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20 de junio 2019    /   IDEAS
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Fotos  Jane Mitchell @foodografa

Refugee Food Festival, los prejuicios se fulminan comiendo

20 de junio 2019    /   IDEAS     por        Fotos  Jane Mitchell @foodografa
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Unos dejan más, otros menos, pero a todos los refugiados se les quedan cosas en el lugar del que partieron. Aunque también todos traen algo de allí. A veces es un intangible con capacidad de materializarse.

Ocurre con los participantes en Refugee Food Festival. Durante unos días, sus conocimientos culinarios toman forma en las cocinas de restaurantes de distintas ciudades de todo el mundo.

Madrid es una de ellas. Del 13 al 22 de junio, y con la colaboración de la organización Chefugee, doce refugiados procedentes de Siria, Irak, Venezuela, Sudán y Costa de Marfil preparan platos de la cocina tradicional de sus países de origen en once restaurantes de la capital.

La iniciativa surgió en 2016 gracias a un grupo de voluntarios parisinos que querían derribar los prejuicios y miedos a los refugiados que suscitaban determinados discursos. La cocina iba a ser su gran aliada.

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Aquel primer festival contó ya con la colaboración de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Al año siguiente la iniciativa saltó a otras ciudades, hasta llegar a las 15 que participan en la actualidad.

Este año, los organizadores del festival en Madrid han conseguido que se les reconozca como asociación, nos cuenta Natalia Díaz, una de las voluntarias y cofundadoras del movimiento. «Todos los fondos recaudados los destinamos a la integración de estas personas».

La de 2019 es la tercera edición de Refugee Food Festival en Madrid. Hasta el próximo sábado 22, las cocinas de los once establecimientos participantes amplían su carta con platos de la cocina siria, venezolana o iraquí. Una experiencia pop-up a la que todo aquel que quiera sumarse (y deleleitarse) puede hacerlo con reserva previa.

También la tercera en la que participa Wesal, una de las chefs invitadas (o chefugee). Hace cuatro años tuvo que salir huyendo de Siria donde ejercía como analista clínica.

«Una vez aquí busqué trabajo de lo mío, pero al no tener el título homologado no podía ejercer», nos cuenta. Wesal no había trabajado nunca en un restaurante, pero sí había cocinado, y mucho, para su familia. Su experiencia doméstica le sirvió para acceder a su primer puesto laboral como cocinera.

Durante estos días, Wesal despliega todo su saber hacer en los fogones de Gigi Restaurante y Lomo Steak &Beer. Esta será su tercera vez en el primero y su estreno en el segundo.

Wesal confiesa que su sueño sería volver a su país y trabajar como analista clínica, aunque es consciente de que al menos durante un tiempo seguirá siendo eso, un sueño. Mientras llega, y pese a la dura situación que le está tocando vivir tanto a ella como a su familia, la siria se muestra satisfecha con esta oportunidad: «Estoy aprendiendo mucho, pero también estoy enseñando», asegura.

Y no es la única para quien la experiencia está resultando positiva. Según los datos que manejan los organizadores sobre el impacto del evento, Refugee Food Festival está logrando los objetivos propuestos en su origen: el 91% de los chefs considera que les ha ayudado y les ha permitido reforzar su confianza. Para el 59%, además, le ha abierto las puertas a una oportunidad laboral.

También para los responsables de los restaurantes participantes en ediciones anteriores y para los clientes que degustaron los platos existe un antes y un después de su paso por el festival gastronómico: el 70% reconoce que su percepción sobre los refugiados es ahora más positiva, y el 91% asegura estar ahora más dispuesto a colaborar en el apoyo a este colectivo.

Unos dejan más, otros menos, pero a todos los refugiados se les quedan cosas en el lugar del que partieron. Aunque también todos traen algo de allí. A veces es un intangible con capacidad de materializarse.

Ocurre con los participantes en Refugee Food Festival. Durante unos días, sus conocimientos culinarios toman forma en las cocinas de restaurantes de distintas ciudades de todo el mundo.

Madrid es una de ellas. Del 13 al 22 de junio, y con la colaboración de la organización Chefugee, doce refugiados procedentes de Siria, Irak, Venezuela, Sudán y Costa de Marfil preparan platos de la cocina tradicional de sus países de origen en once restaurantes de la capital.

La iniciativa surgió en 2016 gracias a un grupo de voluntarios parisinos que querían derribar los prejuicios y miedos a los refugiados que suscitaban determinados discursos. La cocina iba a ser su gran aliada.

Aquel primer festival contó ya con la colaboración de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Al año siguiente la iniciativa saltó a otras ciudades, hasta llegar a las 15 que participan en la actualidad.

Este año, los organizadores del festival en Madrid han conseguido que se les reconozca como asociación, nos cuenta Natalia Díaz, una de las voluntarias y cofundadoras del movimiento. «Todos los fondos recaudados los destinamos a la integración de estas personas».

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La de 2019 es la tercera edición de Refugee Food Festival en Madrid. Hasta el próximo sábado 22, las cocinas de los once establecimientos participantes amplían su carta con platos de la cocina siria, venezolana o iraquí. Una experiencia pop-up a la que todo aquel que quiera sumarse (y deleleitarse) puede hacerlo con reserva previa.

También la tercera en la que participa Wesal, una de las chefs invitadas (o chefugee). Hace cuatro años tuvo que salir huyendo de Siria donde ejercía como analista clínica.

«Una vez aquí busqué trabajo de lo mío, pero al no tener el título homologado no podía ejercer», nos cuenta. Wesal no había trabajado nunca en un restaurante, pero sí había cocinado, y mucho, para su familia. Su experiencia doméstica le sirvió para acceder a su primer puesto laboral como cocinera.

Durante estos días, Wesal despliega todo su saber hacer en los fogones de Gigi Restaurante y Lomo Steak &Beer. Esta será su tercera vez en el primero y su estreno en el segundo.

Wesal confiesa que su sueño sería volver a su país y trabajar como analista clínica, aunque es consciente de que al menos durante un tiempo seguirá siendo eso, un sueño. Mientras llega, y pese a la dura situación que le está tocando vivir tanto a ella como a su familia, la siria se muestra satisfecha con esta oportunidad: «Estoy aprendiendo mucho, pero también estoy enseñando», asegura.

Y no es la única para quien la experiencia está resultando positiva. Según los datos que manejan los organizadores sobre el impacto del evento, Refugee Food Festival está logrando los objetivos propuestos en su origen: el 91% de los chefs considera que les ha ayudado y les ha permitido reforzar su confianza. Para el 59%, además, le ha abierto las puertas a una oportunidad laboral.

También para los responsables de los restaurantes participantes en ediciones anteriores y para los clientes que degustaron los platos existe un antes y un después de su paso por el festival gastronómico: el 70% reconoce que su percepción sobre los refugiados es ahora más positiva, y el 91% asegura estar ahora más dispuesto a colaborar en el apoyo a este colectivo.

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