21 septiembre, 2018    /   CREATIVIDAD
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Arte urbano y realidad aumentada: grafiteando en una dimensión paralela

21 septiembre, 2018    /   CREATIVIDAD     por
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El grafiti, cada vez más ensalzado a la categoría de arte que merece, propone mundos, fantasías y preguntas a los viandantes. El color y las formas (abstractas o hiperrealistas) se enredan en las fachadas. Es la intervención del espacio público. Pero a diario transitamos también por el espacio virtual y los artistas están buscando la forma de impactar también por esa vía.

El reto ocupar el espacio virtual sin perder la posibilidad de sorpresa y descubrimiento. El camino parece ser la realidad aumentada: una tecnología que permite grapar al espacio físico contenidos que flotan en la nube.

El grafitero Escif y el animador 3D Félix Artagaveytia, como ya reportó Artsy, experimentaron con esa técnica en el Palais de Tokyo de París. El tema de la muestra era la infancia: «Pensamos en cómo ocultar mensajes detrás de unos garabatos de unos niños. La idea era demostrar que cualquier cosa puesta en un muro y que interactúe con el espectador puede llamarse arte».

El objetivo, explica Félix, era defender el vandalismo: «Usamos la realidad aumentada para proyectar imágenes de obras que aparecieran por debajo de los garabatos». El espectador, al colocar la cámara del teléfono sobre esas líneas desordenadas, veía aparecer esculturas clásicas. De pronto, las líneas esbozadas por los pequeños cobraban sentido: silueteaban o añadían elementos a las obras de arte proyectadas.

 

 

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La conjunción de virtualidad y materia fue posible gracias a una aplicación que creó Artagaveytia, experimentado en trabajar en realidad aumentada y videojuegos. Se llama Graffiti Yoga y permite crear una nueva dimensión artística en los muros.

Este proyecto ocupaba la entrada principal de la exposición, y los dos compañeros aprovecharon para sabotear el resto de instalaciones. Tokemon Go! es la segunda parte de la idea: «Aprovechamos que, al principio, los asistentes descargaban la aplicación para poner unas instrucciones de cómo, de una forma divertida y un poco secreta, podían descubrir mensajes escondidos en las demás obras».

Siguiendo la tónica de Escif, algunos de las imágenes insertadas contenían una intención social y contestataria: por ejemplo, unos Power Rangers sobre los que se leía «Sorry for Fukushima». «Pero buscábamos más el vandalismo puro, la diversión», matiza.

realidad aumentada

realidad aumentada

La referencia al videojuego Pokemon Go! enlazaba la propuesta con el espíritu infantil: «Tiene un toque de descubrimiento, de sal y explora, de encuéntralos a todos. Tanto Escif como yo somos unos niños a los que nos gusta divertirnos».

La ausencia de límites en esa dimensión paralela de lo virtual empieza a fascinar a los artistas. Ya se usó fuera del mundo del grafiti. En una exposición sobre espacios de excepción que recibió el premio Inéditos se incluyó una obra de Trevor Paglen que consistía en una señal de wifi que daba acceso a Tor, un sistema para colarse en la deep web.

Desde el momento en que un visitante accedía a esa red cambiaba la naturaleza de la sala de exposiciones; de pronto, se convertía en un espacio de excepción en sí misma. La naturaleza del lugar se alteraba gracias a algo que no se veía ni se olía.

En el mundo del arte urbano, las posibilidades, en opinión del diseñador, son infinitas. «Cada vez va a ser más sencillo a nivel tecnológico y la interacción será más potente y brutal. Estoy seguro de que, en pocos años, las cámaras básicas de los móviles podrán leerlo sin necesidad de aplicaciones», pronostica.

 

 

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«Permite una expresión ilimitada. Puedes poner cualquier mensaje sobre cualquier cosa porque, al fin y al cabo, no estás dejando ningún impacto ni estropeando la propiedad de nadie, no tienes prohibiciones que respetar: el campo de juego es mucho más grande», reflexiona.

Artagaveytia va más allá y especula con la posibilidad de que uno pueda poner filtros y elegir qué tipo de mensajes o contenidos prefiere ver. Pero, como siempre que un arte muta, surgen dudas. ¿No perjudicaría esto esa esencia de la pintura urbana que consiste en ofrecer impactos imprevistos y en descolocar al ciudadano en su cotidianidad?

Félix no lo cree: «La finalidad de cualquier arte es transmitir un mensaje, pero si tu mensaje no tiene que ver con eso y no necesita esa carcasa [la de la intervención del espacio físico] por qué no utilizar esto que es completamente inoloro, invisible y no contamina».

No se sabrá bien en qué momento empezará, pero tal vez esté cerca el día en que alrededor de cada peatón acecharán imágenes, inscripciones, seres realistas o mutados. Estarán ahí, esperando a que alces el teléfono para manifestarse.

El grafiti, cada vez más ensalzado a la categoría de arte que merece, propone mundos, fantasías y preguntas a los viandantes. El color y las formas (abstractas o hiperrealistas) se enredan en las fachadas. Es la intervención del espacio público. Pero a diario transitamos también por el espacio virtual y los artistas están buscando la forma de impactar también por esa vía.

El reto ocupar el espacio virtual sin perder la posibilidad de sorpresa y descubrimiento. El camino parece ser la realidad aumentada: una tecnología que permite grapar al espacio físico contenidos que flotan en la nube.

El grafitero Escif y el animador 3D Félix Artagaveytia, como ya reportó Artsy, experimentaron con esa técnica en el Palais de Tokyo de París. El tema de la muestra era la infancia: «Pensamos en cómo ocultar mensajes detrás de unos garabatos de unos niños. La idea era demostrar que cualquier cosa puesta en un muro y que interactúe con el espectador puede llamarse arte».

El objetivo, explica Félix, era defender el vandalismo: «Usamos la realidad aumentada para proyectar imágenes de obras que aparecieran por debajo de los garabatos». El espectador, al colocar la cámara del teléfono sobre esas líneas desordenadas, veía aparecer esculturas clásicas. De pronto, las líneas esbozadas por los pequeños cobraban sentido: silueteaban o añadían elementos a las obras de arte proyectadas.

 

 

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La conjunción de virtualidad y materia fue posible gracias a una aplicación que creó Artagaveytia, experimentado en trabajar en realidad aumentada y videojuegos. Se llama Graffiti Yoga y permite crear una nueva dimensión artística en los muros.

Este proyecto ocupaba la entrada principal de la exposición, y los dos compañeros aprovecharon para sabotear el resto de instalaciones. Tokemon Go! es la segunda parte de la idea: «Aprovechamos que, al principio, los asistentes descargaban la aplicación para poner unas instrucciones de cómo, de una forma divertida y un poco secreta, podían descubrir mensajes escondidos en las demás obras».

Siguiendo la tónica de Escif, algunos de las imágenes insertadas contenían una intención social y contestataria: por ejemplo, unos Power Rangers sobre los que se leía «Sorry for Fukushima». «Pero buscábamos más el vandalismo puro, la diversión», matiza.

realidad aumentada

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La referencia al videojuego Pokemon Go! enlazaba la propuesta con el espíritu infantil: «Tiene un toque de descubrimiento, de sal y explora, de encuéntralos a todos. Tanto Escif como yo somos unos niños a los que nos gusta divertirnos».

La ausencia de límites en esa dimensión paralela de lo virtual empieza a fascinar a los artistas. Ya se usó fuera del mundo del grafiti. En una exposición sobre espacios de excepción que recibió el premio Inéditos se incluyó una obra de Trevor Paglen que consistía en una señal de wifi que daba acceso a Tor, un sistema para colarse en la deep web.

Desde el momento en que un visitante accedía a esa red cambiaba la naturaleza de la sala de exposiciones; de pronto, se convertía en un espacio de excepción en sí misma. La naturaleza del lugar se alteraba gracias a algo que no se veía ni se olía.

En el mundo del arte urbano, las posibilidades, en opinión del diseñador, son infinitas. «Cada vez va a ser más sencillo a nivel tecnológico y la interacción será más potente y brutal. Estoy seguro de que, en pocos años, las cámaras básicas de los móviles podrán leerlo sin necesidad de aplicaciones», pronostica.

 

 

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«Permite una expresión ilimitada. Puedes poner cualquier mensaje sobre cualquier cosa porque, al fin y al cabo, no estás dejando ningún impacto ni estropeando la propiedad de nadie, no tienes prohibiciones que respetar: el campo de juego es mucho más grande», reflexiona.

Artagaveytia va más allá y especula con la posibilidad de que uno pueda poner filtros y elegir qué tipo de mensajes o contenidos prefiere ver. Pero, como siempre que un arte muta, surgen dudas. ¿No perjudicaría esto esa esencia de la pintura urbana que consiste en ofrecer impactos imprevistos y en descolocar al ciudadano en su cotidianidad?

Félix no lo cree: «La finalidad de cualquier arte es transmitir un mensaje, pero si tu mensaje no tiene que ver con eso y no necesita esa carcasa [la de la intervención del espacio físico] por qué no utilizar esto que es completamente inoloro, invisible y no contamina».

No se sabrá bien en qué momento empezará, pero tal vez esté cerca el día en que alrededor de cada peatón acecharán imágenes, inscripciones, seres realistas o mutados. Estarán ahí, esperando a que alces el teléfono para manifestarse.

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