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Publicado: 22 de diciembre 2015 03:13  /   BRANDED CONTENT
 

Mamá, quiero ser emprendedor social

Publicado: 22 de diciembre 2015 03:13  /   BRANDED CONTENT              
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Un emprendimiento social requiere, primero, de una cosa muy básica: una definición exacta. Varias webs dedicadas a su fomento destacan, como común denominador, el hecho de que es una empresa o negocio que utiliza los instrumentos de mercado, ofreciendo un bien o servicio por el que recibe un dinero con el que paga sus costes y gana algo, para tratar de lograr beneficios para la sociedad y especialmente sus sectores excluidos. Así lo explica, por ejemplo, Ashoka, considerada la mayor red de emprendedores sociales del mundo.

Hay tres modelos o variantes por los que estos negocios logran beneficiar a la sociedad en la que están inmersos. La primera es generar oportunidades laborales para personas en riesgo o excluidos. Por ejemplo, una política de contratación de personas con discapacidad, de mujeres víctimas de violencia machista, jóvenes de zonas deprimidas…

El segundo modelo es ayudar a estos sectores a acceder a productos y servicios que son elementales, como el agua, la electricidad, la salud…

El tercero, descrito por el Nobel de la Paz Muhammad Yunus, el banquero de los pobres, en su libro Creando un mundo sin pobreza, es aquel cuyo beneficio no radica en el producto sino en la propiedad del negocio. Por ejemplo, una empresa en la que esas personas en riesgo de exclusión social tienen parte de las acciones.

Es fácil imaginarse que estas empresas tienen una forma diferente de funcionar debido a que en estos modelos el beneficio social, la inclusión y las nuevas oportunidades son su fin, mientras que el beneficio económico no es nada más que un medio para lograrlo. Esto lleva a algunas tensiones que las compañías tradicionales no tienen que soportar.

Una, y no precisamente la menor, es el retorno de beneficios, y el hecho de que el punto de equilibrio (es decir, el momento en el que la inversión inicial se recupera y el negocio comienza a dar dinero) se alcance más tarde que en una tradicional. Puede ser debido tanto a su objetivo final, que es social y no económico, como a su política de contratación.

En la red Ashoka cuentan el caso de Granja Andar, que es un servicio de catering en el que trabajan personas con discapacidad mental, al que un nuevo cliente le pidió un servicio en domingo.

Por un lado, era dinero, nuevo cliente, nuevos ingresos. Por otro, que los trabajadores tuvieran que laborar el Día de Señor no es mejorar su calidad de vida, que al final era el objetivo de la empresa.

Otro es el precio del producto o servicio. Si el objetivo es lograr que accedan clientes en riesgo, hay que lograr un equilibro entre una cantidad que permita seguir el negocio pero que no impida que estos clientes accedan al mismo. También el modelo de gobierno de estas empresas, en el que tienen peso las comunidades beneficiadas a las que se busca dar protagonismo.

Si algo no les falta a este tipo de empresas son las dificultades: acceso a la financiación, cómo saber si están funcionando o no, cómo agruparse para ser más fuertes… Acudir al crowfunding o a las plataformas que apoyan el emprendimiento puede ser una buena solución para ellos.

Con todo, cuando el camino sea más difícil, quizá sea bueno recordar las palabras de Yunus:

–Un dólar proveniente de la caridad tiene solo una vida. Un dólar proveniente de un negocio social tiene vida eterna.

 

Foto portada: Everett Historical / Shutterstock.com

Un emprendimiento social requiere, primero, de una cosa muy básica: una definición exacta. Varias webs dedicadas a su fomento destacan, como común denominador, el hecho de que es una empresa o negocio que utiliza los instrumentos de mercado, ofreciendo un bien o servicio por el que recibe un dinero con el que paga sus costes y gana algo, para tratar de lograr beneficios para la sociedad y especialmente sus sectores excluidos. Así lo explica, por ejemplo, Ashoka, considerada la mayor red de emprendedores sociales del mundo.

Hay tres modelos o variantes por los que estos negocios logran beneficiar a la sociedad en la que están inmersos. La primera es generar oportunidades laborales para personas en riesgo o excluidos. Por ejemplo, una política de contratación de personas con discapacidad, de mujeres víctimas de violencia machista, jóvenes de zonas deprimidas…

El segundo modelo es ayudar a estos sectores a acceder a productos y servicios que son elementales, como el agua, la electricidad, la salud…

El tercero, descrito por el Nobel de la Paz Muhammad Yunus, el banquero de los pobres, en su libro Creando un mundo sin pobreza, es aquel cuyo beneficio no radica en el producto sino en la propiedad del negocio. Por ejemplo, una empresa en la que esas personas en riesgo de exclusión social tienen parte de las acciones.

Es fácil imaginarse que estas empresas tienen una forma diferente de funcionar debido a que en estos modelos el beneficio social, la inclusión y las nuevas oportunidades son su fin, mientras que el beneficio económico no es nada más que un medio para lograrlo. Esto lleva a algunas tensiones que las compañías tradicionales no tienen que soportar.

Una, y no precisamente la menor, es el retorno de beneficios, y el hecho de que el punto de equilibrio (es decir, el momento en el que la inversión inicial se recupera y el negocio comienza a dar dinero) se alcance más tarde que en una tradicional. Puede ser debido tanto a su objetivo final, que es social y no económico, como a su política de contratación.

En la red Ashoka cuentan el caso de Granja Andar, que es un servicio de catering en el que trabajan personas con discapacidad mental, al que un nuevo cliente le pidió un servicio en domingo.

Por un lado, era dinero, nuevo cliente, nuevos ingresos. Por otro, que los trabajadores tuvieran que laborar el Día de Señor no es mejorar su calidad de vida, que al final era el objetivo de la empresa.

Otro es el precio del producto o servicio. Si el objetivo es lograr que accedan clientes en riesgo, hay que lograr un equilibro entre una cantidad que permita seguir el negocio pero que no impida que estos clientes accedan al mismo. También el modelo de gobierno de estas empresas, en el que tienen peso las comunidades beneficiadas a las que se busca dar protagonismo.

Si algo no les falta a este tipo de empresas son las dificultades: acceso a la financiación, cómo saber si están funcionando o no, cómo agruparse para ser más fuertes… Acudir al crowfunding o a las plataformas que apoyan el emprendimiento puede ser una buena solución para ellos.

Con todo, cuando el camino sea más difícil, quizá sea bueno recordar las palabras de Yunus:

–Un dólar proveniente de la caridad tiene solo una vida. Un dólar proveniente de un negocio social tiene vida eterna.

 

Foto portada: Everett Historical / Shutterstock.com

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  • Tengo un Nokia C3 y no puedo instalar las aplicaciones con extensión jar (java) quise bajar esto y no me deja porque estaba subida a megaupload.Podrías decirme en el mail cómo o mandarme ahí el manual?Mil gracias, Disculpa las molestias.Franco

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