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2 de julio 2019    /   IDEAS
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¿Por qué los dogmáticos siempre ganan?

2 de julio 2019    /   IDEAS     por          
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El dogmatismo consiste, fundamentalmente, en la apropiación indebida de una buena idea. Y eso sucede porque las buenas ideas nacen de un intento de mejorar la realidad, mientras que el dogmatismo lo que pretende es detenerla.

Amaos los unos a los otros fue la revolucionaria reivindicación cristiana en un mundo sometido a la violencia, la miseria y el poder de la fuerza. Una propuesta que inmediatamente atrajo a millones de personas y, en consecuencia, una oportunidad de poder para los más avispados.

Es la lógica de la historia. Lanzas un concepto ganador y te crean una iglesia.

Liberté, Egalité, Fraternité es todavía hoy el lema de la República Francesa (y de Haití, que tiene más mérito). Un concepto que ha servido para construir un Estado, pero no para resolver temas como, por ejemplo, la integración de los emigrantes en su territorio o la abolición de las armas atómicas.

Proletarios del mundo, uníos partía de la misma base, aunque añadiendo el concepto de enfrentamiento de clase que acuñó el marxismo. Un concepto que derivó en el poder totalitario del aparato comunista soviético.

Siempre igual. La usurpación de una idea de futuro para que todo siga como antes. Se relevan los poderosos, pero jamás la idea de poder.

La democracia formal, es decir, un hombre, un voto, acuñó una nueva idea de futuro. Y para hacerla operativa se crearon los partidos políticos.

No ha sido fácil avanzar desde este concepto. Las Cámaras Altas priorizaban la defensa de los más ricos, el voto masculino segregaba a las mujeres a un segundo plano… pero poco a poco el sufragio universal fue ganando terreno.

Parecía que en este nuevo escenario el dogmatismo tenía la batalla perdida.

Pero el dogmatismo siempre sobrevive y ahora se ha instalado en el interior de los propios partidos políticos.

De manera lenta, pero tenaz, los partidos han creado estructuras piramidales que operan basándose en el siguiente principio: si quieres mantenerte en el poder, no defiendas a tus votantes, defiende a tu líder.

Él es el que te da y te quita. Quien decide si serás ministro, diputado o alcalde. Y esa lógica es la que nos lleva a la frase que mejor define el dogmatismo: «Es mejor estar equivocado dentro del partido que tener razón fuera de él».

Pese a todo, el sufragio universal sigue siendo un problema para el poder dogmático. Esa es la razón por la que no cesan en la búsqueda de nuevas herramientas para controlarlo. En la actualidad, las fake news, las técnicas de empresas como Cambridge Analytica o las nuevas formas de populismo son los últimos intentos para conseguirlo.

Desde el comienzo de la historia, el escepticismo, la corriente filosófica que reniega del saber absoluto, fue el gran enemigo del dogmatismo. Su enfrentamiento ha perdurado siglos debido a que el primero busca la verdad y el segundo, tan solo el poder.

Esa es precisamente la razón por la que el dogmatismo siempre termina ganando. Porque es un depredador que persigue dichas verdades para adueñarse de ellas y esclavizarlas.

Y si te rebelas, si permaneces fiel a la idea original, la Inquisición te mandará a la hoguera, la revolución a la guillotina, la KGB al Gulag o el partido político al paro.

El dogmatismo consiste, fundamentalmente, en la apropiación indebida de una buena idea. Y eso sucede porque las buenas ideas nacen de un intento de mejorar la realidad, mientras que el dogmatismo lo que pretende es detenerla.

Amaos los unos a los otros fue la revolucionaria reivindicación cristiana en un mundo sometido a la violencia, la miseria y el poder de la fuerza. Una propuesta que inmediatamente atrajo a millones de personas y, en consecuencia, una oportunidad de poder para los más avispados.

Es la lógica de la historia. Lanzas un concepto ganador y te crean una iglesia.

Liberté, Egalité, Fraternité es todavía hoy el lema de la República Francesa (y de Haití, que tiene más mérito). Un concepto que ha servido para construir un Estado, pero no para resolver temas como, por ejemplo, la integración de los emigrantes en su territorio o la abolición de las armas atómicas.

Proletarios del mundo, uníos partía de la misma base, aunque añadiendo el concepto de enfrentamiento de clase que acuñó el marxismo. Un concepto que derivó en el poder totalitario del aparato comunista soviético.

Siempre igual. La usurpación de una idea de futuro para que todo siga como antes. Se relevan los poderosos, pero jamás la idea de poder.

La democracia formal, es decir, un hombre, un voto, acuñó una nueva idea de futuro. Y para hacerla operativa se crearon los partidos políticos.

No ha sido fácil avanzar desde este concepto. Las Cámaras Altas priorizaban la defensa de los más ricos, el voto masculino segregaba a las mujeres a un segundo plano… pero poco a poco el sufragio universal fue ganando terreno.

Parecía que en este nuevo escenario el dogmatismo tenía la batalla perdida.

Pero el dogmatismo siempre sobrevive y ahora se ha instalado en el interior de los propios partidos políticos.

De manera lenta, pero tenaz, los partidos han creado estructuras piramidales que operan basándose en el siguiente principio: si quieres mantenerte en el poder, no defiendas a tus votantes, defiende a tu líder.

Él es el que te da y te quita. Quien decide si serás ministro, diputado o alcalde. Y esa lógica es la que nos lleva a la frase que mejor define el dogmatismo: «Es mejor estar equivocado dentro del partido que tener razón fuera de él».

Pese a todo, el sufragio universal sigue siendo un problema para el poder dogmático. Esa es la razón por la que no cesan en la búsqueda de nuevas herramientas para controlarlo. En la actualidad, las fake news, las técnicas de empresas como Cambridge Analytica o las nuevas formas de populismo son los últimos intentos para conseguirlo.

Desde el comienzo de la historia, el escepticismo, la corriente filosófica que reniega del saber absoluto, fue el gran enemigo del dogmatismo. Su enfrentamiento ha perdurado siglos debido a que el primero busca la verdad y el segundo, tan solo el poder.

Esa es precisamente la razón por la que el dogmatismo siempre termina ganando. Porque es un depredador que persigue dichas verdades para adueñarse de ellas y esclavizarlas.

Y si te rebelas, si permaneces fiel a la idea original, la Inquisición te mandará a la hoguera, la revolución a la guillotina, la KGB al Gulag o el partido político al paro.

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