29 de octubre 2014    /   DIGITAL
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'Radiadores digitales': el calor de servidores convertido en calefacción del hogar

29 de octubre 2014    /   DIGITAL     por          
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En las granjas de servidores hace calor. Mucho calor. Tanto que podría destrozar todas las máquinas en una especie de harakiri digital. Para que eso no ocurra los dueños de estos centros invierten inmensas sumas de dinero en enfriar las salas. Es decir, claramente, sobra calor. Pero a la vez hay muchos hogares que pasan frío y no pueden pagar la calefacción. Es decir, terriblemente, falta calor.
Este desequilibrio podría corregirse con una redistribución. Lo que sobra en un sitio debería dirigirse al lugar donde lo necesitan. Eso es lo que propone Paul Benoit. El francés ha ideado un sistema para que las grandes compañías de almacenamiento de datos alojen parte de sus servicios en ‘radiadores digitales’ que se pueden instalar en la pared de algunas casas de París.
La idea viene de lejos. De días, hace una década, en que el calor apretaba las paredes del banco donde trabajaba Benoit. El ingeniero veía cómo se iban acumulando los servidores en su departamento de informática mientras que el precio de la electricidad subía y los ciudadanos sufrían las de Caín para pagar la calefacción.
El pasado mes de julio, la compañía de Benoit, Qarnot Computing, probó cómo funcionaban estos aparatos que, por una parte, forman parte de los servidores de grandes empresas y, por otra, hacen de radiadores de hogares que tienen problemas en pagar la electricidad.
«Los radiadores que construimos nosotros hacen el procesamiento de datos de muchas compañías en remoto. Es trabajo en la nube. Cada radiador tiene capacidad para hacer el procesamiento de cuatro ordenadores y está conectado a internet mediante fibra óptica», indica Hélène Legay, directora de comunicación de Qarnot Computing. «En el cloud de los radiadores hacemos procesamiento de datos pero no ofrecemos  almacenamiento».
La construcción y el mantenimiento de los data center resultan muy costosos. Muchas compañías los alojan en lugares donde la electricidad es más barata, como el estado de Oregón en EEUU, o instalan estos centros en los países más fríos, como Suecia o Finlandia.
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Los fundadores de Qarnot Computing consideran que hay más opciones que seguir construyendo inmensas granjas de servidores. Parte de los equipos podrían instalarse en hogares que necesitan calefacción. Así se evitaría este desperdicio de calor y se reduciría la contaminación del exceso de aire acondicionado.
La compañía instaló el año pasado 350 ‘radiadores digitales’ en casas de París y para finales de este año llegarán a 500. Dicen que están recibiendo muchas solicitudes y, entre ellas, la de un agricultor que necesita meter sus tomateras en la canícula durante todo el año. «La acogida de los primeros usuarios ha sido muy buena. No tienen que pagar por su calefacción y disfrutan de una temperatura templada en su casa», indica Legay. «Las personas que usan estos radiadores pueden controlar la temperatura, igual que lo harían en un aparato convencional. Lo que no saben es qué ordenadores están funcionando desde ese radiador».
La idea de reutilizar el calor no es nueva. Es tan antigua como el pasado. Muchas viviendas de varias plantas alojaban el ganado en el piso más bajo. El calor de los animales se acumulaba en el establo y ascendía a las plantas donde vivían los humanos.
Antes eran ‘granjas animales’ y hoy son ‘granjas digitales’. Pero, al final, se trata de lo mismo. De lo que hoy se llama sostenibilidad y ayer, sentido común.
Imágenes: Qarnot computing
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En las granjas de servidores hace calor. Mucho calor. Tanto que podría destrozar todas las máquinas en una especie de harakiri digital. Para que eso no ocurra los dueños de estos centros invierten inmensas sumas de dinero en enfriar las salas. Es decir, claramente, sobra calor. Pero a la vez hay muchos hogares que pasan frío y no pueden pagar la calefacción. Es decir, terriblemente, falta calor.
Este desequilibrio podría corregirse con una redistribución. Lo que sobra en un sitio debería dirigirse al lugar donde lo necesitan. Eso es lo que propone Paul Benoit. El francés ha ideado un sistema para que las grandes compañías de almacenamiento de datos alojen parte de sus servicios en ‘radiadores digitales’ que se pueden instalar en la pared de algunas casas de París.
La idea viene de lejos. De días, hace una década, en que el calor apretaba las paredes del banco donde trabajaba Benoit. El ingeniero veía cómo se iban acumulando los servidores en su departamento de informática mientras que el precio de la electricidad subía y los ciudadanos sufrían las de Caín para pagar la calefacción.
El pasado mes de julio, la compañía de Benoit, Qarnot Computing, probó cómo funcionaban estos aparatos que, por una parte, forman parte de los servidores de grandes empresas y, por otra, hacen de radiadores de hogares que tienen problemas en pagar la electricidad.
«Los radiadores que construimos nosotros hacen el procesamiento de datos de muchas compañías en remoto. Es trabajo en la nube. Cada radiador tiene capacidad para hacer el procesamiento de cuatro ordenadores y está conectado a internet mediante fibra óptica», indica Hélène Legay, directora de comunicación de Qarnot Computing. «En el cloud de los radiadores hacemos procesamiento de datos pero no ofrecemos  almacenamiento».
La construcción y el mantenimiento de los data center resultan muy costosos. Muchas compañías los alojan en lugares donde la electricidad es más barata, como el estado de Oregón en EEUU, o instalan estos centros en los países más fríos, como Suecia o Finlandia.
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Los fundadores de Qarnot Computing consideran que hay más opciones que seguir construyendo inmensas granjas de servidores. Parte de los equipos podrían instalarse en hogares que necesitan calefacción. Así se evitaría este desperdicio de calor y se reduciría la contaminación del exceso de aire acondicionado.
La compañía instaló el año pasado 350 ‘radiadores digitales’ en casas de París y para finales de este año llegarán a 500. Dicen que están recibiendo muchas solicitudes y, entre ellas, la de un agricultor que necesita meter sus tomateras en la canícula durante todo el año. «La acogida de los primeros usuarios ha sido muy buena. No tienen que pagar por su calefacción y disfrutan de una temperatura templada en su casa», indica Legay. «Las personas que usan estos radiadores pueden controlar la temperatura, igual que lo harían en un aparato convencional. Lo que no saben es qué ordenadores están funcionando desde ese radiador».
La idea de reutilizar el calor no es nueva. Es tan antigua como el pasado. Muchas viviendas de varias plantas alojaban el ganado en el piso más bajo. El calor de los animales se acumulaba en el establo y ascendía a las plantas donde vivían los humanos.
Antes eran ‘granjas animales’ y hoy son ‘granjas digitales’. Pero, al final, se trata de lo mismo. De lo que hoy se llama sostenibilidad y ayer, sentido común.
Imágenes: Qarnot computing
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