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25 de mayo 2015    /   CREATIVIDAD
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¿Qué queda de la España de Celtiberia Show?

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En 1968, el periodista Luis Carandell (Barcelona 1929-Madrid 2002) inauguraba en la revista Triunfo Celtiberia Show, una sección que, en apenas media página, radiografiaba las peculiaridades de la sociedad española que se debatía entre el subdesarrollo, el desarrollismo y un deseado progreso que no ha acabado de llegar.

Anuncios, esquelas, fragmentos de libros de texto, rótulos comerciales, titulares de prensa y otros materiales gráficos en los que se percibían los rigores del régimen franquista, la omnipotencia y omnipresencia de la iglesia Católica, el machismo endémico, la autarquía, el clasismo, el chovinismo y otras particularidades de la España de la época.

Una realidad, patente en ejemplos tan torpes, sonrojantes o hilarantes como ese anuncio en el que se invitaba al público a «no ser tonto» y acudir a un baile benéfico «a favor de los subnormales», ese otro que buscaba «chico para bar, preferiblemente de pueblo», el que pedía botones «de baja estatura», aquel que decía «se vende rebaño de cabras con o sin cabrero» o este en el que unos compradores exigentes desean comprar un loro.

DEL QUIOSCO A LA LIBRERÍA
La sorprendente aceptación de la sección provocó que la editorial Guadiana decidiera publicar una recopilación de las piezas, al que seguiría poco después una segunda parte, Celtiberia Bis. Ambos volúmenes contaban con portadas realizadas por el pintor Alfredo Alcain, quien representó gráficamente a nuestro país como la fachada de una estanco, en el primer caso, y la de una chamarilería en el segundo. En resumen, la España de los 50, 60 y 70, venía a ser una mezcla de tabaco de picadura y objetos usados.

Como sucedió con la sección semanal, los libros fueron un éxito de ventas hasta el punto de salirse imitadores con más o menos acierto. Este es el caso de Bendito país, de Bernardino M. Hernando, un remedo del Celtiberia Show enfocado solo al tema religioso, al que a pesar de lo interesante del asunto, peca, nunca mejor dicho, de excesiva complacencia y carece de la inteligencia y la mordacidad carandeliana.

UCRONÍA CELTIBÉRICA
En 1975, año de la muerte del dictador, la sección dejó de publicarse. Una decisión tal vez provocada por la ilusión de que ese hecho histórico trajese por fin la deseada modernización que nos igualaría a los pueblos civilizados del norte y acabaría con el celtiberismo. Nada más lejos de la realidad. El fin del régimen franquista trajo ciertas libertades políticas y civiles pero, al surgir en un sustrato muy similar al anterior, la esencia de las cosas permaneció más o menos igual. De hecho, es una pena que Celtíbera Show no pudiera analizar con su inteligente prisma fenómenos como el destape o la liberación sexual.

A excepción de la pieza de Apolo, el amigo inseparable reproducida sobre estas líneas, son casi inexistentes las piezas con referencias sexuales en Celtiberia Show, en parte por la elegancia de su autor, poco dado al humor soez y grueso, en parte porque en la España del franquismo no eran precisamente habituales dichas referencias.
Por eso resulta interesante hacer un ejercicio de ucronía de andar por casa y pensar cómo tal vez en un Celtiberia Show del destape se podrían haber incluido piezas como esta que bien podría ser de una academia de corte y confección.

O esta en la que se trata el tema de la amistad entre seres humanos y animales:

Esta otra sobre monstruos terroríficos:

O esta en la que, además de proponer un intercambio de parejas, se invita a conocer nuestro bonito país, porque no todo va a ser estar tumbado…

VUELVE, A CASA VUELVE…
España, sin duda, sigue siendo celtíbera. Sus políticos de uno y otro signo, sus medios de comunicación, sus tertulianos algunos de los cuales llegan a afirmar cosas como que «algo bueno tendrá el nazismo», los rótulos de las calles, los anuncios como este, que debe ser el no va más de lo barato

o los monumentos como el erigido en honor del tambor de Calanda son un festival de despropósitos que nos divierten tanto como nos indignan o avergüenzan.

Una realidad que no ha hecho más que amplificarse gracias a las redes sociales e internet, donde miles de archiveros han recogido el testigo del maestro Carandell para hacer el particular Celtiberia Show 2.0. De esta forma, no solo existe un blog con ese mismo nombre, sino que todos los ejemplares de Triunfo han sido digitalizados para disfrute de los lectores y, por si no fuera suficiente, Raúl Minchinela se ha tomado la molestia de extraer únicamente las páginas de Celtiberia Show y ponerlas a disposición de aquellos a los que no les interesa ningún otro contenido de la mítica cabecera.
De entre todos esos herederos del trabajo y el espíritu de Carandell destacan especialmente por concepto, originalidad, calidad y abundancia de materiales, dos: Proyecto cartele y Drama en el portal. El primero es un proyecto colaborativo surgido en Argentina que aglutina en su web carteles que destacan por el humor, intencionado o no, de sus textos y que también fue recopilado en forma de libro hace algunos años.

El segundo es uno de los muchos proyectos de El Hematocrítico y en él se recogen los carteles que las comunidades de vecinos colocan en las zonas comunes con fines informativos como este:

O con fines solidarios como este:

O amenazantes y pendencieros:

Visto lo visto y a pesar del tiempo transcurrido, la actualidad de Celtiberia Show se mantiene hasta el punto que la editorial Maeva se ha decidido a republicarlo con motivo de su 45 aniversario.
Para la ocasión, no se ha limitadoa hacer una mera reimpresión, sino que los editores han limpiado y mejorado la calidad de las imágenes (ya muy deterioradas a consecuencia del trabajado estado de los fotolitos) e incluso han decidido incluir material nuevo con el que el lector volverá a sentir esa mezcla de risa tonta y cierta vergüenza: un prólogo de Pablo Motos. ¿De verdad que no había otro?

En 1968, el periodista Luis Carandell (Barcelona 1929-Madrid 2002) inauguraba en la revista Triunfo Celtiberia Show, una sección que, en apenas media página, radiografiaba las peculiaridades de la sociedad española que se debatía entre el subdesarrollo, el desarrollismo y un deseado progreso que no ha acabado de llegar.

Anuncios, esquelas, fragmentos de libros de texto, rótulos comerciales, titulares de prensa y otros materiales gráficos en los que se percibían los rigores del régimen franquista, la omnipotencia y omnipresencia de la iglesia Católica, el machismo endémico, la autarquía, el clasismo, el chovinismo y otras particularidades de la España de la época.

Una realidad, patente en ejemplos tan torpes, sonrojantes o hilarantes como ese anuncio en el que se invitaba al público a «no ser tonto» y acudir a un baile benéfico «a favor de los subnormales», ese otro que buscaba «chico para bar, preferiblemente de pueblo», el que pedía botones «de baja estatura», aquel que decía «se vende rebaño de cabras con o sin cabrero» o este en el que unos compradores exigentes desean comprar un loro.

DEL QUIOSCO A LA LIBRERÍA
La sorprendente aceptación de la sección provocó que la editorial Guadiana decidiera publicar una recopilación de las piezas, al que seguiría poco después una segunda parte, Celtiberia Bis. Ambos volúmenes contaban con portadas realizadas por el pintor Alfredo Alcain, quien representó gráficamente a nuestro país como la fachada de una estanco, en el primer caso, y la de una chamarilería en el segundo. En resumen, la España de los 50, 60 y 70, venía a ser una mezcla de tabaco de picadura y objetos usados.

Como sucedió con la sección semanal, los libros fueron un éxito de ventas hasta el punto de salirse imitadores con más o menos acierto. Este es el caso de Bendito país, de Bernardino M. Hernando, un remedo del Celtiberia Show enfocado solo al tema religioso, al que a pesar de lo interesante del asunto, peca, nunca mejor dicho, de excesiva complacencia y carece de la inteligencia y la mordacidad carandeliana.

UCRONÍA CELTIBÉRICA
En 1975, año de la muerte del dictador, la sección dejó de publicarse. Una decisión tal vez provocada por la ilusión de que ese hecho histórico trajese por fin la deseada modernización que nos igualaría a los pueblos civilizados del norte y acabaría con el celtiberismo. Nada más lejos de la realidad. El fin del régimen franquista trajo ciertas libertades políticas y civiles pero, al surgir en un sustrato muy similar al anterior, la esencia de las cosas permaneció más o menos igual. De hecho, es una pena que Celtíbera Show no pudiera analizar con su inteligente prisma fenómenos como el destape o la liberación sexual.

A excepción de la pieza de Apolo, el amigo inseparable reproducida sobre estas líneas, son casi inexistentes las piezas con referencias sexuales en Celtiberia Show, en parte por la elegancia de su autor, poco dado al humor soez y grueso, en parte porque en la España del franquismo no eran precisamente habituales dichas referencias.
Por eso resulta interesante hacer un ejercicio de ucronía de andar por casa y pensar cómo tal vez en un Celtiberia Show del destape se podrían haber incluido piezas como esta que bien podría ser de una academia de corte y confección.

O esta en la que se trata el tema de la amistad entre seres humanos y animales:

Esta otra sobre monstruos terroríficos:

O esta en la que, además de proponer un intercambio de parejas, se invita a conocer nuestro bonito país, porque no todo va a ser estar tumbado…

VUELVE, A CASA VUELVE…
España, sin duda, sigue siendo celtíbera. Sus políticos de uno y otro signo, sus medios de comunicación, sus tertulianos algunos de los cuales llegan a afirmar cosas como que «algo bueno tendrá el nazismo», los rótulos de las calles, los anuncios como este, que debe ser el no va más de lo barato

o los monumentos como el erigido en honor del tambor de Calanda son un festival de despropósitos que nos divierten tanto como nos indignan o avergüenzan.

Una realidad que no ha hecho más que amplificarse gracias a las redes sociales e internet, donde miles de archiveros han recogido el testigo del maestro Carandell para hacer el particular Celtiberia Show 2.0. De esta forma, no solo existe un blog con ese mismo nombre, sino que todos los ejemplares de Triunfo han sido digitalizados para disfrute de los lectores y, por si no fuera suficiente, Raúl Minchinela se ha tomado la molestia de extraer únicamente las páginas de Celtiberia Show y ponerlas a disposición de aquellos a los que no les interesa ningún otro contenido de la mítica cabecera.
De entre todos esos herederos del trabajo y el espíritu de Carandell destacan especialmente por concepto, originalidad, calidad y abundancia de materiales, dos: Proyecto cartele y Drama en el portal. El primero es un proyecto colaborativo surgido en Argentina que aglutina en su web carteles que destacan por el humor, intencionado o no, de sus textos y que también fue recopilado en forma de libro hace algunos años.

El segundo es uno de los muchos proyectos de El Hematocrítico y en él se recogen los carteles que las comunidades de vecinos colocan en las zonas comunes con fines informativos como este:

O con fines solidarios como este:

O amenazantes y pendencieros:

Visto lo visto y a pesar del tiempo transcurrido, la actualidad de Celtiberia Show se mantiene hasta el punto que la editorial Maeva se ha decidido a republicarlo con motivo de su 45 aniversario.
Para la ocasión, no se ha limitadoa hacer una mera reimpresión, sino que los editores han limpiado y mejorado la calidad de las imágenes (ya muy deterioradas a consecuencia del trabajado estado de los fotolitos) e incluso han decidido incluir material nuevo con el que el lector volverá a sentir esa mezcla de risa tonta y cierta vergüenza: un prólogo de Pablo Motos. ¿De verdad que no había otro?

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