28 de octubre 2020    /   IDEAS
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Quesuismo, la piedra en la que tropieza a veces el habla coloquial

Una conversación ortográfica

28 de octubre 2020    /   IDEAS     por          
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—Me ha vuelto a dejar tirada el coche. Me toca llevarlo al taller otra vez.

—Lo que tienes que hacer es mandarlo al desguace y pillarte uno nuevo. Un eléctrico, que no contamina y puedes aparcar en el centro con él.

—¡Ay, no!, que le tengo cariñín a este. A ver si me aguanta un añito más y luego veo.

—Pues tengo un amigo que su hermano tiene un taller muy cerca de donde vives. Seguro que puede hacerte buen precio.

—¿Y es bueno?

—Está bueno, que es mejor. Mira que si encuentras a tu crush gracias a mí…

—¡Claro que sí, guapi! Y como pago a tus servicios, te hago madrina de mi boda. Anda, dame su teléfono, que le doy un toque a ver…

Con el eterno dilema de si cambiar de coche o no hemos topado. Y ya que hablamos de tropezones, acabamos de darnos de morros con el quesuismo, es decir, el uso incorrecto de la combinación que su (*Tengo un amigo que su hermano tiene un taller) en lugar del relativo cuyo. Así pues, en el ejemplo anterior habría sido más correcto decir cuyo hermano que la fórmula empleada. Ahora bien, si cuyo te suena a abuelo, a viejuno, a rancio, siempre queda la opción de buscar una construcción alternativa: El hermano de mi amigo tiene un taller, etc.

Este fenómeno lingüístico, primo hermano del queísmo y del dequeísmo, es muy frecuente en el lenguaje coloquial, y no tanto en el escrito, según explica la Nueva gramática de la lengua española. Y aunque no irás a las mazmorras de la RAE por ello, conviene evitarlo cuando hables.

Unas veces da la cara, como es el caso que nos ocupa, y otras se esconde y cuesta más pillar el gazapo. Decimos, entonces, que se trata de un quesuismo implícito, como ocurre en el ejemplo que da la Wikilengua: *Planta cuyas hojas terminan en punta y sus flores son blancas. ¿Por qué es un fail? Porque el que está omitido, quizá por el cuyo anterior –aclaran–. Para darla por buena, deberíamos haber dicho: … cuyas hojas terminan en punta y cuyas flores son blancas. Ya, claro, tanto cuyo da pereza. Quizá habría sido mejor, una vez más, optar por otra estructura, que para repetirse ya está el pepino: Planta con hojas que terminan en punta y de flores blancas.

Pero, ojo cuidao, que no todo lo que lleve que su en su composición es un error ni todo lo que lleve cuyo es correcto. Me dijo que su cuñado tenía un taller está perfectamente construida. Al igual que *¿Sabías que la potencia de las vuvuzelas equivale a la de un avión de cerca y cuyo sonido es similar al zumbido de una abeja? (gracias, Wikilengua, una vez más por el ejemplo) está mal, muy mal. Porque lo correcto hubiera sido: … y que su sonido es similar.

Después de tanta explicación, ya puedes decidir tranquilamente si cambias tu tartana por un eléctrico. O si la llevas al taller del hermano macizorro, aunque no sea más que por alegrarte la vista. Porque el bolsillo, con estas cosas, ya sabes que se quedará mustio sí o sí.

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—Me ha vuelto a dejar tirada el coche. Me toca llevarlo al taller otra vez.

—Lo que tienes que hacer es mandarlo al desguace y pillarte uno nuevo. Un eléctrico, que no contamina y puedes aparcar en el centro con él.

—¡Ay, no!, que le tengo cariñín a este. A ver si me aguanta un añito más y luego veo.

—Pues tengo un amigo que su hermano tiene un taller muy cerca de donde vives. Seguro que puede hacerte buen precio.

—¿Y es bueno?

—Está bueno, que es mejor. Mira que si encuentras a tu crush gracias a mí…

—¡Claro que sí, guapi! Y como pago a tus servicios, te hago madrina de mi boda. Anda, dame su teléfono, que le doy un toque a ver…

Con el eterno dilema de si cambiar de coche o no hemos topado. Y ya que hablamos de tropezones, acabamos de darnos de morros con el quesuismo, es decir, el uso incorrecto de la combinación que su (*Tengo un amigo que su hermano tiene un taller) en lugar del relativo cuyo. Así pues, en el ejemplo anterior habría sido más correcto decir cuyo hermano que la fórmula empleada. Ahora bien, si cuyo te suena a abuelo, a viejuno, a rancio, siempre queda la opción de buscar una construcción alternativa: El hermano de mi amigo tiene un taller, etc.

Este fenómeno lingüístico, primo hermano del queísmo y del dequeísmo, es muy frecuente en el lenguaje coloquial, y no tanto en el escrito, según explica la Nueva gramática de la lengua española. Y aunque no irás a las mazmorras de la RAE por ello, conviene evitarlo cuando hables.

Unas veces da la cara, como es el caso que nos ocupa, y otras se esconde y cuesta más pillar el gazapo. Decimos, entonces, que se trata de un quesuismo implícito, como ocurre en el ejemplo que da la Wikilengua: *Planta cuyas hojas terminan en punta y sus flores son blancas. ¿Por qué es un fail? Porque el que está omitido, quizá por el cuyo anterior –aclaran–. Para darla por buena, deberíamos haber dicho: … cuyas hojas terminan en punta y cuyas flores son blancas. Ya, claro, tanto cuyo da pereza. Quizá habría sido mejor, una vez más, optar por otra estructura, que para repetirse ya está el pepino: Planta con hojas que terminan en punta y de flores blancas.

Pero, ojo cuidao, que no todo lo que lleve que su en su composición es un error ni todo lo que lleve cuyo es correcto. Me dijo que su cuñado tenía un taller está perfectamente construida. Al igual que *¿Sabías que la potencia de las vuvuzelas equivale a la de un avión de cerca y cuyo sonido es similar al zumbido de una abeja? (gracias, Wikilengua, una vez más por el ejemplo) está mal, muy mal. Porque lo correcto hubiera sido: … y que su sonido es similar.

Después de tanta explicación, ya puedes decidir tranquilamente si cambias tu tartana por un eléctrico. O si la llevas al taller del hermano macizorro, aunque no sea más que por alegrarte la vista. Porque el bolsillo, con estas cosas, ya sabes que se quedará mustio sí o sí.

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