2 de agosto 2011    /   IDEAS
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¿Quiere ganar en Bolsa? Contrate a un psicópata

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“Narcisismo, capacidad para mentir y manipular, frialdad de ánimo, ausencia de remordimiento…” No se trata del retrato robot de un asesino en serie sino de un ladrón de guante blanco tal y como los retrató Edwin Sutherland en su clásico “Ladrones profesionales” (1939). Los brokers de aquella época eran unos aficionados comparados con los que han venido luego: Bernard Madoff, Mario Conde, Larry Summers o Antonio Camacho, fundador de Gescartera, todos émulos de Gordon Gekko, el personaje que interpretó Michael Douglas en “Wall Street”.
Antes de que alguien me acuse de demagogo por aplicar la etiqueta de “psicópata” a los agentes de bolsa, veamos los hechos. Un estudio llevado a cabo por la Universidad Carnegie Mellon en 2005 puso de manifiesto que individuos con ciertas lesiones cerebrales lograban mejores rendimientos en el mercado bursátil que personas sanas. Los que sufrían daños cerebrales tendían a tomar riesgos inasumibles para el resto de las personas a la hora de invertir; la frialdad, la carencia de sentimientos y la falta de remordimientos convertía a estos “psicópatas funcionales” en los inversores perfectos.
Esto no sería mayor inconveniente (un puesto de trabajo idóneo para un discapacitado = albricias) si no fuera por un pequeño detalle: desde los años 90 la economía financiera —casi enteramente especulativa— ha sobrepasado con mucho el tamaño de la economía “real”.
La bolsa de valores, que se creó para que las empresas encontraran financiación, se ha convertido en un gigantesco casino en el que cualquier actividad es susceptible de recibir apuestas: desde el precio del cacao en Sierra Leona a las pensiones de los jubilados alemanes.
En otras palabras, la economía mundial está casi enteramente en manos de un puñado de psicópatas que, desde Londres, Nueva York, Tokio y Frankfurt, dan rienda suelta a su narcisismo, derribando economías (Irlanda, 2010) o monedas nacionales (como hizo George Soros, que ahora purga sus culpas, con la libra esterlina en 1992).
El daño causado por la ingeniería financiera a la economía mundial está magistralmente relatada en el documental “Inside Job”. Uno de los entrevistados en la película es Andrew Lo, director del Laboratorio de Ingeniería Financiera del MIT, que cuenta ante las cámaras: “Se ha comprobado en pruebas con resonancia magnética que las partes del cerebro que se activan a la hora de ganar dinero son las mismas que se estimulan con la cocaína”.

El psiquiatra José Antonio García-Andrade, que dedicó un capítulo de su libro “Psiquiatría criminal” a los delincuentes de cuello blanco, hace un análisis freudiano del comportamiento de los “amos del Universo”, como los llamaba Tom Wolfe: “A menudo, la exploración psiquiátrica de estos individuos revela una rivalidad con el padre no superada. Esta rivalidad le lleva a querer siempre
más, a pretender superar al padre incesantemente”.
La búsqueda obsesiva de poder, dinero y reconocimiento lleva a los brokers a tomar enormes riesgos. No en vano, hablamos de “personas impulsivas, amantes del peligro…, lo que forma parte de su personalidad”, resume Jonathan Alpert, un terapeuta que atiende a ejecutivos de alto nivel de Wall Street.
Pero las sospechas de psicopatía no solo recaen en los operadores de bolsa, especuladores y ventajistas varios, sino en las corporaciones, los actores principales del gran teatro del capitalismo. Un documental realizado en 2003 y que está viviendo una nueva vida gracias a Internet, “The corporation”, disecciona el comportamiento de las multinacionales como si, en lugar de personas jurídicas, se tratara de seres humanos. La desoladora conclusión es que las corporaciones se comportan como auténticos psicópatas, a tenor de unos rasgos definidos por el Manual de diagnóstico de las enfermedades mentales, entre otros:
-Incapacidad para sentir culpa.
-Desconsideración hacia los sentimientos ajenos.
-Incapacidad de atacar los límites legales de la conducta.

Ilustración de Juan Díaz Faes

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“Narcisismo, capacidad para mentir y manipular, frialdad de ánimo, ausencia de remordimiento…” No se trata del retrato robot de un asesino en serie sino de un ladrón de guante blanco tal y como los retrató Edwin Sutherland en su clásico “Ladrones profesionales” (1939). Los brokers de aquella época eran unos aficionados comparados con los que han venido luego: Bernard Madoff, Mario Conde, Larry Summers o Antonio Camacho, fundador de Gescartera, todos émulos de Gordon Gekko, el personaje que interpretó Michael Douglas en “Wall Street”.
Antes de que alguien me acuse de demagogo por aplicar la etiqueta de “psicópata” a los agentes de bolsa, veamos los hechos. Un estudio llevado a cabo por la Universidad Carnegie Mellon en 2005 puso de manifiesto que individuos con ciertas lesiones cerebrales lograban mejores rendimientos en el mercado bursátil que personas sanas. Los que sufrían daños cerebrales tendían a tomar riesgos inasumibles para el resto de las personas a la hora de invertir; la frialdad, la carencia de sentimientos y la falta de remordimientos convertía a estos “psicópatas funcionales” en los inversores perfectos.
Esto no sería mayor inconveniente (un puesto de trabajo idóneo para un discapacitado = albricias) si no fuera por un pequeño detalle: desde los años 90 la economía financiera —casi enteramente especulativa— ha sobrepasado con mucho el tamaño de la economía “real”.
La bolsa de valores, que se creó para que las empresas encontraran financiación, se ha convertido en un gigantesco casino en el que cualquier actividad es susceptible de recibir apuestas: desde el precio del cacao en Sierra Leona a las pensiones de los jubilados alemanes.
En otras palabras, la economía mundial está casi enteramente en manos de un puñado de psicópatas que, desde Londres, Nueva York, Tokio y Frankfurt, dan rienda suelta a su narcisismo, derribando economías (Irlanda, 2010) o monedas nacionales (como hizo George Soros, que ahora purga sus culpas, con la libra esterlina en 1992).
El daño causado por la ingeniería financiera a la economía mundial está magistralmente relatada en el documental “Inside Job”. Uno de los entrevistados en la película es Andrew Lo, director del Laboratorio de Ingeniería Financiera del MIT, que cuenta ante las cámaras: “Se ha comprobado en pruebas con resonancia magnética que las partes del cerebro que se activan a la hora de ganar dinero son las mismas que se estimulan con la cocaína”.

El psiquiatra José Antonio García-Andrade, que dedicó un capítulo de su libro “Psiquiatría criminal” a los delincuentes de cuello blanco, hace un análisis freudiano del comportamiento de los “amos del Universo”, como los llamaba Tom Wolfe: “A menudo, la exploración psiquiátrica de estos individuos revela una rivalidad con el padre no superada. Esta rivalidad le lleva a querer siempre
más, a pretender superar al padre incesantemente”.
La búsqueda obsesiva de poder, dinero y reconocimiento lleva a los brokers a tomar enormes riesgos. No en vano, hablamos de “personas impulsivas, amantes del peligro…, lo que forma parte de su personalidad”, resume Jonathan Alpert, un terapeuta que atiende a ejecutivos de alto nivel de Wall Street.
Pero las sospechas de psicopatía no solo recaen en los operadores de bolsa, especuladores y ventajistas varios, sino en las corporaciones, los actores principales del gran teatro del capitalismo. Un documental realizado en 2003 y que está viviendo una nueva vida gracias a Internet, “The corporation”, disecciona el comportamiento de las multinacionales como si, en lugar de personas jurídicas, se tratara de seres humanos. La desoladora conclusión es que las corporaciones se comportan como auténticos psicópatas, a tenor de unos rasgos definidos por el Manual de diagnóstico de las enfermedades mentales, entre otros:
-Incapacidad para sentir culpa.
-Desconsideración hacia los sentimientos ajenos.
-Incapacidad de atacar los límites legales de la conducta.

Ilustración de Juan Díaz Faes

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Opiniones 10
  • Este tema es una mecánica de funcionamiento a todas las escalas sociales. Con tema me refiero a la psicopatía, es una constante de las sociedades modernas. De hecho, parece que los comportamientos ausentes de remordimientos, lo psicopáticos, son una herramienta de supervivencia en el reino animal totalmente vigente en nosotros. Quién sabe si con la educación podría quedar en un vestigio… o peor, quién sabe si ya es un antiguo vestigio y simplemente nos educamos para ser un poco psicópatas. He escuchado mil veces eso de «hay que ser un poco egoísta», y en unas sociedades muy egoístas ya de por sí, ese proceder tan aceptado y comprendido para evitar que te pisen los de al lado, no hace más que alejar el límite de lo que entendemos por egoísmo, lo deformamos para vivir más tranquilos, anestesiamos nuestra conciencia a escala global. Pero bueno, eso, más que un problema, porque los problemas se pueden solucionar, sea más bien un hecho.

  • Por culpa de estos locos el pobre mercado nunca se queda quieto y tienen que darle tila de ayudas económicas para comprar deudas de países en peligro…
    Pobrecito mercado, pobrecitos psicópatas.

  • Muy interesante. A pesar de que sólo podemos hipotetizar sobre la prevalencia de psicopatía, un estudio de Hare y Babiak (2005) encontró una prevalencia del 5% en ambientes empresariales. Una matización: el Manual de Diagnóstico de las Enfermedades Mentales (DSM) no incluye el diagnóstico de psicopatía, esos síntomas corresponden al Trastorno Antisocial de la Personalidad, muy parecido pero no idéntico.

  • Usted es un demagogo, además de un ignorante en la materia. Aquí no hay riesgos, más bien exposición controlada con mecanismos de stopnal 2% de plusvalías negativas. No existe frialdad o sentimientos/corazonadad, sólo análisis fundamentales y técnicos . Y por supuestos, nada que en cualquier otra profesión no exista ya: obtener mejor sueldo que el resto, progresar en la vida..

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