3 de mayo 2018    /   DIGITAL
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El mapa queer que desafía las reglas sociales de sexo y género

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¿Cuánto hemos evolucionado en términos de libertad sexual y de género? La realidad es, a pesar de los avances, que seguimos supeditados a una sociedad en la que priman los valores y reglas de una parte de la población.

Por suerte para todos, las voces del porcentaje restante, cada vez mayor, se van colando a través de los distintos estratos sociales. De ese clamor nacen proyectos como Queering the Map, un mapa interactivo online que aglutina miles de experiencias queer alrededor de todo el planeta.

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Lucas LaRochelle, el diseñador canadiense de 22 años responsable del proyecto, explica el movimiento queer como «la resistencia a lo normativo, a esa expectativa por la que un cuerpo debe experimentar la sexualidad y el género de una forma concreta».

Una búsqueda permanente que trasciende a la experiencia heterosexual o cisgénero (personas cuya identidad de género coincide con su sexo asignado al nacer) y que busca que «género y sexualidad puedan expandirse en muchas otras direcciones».

queer2

Queering the Map, que empezó como un proyecto de inspiración artística, ha logrado acumular más de diez mil experiencias en distintos puntos del globo. A cada hora, nuevos usuarios cuentan sus historias de manera anónima, sin registros ni recolección de datos de por medio.

«Cuando empecé no pensaba en que podría llegar a tener este nivel de respuesta. Es un proyecto artístico, pero también es, a propósito, un proyecto político que busca crear nuevos modos de relacionarse en internet», cuenta Lucas La Rochelle a Yorokobu.

La idea es que «puedas leer las historias y sentirte conectado o no a ellas. Cada persona lo experimenta de un modo diferente».

Tras la respuesta masiva, LaRochelle, autodefinido queer, dice sentirse «maravillosamente abrumado». Se ha creado, de algún modo, una red social que trasciende a los estándares de internet.

queer3

«Es una comunidad multidimensional. Puedo aprender cosas y conocer las historias de otra gente que experimenta lo queer en un contexto completamente diferente al mío. Te permite analizar mejor tu propio posicionamiento y privilegio».

La plataforma, como el movimiento queer, deconstruye al sujeto, al usuario. Mientras que la mayoría de redes sociales necesitan de un perfil, Queering the Map se aleja de ese proceso de construcción de una identidad en torno a un cuerpo.

De esta forma, el proyecto pretende alcanzar «un entendimiento colectivo, una suma de memorias subjetivas que se alejan de esa idea de una publicación limitada a una única identidad». «Hay algo poderoso y liberador en el anonimato y lo colectivo», afirma.

queer4

Según Lucas LaRochelle, el significado de queer es muy amplio y «significa muchas cosas diferentes para muchas personas diferentes». Como todas las palabras, tiene limitaciones.

«Hay gente que no se identifica con ella y cree que no es un término productivo. Pero si pensamos en ello como una metodología, como un término teórico, se trata de entendernos a nosotros mismos como algo que siempre está cambiando, en lugar de vernos como una identidad fija».

LaRochelle menciona a Judith Butler y su libro El género en disputa, en el que habla sobre cómo el feminismo construye a la mujer como un medio para ganar visibilidad política, al mismo tiempo que la define, en esencia, «como clase media blanca, excluyendo el resto de maneras en que las mujeres existen. El movimiento gay cae en algo parecido; siempre se acaba olvidando a una parte».

En su caso, la palabra queer «no me sirve necesariamente para identificarme como gay. Supongo que me definiría a mí mismo como gay, pero también como queer». Para el diseñador canadiense, queer funciona mejor porque no se considera una persona inherente al género masculino.

«No soy una persona cisgénero, y ser gay recae, en la mayoría de los casos, en la relación binaria entre un hombre y un hombre. Con queer puedo expresar ambas cosas al mismo tiempo: que mi sexualidad y mi género están fuera de lo cisgénero y heteronormativo».

Además, queer recoge la idea de persona no binaria: alguien que no asimila los espectros de los géneros binarios masculino y femenino.

«Una parte de identificarte de esta forma es dar espacio a experimentar tu género en el espectro completo. Se trata de una palabra que, simplemente, expresa ese sentimiento por el que unos días te sientes más cercano a la masculinidad y otros más a la feminidad», explica mientras incide en que se trata de su particular manera de vivir lo queer.

«Puedo dar mi definición, pero no todo el mundo va a experimentarlo del mismo modo. Así que, ¿por qué no abrir el término a ser definido por las experiencias de tantas personas como quieran participar?». De eso trata, al fin y al cabo, Queering the Map. De explorar las diferencias de quienes se identifican bajo unas siglas u otras. «A veces significan lo mismo, otras veces no», dice.

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Estas ideas posidentitarias pretenden, en última instancia, escapar de los posicionamientos sociales que nuestra raza, clase o género ejercen sobre nosotros, abrazando la inclusividad total.

En el caso del movimiento queer, sirve de «resistencia a las políticas LGTB de asimilación a través del matrimonio homosexual, en un intento de crear una subjetividad reconocida como normal en lugar de aferrarse al potencial de la diferencia».

Aunque hay quienes no comparten estas dilucidaciones, para Lucas «es necesario que tengamos este tipo de conversaciones en una comunidad poblada y experimentada de maneras tan diferentes».

Tras ser atacado hace unos meses por seguidores de Trump que llenaron el mapa de spam, Queering the Map ha resurgido con un nuevo panel de moderación que hace las veces de filtro a las experiencias que se comparten.

«Mucha gente se prestó a ayudar tras el ataque. Es algo que habla del valor de internet, de ese espíritu de colaboración que nació con internet y que todavía está ahí, solo que cada vez es más complicado acceder a él».

En palabras de Lucas LaRochelle, nos encontramos en un «momento de crisis en la era de internet» y hay una verdadera «necesidad de que proyectos como este existan».

queer6

El planteamiento capitalista que se cierne sobre internet ha ido alejándonos del papel que internet puede desempeñar en la creación de comunidades. «Creo que el hecho de que Queering the Map exista tiene que ver con el hecho de que no participa de ese capitalismo en el que los datos de los usuarios se han convertido en el nuevo petróleo».

A día de hoy, Queering the Map continúa sumando memorias personales y colectivas, en un intento de escapar a esa corriente binaria que se ejerce dentro y fuera de los distintos colectivos de nuestra sociedad.

«No creo que sea necesario contraponer estas cosas en términos de convertir una cosa en la correcta y otra en la incorrecta».

Lo importante es, al final, dar pie a una conversación sobre el modo en que la sexualidad da forma a nuestras vidas, que hable sobre «qué significa tener un sexo, qué significa tener un género, qué significa no tener un sexo, qué significa no tener un género. Términos que, durante mucho tiempo, han sido entendidos como verdades biológicas, cuando no son más que ideas construidas socialmente».

¿Cuánto hemos evolucionado en términos de libertad sexual y de género? La realidad es, a pesar de los avances, que seguimos supeditados a una sociedad en la que priman los valores y reglas de una parte de la población.

Por suerte para todos, las voces del porcentaje restante, cada vez mayor, se van colando a través de los distintos estratos sociales. De ese clamor nacen proyectos como Queering the Map, un mapa interactivo online que aglutina miles de experiencias queer alrededor de todo el planeta.

queer1

Lucas LaRochelle, el diseñador canadiense de 22 años responsable del proyecto, explica el movimiento queer como «la resistencia a lo normativo, a esa expectativa por la que un cuerpo debe experimentar la sexualidad y el género de una forma concreta».

Una búsqueda permanente que trasciende a la experiencia heterosexual o cisgénero (personas cuya identidad de género coincide con su sexo asignado al nacer) y que busca que «género y sexualidad puedan expandirse en muchas otras direcciones».

queer2

Queering the Map, que empezó como un proyecto de inspiración artística, ha logrado acumular más de diez mil experiencias en distintos puntos del globo. A cada hora, nuevos usuarios cuentan sus historias de manera anónima, sin registros ni recolección de datos de por medio.

«Cuando empecé no pensaba en que podría llegar a tener este nivel de respuesta. Es un proyecto artístico, pero también es, a propósito, un proyecto político que busca crear nuevos modos de relacionarse en internet», cuenta Lucas La Rochelle a Yorokobu.

La idea es que «puedas leer las historias y sentirte conectado o no a ellas. Cada persona lo experimenta de un modo diferente».

Tras la respuesta masiva, LaRochelle, autodefinido queer, dice sentirse «maravillosamente abrumado». Se ha creado, de algún modo, una red social que trasciende a los estándares de internet.

queer3

«Es una comunidad multidimensional. Puedo aprender cosas y conocer las historias de otra gente que experimenta lo queer en un contexto completamente diferente al mío. Te permite analizar mejor tu propio posicionamiento y privilegio».

La plataforma, como el movimiento queer, deconstruye al sujeto, al usuario. Mientras que la mayoría de redes sociales necesitan de un perfil, Queering the Map se aleja de ese proceso de construcción de una identidad en torno a un cuerpo.

De esta forma, el proyecto pretende alcanzar «un entendimiento colectivo, una suma de memorias subjetivas que se alejan de esa idea de una publicación limitada a una única identidad». «Hay algo poderoso y liberador en el anonimato y lo colectivo», afirma.

queer4

Según Lucas LaRochelle, el significado de queer es muy amplio y «significa muchas cosas diferentes para muchas personas diferentes». Como todas las palabras, tiene limitaciones.

«Hay gente que no se identifica con ella y cree que no es un término productivo. Pero si pensamos en ello como una metodología, como un término teórico, se trata de entendernos a nosotros mismos como algo que siempre está cambiando, en lugar de vernos como una identidad fija».

LaRochelle menciona a Judith Butler y su libro El género en disputa, en el que habla sobre cómo el feminismo construye a la mujer como un medio para ganar visibilidad política, al mismo tiempo que la define, en esencia, «como clase media blanca, excluyendo el resto de maneras en que las mujeres existen. El movimiento gay cae en algo parecido; siempre se acaba olvidando a una parte».

En su caso, la palabra queer «no me sirve necesariamente para identificarme como gay. Supongo que me definiría a mí mismo como gay, pero también como queer». Para el diseñador canadiense, queer funciona mejor porque no se considera una persona inherente al género masculino.

«No soy una persona cisgénero, y ser gay recae, en la mayoría de los casos, en la relación binaria entre un hombre y un hombre. Con queer puedo expresar ambas cosas al mismo tiempo: que mi sexualidad y mi género están fuera de lo cisgénero y heteronormativo».

Además, queer recoge la idea de persona no binaria: alguien que no asimila los espectros de los géneros binarios masculino y femenino.

«Una parte de identificarte de esta forma es dar espacio a experimentar tu género en el espectro completo. Se trata de una palabra que, simplemente, expresa ese sentimiento por el que unos días te sientes más cercano a la masculinidad y otros más a la feminidad», explica mientras incide en que se trata de su particular manera de vivir lo queer.

«Puedo dar mi definición, pero no todo el mundo va a experimentarlo del mismo modo. Así que, ¿por qué no abrir el término a ser definido por las experiencias de tantas personas como quieran participar?». De eso trata, al fin y al cabo, Queering the Map. De explorar las diferencias de quienes se identifican bajo unas siglas u otras. «A veces significan lo mismo, otras veces no», dice.

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Estas ideas posidentitarias pretenden, en última instancia, escapar de los posicionamientos sociales que nuestra raza, clase o género ejercen sobre nosotros, abrazando la inclusividad total.

En el caso del movimiento queer, sirve de «resistencia a las políticas LGTB de asimilación a través del matrimonio homosexual, en un intento de crear una subjetividad reconocida como normal en lugar de aferrarse al potencial de la diferencia».

Aunque hay quienes no comparten estas dilucidaciones, para Lucas «es necesario que tengamos este tipo de conversaciones en una comunidad poblada y experimentada de maneras tan diferentes».

Tras ser atacado hace unos meses por seguidores de Trump que llenaron el mapa de spam, Queering the Map ha resurgido con un nuevo panel de moderación que hace las veces de filtro a las experiencias que se comparten.

«Mucha gente se prestó a ayudar tras el ataque. Es algo que habla del valor de internet, de ese espíritu de colaboración que nació con internet y que todavía está ahí, solo que cada vez es más complicado acceder a él».

En palabras de Lucas LaRochelle, nos encontramos en un «momento de crisis en la era de internet» y hay una verdadera «necesidad de que proyectos como este existan».

queer6

El planteamiento capitalista que se cierne sobre internet ha ido alejándonos del papel que internet puede desempeñar en la creación de comunidades. «Creo que el hecho de que Queering the Map exista tiene que ver con el hecho de que no participa de ese capitalismo en el que los datos de los usuarios se han convertido en el nuevo petróleo».

A día de hoy, Queering the Map continúa sumando memorias personales y colectivas, en un intento de escapar a esa corriente binaria que se ejerce dentro y fuera de los distintos colectivos de nuestra sociedad.

«No creo que sea necesario contraponer estas cosas en términos de convertir una cosa en la correcta y otra en la incorrecta».

Lo importante es, al final, dar pie a una conversación sobre el modo en que la sexualidad da forma a nuestras vidas, que hable sobre «qué significa tener un sexo, qué significa tener un género, qué significa no tener un sexo, qué significa no tener un género. Términos que, durante mucho tiempo, han sido entendidos como verdades biológicas, cuando no son más que ideas construidas socialmente».

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