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4 de diciembre 2018    /   CREATIVIDAD
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Los médicos ingleses podrán recetar a sus pacientes escuchar ‘playlists’ y visitar museos

4 de diciembre 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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Las manifestaciones artísticas tienen un efecto balsámico en la salud de los enfermos. Las autoridades británicas han anunciado la puesta en marcha de un programa que recetará a los pacientes conciertos, clases de música, recitales de poesía y visitas a los museos, entre otras actividades culturales.

Hace unos días, los principales periódicos del Reino Unido se hacían eco de una comparecencia de Matt Hancock. El secretario de Salud británico anunció la puesta en marcha de un programa que permitirá a médicos del sistema público prescribir tratamientos relacionados con diferentes disciplinas artísticas: pintura, danza, música, literatura, o clases de cocina y jardinería. Según el político, la razón para poner en marcha este programa es que «el acceso a las artes mejora la salud mental y física de las personas. Nos hace más felices y sanos».

Este método terapéutico, denominado prescripción social, busca reducir la tendencia de los especialistas a medicar en exceso a los pacientes y bajar las dosis de fármacos en aquellas personas que los utilizan durante periodos muy largos.

A cambio, se recetarían clases de baile a, por ejemplo, pacientes con trastornos de la personalidad, baja concentración o problemas de sociabilidad; clases de canto para personas con problemas respiratorios y terapias con música y playlists para mejorar los resultados en tratamientos contra la depresión.

El proyecto, que estará totalmente desarrollado en 2023, contará también con la creación de una Academia Nacional para la Prescripción Social, que organizará esos eventos culturales que podrán ser prescritos por los médicos del sistema público de salud.

Eventos como el realizado en Hull por la Royal Philharmonic Orchestra con personas que han sobrevivido a accidentes cardiovasculares. Según informó The Guardian, el 91% de los pacientes que participaron mejoraron sus habilidades relacionales y comunicativas.

La iniciativa anunciada por el secretario de Salud británico no es nueva. De hecho, se aplica en países como Estados Unidos y Canadá. Los médicos de Quebec, en colaboración con el Museo de Bellas Artes de la ciudad, recetaron visitas a la institución a distintos pacientes acompañados de familiares.

El principal problema al que se enfrenta la prescripción social es la dotación presupuestaria. Aunque tanto el sistema de salud de Quebec como el Museo de Bellas Artes son servicios públicos, alguien tiene que correr con los gastos que suponen las actividades: las entradas del museo quebequés, los honorarios de las personas que confeccionen, en colaboración con los médicos, las playlists, o los sueldos de los profesores de baile, de jardinería y de pintura.

Para solucionar ese aspecto, Matt Hancock prometió, al anunciar su programa, una dotación de cuatro millones y medio de libras. No es una cantidad muy abultada; se tiene que repartir entre las actividades ofertadas en todo el país. En todo caso, el interés del Gobierno británico por este tipo de terapias es real y, con el tiempo, se irán ampliando los fondos.

Se están desarrollando otras iniciativas semejantes, como el programa A connected society. A strategy for tackling loneliness, destinadas a paliar, con actividades lúdicas y sociales, problemas como la soledad en las grandes ciudades inglesas.

Las manifestaciones artísticas tienen un efecto balsámico en la salud de los enfermos. Las autoridades británicas han anunciado la puesta en marcha de un programa que recetará a los pacientes conciertos, clases de música, recitales de poesía y visitas a los museos, entre otras actividades culturales.

Hace unos días, los principales periódicos del Reino Unido se hacían eco de una comparecencia de Matt Hancock. El secretario de Salud británico anunció la puesta en marcha de un programa que permitirá a médicos del sistema público prescribir tratamientos relacionados con diferentes disciplinas artísticas: pintura, danza, música, literatura, o clases de cocina y jardinería. Según el político, la razón para poner en marcha este programa es que «el acceso a las artes mejora la salud mental y física de las personas. Nos hace más felices y sanos».

Este método terapéutico, denominado prescripción social, busca reducir la tendencia de los especialistas a medicar en exceso a los pacientes y bajar las dosis de fármacos en aquellas personas que los utilizan durante periodos muy largos.

A cambio, se recetarían clases de baile a, por ejemplo, pacientes con trastornos de la personalidad, baja concentración o problemas de sociabilidad; clases de canto para personas con problemas respiratorios y terapias con música y playlists para mejorar los resultados en tratamientos contra la depresión.

El proyecto, que estará totalmente desarrollado en 2023, contará también con la creación de una Academia Nacional para la Prescripción Social, que organizará esos eventos culturales que podrán ser prescritos por los médicos del sistema público de salud.

Eventos como el realizado en Hull por la Royal Philharmonic Orchestra con personas que han sobrevivido a accidentes cardiovasculares. Según informó The Guardian, el 91% de los pacientes que participaron mejoraron sus habilidades relacionales y comunicativas.

La iniciativa anunciada por el secretario de Salud británico no es nueva. De hecho, se aplica en países como Estados Unidos y Canadá. Los médicos de Quebec, en colaboración con el Museo de Bellas Artes de la ciudad, recetaron visitas a la institución a distintos pacientes acompañados de familiares.

El principal problema al que se enfrenta la prescripción social es la dotación presupuestaria. Aunque tanto el sistema de salud de Quebec como el Museo de Bellas Artes son servicios públicos, alguien tiene que correr con los gastos que suponen las actividades: las entradas del museo quebequés, los honorarios de las personas que confeccionen, en colaboración con los médicos, las playlists, o los sueldos de los profesores de baile, de jardinería y de pintura.

Para solucionar ese aspecto, Matt Hancock prometió, al anunciar su programa, una dotación de cuatro millones y medio de libras. No es una cantidad muy abultada; se tiene que repartir entre las actividades ofertadas en todo el país. En todo caso, el interés del Gobierno británico por este tipo de terapias es real y, con el tiempo, se irán ampliando los fondos.

Se están desarrollando otras iniciativas semejantes, como el programa A connected society. A strategy for tackling loneliness, destinadas a paliar, con actividades lúdicas y sociales, problemas como la soledad en las grandes ciudades inglesas.

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