14 noviembre, 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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El origen de los dichos: Que si quieres arroz, Catalina

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Érase una vez, en tiempos de Juan II de Castilla, allá por el siglo XV, un judío converso que residía en Sahagún, provincia de León, y que estaba casado con una mujer llamada Catalina. De esta buena señora cuentan las crónicas que le gustaba tanto el arroz, que no solo lo consumía en abundancia, sino que iba por donde quiera que fuese predicando las bondades y excelencias de este cereal, recomendándolo incluso como panacea sanadora de cualquier tipo de dolencia.
Pero, hete aquí que la buena Catalina, un buen día -o malo, según se mire- enfermó de muerte, quedando postrada en su lecho sin ser capaz de articular palabra y tan débil que apenas podía reaccionar a lo que se le decía. Como rechazara cualquier medicina, sus más allegados, en un último y desesperado intento por salvarla, le ofrecieron un cuenco de arroz recordando la debilidad que Catalina sentía por él y la fe que le tenía como cura universal de cualquier mal. Pero cuando le preguntaban: «¿Quieres arroz, Catalina?», la pobre era incapaz de decir ni sí ni no. Mil veces le repitieron la pregunta  -«¡Que si quieres arroz, Catalina!»- y mil veces quedaron sin respuesta. La pobre enferma murió sin responder.
¿Qué quiere explicar el cuento? Pues que lo de que si quieres arroz, Catalina es una expresión que usamos cuando nos contestan con una incongruencia o ni siquiera nos contestan. Vamos, que no nos hacen ni … caso (añadid vosotros el adjetivo que queráis en los puntos suspensivos).
Este sería el cuentecillo o historieta que podría explicar la expresión que hoy nos ocupa. Pero en palabras de José María Iribarren, no es convincente. «Como tantas otras anécdotas de su especie, constituye, más que una explicación del origen del dicho, una aplicación del dicho mismo, aun cuando, como ocurre en este caso, se refiera la historieta a tiempos medievales, tratando de dar mucha antigüedad a la frase».
Lo cierto es que el dicho no aparece recogido ni por Correas en el siglo XVII, ni por Covarrubias, ni Sbarbi ni Bastús, por lo que es fácil deducir que la expresión no es tan antigua como se quiere hacer creer.
Tan solo Ramón Caballero, en su Diccionario de modismos, incluye una expresión cercana: «¡Que si quieres!», como «locución familiar que se emplea para rechazar una pretensión o para ponderar la dificultad o imposibilidad de hacer o lograr una cosa».
Así pues, en opinión de Iribarren, lo más seguro es que «la frase Que si quieres arroz, Catalina sea una mera modificación o añadidura de la de ¡Que si quieres! Y todo me hace suponer que se trata de una expresión moderna, nacida en el siglo XIX». Y concluye afirmando que lo que haría falta saber es de dónde sale la historieta. Porque lo que cuenta, va a ser que no. Una lástima.

Érase una vez, en tiempos de Juan II de Castilla, allá por el siglo XV, un judío converso que residía en Sahagún, provincia de León, y que estaba casado con una mujer llamada Catalina. De esta buena señora cuentan las crónicas que le gustaba tanto el arroz, que no solo lo consumía en abundancia, sino que iba por donde quiera que fuese predicando las bondades y excelencias de este cereal, recomendándolo incluso como panacea sanadora de cualquier tipo de dolencia.
Pero, hete aquí que la buena Catalina, un buen día -o malo, según se mire- enfermó de muerte, quedando postrada en su lecho sin ser capaz de articular palabra y tan débil que apenas podía reaccionar a lo que se le decía. Como rechazara cualquier medicina, sus más allegados, en un último y desesperado intento por salvarla, le ofrecieron un cuenco de arroz recordando la debilidad que Catalina sentía por él y la fe que le tenía como cura universal de cualquier mal. Pero cuando le preguntaban: «¿Quieres arroz, Catalina?», la pobre era incapaz de decir ni sí ni no. Mil veces le repitieron la pregunta  -«¡Que si quieres arroz, Catalina!»- y mil veces quedaron sin respuesta. La pobre enferma murió sin responder.
¿Qué quiere explicar el cuento? Pues que lo de que si quieres arroz, Catalina es una expresión que usamos cuando nos contestan con una incongruencia o ni siquiera nos contestan. Vamos, que no nos hacen ni … caso (añadid vosotros el adjetivo que queráis en los puntos suspensivos).
Este sería el cuentecillo o historieta que podría explicar la expresión que hoy nos ocupa. Pero en palabras de José María Iribarren, no es convincente. «Como tantas otras anécdotas de su especie, constituye, más que una explicación del origen del dicho, una aplicación del dicho mismo, aun cuando, como ocurre en este caso, se refiera la historieta a tiempos medievales, tratando de dar mucha antigüedad a la frase».
Lo cierto es que el dicho no aparece recogido ni por Correas en el siglo XVII, ni por Covarrubias, ni Sbarbi ni Bastús, por lo que es fácil deducir que la expresión no es tan antigua como se quiere hacer creer.
Tan solo Ramón Caballero, en su Diccionario de modismos, incluye una expresión cercana: «¡Que si quieres!», como «locución familiar que se emplea para rechazar una pretensión o para ponderar la dificultad o imposibilidad de hacer o lograr una cosa».
Así pues, en opinión de Iribarren, lo más seguro es que «la frase Que si quieres arroz, Catalina sea una mera modificación o añadidura de la de ¡Que si quieres! Y todo me hace suponer que se trata de una expresión moderna, nacida en el siglo XIX». Y concluye afirmando que lo que haría falta saber es de dónde sale la historieta. Porque lo que cuenta, va a ser que no. Una lástima.

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