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3 de junio 2014    /   CINE/TV
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The big bang theory: Raj y la felicidad

3 de junio 2014    /   CINE/TV     por          
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¿Cuándo fue la última vez que te dijeron… «Eso es cosa de mariquitas» o «parecéis lesbianas»? ¿Abandonaste tu diversión, tu idea…? ¿Tenías miedo que te colocaran una etiqueta: persona rarita, poco recomendable?

El Dr. Rajesh Ramayan Koothrappali más conocido como Raj (The Big Bang Theory) conoce cada día un montón de críticas. Sobre él recaen tres «estigmas»: hindú, friki y homosexual. Como hindú acaba aceptando las burlas sobre su cultura; como aficionado a los cómics y la ciencia ficción es catalogado como friki; y por otros gustos e intereses es considerado un homosexual dentro del armario.

La necesidad (ajena) de poner etiquetas

A Raj le gustan libros y películas «de chicas»; recita frases de Come, reza, ama; usa cosméticos naturales para el cuerpo y no le gusta mostrar las lorzas como Catwoman (en la versión Halle Berry). Y prefiere una noche de chicas a jugar a Dragones y mazmorras.
—¿Sabes lo más rarito…? —dice Leonard a otro personaje—. Se pone el disfraz de Catwoman incluso cuando no es Halloween.
—Por cosas como ésta, la gente piensa cosas raras de nosotros —se queja Howard ante una ocurrencia de Raj «poco masculina».
—Necesitas una inyección de testosterona —dice Sheldon desde su atalaya de masculinidad asexuada.
—¿Todavía no has salido del armario? —dice la madre de Leonard a Raj.
Raj intenta aclararlo:
—No soy gay porque me guste…
—No soy gay —dice Raj a sus padres—. Soy metrosexual: es un hombre que le gustan los cosméticos.
La explicación no convence a los padres, que quieren tenerlo casado y recogidito cuanto antes. Aquí está el miedo social a lo no clasificado. ¿Tomaba zumo de naranja con champán John Wayne? ¿Bogart lloraba con Mujercitas? ¿Chuck Norris se afeita en seco con un cuchillo de los Marine?
Gustos aparte, cuando Raj está a solas también se plantea su sexualidad:
—Está claro que no soy gay —dice tras una serie de fantasías con Bernadette en las que no hay sexo; tan solo la posibilidad de compartir la vida con una persona que a Raj le parece atractiva, agradable y comprensiva. (La noche con Penny pertenece a una nebulosa alcohólica).

Risas enlatadas, risas arcaicas

Sin embargo, las dudas sobre la orientación sexual de Raj siguen… Los guionistas la alimentan con las risas enlatadas
—Entré en un club gay y nadie me tiró los tejos —dice Raj.
Al oír esto, los amigos se miran entre sí con recelo. El drama es que Raj está solo, no que Raj pueda «caer en la homosexualidad». Sin embargo, para el entorno, pesa más lo segundo.
Emparejados todos los amigos, Raj encuentra en Stuart—el de la tienda de cómics— un nuevo compañero de aventuras. En esta relación, Raj es a veces el «macho» y otras veces, la dama complaciente. Stuart, que lleva años sin catar mujer, sin contacto humano, acepta ser «la chica» ante las invitaciones de Raj para ir al cine y a restaurantes:
—Podría ser peor —dice Stuart.
Incluso Raj fantasea por un momento con la posibilidad de echar un polvo con Stuart:
—Qué pena que no seas mujer, Stuart, porque te arrancaría la ropa…
El espectador ríe con la posibilidad de Raj y Stuart puedan caer en la homosexualidad. Las risas «muestran» que es  gracioso que que dos hombres «se vuelvan mariquitas», piden unas carcajadas  de reciprocidad. Las risas se burlan de que dos hombres destrozados tengan consuelo en la amistad.
El truco o recurso funciona porque los espectadores —incluso aquellos que alardean de modernidad—, tenemos en la cabeza el concepto de que una relación «normal» se da entre un hombre y una mujer. Las relaciones homosexuales forman parte del drama o la comedia. (Que una mujer «caiga» en el lesbianismo es un drama o una película pseudopornográfica (1) disfrazada como drama, rara vez es una comedia).

La felicidad y los demás

Raj es un ejemplo sobre cómo a menudo la felicidad está condicionada por las respuestas ajenas. Cuando Raj está a solas en su casa, con su perrita Canela a la que habla como una abuela a su nieto, probándose una mascarilla de manteca de karité y viendo por enésima vez El diario de Bridget Jones, no se cuestiona si lo que hace es cosa de hombres. Raj está relajado. La llegada de un amigo le pone en guardia. Aunque Raj está integrado en el grupo, necesita la plena aceptación de los miembros, tanto de los hombres como de las mujeres. No le gusta escuchar críticas ni chistes ni dudas sobre sus gustos.
El deseo de encajar es lo que hace que Raj fracase con las mujeres. En parte por la soledad, en parte por quitarse de encima las sospechas sobre su sexualidad, se lanza a una caza desesperada que le hace perder los nervios, comportarse como un imbécil o un pirado peligroso, traicionarse a sí mismo («soy un tipo duro que le gusta el fútbol americano»), y aceptar relaciones extrañas con mujeres.
Raj no sabe que lo importante no es si está con un hombre o una mujer; lo importante es hacer aquello que da felicidad a Raj. Quizá dentro de una década o dos no tenga gracia que Raj fantasee con la idea de que le tiren los tejos los clientes de un bar homosexual ni que pueda acabar en la cama con otro hombre. Mientras tanto, las risas enlatadas funcionan como un espejo de nuestro tiempo.
—————————
(1) ¿Por qué en los dramas lésbicos las protagonistas tienen cuerpos perfectos y los pezones mirando al cielo?

¿Cuándo fue la última vez que te dijeron… «Eso es cosa de mariquitas» o «parecéis lesbianas»? ¿Abandonaste tu diversión, tu idea…? ¿Tenías miedo que te colocaran una etiqueta: persona rarita, poco recomendable?

El Dr. Rajesh Ramayan Koothrappali más conocido como Raj (The Big Bang Theory) conoce cada día un montón de críticas. Sobre él recaen tres «estigmas»: hindú, friki y homosexual. Como hindú acaba aceptando las burlas sobre su cultura; como aficionado a los cómics y la ciencia ficción es catalogado como friki; y por otros gustos e intereses es considerado un homosexual dentro del armario.

La necesidad (ajena) de poner etiquetas

A Raj le gustan libros y películas «de chicas»; recita frases de Come, reza, ama; usa cosméticos naturales para el cuerpo y no le gusta mostrar las lorzas como Catwoman (en la versión Halle Berry). Y prefiere una noche de chicas a jugar a Dragones y mazmorras.
—¿Sabes lo más rarito…? —dice Leonard a otro personaje—. Se pone el disfraz de Catwoman incluso cuando no es Halloween.
—Por cosas como ésta, la gente piensa cosas raras de nosotros —se queja Howard ante una ocurrencia de Raj «poco masculina».
—Necesitas una inyección de testosterona —dice Sheldon desde su atalaya de masculinidad asexuada.
—¿Todavía no has salido del armario? —dice la madre de Leonard a Raj.
Raj intenta aclararlo:
—No soy gay porque me guste…
—No soy gay —dice Raj a sus padres—. Soy metrosexual: es un hombre que le gustan los cosméticos.
La explicación no convence a los padres, que quieren tenerlo casado y recogidito cuanto antes. Aquí está el miedo social a lo no clasificado. ¿Tomaba zumo de naranja con champán John Wayne? ¿Bogart lloraba con Mujercitas? ¿Chuck Norris se afeita en seco con un cuchillo de los Marine?
Gustos aparte, cuando Raj está a solas también se plantea su sexualidad:
—Está claro que no soy gay —dice tras una serie de fantasías con Bernadette en las que no hay sexo; tan solo la posibilidad de compartir la vida con una persona que a Raj le parece atractiva, agradable y comprensiva. (La noche con Penny pertenece a una nebulosa alcohólica).

Risas enlatadas, risas arcaicas

Sin embargo, las dudas sobre la orientación sexual de Raj siguen… Los guionistas la alimentan con las risas enlatadas
—Entré en un club gay y nadie me tiró los tejos —dice Raj.
Al oír esto, los amigos se miran entre sí con recelo. El drama es que Raj está solo, no que Raj pueda «caer en la homosexualidad». Sin embargo, para el entorno, pesa más lo segundo.
Emparejados todos los amigos, Raj encuentra en Stuart—el de la tienda de cómics— un nuevo compañero de aventuras. En esta relación, Raj es a veces el «macho» y otras veces, la dama complaciente. Stuart, que lleva años sin catar mujer, sin contacto humano, acepta ser «la chica» ante las invitaciones de Raj para ir al cine y a restaurantes:
—Podría ser peor —dice Stuart.
Incluso Raj fantasea por un momento con la posibilidad de echar un polvo con Stuart:
—Qué pena que no seas mujer, Stuart, porque te arrancaría la ropa…
El espectador ríe con la posibilidad de Raj y Stuart puedan caer en la homosexualidad. Las risas «muestran» que es  gracioso que que dos hombres «se vuelvan mariquitas», piden unas carcajadas  de reciprocidad. Las risas se burlan de que dos hombres destrozados tengan consuelo en la amistad.
El truco o recurso funciona porque los espectadores —incluso aquellos que alardean de modernidad—, tenemos en la cabeza el concepto de que una relación «normal» se da entre un hombre y una mujer. Las relaciones homosexuales forman parte del drama o la comedia. (Que una mujer «caiga» en el lesbianismo es un drama o una película pseudopornográfica (1) disfrazada como drama, rara vez es una comedia).

La felicidad y los demás

Raj es un ejemplo sobre cómo a menudo la felicidad está condicionada por las respuestas ajenas. Cuando Raj está a solas en su casa, con su perrita Canela a la que habla como una abuela a su nieto, probándose una mascarilla de manteca de karité y viendo por enésima vez El diario de Bridget Jones, no se cuestiona si lo que hace es cosa de hombres. Raj está relajado. La llegada de un amigo le pone en guardia. Aunque Raj está integrado en el grupo, necesita la plena aceptación de los miembros, tanto de los hombres como de las mujeres. No le gusta escuchar críticas ni chistes ni dudas sobre sus gustos.
El deseo de encajar es lo que hace que Raj fracase con las mujeres. En parte por la soledad, en parte por quitarse de encima las sospechas sobre su sexualidad, se lanza a una caza desesperada que le hace perder los nervios, comportarse como un imbécil o un pirado peligroso, traicionarse a sí mismo («soy un tipo duro que le gusta el fútbol americano»), y aceptar relaciones extrañas con mujeres.
Raj no sabe que lo importante no es si está con un hombre o una mujer; lo importante es hacer aquello que da felicidad a Raj. Quizá dentro de una década o dos no tenga gracia que Raj fantasee con la idea de que le tiren los tejos los clientes de un bar homosexual ni que pueda acabar en la cama con otro hombre. Mientras tanto, las risas enlatadas funcionan como un espejo de nuestro tiempo.
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(1) ¿Por qué en los dramas lésbicos las protagonistas tienen cuerpos perfectos y los pezones mirando al cielo?

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