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8 de enero 2016    /   IDEAS
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Los juguetes no tienen sexo

8 de enero 2016    /   IDEAS     por          
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A estas horas, probablemente los Reyes Magos estén ya en Oriente, ajenos a la polémica suscitada por sus cabalgatas en distintos puntos de España (¡qué suerte la de ellos!). Pero ¿qué han dejado este año en los zapatos de los niños y de las niñas? ¿Siguen atendiendo a razones de sexo a la hora de elegir sus regalos?

Alba Alonso Feijoo cree que sí. Incluso considera que en los últimos años hemos experimentado un cierto retroceso en este aspecto: «Si echamos un poco la vista atrás, los juguetes de la década de los 70 y los 80 eran muchísimo más neutros que los actuales. Y aunque ciertamente también había juguetes marcados por el género, su cantidad no era para nada parecida al exagerado mundo rosa-azul que invade a nuestra infancia hoy en día. Eso ha provocado que hayamos interiorizado ciertos colores (y sus connotaciones correspondientes) de manera natural, hasta el punto de concebir este universo binario como algo innato, más relacionado con lo genético que con la construcción social».

Alba, docente, «educadora vocacional» y madre de dos niños, lidera Realkiddys, un proyecto digital desde el que reivindica un cambio en ese paradigma lúdico y educativo que rige en la actualidad respecto a la infancia y que, en su opinión, resulta crucial en el desarrollo de sus capacidades.

«Si desde bien pequeña observas cómo todos los juguetes relacionados con el mundo de la construcción (bloques, puzzles, Legos, Geomax…) están dirigidos únicamente a los niños, y solo se los regalan a ellos, comienzas a pensar que eso no es adecuado para ti, que no ha de formar parte de tu universo. Incluso llegas a creer que los niños tienen mejores capacidades para este tipo de juegos y las futuras profesiones relacionadas con ellos».

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De hecho, Alba cree que en muchos casos los niños acabarán siendo más hábiles en este tipo de campos debidos fundamentalmente a un par de causas: «La falta de práctica de las niñas, ya que no se les da la oportunidad de incluir ese tipo de juego en su ocio. Y por otro lado la falta de credibilidad de las niñas en sus propias capacidades».

Es lo que se conoce como ‘amenaza de estereotipo’ y no es más que la interiorización de determinados clichés como algo verdadero, por lo que el entorno acaba convirtiéndolo en algo efectivo. «Las niñas pierden confianza en sí mismas en ciertas materias lo que provoca que acaben desenvolviéndose peor en él».

Algo que, en el caso de los niños, ocurre en áreas como la educación. «La docencia en etapas como intantil o primaria suele asociarse como algo ‘femenino’, ‘maternal’, de ahí que los chicos acaben creyendo que no valen para ser maestros cuando estas habilidades para nada dependen del sexo de cada persona».

El ‘efecto pigmalión’ también influye. «Se basa en los efectos de las expectativas que tenemos en ciertas personas respecto a una determinada situación. Por ejemplo, si se considera que los chicos son más capaces que las chicas de triunfar en el mundo de la arquitectura, la sociedad acaba teniendo mayores expectativas hacia ellos, por lo cual les proporciona involuntariamente más oportunidades (mejores universidades, más ayuda académica, más apoyo moral…), lo que a su vez provoca que esas expectativas acaben cumpliéndose en muchos casos, a pesar de ser totalmente infundadas en su inicio».

Para tratar de paliar el influjo de ambos efectos, Realkiddys, en colaboración con la plataforma Madresfera, inició estas navidades una campaña basada en la denuncia de juguetes sexistas y en el apoyo a esos niños y niñas que tienen gustos que podrían considerarse como no apropiados para su sexo. «A través del hashtag #soyquiendecide madres, padres y público en general han tenido mucho que decir acerca de este mundo azul y rosa para que no sean las marcas las que decidan, sino nosotros; eso sí, siempre respetando los gustos de nuestra infancia».

Alba se muestra optimista ante los posibles logros a conseguir con campañas como estas, tras comprobar los buenos resultados cosechados en países como Reino Unido o Australia con proyectos como Lettoysbetoys o NogenderDecember : «Se trata siempre de iniciativas generadas por la ciudadanía, y no por el gobierno. Si a las altas esferas, el marketing y las marcas se las enfrenta ante unas ciertas inquietudes y demanda de valores por parte de su público objetivo, estoy segura de que acabarán reaccionando».

Aunque lo que puedan hacer las diversas industrias involucradas (juguetera, publicitaria, texil, etc.) no sirve de nada sin la colaboración del entorno más cercano del pequeño. «El diálogo es fundamental. Personalmente, yo soy muy cuidadosa con los mensajes que transmite la publicidad que ven mis hijos, en especial en fechas navideñas. En casa hablamos sobre los anuncios, sobre por qué no hay niñas en ese juego de ciencia, o por qué no hay niños en la caja de muñecas que acaba de salir publicitada. El debate y la reflexión en familia, son sin duda, las mejores herramientas».

A esto, añade Alba, la necesidad de un entorno seguro y de confianza donde el niño o niña sienta que se respetan y valoran sus gustos y opciones, sean estas las que sean.

El inicio de la campaña con Madresfera coincidía en el tiempo casi con la finalización de la tesis de Alba sobre masculinidades en la literatura infantil. «Me ha ayudado a entender que había muchas más maneras de ser niño que la única que la sociedad consideraba como “normal”».

Fue dentro de su tesis donde nació Martín, el protagonista del cuento Martin is the Best. «Está en pleno proceso de publicación y me ayudará a transmitir el mensaje por diferentes foros educativos y colegios».

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A estas horas, probablemente los Reyes Magos estén ya en Oriente, ajenos a la polémica suscitada por sus cabalgatas en distintos puntos de España (¡qué suerte la de ellos!). Pero ¿qué han dejado este año en los zapatos de los niños y de las niñas? ¿Siguen atendiendo a razones de sexo a la hora de elegir sus regalos?

Alba Alonso Feijoo cree que sí. Incluso considera que en los últimos años hemos experimentado un cierto retroceso en este aspecto: «Si echamos un poco la vista atrás, los juguetes de la década de los 70 y los 80 eran muchísimo más neutros que los actuales. Y aunque ciertamente también había juguetes marcados por el género, su cantidad no era para nada parecida al exagerado mundo rosa-azul que invade a nuestra infancia hoy en día. Eso ha provocado que hayamos interiorizado ciertos colores (y sus connotaciones correspondientes) de manera natural, hasta el punto de concebir este universo binario como algo innato, más relacionado con lo genético que con la construcción social».

Alba, docente, «educadora vocacional» y madre de dos niños, lidera Realkiddys, un proyecto digital desde el que reivindica un cambio en ese paradigma lúdico y educativo que rige en la actualidad respecto a la infancia y que, en su opinión, resulta crucial en el desarrollo de sus capacidades.

«Si desde bien pequeña observas cómo todos los juguetes relacionados con el mundo de la construcción (bloques, puzzles, Legos, Geomax…) están dirigidos únicamente a los niños, y solo se los regalan a ellos, comienzas a pensar que eso no es adecuado para ti, que no ha de formar parte de tu universo. Incluso llegas a creer que los niños tienen mejores capacidades para este tipo de juegos y las futuras profesiones relacionadas con ellos».

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De hecho, Alba cree que en muchos casos los niños acabarán siendo más hábiles en este tipo de campos debidos fundamentalmente a un par de causas: «La falta de práctica de las niñas, ya que no se les da la oportunidad de incluir ese tipo de juego en su ocio. Y por otro lado la falta de credibilidad de las niñas en sus propias capacidades».

Es lo que se conoce como ‘amenaza de estereotipo’ y no es más que la interiorización de determinados clichés como algo verdadero, por lo que el entorno acaba convirtiéndolo en algo efectivo. «Las niñas pierden confianza en sí mismas en ciertas materias lo que provoca que acaben desenvolviéndose peor en él».

Algo que, en el caso de los niños, ocurre en áreas como la educación. «La docencia en etapas como intantil o primaria suele asociarse como algo ‘femenino’, ‘maternal’, de ahí que los chicos acaben creyendo que no valen para ser maestros cuando estas habilidades para nada dependen del sexo de cada persona».

El ‘efecto pigmalión’ también influye. «Se basa en los efectos de las expectativas que tenemos en ciertas personas respecto a una determinada situación. Por ejemplo, si se considera que los chicos son más capaces que las chicas de triunfar en el mundo de la arquitectura, la sociedad acaba teniendo mayores expectativas hacia ellos, por lo cual les proporciona involuntariamente más oportunidades (mejores universidades, más ayuda académica, más apoyo moral…), lo que a su vez provoca que esas expectativas acaben cumpliéndose en muchos casos, a pesar de ser totalmente infundadas en su inicio».

Para tratar de paliar el influjo de ambos efectos, Realkiddys, en colaboración con la plataforma Madresfera, inició estas navidades una campaña basada en la denuncia de juguetes sexistas y en el apoyo a esos niños y niñas que tienen gustos que podrían considerarse como no apropiados para su sexo. «A través del hashtag #soyquiendecide madres, padres y público en general han tenido mucho que decir acerca de este mundo azul y rosa para que no sean las marcas las que decidan, sino nosotros; eso sí, siempre respetando los gustos de nuestra infancia».

Alba se muestra optimista ante los posibles logros a conseguir con campañas como estas, tras comprobar los buenos resultados cosechados en países como Reino Unido o Australia con proyectos como Lettoysbetoys o NogenderDecember : «Se trata siempre de iniciativas generadas por la ciudadanía, y no por el gobierno. Si a las altas esferas, el marketing y las marcas se las enfrenta ante unas ciertas inquietudes y demanda de valores por parte de su público objetivo, estoy segura de que acabarán reaccionando».

Aunque lo que puedan hacer las diversas industrias involucradas (juguetera, publicitaria, texil, etc.) no sirve de nada sin la colaboración del entorno más cercano del pequeño. «El diálogo es fundamental. Personalmente, yo soy muy cuidadosa con los mensajes que transmite la publicidad que ven mis hijos, en especial en fechas navideñas. En casa hablamos sobre los anuncios, sobre por qué no hay niñas en ese juego de ciencia, o por qué no hay niños en la caja de muñecas que acaba de salir publicitada. El debate y la reflexión en familia, son sin duda, las mejores herramientas».

A esto, añade Alba, la necesidad de un entorno seguro y de confianza donde el niño o niña sienta que se respetan y valoran sus gustos y opciones, sean estas las que sean.

El inicio de la campaña con Madresfera coincidía en el tiempo casi con la finalización de la tesis de Alba sobre masculinidades en la literatura infantil. «Me ha ayudado a entender que había muchas más maneras de ser niño que la única que la sociedad consideraba como “normal”».

Fue dentro de su tesis donde nació Martín, el protagonista del cuento Martin is the Best. «Está en pleno proceso de publicación y me ayudará a transmitir el mensaje por diferentes foros educativos y colegios».

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