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31 de julio 2018    /   IDEAS
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Rainfer, el mayor centro de acogida de simios abandonados a su suerte

31 de julio 2018    /   IDEAS     por          
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Decía el humorista gráfico Gary Larson que no creía en el concepto de infierno, pero que si lo hiciese, pensaría en él como un lugar lleno de gente que fue cruel con los animales. Es probable que, por desgracia y viendo el gran número de alimañas dispuestas a hacer daño a estas criaturas, también fuese un sitio con overbooking. No en vano, España es el país de la UE donde se producen más casos de maltrato animal.

Aunque se desconoce la cifra real de primates que actualmente viven en cautividad en España, se estima que existen miles de casos. Según un estudio sobre la situación, las amenazas y los esfuerzos de conservación de estas especies publicado en la revista Science Advances, el 60% de las más de 500 especies de primates no humanos que existen en el mundo está amenazado, y el 75% tiene poblaciones en claro declive.

Cabe señalar que la compraventa de simios es ilegal en España desde que en 1986 se adhirió al Convenio Internacional sobre el Tráfico de Especies Amenazadas (CITES).

Las historias para no dormir de muchos de esos animales, que comparten más del 99% de su ADN con los seres humanos, son infinitas. Relatos como el de Boris, un orangután puro de la isla de Borneo que nació en cautividad en un zoo de la holandesa ciudad de Rhenen, hace treinta y seis años. Sus padres fueron capturados en libertad y su madre murió tras el parto.

Cuando aún era un bebé, fue comprado al zoo donde nació por unos particulares que durante años le mantuvieron en un carromato en soledad y le utilizaron en el mundo del espectáculo. Pero un día dejó de serles útil y manejable y decidieron revenderlo. Así pues, pasó más de diez años en otros dos zoológicos –a la vista del público de forma constante y sin tranquilidad– hasta que en 2008 llegó al Centro de Rescate de Primates Rainfer.

Boris
Boris

A simple vista, Boris podría parecer bobalicón. Tiene el labio inferior caído, probablemente por algún tipo de problema sufrido durante el parto. Sin embargo, es bastante más astuto y sagaz que algunos de sus compañeros de especie. Por desgracia, la de Boris es una historia más entre tantas que habitan en Rainfer, una finca rústica de 40.000 metros cuadrados ubicada en la zona norte de Madrid y dirigida por el biólogo Guillermo Bustelo.

Su hija, Marta Bustelo, es la subdirectora de este singular centro que hoy día da asilo a un total de 135 primates de veinte especies distintas y que les sirve como remanso de paz. Cuenta que, desde pequeña, su padre le inculcó el respeto y la sensibilidad hacia los animales, y a lo largo de estos años ha aprendido mucho de los simios.

En pocos años, Rainfer se ha convertido en el mayor centro de España en número de primates acogidos, y en uno de los más importantes en Europa. Esta especie de santuario fue fundado en 1995 como centro oficial de rescate de simios en Madrid.

«Guillermo contempló la necesidad acuciante de rescatar y rehabilitar a los miles de primates que se encuentran en malas condiciones en nuestro país, privados de atenciones y cuidados básicos, o maltratados física y psicológicamente», explica Bustelo.

«Después de adquirir un terreno para ello, pasaron largos años de gestiones y trámites hasta conseguir los permisos necesarios para que el proyecto de Rainfer pudiera materializarse y llegar hasta lo que se ha convertido a día de hoy, veintitrés años después».

Desde sus comienzos, su director se ha hecho cargo de todos los gastos de mantenimiento del centro y del cuidado de los primates albergados. Lo curioso es que el 80% de estos animales acogidos allí son propiedad del Estado, pero Rainfer solo recibe una pequeña ayuda por su parte.

En concreto, 20.000 euros al año, aportados a través de la Secretaría de Estado de Comercio. Una contribución que apenas cubre los gastos de dos meses –ya que el coste mensual de mantenimiento del centro ronda los 14.000 euros, a los que habría que añadir cuatro mil euros más en calefacción para cada mes de invierno–.

Gombe
Gombe

Sorprendente, teniendo en cuenta que es el Estado el que se encarga de incautar a estos animales y de buscarles un hogar. Y que, para más inri, ingresa cada año un millón de euros solo en multas por esas incautaciones. Las plegarias de la familia Bustelo han sido ignoradas hasta el momento y la única solución que propone el Estado, en caso de que el centro se viese obligado a cerrar próximamente, es el sacrificio de todas las criaturas que allí habitan.

Esta circunstancia obligó hace un tiempo a Bustelo a solicitar la ayuda de todos aquellos que deseasen contribuir de cualquier forma: a través de donaciones, apadrinando primates, organizando eventos solidarios o haciendo voluntariado. Aunque ahora –desde 2012, en concreto– es posible visitar el centro, en sus inicios no admitía visitas y solo trabajaban en él científicos para la recuperación de esos simios.

La idea era dejar que estas criaturas se rehabilitaran de forma tranquila y vivieran en condiciones adecuadas a sus necesidades, lejos del bullicio de la gente al que habían sido sometidos durante años en circos, zoológicos o similares.

Debido a la falta de fondos, Rainfer no rescata nuevos animales desde 2014. Aunque cabe señalar que el asunto animalista nunca ha sido un tema prioritario en la agenda pública. En esto también Spain is different. «En algunos países europeos, la mentalidad de las personas es diferente a la de España», comenta. Su discurso no esconde la preocupación por la posibilidad de que todo el trabajo realizado hasta ahora pueda quedarse algún día en agua de borrajas.

Los primates que han llegado al centro suelen proceder de circos, zoológicos que han cerrado, particulares que tenían al animal en propiedad de forma ilegal y se han cansado ya de ellos o de incautaciones. Nada extraño teniendo en cuenta cosas como que el mercado negro de comercio ilegal de vida salvaje es el cuarto que más dinero mueve en el mundo –entre 14.000 y 19.000 millones de euros al año, solamente superado por el de las drogas, la falsificación y el tráfico de personas–.

«Una vez rescatados y llevados al centro, es cuando comienza el largo y duro trabajo de rehabilitarlos física y psicológicamente –proceso que puede durar años–, socializarlos e integrarlos en grupos estables donde puedan desarrollar las conductas naturales propias de cada especie», comenta la subdirectora de Rainfer.

Una tarea ardua y compleja, pues estos animales suelen aterrizar en el santuario con graves carencias nutricionales y problemas ocasionados por la falta de luz solar, así como problemas en el crecimiento y mantenimiento de los huesos.

En el apartado psicológico, el panorama no es mucho mejor. Porque, debido a las facultades  emocionales y empáticas que tienen, a su inteligencia y sus necesidades sociales, los primates pueden llegar a sufrir y padecer trastornos psicológicos como los seres humanos.

«Desde una depresión que les produce inapetencia, inactividad y apatía, hasta una agorafobia que les impide salir del recinto exterior y les genera ansiedad y estrés», explica la activista animalista.

Lamentablemente, estos simios no pueden ser devueltos a su hábitat natural ya que no sobrevivirían al no haber tenido la oportunidad de aprender los conocimientos y habilidades necesarias para salir adelante en estado salvaje (y por todos los problemas físicos y psicológicos que acarrean).

«Además, al separarles de sus madres y del resto del grupo a muy temprana edad, se les arrebata la posibilidad de aprender conductas normales propias de su especie», argumenta con cierta resignación. De esta forma, no podrían integrarse correctamente con otros primates salvajes y estarían en inferioridad de condiciones. Estaríamos hablando, pues, de inadaptados sociales.

Jane Goodall, embajadora de los chimpancés

La primatóloga londinense Jane Goodall, premio Príncipe de Asturias de Investigación en 2003, ha visitado varias veces este centro. Bustelo asegura que es una mujer excepcional, con un aura especial y un gran sentido del humor. «Mueve muchísimas conciencias a lo largo del mundo y su labor dirigida a la protección y sostenibilidad del planeta es encomiable. ¡Ojalá existieran muchas personas como ella!», apunta.

Y, a pesar de las dificultades, comenta que piensa seguir luchando por el bienestar de estas criaturas. No quiere permitir que, después de tantos años de esfuerzo y dedicación para ofrecerles una segunda oportunidad, vuelvan a caer en el olvido y el abandono.

Al final, todo parece una cuestión de voluntad. Voluntad ciudadana y voluntad política. Y como bien dice la propia Goodall, «cada pequeño gesto por su cuenta no va a hacer una gran diferencia, pero son esos cambios chiquitos los que crearán una sociedad que elegirá a los políticos correctos, a quienes apoyarán cuando tomen las decisiones correctas».

Decía el humorista gráfico Gary Larson que no creía en el concepto de infierno, pero que si lo hiciese, pensaría en él como un lugar lleno de gente que fue cruel con los animales. Es probable que, por desgracia y viendo el gran número de alimañas dispuestas a hacer daño a estas criaturas, también fuese un sitio con overbooking. No en vano, España es el país de la UE donde se producen más casos de maltrato animal.

Aunque se desconoce la cifra real de primates que actualmente viven en cautividad en España, se estima que existen miles de casos. Según un estudio sobre la situación, las amenazas y los esfuerzos de conservación de estas especies publicado en la revista Science Advances, el 60% de las más de 500 especies de primates no humanos que existen en el mundo está amenazado, y el 75% tiene poblaciones en claro declive.

Cabe señalar que la compraventa de simios es ilegal en España desde que en 1986 se adhirió al Convenio Internacional sobre el Tráfico de Especies Amenazadas (CITES).

Las historias para no dormir de muchos de esos animales, que comparten más del 99% de su ADN con los seres humanos, son infinitas. Relatos como el de Boris, un orangután puro de la isla de Borneo que nació en cautividad en un zoo de la holandesa ciudad de Rhenen, hace treinta y seis años. Sus padres fueron capturados en libertad y su madre murió tras el parto.

Cuando aún era un bebé, fue comprado al zoo donde nació por unos particulares que durante años le mantuvieron en un carromato en soledad y le utilizaron en el mundo del espectáculo. Pero un día dejó de serles útil y manejable y decidieron revenderlo. Así pues, pasó más de diez años en otros dos zoológicos –a la vista del público de forma constante y sin tranquilidad– hasta que en 2008 llegó al Centro de Rescate de Primates Rainfer.

Boris
Boris

A simple vista, Boris podría parecer bobalicón. Tiene el labio inferior caído, probablemente por algún tipo de problema sufrido durante el parto. Sin embargo, es bastante más astuto y sagaz que algunos de sus compañeros de especie. Por desgracia, la de Boris es una historia más entre tantas que habitan en Rainfer, una finca rústica de 40.000 metros cuadrados ubicada en la zona norte de Madrid y dirigida por el biólogo Guillermo Bustelo.

Su hija, Marta Bustelo, es la subdirectora de este singular centro que hoy día da asilo a un total de 135 primates de veinte especies distintas y que les sirve como remanso de paz. Cuenta que, desde pequeña, su padre le inculcó el respeto y la sensibilidad hacia los animales, y a lo largo de estos años ha aprendido mucho de los simios.

En pocos años, Rainfer se ha convertido en el mayor centro de España en número de primates acogidos, y en uno de los más importantes en Europa. Esta especie de santuario fue fundado en 1995 como centro oficial de rescate de simios en Madrid.

«Guillermo contempló la necesidad acuciante de rescatar y rehabilitar a los miles de primates que se encuentran en malas condiciones en nuestro país, privados de atenciones y cuidados básicos, o maltratados física y psicológicamente», explica Bustelo.

«Después de adquirir un terreno para ello, pasaron largos años de gestiones y trámites hasta conseguir los permisos necesarios para que el proyecto de Rainfer pudiera materializarse y llegar hasta lo que se ha convertido a día de hoy, veintitrés años después».

Desde sus comienzos, su director se ha hecho cargo de todos los gastos de mantenimiento del centro y del cuidado de los primates albergados. Lo curioso es que el 80% de estos animales acogidos allí son propiedad del Estado, pero Rainfer solo recibe una pequeña ayuda por su parte.

En concreto, 20.000 euros al año, aportados a través de la Secretaría de Estado de Comercio. Una contribución que apenas cubre los gastos de dos meses –ya que el coste mensual de mantenimiento del centro ronda los 14.000 euros, a los que habría que añadir cuatro mil euros más en calefacción para cada mes de invierno–.

Gombe
Gombe

Sorprendente, teniendo en cuenta que es el Estado el que se encarga de incautar a estos animales y de buscarles un hogar. Y que, para más inri, ingresa cada año un millón de euros solo en multas por esas incautaciones. Las plegarias de la familia Bustelo han sido ignoradas hasta el momento y la única solución que propone el Estado, en caso de que el centro se viese obligado a cerrar próximamente, es el sacrificio de todas las criaturas que allí habitan.

Esta circunstancia obligó hace un tiempo a Bustelo a solicitar la ayuda de todos aquellos que deseasen contribuir de cualquier forma: a través de donaciones, apadrinando primates, organizando eventos solidarios o haciendo voluntariado. Aunque ahora –desde 2012, en concreto– es posible visitar el centro, en sus inicios no admitía visitas y solo trabajaban en él científicos para la recuperación de esos simios.

La idea era dejar que estas criaturas se rehabilitaran de forma tranquila y vivieran en condiciones adecuadas a sus necesidades, lejos del bullicio de la gente al que habían sido sometidos durante años en circos, zoológicos o similares.

Debido a la falta de fondos, Rainfer no rescata nuevos animales desde 2014. Aunque cabe señalar que el asunto animalista nunca ha sido un tema prioritario en la agenda pública. En esto también Spain is different. «En algunos países europeos, la mentalidad de las personas es diferente a la de España», comenta. Su discurso no esconde la preocupación por la posibilidad de que todo el trabajo realizado hasta ahora pueda quedarse algún día en agua de borrajas.

Los primates que han llegado al centro suelen proceder de circos, zoológicos que han cerrado, particulares que tenían al animal en propiedad de forma ilegal y se han cansado ya de ellos o de incautaciones. Nada extraño teniendo en cuenta cosas como que el mercado negro de comercio ilegal de vida salvaje es el cuarto que más dinero mueve en el mundo –entre 14.000 y 19.000 millones de euros al año, solamente superado por el de las drogas, la falsificación y el tráfico de personas–.

«Una vez rescatados y llevados al centro, es cuando comienza el largo y duro trabajo de rehabilitarlos física y psicológicamente –proceso que puede durar años–, socializarlos e integrarlos en grupos estables donde puedan desarrollar las conductas naturales propias de cada especie», comenta la subdirectora de Rainfer.

Una tarea ardua y compleja, pues estos animales suelen aterrizar en el santuario con graves carencias nutricionales y problemas ocasionados por la falta de luz solar, así como problemas en el crecimiento y mantenimiento de los huesos.

En el apartado psicológico, el panorama no es mucho mejor. Porque, debido a las facultades  emocionales y empáticas que tienen, a su inteligencia y sus necesidades sociales, los primates pueden llegar a sufrir y padecer trastornos psicológicos como los seres humanos.

«Desde una depresión que les produce inapetencia, inactividad y apatía, hasta una agorafobia que les impide salir del recinto exterior y les genera ansiedad y estrés», explica la activista animalista.

Lamentablemente, estos simios no pueden ser devueltos a su hábitat natural ya que no sobrevivirían al no haber tenido la oportunidad de aprender los conocimientos y habilidades necesarias para salir adelante en estado salvaje (y por todos los problemas físicos y psicológicos que acarrean).

«Además, al separarles de sus madres y del resto del grupo a muy temprana edad, se les arrebata la posibilidad de aprender conductas normales propias de su especie», argumenta con cierta resignación. De esta forma, no podrían integrarse correctamente con otros primates salvajes y estarían en inferioridad de condiciones. Estaríamos hablando, pues, de inadaptados sociales.

Jane Goodall, embajadora de los chimpancés

La primatóloga londinense Jane Goodall, premio Príncipe de Asturias de Investigación en 2003, ha visitado varias veces este centro. Bustelo asegura que es una mujer excepcional, con un aura especial y un gran sentido del humor. «Mueve muchísimas conciencias a lo largo del mundo y su labor dirigida a la protección y sostenibilidad del planeta es encomiable. ¡Ojalá existieran muchas personas como ella!», apunta.

Y, a pesar de las dificultades, comenta que piensa seguir luchando por el bienestar de estas criaturas. No quiere permitir que, después de tantos años de esfuerzo y dedicación para ofrecerles una segunda oportunidad, vuelvan a caer en el olvido y el abandono.

Al final, todo parece una cuestión de voluntad. Voluntad ciudadana y voluntad política. Y como bien dice la propia Goodall, «cada pequeño gesto por su cuenta no va a hacer una gran diferencia, pero son esos cambios chiquitos los que crearán una sociedad que elegirá a los políticos correctos, a quienes apoyarán cuando tomen las decisiones correctas».

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Opiniones 5
  • A veces pierdo toda fe en la “humanidad” la falta de empatía con nuestros hermanos animales me genera un dolor infinito, no sé cómo entrar en las mentes comunes para que amen, cuiden o simplemente dejen en paz a los animales ¿como cambiar la codificación de su su precarios cerebros? En fin, no creo que estemos solos, creo que quias algún día cada grano de arena que pongamos armara una enorme tormenta.
    Saludos y excelente artículo.

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