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28 de julio 2015    /   DIGITAL
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¿Qué pasa cuando pones a un adolescente una enciclopedia delante?

28 de julio 2015    /   DIGITAL     por          
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El pasado junio, el profesor y artista estadounidense Michael Mandiberg decidió imprimir la edición inglesa de la Wikipedia. En total, necesitaría 7.473 volúmenes de 700 páginas cada uno para poner en papel los más de 37 millones de artículos, pero empezó con 106 volúmenes. Esta iniciativa se enmarca entre otros proyectos que tratan de demostrar el gran cambio que ha llegado con internet.
Pero todos tienen en común que usan los códigos de los inmigrantes digitales ante su nueva realidad. ¿Qué pasa cuando enfrentamos a los nativos, a esos adolescentes que no recuerdan un mundo si un móvil en cada bolsillo ni internet de alta velocidad en cada casa con los viejos modos? Esa es la idea que han tenido los hermanos Fine, unos productores que cuelgan en YouTube varias series. Una de ellas es How teen reacts to…?, en la que plantan, delante de adolescentes, usos y costumbres que para ellos son viejunísimos.

El de las enciclopedias, colgado la semana pasada, es paradigmático. Los Fine Brothers hacen un vídeo para ver qué ocurre cuando le muestran a un chaval criado con internet cómo se buscaban las cosas antes. Su cara de asombro, cuando van construyendo una torre de volúmenes encima de la mesa, es un poema. «¡Libros, más libros!», exclama una. «¿Son almanaques?», pregunta otra. Solo tres de la decena reconoce a primera vista lo que le están poniendo delante, y lo sitúan en las zonas que no usan de sus bibliotecas, cogiendo polvo, sin ser usados en años. Lo definen como internet en libros, el Google antes que Google.
Para comprobar su usabilidad, les ponen dos tareas. La primera es buscar la entrada correspondiente a ‘Lectura’. Las reacciones, acostumbrados a la instantaneidad de la Red, van desde quejarse de la lentitud hasta lamentar no poder usar comandos. Incluso una de ellos tiene un revelación al darse cuenta que están ordenados alfabeticamente. Con ciertas dificultades, finalmente logran su objetivo.
La segunda es poner a prueba la forma antigua de conocimiento, así que les piden que escojan un término y busquen a ver si lo encuentran. Unicornios, el astrónomo Tycho Brahe… Pasan la prueba de los chicos, pero al preguntarles si se creen que serían capaces de tener como fuente de conocimiento solo estos libros, la respuesta es clara: no, aunque algunos hablar de la falta de confianza como fuente que puede tener internet.

Reacciones similares pueden verse en otros vídeos. En el de ‘Internet de los 90’, lo primero que les llama la atención es la ropa y los ordenadores antiguos, pero el meollo viene cuando empiezan a hablar de las características de la Red, como los mails o los chats. «No sabían que ahí hay pedófilos», comenta uno con sorna. Algunos tienen auténticas epifanías y se dan cuenta que, al nacer ya con internet en sus vidas, son lo que se llama nativos digitales, por lo que para ellos es algo natural, aunque ninguno sabe los principios tecnológicos ni cómo funciona ni qué es un módem de 64 kilobytes por segundo. Al ponerlos ante el característico sonido que hacían antes de conectarse a la Red, se quedan de nuevo con cara de asombro.
Esta reacción se puede ver también al ponerles delante una NES, la moda de los 80 o los anuncios de cigarros en blanco y negro. Pero los hermanos Fine tienen para todos. Sus series incluyen abuelos reaccionando ante Justin Bieber, aplicaciones de ligue estilo Grinder y videojuegos como GTA V. También ponen a niños frente a tecnología anciana para ellos, como iPods, vídeos VHS, los Power Rangers o cámaras antiguas. Como decía Enric González, «puede que la juventud de hoy sea tan malcriada, inculta y violenta como nos la pintan: si no fuera así, no llevaríamos veintitantos siglos diciendo que la juventud de hoy no vale nada».

El pasado junio, el profesor y artista estadounidense Michael Mandiberg decidió imprimir la edición inglesa de la Wikipedia. En total, necesitaría 7.473 volúmenes de 700 páginas cada uno para poner en papel los más de 37 millones de artículos, pero empezó con 106 volúmenes. Esta iniciativa se enmarca entre otros proyectos que tratan de demostrar el gran cambio que ha llegado con internet.
Pero todos tienen en común que usan los códigos de los inmigrantes digitales ante su nueva realidad. ¿Qué pasa cuando enfrentamos a los nativos, a esos adolescentes que no recuerdan un mundo si un móvil en cada bolsillo ni internet de alta velocidad en cada casa con los viejos modos? Esa es la idea que han tenido los hermanos Fine, unos productores que cuelgan en YouTube varias series. Una de ellas es How teen reacts to…?, en la que plantan, delante de adolescentes, usos y costumbres que para ellos son viejunísimos.

El de las enciclopedias, colgado la semana pasada, es paradigmático. Los Fine Brothers hacen un vídeo para ver qué ocurre cuando le muestran a un chaval criado con internet cómo se buscaban las cosas antes. Su cara de asombro, cuando van construyendo una torre de volúmenes encima de la mesa, es un poema. «¡Libros, más libros!», exclama una. «¿Son almanaques?», pregunta otra. Solo tres de la decena reconoce a primera vista lo que le están poniendo delante, y lo sitúan en las zonas que no usan de sus bibliotecas, cogiendo polvo, sin ser usados en años. Lo definen como internet en libros, el Google antes que Google.
Para comprobar su usabilidad, les ponen dos tareas. La primera es buscar la entrada correspondiente a ‘Lectura’. Las reacciones, acostumbrados a la instantaneidad de la Red, van desde quejarse de la lentitud hasta lamentar no poder usar comandos. Incluso una de ellos tiene un revelación al darse cuenta que están ordenados alfabeticamente. Con ciertas dificultades, finalmente logran su objetivo.
La segunda es poner a prueba la forma antigua de conocimiento, así que les piden que escojan un término y busquen a ver si lo encuentran. Unicornios, el astrónomo Tycho Brahe… Pasan la prueba de los chicos, pero al preguntarles si se creen que serían capaces de tener como fuente de conocimiento solo estos libros, la respuesta es clara: no, aunque algunos hablar de la falta de confianza como fuente que puede tener internet.

Reacciones similares pueden verse en otros vídeos. En el de ‘Internet de los 90’, lo primero que les llama la atención es la ropa y los ordenadores antiguos, pero el meollo viene cuando empiezan a hablar de las características de la Red, como los mails o los chats. «No sabían que ahí hay pedófilos», comenta uno con sorna. Algunos tienen auténticas epifanías y se dan cuenta que, al nacer ya con internet en sus vidas, son lo que se llama nativos digitales, por lo que para ellos es algo natural, aunque ninguno sabe los principios tecnológicos ni cómo funciona ni qué es un módem de 64 kilobytes por segundo. Al ponerlos ante el característico sonido que hacían antes de conectarse a la Red, se quedan de nuevo con cara de asombro.
Esta reacción se puede ver también al ponerles delante una NES, la moda de los 80 o los anuncios de cigarros en blanco y negro. Pero los hermanos Fine tienen para todos. Sus series incluyen abuelos reaccionando ante Justin Bieber, aplicaciones de ligue estilo Grinder y videojuegos como GTA V. También ponen a niños frente a tecnología anciana para ellos, como iPods, vídeos VHS, los Power Rangers o cámaras antiguas. Como decía Enric González, «puede que la juventud de hoy sea tan malcriada, inculta y violenta como nos la pintan: si no fuera así, no llevaríamos veintitantos siglos diciendo que la juventud de hoy no vale nada».

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