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René Merino: «El cómic me ayuda mucho a mejorar mi lenguaje visual»

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Lo de la afición por el dibujo en René Merino podría decirse que le viene de serie. Ya desde muy pequeño, este madrileño pasaba todo su tiempo haciendo garabatos sobre todo lo que pillara: una pared, un papel… lo que fuera. Incluso en sus manos y brazos, para disgusto de su madre, que tuvo que acabar rindiéndose ante la afición de su hijo.

Pero Merino confiesa que donde más le gustaba dibujar era en los libros del colegio y en el pupitre, algo que le valió más de una bronca por parte del profesorado.

Normal que, con semejante afición por el lápiz, aquel niño acabara estudiando un bachillerato de artes. «Recuerdo haberme sentido muy muy feliz ahí —explica—. Todo encajaba. Era un sitio donde se me premiaba por dibujar, en vez de castigarme o regañarme».

Después empezó un módulo de Ilustración, pero en el camino, empezó a trabajar para una empresa que tenía un departamento dedicado a pintar muros en las medianeras de las calles y carreteras de Madrid, en programas de televisión y para ferias, además de carteles de cine.

 

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Una publicación compartida de René Merino (@rene_estamal)

Dos años pasó allí Merino, pero también acabó dejándolo. Era muy joven y el cuerpo le pedía seguir estudiando. Si el bachillerato y aquel módulo inconcluso de ilustración le habían enseñado la técnica, ahora sentía la necesidad de ampliar la teoría, y comenzó la carrera de Historia del Arte.

«He seguido toda mi vida compatibilizando trabajos con encargos de ilustración. Iba haciendo lo que me salía, sobre todo muchos retratos, que era una forma más fácil de conseguir que me saliesen currillos e ingresos. Cogía todo lo que podía», resume sus comienzos y su trayectoria. «Así hasta que empecé hace unos años a dibujar viñetas. Siempre me había gustado dibujar ilustraciones como las que hago hoy, pero hacía cosas mucho más realistas y más figurativas».

Las viñetas de las que habla están cargadas de humor y de una fina ironía, además de mucha sensibilidad. Son figuras sencillas, pero muy expresivas a la vez. Cualquier tema le vale para plasmarlo en sus dibujos. Todo, asegura, es susceptible de ser dibujado «ya sea con humor o con sensibilidad, depende de cómo tenga el día».

René Merino

Le basta con fijarse en qué ocurre a su alrededor, por eso, dice, tiene la cabeza siempre alerta para estar pendiente de todo. «Me interesa también, por supuesto, hablar de los miedos interiores, todo lo que afecta al interior de cada uno. Pero también me gusta hablar del amor o de la caca. Me gusta mucho el humor absurdo».

Además de en sí mismo y en la vida que le rodea, Merino afirma inspirarse en el cine, en especial en el de los Monty Python, los hermanos Coen y los hermanos Marx. Y en el trabajo de viñetistas franco-belgas como Manu Larcenet, Bastien Vivès, Quino y Bill Watterson, el creador de Calvin y Hobbes. «El cómic me ayuda mucho a mejorar mi lenguaje visual», asegura.

DE REPENTE, LA ANSIEDAD

Y entonces llegó el problema de salud mental que le marcó un antes y un después en su trabajo. Durante casi dos años, estuvo sufriendo una serie de episodios de ansiedad constantes y ataques de pánico que le convirtieron en una persona no funcional. «No podía hacer nada, ni siquiera disfrutar de un paseo por la calle; no podía relacionarme con otras personas. Nada». De aquella experiencia y de cómo consiguió superarla nació su último libro Todo saldrá bien (a veces) (Lunwerg, 2022).

Merino lo describe como un proceso intenso, más que complicado. «Me resultó también muy agradable y bonito revivir todos aquellos episodios de mi vida desde un presente en el que los he superado; echar la vista atrás viendo que todo eso había pasado ya. No voy a decir que haya sido liberador, pero sí bonito y gratificante» al ver la respuesta del público y sentir que su experiencia haya podido ayudar a otros que atraviesan por lo mismo que él pasó.

René Merino

Por eso en muchas de sus viñetas hay una crítica a esa visión feliz y simplona de que, si lo deseas, todo en la vida te puede salir bien, todo lo puedes alcanzar. Eso, afirma, solo puede generar frustración cuando te das de frente con la realidad.

«A mí, por ejemplo, me gusta dibujar ambas cosas. Muchas veces, me apetece de manera deliberada lanzar un mensaje positivo, pero otras veces lo que quiero es echar por tierra ese mensaje. Si quieres alcanzar tus sueños, muchas veces te acabarás comiendo una mierda como un piano. Me gusta dibujar las dos cosas porque creo que en eso consiste el mundo y la vida». Porque el bien y el mal, lo bueno y lo malo, no son cosas que se deban entender como dos extremos entre los que transita la existencia, sino que ambos forman una unidad.

«Creer desde pequeño que son cosas separadas o que existen de manera separada es un error que puede generar muchísima frustración. Tener esto claro desde el principio hace que, seguramente, partas con ventaja; para lograr tus sueños o no, pero seguro que vas a ser una persona más tranquila y más feliz».

René Merino

ASÍ ES SU PROCESO DE TRABAJO

Como la mayoría de los ilustradores, René Merino trabaja solo, unas veces en casa y otras en un coworking. Las ideas le pueden llegar de un texto o una frase que se le ocurra, aunque la mayor parte de las veces brotan a partir de una imagen. Entonces las boceta en bruto y a mano sobre papel en una libreta que siempre suele llevar consigo.

Esos primeros monigotes los pasa después a su tableta gráfica y empieza allí un nuevo boceto con Photoshop . «Me interesa muchísimo, sobre todo, que la viñeta o ilustración exprese lo máximo posible con lo mínimo que se pueda», apunta, «y también que el recorrido visual, que la lectura de la imagen sea lo más clara posible. Que se pueda leer con sencillez y con facilidad».

Desde hace tres meses es padre de su primera hija y ese nacimiento ha venido a trastocar sus horarios y su forma de trabajar. «En el trabajo, ahora, hago lo que puedo porque la prioridad es la niña. Sacas tiempo de debajo de las piedras». Pero tiene también sus cosas buenas: «cuando estás bajo presión por un momento en el que las circunstancias son muy intensas, eso da lugar a muchísimas situaciones cómicas. Lo bueno que tiene es que a nivel creativo es una maravilla, porque estoy todo el día apuntando ideas».

René Merino

El hecho de tener que salir muchas veces a trabajar fuera de casa y de que su trabajo tenga un componente muy de improvisación en el que tiene que sentarse a dibujar donde le pille —mucho más ahora que es papá—, una de las cosas más importantes para él a la hora de elegir su ordenador, es que sea ultraligero como el LG gram, con tan solo 1,4 kg de peso. «Eso te facilita mucho la vida y, sobre todo, a día de hoy, que no solo llevas el portátil, sino que también llevas libros, papeles de lo que sea, la tableta gráfica, la compra… Es fundamental tener un ordenador ligero que pese poco».

También es indispensable para él la autonomía del equipo. «Si necesito moverme y trabajar en distintos sitios, donde no siempre tengo acceso a un enchufe, es importantísimo que no me deje colgado y tener batería todo el tiempo que pueda». Y eso es algo que también encuentra en el LG gram, que ofrece hasta 11 horas de autonomía para trabajar con él en cualquier lugar.

René Merino

Su pantalla profesional permite trabajar con contenido 4K UHD con máxima fluidez con un ratio de aspecto 16:10. Con un gran rendimiento y conectividad, es tan potente que permite llevar a cabo varias tareas simultáneas ofreciendo el máximo potencial en cualquier lugar.

LG gram cuenta con un diseño ultracompacto gracias a sus marcos más finos y su tamaño de 17” en el cuerpo de un 15,6”. Además, en su mejora del diseño, incorpora una bisagra invisible que lo convierte en un portátil más elegante y funcional. También resulta cómodo para trabajar porque cuenta con una nueva camara FullHD con sistema infrarrojo de reconocimiento facial compatible con Windows Hello, un nuevo Touch Pad más amplio y preciso, y un teclado con retroiluminación donde se ha mejorado el tamaño y el recorrido de las teclas.

Y algo importantísimo para padres como él, que tienen que cuidar de un bebé de tres meses: es muy silencioso y uno de los más eficaces térmicamente del mercado gracias a la optimización del sistema de ventilación, que permite mover un 50% más de caudal de aire que generaciones anteriores, con un nivel de ruido de solo 25dB.

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Lo de la afición por el dibujo en René Merino podría decirse que le viene de serie. Ya desde muy pequeño, este madrileño pasaba todo su tiempo haciendo garabatos sobre todo lo que pillara: una pared, un papel… lo que fuera. Incluso en sus manos y brazos, para disgusto de su madre, que tuvo que acabar rindiéndose ante la afición de su hijo.

Pero Merino confiesa que donde más le gustaba dibujar era en los libros del colegio y en el pupitre, algo que le valió más de una bronca por parte del profesorado.

Normal que, con semejante afición por el lápiz, aquel niño acabara estudiando un bachillerato de artes. «Recuerdo haberme sentido muy muy feliz ahí —explica—. Todo encajaba. Era un sitio donde se me premiaba por dibujar, en vez de castigarme o regañarme».

Después empezó un módulo de Ilustración, pero en el camino, empezó a trabajar para una empresa que tenía un departamento dedicado a pintar muros en las medianeras de las calles y carreteras de Madrid, en programas de televisión y para ferias, además de carteles de cine.

 

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Dos años pasó allí Merino, pero también acabó dejándolo. Era muy joven y el cuerpo le pedía seguir estudiando. Si el bachillerato y aquel módulo inconcluso de ilustración le habían enseñado la técnica, ahora sentía la necesidad de ampliar la teoría, y comenzó la carrera de Historia del Arte.

«He seguido toda mi vida compatibilizando trabajos con encargos de ilustración. Iba haciendo lo que me salía, sobre todo muchos retratos, que era una forma más fácil de conseguir que me saliesen currillos e ingresos. Cogía todo lo que podía», resume sus comienzos y su trayectoria. «Así hasta que empecé hace unos años a dibujar viñetas. Siempre me había gustado dibujar ilustraciones como las que hago hoy, pero hacía cosas mucho más realistas y más figurativas».

Las viñetas de las que habla están cargadas de humor y de una fina ironía, además de mucha sensibilidad. Son figuras sencillas, pero muy expresivas a la vez. Cualquier tema le vale para plasmarlo en sus dibujos. Todo, asegura, es susceptible de ser dibujado «ya sea con humor o con sensibilidad, depende de cómo tenga el día».

René Merino

Le basta con fijarse en qué ocurre a su alrededor, por eso, dice, tiene la cabeza siempre alerta para estar pendiente de todo. «Me interesa también, por supuesto, hablar de los miedos interiores, todo lo que afecta al interior de cada uno. Pero también me gusta hablar del amor o de la caca. Me gusta mucho el humor absurdo».

Además de en sí mismo y en la vida que le rodea, Merino afirma inspirarse en el cine, en especial en el de los Monty Python, los hermanos Coen y los hermanos Marx. Y en el trabajo de viñetistas franco-belgas como Manu Larcenet, Bastien Vivès, Quino y Bill Watterson, el creador de Calvin y Hobbes. «El cómic me ayuda mucho a mejorar mi lenguaje visual», asegura.

DE REPENTE, LA ANSIEDAD

Y entonces llegó el problema de salud mental que le marcó un antes y un después en su trabajo. Durante casi dos años, estuvo sufriendo una serie de episodios de ansiedad constantes y ataques de pánico que le convirtieron en una persona no funcional. «No podía hacer nada, ni siquiera disfrutar de un paseo por la calle; no podía relacionarme con otras personas. Nada». De aquella experiencia y de cómo consiguió superarla nació su último libro Todo saldrá bien (a veces) (Lunwerg, 2022).

Merino lo describe como un proceso intenso, más que complicado. «Me resultó también muy agradable y bonito revivir todos aquellos episodios de mi vida desde un presente en el que los he superado; echar la vista atrás viendo que todo eso había pasado ya. No voy a decir que haya sido liberador, pero sí bonito y gratificante» al ver la respuesta del público y sentir que su experiencia haya podido ayudar a otros que atraviesan por lo mismo que él pasó.

René Merino

Por eso en muchas de sus viñetas hay una crítica a esa visión feliz y simplona de que, si lo deseas, todo en la vida te puede salir bien, todo lo puedes alcanzar. Eso, afirma, solo puede generar frustración cuando te das de frente con la realidad.

«A mí, por ejemplo, me gusta dibujar ambas cosas. Muchas veces, me apetece de manera deliberada lanzar un mensaje positivo, pero otras veces lo que quiero es echar por tierra ese mensaje. Si quieres alcanzar tus sueños, muchas veces te acabarás comiendo una mierda como un piano. Me gusta dibujar las dos cosas porque creo que en eso consiste el mundo y la vida». Porque el bien y el mal, lo bueno y lo malo, no son cosas que se deban entender como dos extremos entre los que transita la existencia, sino que ambos forman una unidad.

«Creer desde pequeño que son cosas separadas o que existen de manera separada es un error que puede generar muchísima frustración. Tener esto claro desde el principio hace que, seguramente, partas con ventaja; para lograr tus sueños o no, pero seguro que vas a ser una persona más tranquila y más feliz».

René Merino

ASÍ ES SU PROCESO DE TRABAJO

Como la mayoría de los ilustradores, René Merino trabaja solo, unas veces en casa y otras en un coworking. Las ideas le pueden llegar de un texto o una frase que se le ocurra, aunque la mayor parte de las veces brotan a partir de una imagen. Entonces las boceta en bruto y a mano sobre papel en una libreta que siempre suele llevar consigo.

Esos primeros monigotes los pasa después a su tableta gráfica y empieza allí un nuevo boceto con Photoshop . «Me interesa muchísimo, sobre todo, que la viñeta o ilustración exprese lo máximo posible con lo mínimo que se pueda», apunta, «y también que el recorrido visual, que la lectura de la imagen sea lo más clara posible. Que se pueda leer con sencillez y con facilidad».

Desde hace tres meses es padre de su primera hija y ese nacimiento ha venido a trastocar sus horarios y su forma de trabajar. «En el trabajo, ahora, hago lo que puedo porque la prioridad es la niña. Sacas tiempo de debajo de las piedras». Pero tiene también sus cosas buenas: «cuando estás bajo presión por un momento en el que las circunstancias son muy intensas, eso da lugar a muchísimas situaciones cómicas. Lo bueno que tiene es que a nivel creativo es una maravilla, porque estoy todo el día apuntando ideas».

René Merino

El hecho de tener que salir muchas veces a trabajar fuera de casa y de que su trabajo tenga un componente muy de improvisación en el que tiene que sentarse a dibujar donde le pille —mucho más ahora que es papá—, una de las cosas más importantes para él a la hora de elegir su ordenador, es que sea ultraligero como el LG gram, con tan solo 1,4 kg de peso. «Eso te facilita mucho la vida y, sobre todo, a día de hoy, que no solo llevas el portátil, sino que también llevas libros, papeles de lo que sea, la tableta gráfica, la compra… Es fundamental tener un ordenador ligero que pese poco».

También es indispensable para él la autonomía del equipo. «Si necesito moverme y trabajar en distintos sitios, donde no siempre tengo acceso a un enchufe, es importantísimo que no me deje colgado y tener batería todo el tiempo que pueda». Y eso es algo que también encuentra en el LG gram, que ofrece hasta 11 horas de autonomía para trabajar con él en cualquier lugar.

René Merino

Su pantalla profesional permite trabajar con contenido 4K UHD con máxima fluidez con un ratio de aspecto 16:10. Con un gran rendimiento y conectividad, es tan potente que permite llevar a cabo varias tareas simultáneas ofreciendo el máximo potencial en cualquier lugar.

LG gram cuenta con un diseño ultracompacto gracias a sus marcos más finos y su tamaño de 17” en el cuerpo de un 15,6”. Además, en su mejora del diseño, incorpora una bisagra invisible que lo convierte en un portátil más elegante y funcional. También resulta cómodo para trabajar porque cuenta con una nueva camara FullHD con sistema infrarrojo de reconocimiento facial compatible con Windows Hello, un nuevo Touch Pad más amplio y preciso, y un teclado con retroiluminación donde se ha mejorado el tamaño y el recorrido de las teclas.

Y algo importantísimo para padres como él, que tienen que cuidar de un bebé de tres meses: es muy silencioso y uno de los más eficaces térmicamente del mercado gracias a la optimización del sistema de ventilación, que permite mover un 50% más de caudal de aire que generaciones anteriores, con un nivel de ruido de solo 25dB.

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