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18 de julio 2013    /   CREATIVIDAD
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Cómo escribir un relato de terror

18 de julio 2013    /   CREATIVIDAD     por          
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El relato de terror y los blogs casan mal. Un relato de humor, un chiste, puede tener una o dos líneas, pero un relato de terror necesita preparación y tono para inquietar al lector cuando haya dejado de leer.

El terror no se lleva bien con los blogs

Habrás leído que en un blog es preferible una entrada corta a una larga, y que debes usar imágenes para «animar» al lector. Esto no vale para un relato de terror. Si el texto es breve no tienes tiempo para crear desasosiego, y las imágenes son como los anuncios: rompen el puntito.

El terror se asienta en lo cotidiano

Para asustar con pocas palabras tienes que decir en el Telediario «sube la factura de la luz» o «Bruselas obliga a España a rebajar los sueldos». Esto asusta a la mayoría de nosotros porque hay un contexto, una realidad. Los chistes son breves porque se ríen de cosas que conocemos, pero si escribes sobre una muñeca antigua asesina necesitas meter al lector en el mundo de los protagonistas/víctimas.

Cuando llega el monstruo, no es el monstruo el que te asusta, sino que sufra el personaje que te gusta.

¿Has visto lo gordos que son los libros de Stephen King? Antes de que el monstruo aparezca, King ha descrito un pueblo y ha presentado a personajes con los que podemos identificarnos. Cuando llega el monstruo, no es el monstruo el que te asusta, sino que sufra el personaje que te gusta.
No necesitas escribir mil páginas, pero un microcuento no es terror, ni siquiera trescientas palabras.

¿Has visto lo gordos que son los libros de Stephen King? Antes de que el monstruo aparezca, King ha descrito un pueblo y ha presentado a personajes con los que podemos identificarnos. Cuando llega el monstruo, no es el monstruo el que te asusta, sino que sufra el personaje que te gusta.
No necesitas escribir mil páginas, pero un microcuento no es terror, ni siquiera trescientas palabras.

Escribe sin pensar en lo corto o lo largo del relato. Sólo tienes que llevarnos de la tranquilidad a la inquietud. 

Empieza las historia por un lugar. Luego por un personaje o una pareja o una familia. Gente normal que hace cosas normales. O al revés, empieza por los personajes. Pero no empieces por el monstruo.

No entrar a saco

No es bueno entrar a saco en el terror como haces: “Alicia no creía en fantasmas, pero aquella noche…” ni “cuando su esposa murió, todo perdió sentido para él, hasta que…” ni “Mamá, mamá, he visto una sombra en el lago”.

No hay que comenzar dando pistas sobre lo que tiene que asustarnos.
Mejor comienza con Alicia comiendo un helado en la calle, convierte la sombra del lago en una sombra en el cuarto de baño que se confunde con humedades, y muestra como el personaje ve morir a su mujer y se sume en la depresión antes de conocer el terror.

El terror se descubre, no viene dado

Tampoco comiences con una situación donde el terror es “una rutina” como haces aquí: “Hace un mes que escucho ruidos en el techo” ni “dos semanas atrás, Julia era una chica alegre. Todo cambió cuando su novio le regaló aquel reloj antiguo” ni «desde hace meses tengo la misma pesadilla cada noche».

El terror es descubrimiento: la primera vez de los ruidos, de la pesadilla o que sonó el reloj antiguo en medio de la noche (¡tira el reloj!).
Por lo mismo no comiences con castillos ni casas abandonadas ni un camping en el lago. Todo esto da pistas sobre lo que tiene que ocurrir. No asustas.

El entorno urbano es cada vez más inhóspito. El día a día lo es. Aquí hay monstruos.

No escribas sobre miedos antiguos

Fantasmas, criaturas en el armario, muñecas… ¿Usas estos temas porque crees que son temas de las historias de terror? Estos son miedos antiguos. Piensa quiénes son los monstruos en ‘La semilla del diablo’: el marido, el médico, los simpáticos vecinos… ¿Y en ‘El resplandor’? Un padre de familia que enloquece; los fantasmas son una propina.

¿Qué es lo peor que podría pasarte AHORA?

… Así que te sugiero: ¿Qué es lo peor que podría pasarte AHORA?

Piensa que estás rodeada de monstruos con la cara de tu padre, tu madre, tus amigos… Que te lo quieren quitar todo, que lo pierdes todo, que pierdes tu salud…

Escribe de los terrores actuales, no de lo que las personas tenían miedo hace doscientos años.

… Y olvida a los gatos y los armarios cerrados.

La técnica de ‘la inversión’

En el terror también funciona LA INVERSIÓN. Esto es que las personas sufren lo que hacen a los animales y a las máquinas. No digo que los animales y las máquinas se rebelen en tus historias porque está muy visto.

Pienso en cosas como esta: una persona abierta en canal y recibiendo un litro de limón en las tripas como si fuera una ostra viva (¿un cocinero que asesina a un cliente insatisfecho?).

La técnica de ‘¿Y si…?’

También funciona ¿Y si…? Por ejemplo, piensa en la gente enganchada al móvil. ¿Y si con el tiempo los smartphone acaban eligiendo y desechando a los usuarios?

… Así que olvida las habitaciones de hotel, las casas abandonadas, las gasolineras en la nada… Tú no quieres contar lo mismo que los demás, ¿verdad?

El terror no es una frase de cierre

«A la mañana siguiente, los padres encontraron un charco de sangre en la habitación del niño»; «a la mañana siguiente, encontraron el cuerpo de Elena, pero no su cabeza»; «lo último que sintió fue las mandíbulas de la desconocida criatura desgarrándole el cuello».

… Estas frases con las que cierras algunos relatos, ¿crees que hacen un relato de terror? Parece que quieres cerrar el texto de cualquier manera. ¡Oh, sorpresa!

El terror no está en que describas una habitación, digas que hay ruidos en el techo y acabar con «a la mañana siguiente…» Es una salida fácil. Hay un millón de relatos en Internet de personas que a la mañana siguiente son encontradas sin cabeza.

‘No’ a las frases gastadas

Destierra «este relato está basado en hechos reales», porque eso no hará que me asuste. Es un truco barato, ¿no te parece?

El terror tampoco se hace con frases gastadas como «aquella tarde el cielo estaba enojado» ni «el pasillo estaba oscuro como boca de lobo» ni «de repente una sombra pasó por su lado»… Si una frase te suena conocida, cámbiala. Pero, ojo…

‘No’ a las ‘palabras raras’

… No uses palabras raras. El terror no admite interrupciones, y las palabras raras o poco frecuentes obligan al lector a coger el diccionario o a repensar y cortan el puntito.
El terror no está en las metáforas. «Sube la factura de la luz», lo entiende todo el mundo. Nadie pensará que eres menos escritora porque se entienden tus palabras.

Las erratas nos sacan del terror

No escribas directamente el relato en el blog. Escríbelo en un procesador de texto. Ten cuidado con los errores ortográficos porque cortan el puntito como los anuncios.
No uses “letras terroríficas” sobre fondo negro. Usa fuentes normales, agradables a la vista.

Cuidado con los foros de terror

Cuando estás dentro de páginas y foros es autores de terror corres el riesgo de acomodarte. Muchos escriben esperando comentarios del tipo “guau, k miedo”. Tú no necesitas este tipo de comentarios.

… Todo esto es como una hermandad de repartidores de abrazos. Pero tú quieres ser una auténtico escritor, ¿verdad?

El relato de terror y los blogs casan mal. Un relato de humor, un chiste, puede tener una o dos líneas, pero un relato de terror necesita preparación y tono para inquietar al lector cuando haya dejado de leer.

El terror no se lleva bien con los blogs

Habrás leído que en un blog es preferible una entrada corta a una larga, y que debes usar imágenes para «animar» al lector. Esto no vale para un relato de terror. Si el texto es breve no tienes tiempo para crear desasosiego, y las imágenes son como los anuncios: rompen el puntito.

El terror se asienta en lo cotidiano

Para asustar con pocas palabras tienes que decir en el Telediario «sube la factura de la luz» o «Bruselas obliga a España a rebajar los sueldos». Esto asusta a la mayoría de nosotros porque hay un contexto, una realidad. Los chistes son breves porque se ríen de cosas que conocemos, pero si escribes sobre una muñeca antigua asesina necesitas meter al lector en el mundo de los protagonistas/víctimas.

Cuando llega el monstruo, no es el monstruo el que te asusta, sino que sufra el personaje que te gusta.

¿Has visto lo gordos que son los libros de Stephen King? Antes de que el monstruo aparezca, King ha descrito un pueblo y ha presentado a personajes con los que podemos identificarnos. Cuando llega el monstruo, no es el monstruo el que te asusta, sino que sufra el personaje que te gusta.
No necesitas escribir mil páginas, pero un microcuento no es terror, ni siquiera trescientas palabras.

¿Has visto lo gordos que son los libros de Stephen King? Antes de que el monstruo aparezca, King ha descrito un pueblo y ha presentado a personajes con los que podemos identificarnos. Cuando llega el monstruo, no es el monstruo el que te asusta, sino que sufra el personaje que te gusta.
No necesitas escribir mil páginas, pero un microcuento no es terror, ni siquiera trescientas palabras.

Escribe sin pensar en lo corto o lo largo del relato. Sólo tienes que llevarnos de la tranquilidad a la inquietud. 

Empieza las historia por un lugar. Luego por un personaje o una pareja o una familia. Gente normal que hace cosas normales. O al revés, empieza por los personajes. Pero no empieces por el monstruo.

No entrar a saco

No es bueno entrar a saco en el terror como haces: “Alicia no creía en fantasmas, pero aquella noche…” ni “cuando su esposa murió, todo perdió sentido para él, hasta que…” ni “Mamá, mamá, he visto una sombra en el lago”.

No hay que comenzar dando pistas sobre lo que tiene que asustarnos.
Mejor comienza con Alicia comiendo un helado en la calle, convierte la sombra del lago en una sombra en el cuarto de baño que se confunde con humedades, y muestra como el personaje ve morir a su mujer y se sume en la depresión antes de conocer el terror.

El terror se descubre, no viene dado

Tampoco comiences con una situación donde el terror es “una rutina” como haces aquí: “Hace un mes que escucho ruidos en el techo” ni “dos semanas atrás, Julia era una chica alegre. Todo cambió cuando su novio le regaló aquel reloj antiguo” ni «desde hace meses tengo la misma pesadilla cada noche».

El terror es descubrimiento: la primera vez de los ruidos, de la pesadilla o que sonó el reloj antiguo en medio de la noche (¡tira el reloj!).
Por lo mismo no comiences con castillos ni casas abandonadas ni un camping en el lago. Todo esto da pistas sobre lo que tiene que ocurrir. No asustas.

El entorno urbano es cada vez más inhóspito. El día a día lo es. Aquí hay monstruos.

No escribas sobre miedos antiguos

Fantasmas, criaturas en el armario, muñecas… ¿Usas estos temas porque crees que son temas de las historias de terror? Estos son miedos antiguos. Piensa quiénes son los monstruos en ‘La semilla del diablo’: el marido, el médico, los simpáticos vecinos… ¿Y en ‘El resplandor’? Un padre de familia que enloquece; los fantasmas son una propina.

¿Qué es lo peor que podría pasarte AHORA?

… Así que te sugiero: ¿Qué es lo peor que podría pasarte AHORA?

Piensa que estás rodeada de monstruos con la cara de tu padre, tu madre, tus amigos… Que te lo quieren quitar todo, que lo pierdes todo, que pierdes tu salud…

Escribe de los terrores actuales, no de lo que las personas tenían miedo hace doscientos años.

… Y olvida a los gatos y los armarios cerrados.

La técnica de ‘la inversión’

En el terror también funciona LA INVERSIÓN. Esto es que las personas sufren lo que hacen a los animales y a las máquinas. No digo que los animales y las máquinas se rebelen en tus historias porque está muy visto.

Pienso en cosas como esta: una persona abierta en canal y recibiendo un litro de limón en las tripas como si fuera una ostra viva (¿un cocinero que asesina a un cliente insatisfecho?).

La técnica de ‘¿Y si…?’

También funciona ¿Y si…? Por ejemplo, piensa en la gente enganchada al móvil. ¿Y si con el tiempo los smartphone acaban eligiendo y desechando a los usuarios?

… Así que olvida las habitaciones de hotel, las casas abandonadas, las gasolineras en la nada… Tú no quieres contar lo mismo que los demás, ¿verdad?

El terror no es una frase de cierre

«A la mañana siguiente, los padres encontraron un charco de sangre en la habitación del niño»; «a la mañana siguiente, encontraron el cuerpo de Elena, pero no su cabeza»; «lo último que sintió fue las mandíbulas de la desconocida criatura desgarrándole el cuello».

… Estas frases con las que cierras algunos relatos, ¿crees que hacen un relato de terror? Parece que quieres cerrar el texto de cualquier manera. ¡Oh, sorpresa!

El terror no está en que describas una habitación, digas que hay ruidos en el techo y acabar con «a la mañana siguiente…» Es una salida fácil. Hay un millón de relatos en Internet de personas que a la mañana siguiente son encontradas sin cabeza.

‘No’ a las frases gastadas

Destierra «este relato está basado en hechos reales», porque eso no hará que me asuste. Es un truco barato, ¿no te parece?

El terror tampoco se hace con frases gastadas como «aquella tarde el cielo estaba enojado» ni «el pasillo estaba oscuro como boca de lobo» ni «de repente una sombra pasó por su lado»… Si una frase te suena conocida, cámbiala. Pero, ojo…

‘No’ a las ‘palabras raras’

… No uses palabras raras. El terror no admite interrupciones, y las palabras raras o poco frecuentes obligan al lector a coger el diccionario o a repensar y cortan el puntito.
El terror no está en las metáforas. «Sube la factura de la luz», lo entiende todo el mundo. Nadie pensará que eres menos escritora porque se entienden tus palabras.

Las erratas nos sacan del terror

No escribas directamente el relato en el blog. Escríbelo en un procesador de texto. Ten cuidado con los errores ortográficos porque cortan el puntito como los anuncios.
No uses “letras terroríficas” sobre fondo negro. Usa fuentes normales, agradables a la vista.

Cuidado con los foros de terror

Cuando estás dentro de páginas y foros es autores de terror corres el riesgo de acomodarte. Muchos escriben esperando comentarios del tipo “guau, k miedo”. Tú no necesitas este tipo de comentarios.

… Todo esto es como una hermandad de repartidores de abrazos. Pero tú quieres ser una auténtico escritor, ¿verdad?

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Opiniones 17
  • lo de “a la mañana siguiente, encontraron el cuerpo de Elena, pero no su cabeza” dio más risa que otra cosa y es otro punto, hay una fina linea que divide el terror de la comedia (aunque aquí se hable de escritura, no puedo evitar pensar en algunas películas de «terror»). Muy buenos consejos a tener en cuenta.

  • Son buenos consejos, pero creo que no estoy realmente deacuerdo con que una historia de terror no pueda ser corta y directa. Solo hay que ver el ejemplo de los Creepy Pasta de la red, historias cortas, muy sencillas, pero que la imaginacion desbordante de los escritores consigue que realmente sientas autentico terror o se te pongan los pelos de punta por ello. Cierto es, que una historia de terror, es mejor que requiera preparacion, pero no tiene por que ser necesario.

  • «No leas los relatos de terror de los blogs. Lee a escritores de verdad. No escribas para que te digan “guau, k miedo”, porque eso es mentira. Tú sabes que quien comenta quiere que leas sus relatos y le digas “guau, k miedo”.
    … Todo esto es como una hermandad de repartidores de abrazos. Pero tú quieres ser una auténtica escritora, ¿verdad?»
    Hola Javier, esta argumentación está cogida con alfileres, y podría estrapolarse perfectamente a:
    «No leas consejos de guión de los blogs. Lee a escritores de verdad…»
    Saludos!

  • Escritor: persona que escribe. ¿Escritores de verdad?…No sería mejor decir: escritores consagrados, reconocidos, famosos, autores de libros…etc…Por mi parte no sé lo que son «escritores de mentira». Es una opinión de alguien que solo escribe.

  • Pingback: Art | Pearltrees
  • Me encantó lo de «escritores de mentira». Me lo pido. A partir de ahora, cuando me pregunten a qué me dedico, voy a soltarles:
    -Soy escritora, pero de mentirijilla…
    Lo mismo hasta saco una novela de terror mirándoles a la cara.

  • Entiendo que cuando dices escritores de verdad, obviamente te refieres a escritores que tienen una gran experiencia y los coloca por encima de los demás, por ser la de la vieja escuela. No tengo ningún problema con eso.
    Difiero un poco en lo de las historias con ambiente antiguo; por aquellos tiempos (por decirlo así) no habían teléfonos celulares, así que pasar por un pasillo oscuro y no poder iluminarte con tu smartphone era cosa «fea» . Creo, honestamente que el truco está en como sabes manejar las cosas, es decir, si no investigas sobre como era la vida en aquellos tiempos y no te empapas de las descripciones de personas mayores, sumándole a esto tu limitada imaginación será casi imposible montar una historia en remotos tiempos. Todo es creatividad. Por supuesto, marcando siempre la diferencia.
    ¡Éxitos a todos (as)…

  • El terror, es miedo en su mayor proporción, y hay que tener en cuenta que en cada uno de nosotros es diferente, sobre todo debido a la cultura y formación de cada uno.
    El miedo es desconocimiento, y es impulsado por la cultura al terror, ya que el terror es el miedo a la forma de morir, sin darse cuenta que la muerte no duele, disponemos de un cerebro que lo evita, y eso que vemos en las pelis no es cierto, el cerebro ante un aviso de mucho dolor corta, el sistema nervioso central corta la corriente nerviosa.
    Ahora vayamos al principio, el miedo. Anticipo que he esquivado a la muerte ocho veces y varias de esas veces era muerte segura, sin embargo aquí estoy.
    Desde muy temprana edad he sufrido pesadillas, en esta tenía seis años, y algunas se repetían pero con cambios. Una de esas pesadillas era que me encontraba en la calle, día gris, lluvia, frío y yo solo en la calle, nadie a la vista y detrás de mí un ruido desconocido que me hacía correr, salía de entre los edificios y llegaba al campo, el campo lleno de montículos y estos formados por restos de construcción, todo suciedad y el ruido que aún no he sabido comparar con ninguno.
    Sigo corriendo encima de la hierba y el terreno cambia, ahora es cuesta abajo, sigo corriendo gritando y mirando de vez en cuando por encima de mi hombro, pero no veo que produce ese ruido espantoso y continuo con esa carrera infernal, gritando y llorando llamando a mi padre.
    Y de repente caigo al vacío, el terreno tiene un corte en vertical y no me puedo agarrar a nada, dejo de gritar pensando que me ahogaba, y era la velocidad de caída, y llegó al final, escucho un ruido del golpe y es cuando me puedo dar cuenta que estoy en mi cama, he movido el cuerpo y mi cama se ha movido, algo así como cuando corres y te tiras en la cama, exactamente igual.
    Pero eso ocurrió una sola vez, el resto no dejaba de caer y me despertaban mis padres, yo miraba al ángulo superior derecho de la ventana, donde se unía con dos paredes, gritando y con los ojos muy enrojecidos.
    Pero vayamos por partes, antes de todo esto me ocurrió otro accidente, este fue en la primera casa que tuvieron mis padres, tenía cueva, y se descendía por una escalera de madera, abajo era el trastero de lo que es ahora, y yo jugaba con un camión de madera, y esa tarde se me ocurrió cargarle de piedras y bajar a la cueva, tenía casi cuatro años.
    Solo recuerdo la oscuridad cuando bajé el segundo peldaño, cuando desperté estaba en el hospital, me habían cosido la lengua, al caer me había mordido la lengua y casi la corto del todo, ya que quedó colgando fuera de la boca.
    Ahora vamos a traducir los mensajes. Digo esto porque los fui escribiendo, desde que aprendí a escribir palabras lo hice, con muchas faltas de ortografía y letras desiguales, incluso dibujos de monigotes y cosas raras.
    El significado lo comprendí más adelante, todo estaba relacionado con las escaleras, y una tarde cuando corría hacia el instituto, tenía diez años, ocurrió esto.
    Vivamos en un tercer piso, era un edificio rectangular con tres torreones, eran las escaleras. Yo vivía junto a la del centro pero siempre bajaba por la que daba al este, yo las llamé así.
    Y en mi loca carrera, cuando llegué a la escalera, intenté frenar la inercia de la carrera con la barandilla, pero yo soy alto y el cuerpo se venció hacia el hueco, me agarré a la barandilla, pero no podía trepar, las suelas de la botas resbalaban en la pared, y mi peso y la mochila hizo que me soltara y empecé a ver alejarse la barandilla y llegó la oscuridad, no sentí nada de nada.
    Me estrellé el duro terrazo en el bajo, mis padres me recogieron y me llevaron a urgencias, ya que la ambulancia tardaba y desperté 27 horas después, eso ocurrió a la dos y poco, entraba a las tres.
    Casi pierdo el ojo izquierdo, me rompí el codo del brazo izquierdo, me astillé las dos muñecas y un gran chichón en el lado izquierdo de la frente.
    Era un mensaje que yo podía resolver, esas pesadillas me avisaban en la forma que tenían a mano, es decir, nuestro sistema de defensa de nuestro cuerpo, el cerebro.
    Hubo muchas más y casi todas fueron emergiendo a lo largo de mi vida, cierto es que son imposible de traducir, pero cada vez que me ocurría algo, corría ala cuaderno de las pesadillas y de alguna forma cuadraba con alguna o mezclada con otras.
    Pero esto no es terror, ya hablaré de él.

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