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11 de febrero 2020    /   IDEAS
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¿Por qué debes leer los libros dos veces?

11 de febrero 2020    /   IDEAS     por          
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Lo bueno de revisitar un libro es que el libro también te revisita a ti. Sucede lo mismo con las películas. Aquellas que viste hace años te cuentan ahora, al volver a verlas, cómo eras tú en aquel momento. Pero también la distancia que te separa de entonces en edad, en experiencias, en gustos y en opiniones.

Pongamos este ejemplo: Cabaret. Una película estrenada hace casi medio siglo y que, por tanto, ha sido visualizada por varias generaciones. Algunas de ellas la consideraron una obra de arte (obtuvo ocho óscares, incluido el de Mejor Dirección). Otras, en cambio, la vieron como un film depravado en el que se habla de prostitución, travestismo, ménage à trois e incluso bestialismo.

En cualquier caso, lo que sí es cierto es que esta película de 1972 se enfrentaría ahora a duras críticas por parte del neopuritanismo imperante en la sociedad actual. Un puritanismo que nos muestra lo poco que hemos avanzado (o lo mucho que hemos retrocedido) en cuestiones de libertad sexual.

Porque al igual que con las personas, la relectura de las narraciones existentes en el pasado nos cuenta la evolución de las sociedades. Y cuando en dicha evolución detectamos signos de retroceso hemos de comenzar a preocuparnos, porque ese retroceso nos descubre también que algo está pasando en la custodia de las libertades individuales.

Hay relecturas que jamás podrán hacerse por las circunstancias especiales en las que se produjeron. Un caso curioso es el de Vaslav Nijinsky, para muchos el mejor bailarín de la historia.

Su mentor y turbulento amante, el empresario ruso Serguéi Diáguilev, fue el creador de Los Ballets Rusos, la compañía afincada principalmente en París desde 1909 que más hizo por la innovación en dicho arte y en la que Nijinsky brilló con luz propia.

Pues bien, Diáguilev, preocupado por que las imágenes en movimiento obtenidas gracias la reciente aparición del cinematógrafo pudieran provocar que menos público acudiera a las representaciones en directo, prohibió que se rodaran imágenes de Nijinsky bailando.

Esa es la razón por la que los escandalizados asistentes al estreno de La siesta del fauno jamás pudieron volver a ver, con la distancia necesaria, la masturbación en vivo y en directo de Nijinsky con el fular de la ninfa.

Pero en cualquier caso no hubiera sido lo mismo. Porque lo que cuenta, para que la emoción sea comparable, es decir, para que podamos tomar conciencia del viaje personal realizado ante los dos momentos de una misma experiencia, es que esta sea lo más similar posible.

Un libro es igual a sí mismo por muchos años que pasen. Lo mismo sucede con una película. Algo menos con la obra de teatro representada años después por otros actores y menos aún cuando cambiamos de un medio a otro (del libro o el teatro al cine, por ejemplo).

Esa es la razón por la que los remakes cinematográficos suelen tener tan poco éxito. Porque si nos gustó el original es porque nos impactó de una determinada manera. Y para descubrir el placer, la indiferencia o el daño que nos proporciona años más tarde un segundo impacto, hemos de recibirlo en el mismo cuerpo, con la misma bala, pero en el corazón de ahora.

Lo bueno de revisitar un libro es que el libro también te revisita a ti. Sucede lo mismo con las películas. Aquellas que viste hace años te cuentan ahora, al volver a verlas, cómo eras tú en aquel momento. Pero también la distancia que te separa de entonces en edad, en experiencias, en gustos y en opiniones.

Pongamos este ejemplo: Cabaret. Una película estrenada hace casi medio siglo y que, por tanto, ha sido visualizada por varias generaciones. Algunas de ellas la consideraron una obra de arte (obtuvo ocho óscares, incluido el de Mejor Dirección). Otras, en cambio, la vieron como un film depravado en el que se habla de prostitución, travestismo, ménage à trois e incluso bestialismo.

En cualquier caso, lo que sí es cierto es que esta película de 1972 se enfrentaría ahora a duras críticas por parte del neopuritanismo imperante en la sociedad actual. Un puritanismo que nos muestra lo poco que hemos avanzado (o lo mucho que hemos retrocedido) en cuestiones de libertad sexual.

Porque al igual que con las personas, la relectura de las narraciones existentes en el pasado nos cuenta la evolución de las sociedades. Y cuando en dicha evolución detectamos signos de retroceso hemos de comenzar a preocuparnos, porque ese retroceso nos descubre también que algo está pasando en la custodia de las libertades individuales.

Hay relecturas que jamás podrán hacerse por las circunstancias especiales en las que se produjeron. Un caso curioso es el de Vaslav Nijinsky, para muchos el mejor bailarín de la historia.

Su mentor y turbulento amante, el empresario ruso Serguéi Diáguilev, fue el creador de Los Ballets Rusos, la compañía afincada principalmente en París desde 1909 que más hizo por la innovación en dicho arte y en la que Nijinsky brilló con luz propia.

Pues bien, Diáguilev, preocupado por que las imágenes en movimiento obtenidas gracias la reciente aparición del cinematógrafo pudieran provocar que menos público acudiera a las representaciones en directo, prohibió que se rodaran imágenes de Nijinsky bailando.

Esa es la razón por la que los escandalizados asistentes al estreno de La siesta del fauno jamás pudieron volver a ver, con la distancia necesaria, la masturbación en vivo y en directo de Nijinsky con el fular de la ninfa.

Pero en cualquier caso no hubiera sido lo mismo. Porque lo que cuenta, para que la emoción sea comparable, es decir, para que podamos tomar conciencia del viaje personal realizado ante los dos momentos de una misma experiencia, es que esta sea lo más similar posible.

Un libro es igual a sí mismo por muchos años que pasen. Lo mismo sucede con una película. Algo menos con la obra de teatro representada años después por otros actores y menos aún cuando cambiamos de un medio a otro (del libro o el teatro al cine, por ejemplo).

Esa es la razón por la que los remakes cinematográficos suelen tener tan poco éxito. Porque si nos gustó el original es porque nos impactó de una determinada manera. Y para descubrir el placer, la indiferencia o el daño que nos proporciona años más tarde un segundo impacto, hemos de recibirlo en el mismo cuerpo, con la misma bala, pero en el corazón de ahora.

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