lo definen como «un laboratorio experimental para la eco-sostenibilidad, que propone la realización de modelos de desarrollo urbanos basados en la interacción entre investigaciones de ámbito energético, sinergias territoriales, culturas autóctonas y la experimentación de nuevas tecnologías digitales».
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Desde su nacimiento, en 2013, su principal objetivo ha sido recuperar el barrio de Montesanto, un área urbana del centro de Nápoles que, por múltiples razones, ha quedado postrada en un estado de abandono desde hace décadas. «Es un nudo ferroviario de importancia estratégica para la ciudad. Por aquí pasan a diario unas 50.000 personas», explica Cristina Di Stasio, coordinadora del proyecto. Son estudiantes y trabajadores que llegan en metro, bus, funicular o en el tren de cercanías a una zona en la que se concentran varias universidades, museos, el conservatorio y el Teatro San Carlo, el más importante de la ciudad. «Paradójicamente, es el lugar mejor conectado de Nápoles, pero también es uno de los más inhóspitos», afirma Cristina.
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El Barrio Inteligente pretende operar principalmente sobre la escalera monumental Filangieri, una larga escalinata que une el centro histórico de Nápoles, tradicionalmente más humilde, con la parte alta de la ciudad, donde la burguesía napolitana estableció su residencia. «El proyecto nace de mi interés hacia los temas de reutilización y sostenibilidad, y de las ganas de recuperar estructuras arquitectónicas en un sentido ecosostenible. Siento una fascinación enorme por esta escalinata: es un lugar abandonado, un vacío urbano con un enorme potencial», explica Cristina. «Es una de las escaleras más hermosas de la ciudad. Fue construida a finales del siglo XIX para facilitar el acceso a un nuevo barrio, también llamado Filangieri, que sin embargo nunca llegó a existir. Su espectacular forma arquitectónica es ideal para acoger muestras y espectáculos teatrales. En el peculiar contexto histórico de Nápoles, puede tener una función mucho más amplia y no ser un simple atajo», agrega.
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Como muchos lugares de Nápoles, la escalera estaba llena de basura y se había convertido en el hogar de okupas, toxicómanos e indigentes. Lo primero que hizo el equipo fundador de Q.I. fue limpiarla. «Este tipo de acciones tiene mucho que ver con el concepto de bien común. En este caso, se trata de espacios abandonados durante décadas que van a ser recuperados para el uso y beneficio de la sociedad», explica Sergio Galasso. «El patrimonio cultural en Italia es vastísimo y el Estado ni siquiera consigue gestionar la parte más importante, como Pompeya, que se cae a cachos. En este sentido, la iniciativa privada es bienvenida», añade.
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Cristina invirtió su patrimonio personal en adquirir un edificio que ha rehabilitado y hoy funciona como cerebro y corazón del proyecto. La estructura está compuesta por una exfábrica, un edificio de tres plantas y un jardín: en total, cerca de 1.000 metros cuadrados. Desde allí se coordina el programa cultural y urbanístico del Quartiere Intelligente. Hasta la fecha, han sido organizados eventos como la Sera Bianca (Noche Blanca), un programa gastronómico que se realiza en la escalinata con música en vivo; Wine and the City, una jornada de degustación, yoga y proyecciones; Q.I. Vedo, un evento de artes visuales; o la proyección de películas de autor en la fachada de un edificio.

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En el jardín, antiguamente transformado en basurero y hoy reconvertido en huerta urbana, se ofrecen cursos de agricultura ecológica, alimentación y reciclaje, un tema este último muy sensible en Nápoles desde aquella crisis de la basura que dejó la ciudad doblegada durante meses. El programa Q.I. ECO – así se llama – pretende promover el conocimiento y la difusión de las culturas sostenibles.
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El proyecto se financia, entre otras formas, gracias a fondos europeos como URBACT,̀ un programa de promoción e intercambio en materia de desarrollo urbano sostenible. El equipo de Q.I. también fomenta la colaboración con el Ayuntamiento, que podría ceder un antiguo almacén para la manutención del funicular para las actividades organizadas por el centro. La idea es que en la escalera haya restaurantes y bares y que toda el área cobre vida. El fin último de Q.I. es mejorar el día a día de una de las ciudades más antiguas de Europa. Fundada hace 2.500 años, Nápoles padece problemas estructurales que se arrastran hace décadas y que la convierten en una urbe problemática.
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«El Q.I. es un ejemplo excelente para explicar qué es un negocio social. Había que recalificar un espacio en una zona degradada de Nápoles en la que no hay muchos servicios. Una parte es pública y otra privada. Una empresaria decide invertir su capital y compra inmuebles. Habría podido hacer una tienda o un centro comercial, pero decide crear un centro de experimentación de políticas ambientales y de sostenibilidad en ámbito urbano. Está claro que muchas de estas actividades no son lucrativas. Por eso, tiene que buscar el dinero en otro lugar, ya sean los fondos europeos o actividades paralelas como el bar o el curso de yoga», explica Sergio Galasso
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Para este consultor, los empresarios que invierten en negocios sociales son unos visionarios, porque arriesgan su patrimonio personal y su capital en una empresa que, en el mejor de los casos, ofrecerá un low profit. «Cualquier empresario aspira a recuperar su inversión con cierto margen de ganancia. Ahora, si la remuneración es baja, tiene que haber por lo menos un retorno en otro sentido. Puede ser el conseguir ocuparte de lo que te gusta y hacer una empresa con impacto sobre el territorio. En definitiva, es un nuevo modelo de negocio y no simplemente una empresa que ofrece un nuevo servicio. Es un aspecto más amplio de intervención que puede llegar a crear empleo y ofrecer aquellos servicios que el Estado no consigue administrar», analiza Galasso.
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Cristina cree que Q.I. es un experimento innovador que permite a profesionales de distintas áreas – arquitectura, urbanística, energía, sociología, arte, diseño, reciclaje y alimentación – cooperar en el mismo proyecto. «Q.I. quiere fomentar nuevas relaciones de carácter formativo y científico, hacer disponible un espacio común para que distintas intelectualidades puedan crear y colaborar, y facilitar el diálogo entre lo público y lo privado, la investigación y la acción», explica Cristina.
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Para el futuro, espera que Q.I. tenga un impacto sobre el territorio contribuyendo a desarrollar una cultura ecosostenible entre los habitantes del barrio. «Hemos hablado y trabajado con todo tipo de público: profesionales, obreros, inmigrantes, sin hogares y hasta los toxicómanos que solían parar en la escalar. Hoy incluso los okupas del edificio de al lado se preocupan con la limpieza y han respondido bien a nuestro intento de integrarlos en el proyecto», concluye.
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Opiniones 10
  • No se puede comentar si no tienes facebook!….es terrible!.
    Sólo un toque de atención el artículo sobre el «quartier intelligent» me ha puesto los pelos de punta. Comencé a leer con bastante interés y tuve que dejarlo a mitad del mal cuerpo que me ha puesto. Se trata de un justificación de un proceso de gentrificación o aburguesamiento en toda regla. Se habla de sinergias territoriales y culturas autóctonas cuando en realidad es una imposición de una cultura muy concreta ligada a la burguesía que se vende como La Cultura (películasde autor, restaurantes guays que te cuestan un ojo de la cara…).
    Por favor si de verdad quereis escribir sobre temas sociales (claro está de moda!) creo que sería honesto profundizar más sobre cada tema. En realidad esto se parece más a un publireportaje que a periodismo.
    No suelo comentar, pero de verdad que este artículo me ha horrorizado.
    liber

    • Hola Libertad, de momento no hay ningún restaurante (es sólo una posibilidad que se ha barajado, con lo cual no puede costar un ojo de la cara porque no existe) y todas las actividades que se han realizado en este centro han sido gratuitas. Sobre la gentrificación: el proyecto no nace como un centro comercial, sino como un lugar de estudio, trabajo, formación y arte. Hay pocos edificios alrededor de la escalera, por lo tanto su objetivo principal no es especular con los inmuebles. Finalmente, no es un reportaje sobre temas sociales, hablamos más bien de una nueva forma de hacer negocios: basada en el ‘low profit’ (ganar menos para realizar un proyecto en el que alguien cree). Es una nueva tendencia en toda Europa y en Italia también, donde existen fondos de inversión como Oltreventure, dedicados a este tipo de negocios, que no son especialmente rentables y que están ganando fuerza, independientemente de si nos parezcan buenos o malos. El reportaje intenta describir esta nueva tendencia, no tomar partido sobre este proyecto concreto.

      • Bueno las actividades son gratuitas pero parecen dirigidas a un público my concreto y realizadas desde un sector muy concreto de la sociedad (profesionales liberales de clase media con cierta capacidad adquisitiva…una empresaria que compra 1000m en elcentro de la ciudad! ). Que sean gratuitas me parece más sangrante si cabe pues estan financiadas por fondos europeos para el desarrollo que al final parece que revierten, como comenta toni, en ocio para ricos. Como decía antes un ejemplo paradigmático de gentrificación o aburguesamiento.
        Además el texto está salpicado de frases como» La idea es que en la escalera haya restaurantes y bares y que toda el área cobre vida»…¿que pasa que antes no tenía vida?…no parece que esto sea contar con los vecinos…Bueno, esta argumentación es un clásico de las justificaciones de procesos de gentrificación.
        Por otro lado, en cuanto a la referencia a los «okupas», tu misma explicas muy bien en tu respuesta a Toni las diferencias entre punkabestia y okupa. Teniendolo tan claro ¿no te parece más honesto (repito el concepto de mi comentario anterior) haberlo dejado sin traducir, o poner una nota aclaratoria?.
        Y por último, sí hablo de publireportaje y lo mantengo….sólo hay una fuente y las fotos hablan por si solas…una imagen vale más que mil palabras.
        Por favor un poco de honestidad periodística, un mínimo de investigación y espíritu crítico en el periodismo ya!

        • Jamás usaría esta palabra: llamar ‘bestia’ a otra persona, aunque esté precedida de punk y sea una palabra establecida en el léxico italiano, me parece un horror.
          Y sí, la zona estaba totalmente abandonada y sin vida antes, como muchas zonas del centro de Nápoles, donde se crean vacíos urbanos y los habitantes de la ciudad evitan pasar por allí, entre otras cosas porque es peligroso. Así la zona se degrada cada vez más… Nápoles es una ciudad (mi ciudad) muy muy peculiar. Fue fundada hace más de 2.500 años, tiene un patrimonio histórico increíble y un nivel de abandono y degradación sangrante, y problemas gravísisimos de seguridad ciudadana. Son todos problémas atávicos que ningún gestor municipal ha sabido o querido resolver.

        • El artículo en sí no se posiciona en ningún modo sino que ofrece datos y comentarios por parte de los responsables del proyecto – lo que significa rigor periodístico e investigación, el espíritu crítico se debe guardar para la prensa de opinión.
          Me parece fenomanal que estés en contra de los procesos de gentrificación – sin duda el caso concreto del QI – pero todas las frases de las que te quejas han sido pronunciadas por la entrevistada, no por el autor del artículo.
          Resumiendo; quéjate lo que quieras de los promotores del proyecto pero el artículo sólo constata una tendencia en Europa -sea positiva o negativa, decidir eso queda a cargo del lector – y se hace eco de un caso concreto.

          • Perdona Cromlech, pero me cuesta entender «rigor periodístico» como ofrecer «datos y comentarios por parte de los responsables del proyecto», eso es como hacer una noticia de un comunicado policial o de delegación del gobierno sin contrastar otra fuentes. Lo cual está, desgraciadamente, a la orden del día. Aunque no significa, por supuesto, que sea rigor peridístico y mucho menos investigación.
            En cuanto al espíritu crítico creo que es muy necesario en todos los ámbitos de la vida pero especialmente si eres periodista y no sólo para artículos de opinión. No estoy segura de que entiendas lo que es el pensamiento crítico, por tu comentario.
            Y sobre el posicionamiento, a mi modo de ver, cuando escribes un artículo tan sesgado sobre «una tendencia europea» ya te estas posicionando, además de una forma poco honesta con tus lectores , ya que no lo presentas como un artículo de opinión.
            Repito, se trata de un publireportaje sin aviso previo.

          • Me hace gracia los comprometidos de salón que entran a comentar sin tener la más mínima puñetera idea de lo que está pasando en Napolés. Es una ciudad cuyos barrios están abandonados a su suerte. Donde el gobierno ni siquiera recoge la basura. ¿Qué coño gentrificación? Lo único que se persigue es dignificar un barrio. Hacer actividades, limpiar escalera donde antes nadie limpiaba. Involucrar a todos los habitantes para hacerlo juntos. Estoy un poco harto de los cantamañanas que ven el fantasma de la gentrificación en todas partes. ¿Qué proponéis? ¿Dejar el barrio como está? Y perdona pero es un artículo que está contando una iniciativa, teniendo en cuenta que esto es un medio que cuenta nuevos proyectos está más justificado. No es un publireportaje. Ahora vete tú a vivir a este barrio de Napolés y a ver como lo haces tú pedazo de subnormal….

  • Perdona Punset, no he negado que haya problemas en ese barrio y que haya que resolverlos, seguramente sus habitantes sean los primeros interesados. Lo que pongo en duda es que proyectar películas de autor u organizar actividades como «the wine and the city» (me pregunto cuantos de los vecinos hablan inglés …) sirvan para solucionar esos problemas. Máxime cuando dichas actividades estan subvencionadas con fondos europeos para el desarrollo que no parece que vayan a revertir en los habitantes del barrio. Si no más bien en que una panda de pijos alterne una noche en un barrio degradado y se deje ver entre el rollito artístico de la ciudad, posiblemente ninguno viva allí. No me parece que se haya entablado de verdad un proceso de participación con la gente del barrio. Llamame paranoica si quieres.
    Las fotos no desmerecen a ningún publireportaje del pais semanal, todo muy de diseño y muy gauchipiruli.
    Ah y por cierto, todas sabemos insultar, soplapollas de los cojones…

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