28 de agosto 2017    /   CREATIVIDAD
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Cortaypega te enseña arquitectura mientras juegas con recortables

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¿Qué sucede cuando se junta un grupo de arquitectos apasionados por su profesión, por el mundo editorial y por los recortables? Que surgen proyectos como Cortaypega, una colección de recortables sobre edificios carismáticos de arquitectos españoles.

«Existe un innegable déficit en la divulgación y difusión de la arquitectura; en particular, de la arquitectura moderna. Por eso creemos que los recortables son una manera dinámica, activa, de acercarse a la arquitectura», explica Fernando Jiménez, uno de los impulsores de la iniciativa.


Jiménez es miembro de Asociación Cultural Dimomo Arquitectura, una entidad que publica los modelos de Cortaypega, cuyo catálogo cuenta ya con edificios como La Pagoda, de Miguel Fisac; el Club náutico de San Sebastián, de Aizpúrua y Labayen; o el Gobierno Civil de Tarragona, de De la Sota.

«Cuando hablamos de que es necesaria una mayor divulgación de la arquitectura, ponemos el énfasis en la arquitectura del siglo XX. En la sociedad hay poco conocimiento sobre esta arquitectura y sus valores. En los colegios se habla del Románico, del Gótico, pero en raras ocasiones se llega a hablar de Le Corbusier, Mies van der Rohe o Alejandro de la Sota, por poner algún ejemplo. Creemos que es importante hablar de ello porque la buena arquitectura actual es, de uno u otro modo, heredera de ello».

Tradicionalmente, los recortables de edificios acostumbran a ser de monumentos históricos. Modelos de la Alhambra, la catedral de Burgos o el Alcázar de Toledo, pero no de edificios de, por ejemplo, el Movimiento Moderno en España. Cortaypega no solo ha venido a llenar ese hueco, sino que, como en el caso de La Pagoda, es una forma de preservar en la memoria edificios que ya no existen.

«Nunca nos lo hemos planteado así, ¡qué responsabilidad! Iniciamos la colección con La Pagoda como un homenaje deliberado, pero creemos que es más importante poner el foco en los edificios que hay que valorar que lamentarnos por los desaparecidos. Eso no quita que en algún momento volvamos a hacer algún edificio que ya no exista, como la casa Guzmán recién derruida».

Una de las principales dificultades de Cortaypega es hacer el desarrollo de la pieza. Dado que es un producto para profesionales y aficionados a la arquitectura, cuanta mayor fidelidad con el edificio original, mejor. En otras palabras, los productos de Cortaypega no son meros prismas con las fachadas dibujadas que se montan en diez minutos.

«El proceso de montaje de nuestros recortables no es rápido. Hay que dedicar algo de tiempo, tener paciencia y también un poquito de habilidad (tampoco mucha, todo hay que decirlo). Pero es el único modo de que el recortable refleje fielmente la arquitectura. Cada uno de nuestros recortables incorpora algún aspecto singular que se convierte en un pequeño o gran desafío: en La Pagoda eran los paraboloides; en la Barceloneta, el desarrollo interior de una vivienda y en el Club Náutico, las diversas escaleras fueron un reto divertido».

Para poder desarrollar sus recortables con ese nivel de definición y rigor, los miembros de Dimomo Arquitectura recurren a toda la información disponible. Visitan archivos, buscan fotografías de época, bibliografía, consultan los planos cuando están disponibles y, por supuesto, visitan el edificio cuando es posible hacerlo. A pesar de ello, no es suficiente. En Cortaypega quieren más.

«Estos días veía en Twitter unas imágenes de unas estupendas construcciones de arena del Panteón y el Chrysler Building que aludían a lo que podía hacer un arquitecto playero. Alguien recordaba que ahí no se podía apreciar el espacio, que es, o debería ser, lo principal para un arquitecto. De alguna manera, tenemos esa espina clavada: nos gustaría que nuestros recortables fuesen capaces de contar algo más que un análisis formal del edificio. Sería estupendo que lográramos que hablaran del espacio que producen».

Hasta que consigan llegar a ese nivel de sofisticación, desde Cortaypega anuncian modelos de Torres Blancas, el Gimnasio Maravillas, el Taller Miró, Can Lis, el Coso de Cehegín, el Auditorio de Vic, Bankinter, el Musac o la Universidad Laboral de Almería.

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«Existe un innegable déficit en la divulgación y difusión de la arquitectura; en particular, de la arquitectura moderna. Por eso creemos que los recortables son una manera dinámica, activa, de acercarse a la arquitectura», explica Fernando Jiménez, uno de los impulsores de la iniciativa.


Jiménez es miembro de Asociación Cultural Dimomo Arquitectura, una entidad que publica los modelos de Cortaypega, cuyo catálogo cuenta ya con edificios como La Pagoda, de Miguel Fisac; el Club náutico de San Sebastián, de Aizpúrua y Labayen; o el Gobierno Civil de Tarragona, de De la Sota.

«Cuando hablamos de que es necesaria una mayor divulgación de la arquitectura, ponemos el énfasis en la arquitectura del siglo XX. En la sociedad hay poco conocimiento sobre esta arquitectura y sus valores. En los colegios se habla del Románico, del Gótico, pero en raras ocasiones se llega a hablar de Le Corbusier, Mies van der Rohe o Alejandro de la Sota, por poner algún ejemplo. Creemos que es importante hablar de ello porque la buena arquitectura actual es, de uno u otro modo, heredera de ello».

Tradicionalmente, los recortables de edificios acostumbran a ser de monumentos históricos. Modelos de la Alhambra, la catedral de Burgos o el Alcázar de Toledo, pero no de edificios de, por ejemplo, el Movimiento Moderno en España. Cortaypega no solo ha venido a llenar ese hueco, sino que, como en el caso de La Pagoda, es una forma de preservar en la memoria edificios que ya no existen.

«Nunca nos lo hemos planteado así, ¡qué responsabilidad! Iniciamos la colección con La Pagoda como un homenaje deliberado, pero creemos que es más importante poner el foco en los edificios que hay que valorar que lamentarnos por los desaparecidos. Eso no quita que en algún momento volvamos a hacer algún edificio que ya no exista, como la casa Guzmán recién derruida».

Una de las principales dificultades de Cortaypega es hacer el desarrollo de la pieza. Dado que es un producto para profesionales y aficionados a la arquitectura, cuanta mayor fidelidad con el edificio original, mejor. En otras palabras, los productos de Cortaypega no son meros prismas con las fachadas dibujadas que se montan en diez minutos.

«El proceso de montaje de nuestros recortables no es rápido. Hay que dedicar algo de tiempo, tener paciencia y también un poquito de habilidad (tampoco mucha, todo hay que decirlo). Pero es el único modo de que el recortable refleje fielmente la arquitectura. Cada uno de nuestros recortables incorpora algún aspecto singular que se convierte en un pequeño o gran desafío: en La Pagoda eran los paraboloides; en la Barceloneta, el desarrollo interior de una vivienda y en el Club Náutico, las diversas escaleras fueron un reto divertido».

Para poder desarrollar sus recortables con ese nivel de definición y rigor, los miembros de Dimomo Arquitectura recurren a toda la información disponible. Visitan archivos, buscan fotografías de época, bibliografía, consultan los planos cuando están disponibles y, por supuesto, visitan el edificio cuando es posible hacerlo. A pesar de ello, no es suficiente. En Cortaypega quieren más.

«Estos días veía en Twitter unas imágenes de unas estupendas construcciones de arena del Panteón y el Chrysler Building que aludían a lo que podía hacer un arquitecto playero. Alguien recordaba que ahí no se podía apreciar el espacio, que es, o debería ser, lo principal para un arquitecto. De alguna manera, tenemos esa espina clavada: nos gustaría que nuestros recortables fuesen capaces de contar algo más que un análisis formal del edificio. Sería estupendo que lográramos que hablaran del espacio que producen».

Hasta que consigan llegar a ese nivel de sofisticación, desde Cortaypega anuncian modelos de Torres Blancas, el Gimnasio Maravillas, el Taller Miró, Can Lis, el Coso de Cehegín, el Auditorio de Vic, Bankinter, el Musac o la Universidad Laboral de Almería.

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