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29 de junio 2017    /   IDEAS
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Santuario Gaia: la residencia de los animales felices que no acabarán en tu plato

29 de junio 2017    /   IDEAS     por          
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El cielo de los animales tiene un prado verde. Y es grande como 23 campos de futbol. Es el tamaño del Santuario Gaia, que para nosotros, los humanos, es una granja situada en Camprodón, un pequeño pueblo del Pirineo catalán. Para los animales que acoge, en cambio, es mucho más: es un espacio donde correr libremente, sin riesgo a recibir una perdigonada o acabar prematuramente en el plato.

Para nosotros, el Santuario Gaia está encabezado por sus dos fundadores, Coque Fernández e Ismael López, veterinario uno y activista de los derechos de los animales el otro. Dos treintañeros que hacen cuentas cada mes para pagar cientos de kilos de pienso y decenas de visitas al médico. Para los animales, Coque e Isma son simplemente sus padres: quienes los reciben por primera vez con un abrazo, los bautizan con nombres humanos (Dani, Jordi, Matías), los curan o les dan un biberón.

Bajo el prisma humano, el Santuario Gaia es un refugio que abrió sus puertas en 2012 para acoger a 300 animales maltratados. Y para ellos, para los cerdos, las ovejas o las gallinas, es seguramente un hogar lleno de «individuos» como ellos. Un paraíso donde se asilan después de haber sido abandonados, explotados u olvidados.

Ahora, después de cuatro años de existencia, el Santuario Gaia está al límite de su capacidad. Queda muy lejos la llegada del primer «animal no humano», que es como llaman ellos a sus huéspedes. Era octubre de 2012 cuando Coque e Isma recibieron noticias de una cerda vietnamita preñada que había sido abandonada en Valencia. Cuando la acogieron, la bautizaron como Palma y cuidaron de ella y de sus crías recién nacidas.

Balbina
Balbina
Oveja Balbina y Coque
Oveja Balbina y Coque

Quedaba inaugurado el santuario: después, llegarían por decenas.

Llegó por ejemplo Celia, la cabrita a la que un ganadero tiró montaña abajo porque tenía una malformación. En Camprodón le consiguieron una silla de ruedas especial. Al toro Samuel lo salvaron de acabar en el matadero, que es el destino habitual de los machos al poco de nacer. A la cerdita Patricia la encontraron encerrada en una jaula, aplastada por su madre muerta y sin poder moverse. La presión le provocó una lesión medular y Coque e Isma decidieron aplicarle acupuntura y fisioterapia, entre otros tratamientos.

Ahora le han preparado un recinto especial, con una pequeña piscina, para que pueda moverse con más agilidad. También está el caso de la oveja Jordi, a quien encontraron con días de vida, ciego y llorando, al lado del cadáver de su madre. A Belén, otra cerdita, la libraron de ser el ingrediente principal de una caldereta para una romería. Y al cerdito Javi, de recibir un porrazo mortal en una granja por estar enfermo. La lista es larga. Cornelio, Dani, Blanca, Diana, Miriam, Mar, Ezequiel, Alfred, Jacob…

Coque, Isma y Samuel
Coque, Isma y Samuel

«La mayoría vienen de granjas que han sido cerradas por decomisos, por temas de maltrato, como aquella granja de Huesca en la que la dueña los dejó morir de hambre», explica Coque. Aunque también hay casos de personas que encuentran un animalito en la montaña y lo llevan al Santuario Gaia, que siempre abre sus puertas como una redención.

Allí puede verse, sobre todo, ovejas y cabras, vacas y toros, y cerdos. Pero los animales más numerosos son las gallinas: más de 100 corretean en los límites de esta granja-salvación. Con ellas, además, tienen un ritual peculiar. Cuando ponen un huevo, muchas veces las miran y les dicen «mira, esto que has puesto ya no es para los humanos, esto te pertenece a ti, por justicia».

Y entonces revientan el huevo contra el suelo para que ellas se lo coman. «Ellas miran asombradas y picotean muy despacito», dicen desde el Santuario Gaia. Y luego se explican: «La mayoría de gallinas son ponedoras que han sido seleccionadas genéticamente para dar unos 300 huevos al año. Su esperanza de vida habitual son 10 años, pero en estos casos, por el desgaste brutal que sufren, no duran más de dos» —dice Coque—. «Por eso se trata de justicia».

santuario gaia -coque-e-isma

El proyecto no solo recibe el reconocimiento de organizaciones (se les otorgó el Premio Ànima por su trabajo por la protección animal y la defensa de sus derechos): en Facebook, más de 600.000 amantes de los animales apoyan su trabajo cada día con likes y comentarios. Otros mil, se comprometen más aún: contribuyen a través de donaciones (porque el santuario no recibe subvenciones de la administración pública) y también a través de su presencia como voluntarios. Quieren vivir en primera persona cómo es ese lugar donde a los animales se les trata con amor.

El alma de los animales

Les abrazan fuerte. Les piden perdón. Los miran a los ojos. Les prometen, en voz alta, una vida mejor. Dicen que tienen alma. Y quieren que descansen en paz.

Coque e Isma, que son pareja, llevan el mismo tatuaje en el brazo derecho: una vaca besando a su ternero, enmarcados en la palabra vegan. Isma, además, suma otros dos grabados. Una gallina tras una reja con el reclamo «liberación animal» y otro que representa a sí mismo abriéndose el vientre y soltando a varios animales. Está marcada la fecha «10 de agosto de 2009», que fue el día en que decidió ser vegano.

Dani y Samuel
Dani y Samuel

santuario gaia -gallinas-2

santuario gaia -gallinas

«Nosotros somos veganos por sostenibilidad, pero a los animales no los queremos para comer, ni para vestirnos, ni para divertirnos, sobre todo porque creemos que es justo hacerlo así. Todos los seres tienen el derecho de vivir y disfrutar de su vida», dice Coque.

—¿Cuál es la razón de existir de los animales?— preguntamos.

—Ninguna —responde Coque— ¿Cuál es nuestra razón de existir? Simplemente vivir. Lo que ocurre es que nosotros, los humanos, tenemos un enfoque antropocentrista: todo nos tiene que servir. Pero no es así. No tiene que haber una razón.

santuario gaia -gallo-y-tatuajes

Guillem y Ramón
Guillem y Ramón
Ismael e Isaac
Ismael e Isaac

santuario gaia -ovejas-e-isma

El cielo de los animales tiene un prado verde. Y es grande como 23 campos de futbol. Es el tamaño del Santuario Gaia, que para nosotros, los humanos, es una granja situada en Camprodón, un pequeño pueblo del Pirineo catalán. Para los animales que acoge, en cambio, es mucho más: es un espacio donde correr libremente, sin riesgo a recibir una perdigonada o acabar prematuramente en el plato.

Para nosotros, el Santuario Gaia está encabezado por sus dos fundadores, Coque Fernández e Ismael López, veterinario uno y activista de los derechos de los animales el otro. Dos treintañeros que hacen cuentas cada mes para pagar cientos de kilos de pienso y decenas de visitas al médico. Para los animales, Coque e Isma son simplemente sus padres: quienes los reciben por primera vez con un abrazo, los bautizan con nombres humanos (Dani, Jordi, Matías), los curan o les dan un biberón.

Bajo el prisma humano, el Santuario Gaia es un refugio que abrió sus puertas en 2012 para acoger a 300 animales maltratados. Y para ellos, para los cerdos, las ovejas o las gallinas, es seguramente un hogar lleno de «individuos» como ellos. Un paraíso donde se asilan después de haber sido abandonados, explotados u olvidados.

Ahora, después de cuatro años de existencia, el Santuario Gaia está al límite de su capacidad. Queda muy lejos la llegada del primer «animal no humano», que es como llaman ellos a sus huéspedes. Era octubre de 2012 cuando Coque e Isma recibieron noticias de una cerda vietnamita preñada que había sido abandonada en Valencia. Cuando la acogieron, la bautizaron como Palma y cuidaron de ella y de sus crías recién nacidas.

Balbina
Balbina
Oveja Balbina y Coque
Oveja Balbina y Coque

Quedaba inaugurado el santuario: después, llegarían por decenas.

Llegó por ejemplo Celia, la cabrita a la que un ganadero tiró montaña abajo porque tenía una malformación. En Camprodón le consiguieron una silla de ruedas especial. Al toro Samuel lo salvaron de acabar en el matadero, que es el destino habitual de los machos al poco de nacer. A la cerdita Patricia la encontraron encerrada en una jaula, aplastada por su madre muerta y sin poder moverse. La presión le provocó una lesión medular y Coque e Isma decidieron aplicarle acupuntura y fisioterapia, entre otros tratamientos.

Ahora le han preparado un recinto especial, con una pequeña piscina, para que pueda moverse con más agilidad. También está el caso de la oveja Jordi, a quien encontraron con días de vida, ciego y llorando, al lado del cadáver de su madre. A Belén, otra cerdita, la libraron de ser el ingrediente principal de una caldereta para una romería. Y al cerdito Javi, de recibir un porrazo mortal en una granja por estar enfermo. La lista es larga. Cornelio, Dani, Blanca, Diana, Miriam, Mar, Ezequiel, Alfred, Jacob…

Coque, Isma y Samuel
Coque, Isma y Samuel

«La mayoría vienen de granjas que han sido cerradas por decomisos, por temas de maltrato, como aquella granja de Huesca en la que la dueña los dejó morir de hambre», explica Coque. Aunque también hay casos de personas que encuentran un animalito en la montaña y lo llevan al Santuario Gaia, que siempre abre sus puertas como una redención.

Allí puede verse, sobre todo, ovejas y cabras, vacas y toros, y cerdos. Pero los animales más numerosos son las gallinas: más de 100 corretean en los límites de esta granja-salvación. Con ellas, además, tienen un ritual peculiar. Cuando ponen un huevo, muchas veces las miran y les dicen «mira, esto que has puesto ya no es para los humanos, esto te pertenece a ti, por justicia».

Y entonces revientan el huevo contra el suelo para que ellas se lo coman. «Ellas miran asombradas y picotean muy despacito», dicen desde el Santuario Gaia. Y luego se explican: «La mayoría de gallinas son ponedoras que han sido seleccionadas genéticamente para dar unos 300 huevos al año. Su esperanza de vida habitual son 10 años, pero en estos casos, por el desgaste brutal que sufren, no duran más de dos» —dice Coque—. «Por eso se trata de justicia».

santuario gaia -coque-e-isma

El proyecto no solo recibe el reconocimiento de organizaciones (se les otorgó el Premio Ànima por su trabajo por la protección animal y la defensa de sus derechos): en Facebook, más de 600.000 amantes de los animales apoyan su trabajo cada día con likes y comentarios. Otros mil, se comprometen más aún: contribuyen a través de donaciones (porque el santuario no recibe subvenciones de la administración pública) y también a través de su presencia como voluntarios. Quieren vivir en primera persona cómo es ese lugar donde a los animales se les trata con amor.

El alma de los animales

Les abrazan fuerte. Les piden perdón. Los miran a los ojos. Les prometen, en voz alta, una vida mejor. Dicen que tienen alma. Y quieren que descansen en paz.

Coque e Isma, que son pareja, llevan el mismo tatuaje en el brazo derecho: una vaca besando a su ternero, enmarcados en la palabra vegan. Isma, además, suma otros dos grabados. Una gallina tras una reja con el reclamo «liberación animal» y otro que representa a sí mismo abriéndose el vientre y soltando a varios animales. Está marcada la fecha «10 de agosto de 2009», que fue el día en que decidió ser vegano.

Dani y Samuel
Dani y Samuel

santuario gaia -gallinas-2

santuario gaia -gallinas

«Nosotros somos veganos por sostenibilidad, pero a los animales no los queremos para comer, ni para vestirnos, ni para divertirnos, sobre todo porque creemos que es justo hacerlo así. Todos los seres tienen el derecho de vivir y disfrutar de su vida», dice Coque.

—¿Cuál es la razón de existir de los animales?— preguntamos.

—Ninguna —responde Coque— ¿Cuál es nuestra razón de existir? Simplemente vivir. Lo que ocurre es que nosotros, los humanos, tenemos un enfoque antropocentrista: todo nos tiene que servir. Pero no es así. No tiene que haber una razón.

santuario gaia -gallo-y-tatuajes

Guillem y Ramón
Guillem y Ramón
Ismael e Isaac
Ismael e Isaac

santuario gaia -ovejas-e-isma

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Opiniones 8
  • POR FAVOR NECESITO VUESTRA AYUDA YA QUE NO SABEMOS QUE HACER ES UN ASUNTO MUY GRAVE OS CUENTO.
    YO COLABORO CON MAS DE 50 TEAMING Y PERTENEZCO A UNA ASOCIACIÓN SIN ANIMO DE LUCRO DE RECOGIDAS DE PERROS Y GATOS ABANDONADOS
    EN BOADILLA DEL MONTE, NO TENEMOS NADA DE AYUDA PERO AUN ASI HACEMOS TODO LO QUE PODEMOS POR ELLOS. PERO AHORA EL PROBLEMA
    ES QUE HAY UN REBAÑO DE OBEJAS QUE EL PASTOR ESTA CON CANCER Y EN FASE TERMINAL Y DESDE HACE TIEMPO LAS TIENE ABANDONADAS SIN AGUA NI
    COMIDA SE ESTAN MURIENDO UNA POR UNA Y NI AYUNTAMIENTO NI LA COMUNIDAD NOS HACEN CASO , POR FAVOR AYUDARNOS PARA SI ALGUN

    REFUGIO PUEDEN HACERSE CARGO , O ENCONTRAR ALGÚN PASTOR QUE LAS QUIERA . NO PODEMOS MIRAR PARA OTRO LADO HAY QUE SALVARLAS.
    DECIRME QUE PUEDO HACER.

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