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25 de octubre 2014    /   IDEAS
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«Querido Ignasi, eres un fracasado»

25 de octubre 2014    /   IDEAS     por          
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Querido Ignasi (del año 1985),
Soy yo –es decir, tú– escribiéndote desde el futuro. Bueno, tu futuro, mi presente. Para ser más exacto, desde el año 2014. Esta noche he recordado aquella tarde del 85, cuando tenías 10 años. Saliste del cole cansado. De camino a casa te sentaste en un banco. Devorando unas pipas Churruca esbozaste en tu mente infantil una imagen de cómo podrías ser tú –es decir, yo– dentro de unos veinte años. Construiste un ideario enorme de certezas y éxitos alrededor de mi persona. Luego, acabadas las pipas, te fuiste a casa con prisa –creo que ese día tenías clase de Judo.
Pues bien, mira, por fin ha llegado el momento que imaginaste. El tiempo, que es más lento que un caracol, pero más terco que una mula, ha seguido su curso tranquilo, hasta llegar a hoy, momento elegido en que tu futuro es mi presente. Aquí estoy yo, con noticias frescas sobre aquél Ignasi que entonces soñaste.
Seré muy franco: no son buenas nuevas. El veredicto es claro. Querido Ignasi, tengo que decirte que eres –soy– un fracasado. Sí, suena fatal. Pero no encuentro mejor palabra para expresar la infinita distancia que separa lo que tú imaginaste que sería de lo que al final he acabado siendo. Vayamos por partes.
No tengo casa alguna, con o sin hipoteca. Nada. Cero. Ese piso grande y luminoso, con cuatro habitaciones gigantes, una nevera eterna y calefacción todos los días de la semana, simplemente no existe. Ni ha existido nunca. Ya sé: papá y el abuelo, a mi edad, ya tenían casa. Pero las cosas van como van.
En cualquier caso, no es el peor de mis fracasos. Lamento decirte que tampoco tengo hijos y que no fundé una familia. Los dos o tres chavales que pensaste, avispados y pillos, parecidos a ti, siguen en el limbo. Aunque tenga ya 38 tacos y quizás vaya siendo hora… Pero, mira, aún no ha pasado. Sigo siendo un no-padre fracasado.
Puedo imaginarte revuelto, confuso al leerme. Quizás reclamándome «Bueno, ¿y qué hay del curro? Tendrás al menos un buen trabajo, estable y bien pagado, ¿no?». No te asustes, Ignasi. Siéntate un momento, que esto es complicado.
Mira, el mundo ha cambiado mucho. Yo no tengo nada de eso. Ni la mayoría de mis amigos. No es que no tenga trabajo. Trabajo hay para aburrir. Otra cosa es que alguien te pague por hacerlo. Hice una buena carrera. Aprendí idiomas. Trabajé unos años para algunas empresas «gordas», de esas con recepción, secretarias y corbatas. Pero nada fue nunca demasiado estable ni mucho menos, seguro. Luego, hace un tiempo, decidí montar mi propia empresa. ¡Sí, soy «empresario»! No, no soy rico ni tengo yate. Lo que sí que tengo son algunos ataques de insomnio, pocas garantías de éxito y bastantes dolores de cabeza. Todo muy incierto. Todo muy complejo.
Pero lo peor, para ti, no será esto. Te conozco bien, sé lo que te ilusionaba, y tengo que añadir, muy avergonzado, que jamás logré ser delantero titular del Barça, ni grabé un disco, ni publiqué un libro. También en esas aventuras he fracasado estrepitosamente. Una lástima.
Pero no te preocupes por mí, por ti: ¡Estamos bien, en serio!
Aunque sea cierto que nunca publiqué un libro, he seguido escribiendo, guardo algunos manuscritos en casa, y lo que disfruté escribiéndolos no me lo va a quitar, ya, nadie.
Sigo tocando la guitarra, cantando de vez en cuando y, aunque sin disco, mis canciones se han convertido en un precioso mapa emocional de lo que ha sido nuestra vida.
Lo de no haber comprado nunca un piso me ha dado la oportunidad de vivir mil y una vidas distintas, más ligero de equipaje, más tranquilo.
Montar mi propia empresa ha sido –y es– una fascinante aventura. Jodidísima a ratos. Pero incalculablemente enriquecedora.
Aunque no tenga hijos, he construido muchas otras cosas –y vínculos– por el camino. Recuerdo besos y noches prodigiosas, en ciudades que hace años que no piso. Encima, finalmente, tras tantas olas y turbulencias, he encontrado un rayo de sol en Barcelona, con una chica llena de luz que, estoy seguro, si te cruzaras ahora mismo con ella, de vuelta a nuestra antigua casa, te dejaría completamente prendado.
Y sobre lo de las pocas certezas construídas y las muchísimas incertezas encima, verás, la vida me ha enseñado que el gran logro no está en eliminar las primeras, sino en aprender a convivir con las segundas –sin que te amarguen un dulce, o un café de domingo, o una tarde soleada en octubre.
En fin, ya me despido, Ignasi, que a este paso no llegarás a tu clase de Judo. Vete tranquilo y olvida todo esto cuánto antes, no vaya a condicionarte demasiado.
Con el tiempo, tu futuro y mi pasado se irán entrelazando, hasta unirse en un momento en que tú seas yo, y yo sea tú. Cuando eso suceda, intuyo que ya lo habrás entendido todo. Y te importará una mierda ser o no ser un fracasado.
Cúidate mucho, come fruta y no tengas –demasiado– miedo.
¡Nos vemos pronto, Ignasi!
Te quiere y te desea lo mejor,
Ignasi

Ignasi Giró es físico / creativo,
y fundador de la agencia de cosas Honest&Smile.
(Y en el año 1985 era un chaval algo gamberro, muy inquieto, soñador… y con un ligero sobrepeso)

Querido Ignasi (del año 1985),
Soy yo –es decir, tú– escribiéndote desde el futuro. Bueno, tu futuro, mi presente. Para ser más exacto, desde el año 2014. Esta noche he recordado aquella tarde del 85, cuando tenías 10 años. Saliste del cole cansado. De camino a casa te sentaste en un banco. Devorando unas pipas Churruca esbozaste en tu mente infantil una imagen de cómo podrías ser tú –es decir, yo– dentro de unos veinte años. Construiste un ideario enorme de certezas y éxitos alrededor de mi persona. Luego, acabadas las pipas, te fuiste a casa con prisa –creo que ese día tenías clase de Judo.
Pues bien, mira, por fin ha llegado el momento que imaginaste. El tiempo, que es más lento que un caracol, pero más terco que una mula, ha seguido su curso tranquilo, hasta llegar a hoy, momento elegido en que tu futuro es mi presente. Aquí estoy yo, con noticias frescas sobre aquél Ignasi que entonces soñaste.
Seré muy franco: no son buenas nuevas. El veredicto es claro. Querido Ignasi, tengo que decirte que eres –soy– un fracasado. Sí, suena fatal. Pero no encuentro mejor palabra para expresar la infinita distancia que separa lo que tú imaginaste que sería de lo que al final he acabado siendo. Vayamos por partes.
No tengo casa alguna, con o sin hipoteca. Nada. Cero. Ese piso grande y luminoso, con cuatro habitaciones gigantes, una nevera eterna y calefacción todos los días de la semana, simplemente no existe. Ni ha existido nunca. Ya sé: papá y el abuelo, a mi edad, ya tenían casa. Pero las cosas van como van.
En cualquier caso, no es el peor de mis fracasos. Lamento decirte que tampoco tengo hijos y que no fundé una familia. Los dos o tres chavales que pensaste, avispados y pillos, parecidos a ti, siguen en el limbo. Aunque tenga ya 38 tacos y quizás vaya siendo hora… Pero, mira, aún no ha pasado. Sigo siendo un no-padre fracasado.
Puedo imaginarte revuelto, confuso al leerme. Quizás reclamándome «Bueno, ¿y qué hay del curro? Tendrás al menos un buen trabajo, estable y bien pagado, ¿no?». No te asustes, Ignasi. Siéntate un momento, que esto es complicado.
Mira, el mundo ha cambiado mucho. Yo no tengo nada de eso. Ni la mayoría de mis amigos. No es que no tenga trabajo. Trabajo hay para aburrir. Otra cosa es que alguien te pague por hacerlo. Hice una buena carrera. Aprendí idiomas. Trabajé unos años para algunas empresas «gordas», de esas con recepción, secretarias y corbatas. Pero nada fue nunca demasiado estable ni mucho menos, seguro. Luego, hace un tiempo, decidí montar mi propia empresa. ¡Sí, soy «empresario»! No, no soy rico ni tengo yate. Lo que sí que tengo son algunos ataques de insomnio, pocas garantías de éxito y bastantes dolores de cabeza. Todo muy incierto. Todo muy complejo.
Pero lo peor, para ti, no será esto. Te conozco bien, sé lo que te ilusionaba, y tengo que añadir, muy avergonzado, que jamás logré ser delantero titular del Barça, ni grabé un disco, ni publiqué un libro. También en esas aventuras he fracasado estrepitosamente. Una lástima.
Pero no te preocupes por mí, por ti: ¡Estamos bien, en serio!
Aunque sea cierto que nunca publiqué un libro, he seguido escribiendo, guardo algunos manuscritos en casa, y lo que disfruté escribiéndolos no me lo va a quitar, ya, nadie.
Sigo tocando la guitarra, cantando de vez en cuando y, aunque sin disco, mis canciones se han convertido en un precioso mapa emocional de lo que ha sido nuestra vida.
Lo de no haber comprado nunca un piso me ha dado la oportunidad de vivir mil y una vidas distintas, más ligero de equipaje, más tranquilo.
Montar mi propia empresa ha sido –y es– una fascinante aventura. Jodidísima a ratos. Pero incalculablemente enriquecedora.
Aunque no tenga hijos, he construido muchas otras cosas –y vínculos– por el camino. Recuerdo besos y noches prodigiosas, en ciudades que hace años que no piso. Encima, finalmente, tras tantas olas y turbulencias, he encontrado un rayo de sol en Barcelona, con una chica llena de luz que, estoy seguro, si te cruzaras ahora mismo con ella, de vuelta a nuestra antigua casa, te dejaría completamente prendado.
Y sobre lo de las pocas certezas construídas y las muchísimas incertezas encima, verás, la vida me ha enseñado que el gran logro no está en eliminar las primeras, sino en aprender a convivir con las segundas –sin que te amarguen un dulce, o un café de domingo, o una tarde soleada en octubre.
En fin, ya me despido, Ignasi, que a este paso no llegarás a tu clase de Judo. Vete tranquilo y olvida todo esto cuánto antes, no vaya a condicionarte demasiado.
Con el tiempo, tu futuro y mi pasado se irán entrelazando, hasta unirse en un momento en que tú seas yo, y yo sea tú. Cuando eso suceda, intuyo que ya lo habrás entendido todo. Y te importará una mierda ser o no ser un fracasado.
Cúidate mucho, come fruta y no tengas –demasiado– miedo.
¡Nos vemos pronto, Ignasi!
Te quiere y te desea lo mejor,
Ignasi

Ignasi Giró es físico / creativo,
y fundador de la agencia de cosas Honest&Smile.
(Y en el año 1985 era un chaval algo gamberro, muy inquieto, soñador… y con un ligero sobrepeso)

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Opiniones 37
  • ¡Qué cierto todo! Enhorabuena por este texto, tan cargado de rosas como de espinas.
    Me quedo con este párrafo: «Y sobre lo de las pocas certezas construidas y las muchísimas incertezas encima, verás, la vida me ha enseñado que el gran logro no está en eliminar las primeras, sino en aprender a convivir con las segundas –sin que te amarguen un dulce, o un café de domingo, o una tarde soleada en octubre.» Aunque te sobra una tilde en ese ‘construidas’. 😉
    ¡Saludos!

  • Puag! El pesimismo típico español. Jamás me diría eso a mí mismo si pudiese viajar al pasado, tampoco se lo diría a los niños o jóvenes de ahora, vamos, en resumen, disfrazas tu amargura de conformismo pero te chorrea por las orejas.

    • He leído tu comentario y me ha llamado la atención…
      ¿Por qué crees que el autor esta conforme con su situación? Con tu respuesta, entiendo que crees que el autor no ha podido realizar las expectativas que tenía de niño.
      Sin embargo, yo he entendido que no lo ha hecho porque no ha querido hacerlo (diferente a poder), pues en la vida le han ido surgiendo diferentes camino que le han llevado hasta donde está ahora. Pero no lo veo conformista ni pesimista, en todo caso, positivo. Supongo que calificarlo de positivo te sorprenderá ya que es interpretación complentamente diferente a la tuya. Lo veo positivo porque me transmite lo siguiente: da igual que en tu presente no hayas cumplido (o estés cumpliendo) las expectativas de tu pasado, pues eso son, pasado; sino que estés cumpliendo las que ahora deseas, es decir, tu presente.
      Un pacer haberte leído a ti, pues me has hecho reflexionar y, por supuesto, al autor.

  • Querido Ignasi (del año 1985),
    No creas a Ignasi. Nada, cero, ni una palabra. Rompe su carta sin leerla. Está tan equivocado…
    Joven Ignasi, Ignasi el maduro ha perdido perspectiva. Tú no piensas en hipotecarte, sino en disfrutar de un hogar. No puedes entender todavía que, en estos tiempos los hijos llegan más tarde, casi a la desesperada. ¿Los tendrá? Prefiero no revelártelo, porque disfrutarás más el viaje.
    Ignasi el maduro escribe, libros y otras cosas. Y la gente le lee. Lo que ocurre es que ahora ya no hace falta publicar un libro para que te lean. Aunque, incluso eso, llegará.
    Recuerda, Ignasi el joven, darte un par de collejas cuando llegues a ser Ignasi el maduro. Mírate al espejo y repite: ironía, ironía…
    Os estaré esperando a ambos un poco más adelante.
    Os quiere,
    Ignasi el viejo

  • Estoy en las mismas que Ignasi, con la salvedad que he conseguido grabar discos. En 1997 uno y otro el año pasado. De esos underground de los que hoy en día es raro vender 100 copias (en el 97 aún podías vender 300 o 500, pero ahora con internet nadie quiere cds).

  • Somos millones los «fracasados» como tu Ignasi….pero, aunque muchas veces tengo que luchar por quitarme esa pesada mochila de sueños y proyectos que otros diseñaron para mi y que nunca cumplí, puedo decirte que soy feliz….lo esencial es invisible a los ojos. Un abrazo.

  • Querido Ignasi, que según los parámetros de este sistema degenerado seas un «fracasado» solo puede ser una buena noticia. Como dijo un tipo muy sabio una vez, «no es un signo de salud estar bien adaptado a un sistema enfermo».

  • El autor de este escrito sabe de lo que habla, pues la gente piensa q si se viaja al pasado o al futuro se arreglan todos los problemas. Y el mundo por muchos poderes que tenga uno no funciona asi!, si tu llegas a contactar con alguien de tu pasado siendo tu mismo, entenderás que por mucho que hallas sido tu en tu pasado esa vida ya no es tu vida si no su vida y que tu le pueds animar y motivar pero tienes que tener en cuenta que caminante, el camino se hace al andar.

  • El autor de este escrito sabe de lo que habla, pues la gente piensa q si se viaja al pasado o al futuro se arreglan todos los problemas. Y el mundo por muchos poderes que tenga uno no funciona asi!, si tu llegas a contactar con alguien de tu pasado siendo tu mismo, entenderás que por mucho que hallas sido tu en tu pasado esa vida ya no es tu vida si no su vida y que tu le pueds animar y motivar pero tienes que tener en cuenta que caminante, el camino se hace al andar no al hablar.

  • Bonito relato sin lugar a duda, me ha gustado mucho e imagino que aparte de escribir un texto para ti, has conseguido que otros se sientan identificados en muchos pensamientos en los que muchas veces se nos pasa eso por la cabeza de ser importantes o haber triunfado siendo el mejor en algo y haber visto que no lo hemos conseguido o que nos hemos quedado a mitad (o menos) camino… sin tener esa vida perfecta en la que soñabamos de pequeños cuando seamos mayores.
    Pero es cierto, eso realmente no es lo más importante, somos uno más, convencionales como el resto pero a la vez especiales como nosotros mismos. Como leí una vez en algún sitio «Sé tú, e intenta ser feliz, pero sobre todo, sé tú» y aunque no me gusta citar frases célebres de otros pienso siempre mucho en esa frase, que en parte me marcó mi forma de ser.
    Un saludo,
    B

  • Felicidades, el texto es genial.
    Soñar en un momento de bienestar como el que vivimos cuando éramos más pequeños se ha convertido en una trampa que solo podremos esquivar siendo honestos y realistas con nosotros mismos y con la realidad. Es necesaria la positividad y lucha para resetear y convertir nuevos objetivos en metas realistas. Lo genial es que esto no cambia y que probablemente nuestro yo de 50 volvería a escribir para decir que quizás ahora también estamos algo equivocados con lo que buscamos y queremos; eso es la vida ¿no?

  • Madre del amor hermoso, querría decirte algo como «bravo» pero más, pero no encuentro las palabras. Está claro que yo tampoco escribiré ningún libro. Tremendo, gigante, necesario. Imprimir.

  • Querido Ignasi:
    Pues, creo que Querido Ignasi, el pequeño, no tiene nada de qué preocuparse por su futuro. Estoy segura que él entiende, o entenderá en su momento, que una vida planeada es demasiado aburrida, y qué suerte que nos lleve por caminos que no nos habíamos trazado.
    Abrazo.

  • Hola Ignasis,
    hace un tiempo estuve en una conferencia que diste en Bcn, y desde luego si tengo que poner un adjetivo a la persona a la que escuché, ese no seria «fracasado», sí en cambio podrían ser:
    – valiente, por varios motivos en los que incluyo el dar la misma conferencia (a mi me da pavor hablar en público) o crear tu propia empresa,
    – inteligente, no sólo por los estudios sino que también por el contenido de cada una de tus frases,
    – interesante, por mil y una experiencias que puedes compartir,
    – «interesante» chico guapo con guitarra -no digo más…-
    – aventurero, por cada lugar y proyecto que has recorrido,
    – creativo, en todo lo que haces y en la manera en que lo haces,
    – emprendedor, (no todos los días uno monta crowdfoundings), porque sólo los que no lo intentan son los que realmente fracasan,
    – alegre y simpático, sólo hay que ver las tarjetas con las que obsequiaste a cada uno de los asistentes a la conferencia….
    Y podría seguir un buen rato.
    El fracaso es muy subjetivo, de todos modos me da la impresión de que este artículo esta escrito un poco a modo irónico (precisamente por eso de la subjetividad en cuanto a lo que se considera el éxito, y más en diferentes edades), pero de todos modos tenía ganas de contarte lo inspiradora y exitosa que me pareció tu vida escuchándote aquel día, además explicado con humildad. Dile a tu «yo joven» que no jugarás en el Barça, pero que estarás en primera división de otra liga; que no tendrás casa propia, pero a cambio el mundo será tu hogar; que no tendrás un curro estable, pero a cambio harás lo que te de la gana; que no grabarás un disco, pero que cientos de personas te verán tocar la guitarra y te aplaudirán; que no escribirás un libro, pero que llegaras a miles de personas con tus palabras.
    En resumen, que ser jugador del Barça esta sobrevalorado 😉
    Gracias

    • Más allá de los números, que luego aclararé, realmente, de todo el artículo, ¿lo más destacable, lo que merece un comentario, es anunciarme que me he -supuestamente- confundido en la edad? Esto, me impacta! :–)
      Dicho esto, clarifico:
      · Soy de diciembre del 1975.
      · En el año 1985 cumplí los diez años.
      · El artículo data de octubre del 2014, cuando aún tenía 38 años.
      ¡Quién los pillara! 😛

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