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14 de junio 2019    /   DIGITAL
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La vida (en Twitter) después de la muerte

Tras la muerte del periodista José Cervera, familiares y amigos han decidido mantener activo su Twitter para seguir propagando mensajes del pasado

14 de junio 2019    /   DIGITAL     por          
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Nunca pilla en buen momento la muerte. Nunca pilla con las cosas recogidas, el Twitter despedido y la casa lista para entrar a heredar. La muerte es inoportuna y suele interrumpirnos mientras hacemos otras cosas, como vivir. A José Cervera le interrumpió con 54 años y un montón de historias por contar. Porque Cervera contaba historias. Era lo que hacía en su trabajo, periodista y divulgador científico; lo que seguía haciendo en su tiempo libre, repantingado en el sofá de casa o acodado en la barra de un bar; era lo que hacía en Twitter, desde su cuenta, Retiario. Es lo que sigue haciendo allí, pues en internet las palabras de los muertos se pueden conjugar en presente.

José Cervera murió en 2018 pero su cuenta de Twitter sigue tuiteando a un ritmo constante, sigue lanzando ideas, compartiendo enlaces, contando historias. Al nombre de su perfil, Retiario, se le ha añadido una escueta frase explicativa: «hace ocho años» y un tuit fijado. Este.

Pero empecemos esta historia desde el principio. O desde el final. Una de las primeras cosas que hicieron los amigos y familiares de José Cervera cuando supieron de su muerte fue lanzarse a internet. Lo hicieron para escribir necrológicas, para expresar su dolor, para dar el pésame a su viuda. Pero también para buscarle a él. Cuando se les da forma escrita, a las palabras no se las lleva ni el viento ni la muerte. Y Cervera había dado forma escrita a muchas palabras. Así que sus amigos releyeron sus textos con fruición.

E hicieron algo más. Un amigo recopiló los diferentes post que había ido publicando Cervera en medios como Cinco Días, 20 Minutos, El Diario, RTVE o Muy Interesante. Otra amiga realizó un gráfico con todas las reacciones que su muerte había generado en las redes sociales, creando un gráfico del luto. Dos amigos más, Juan Pablo Seijo y Antonio Delgado, se descargaron todo su histórico de Twitter. «Son más de 65.000 tuits», recordaba Seijo en el homenaje que le organizaron en la Asociación de la Prensa de Madrid un mes después de su fallecimiento.

Esta ingente cantidad de información sirvió para analizar sus palabras, sus amistades y el dolor que dejó su marcha. Fríos datos que se vistieron de sentimientos y recompusieron una idea de lo que fue José Cervera, también en Twitter. «Es un pedazo de histórico de enlaces, hay mucho conocimiento ahí volcado y mucho amor por ese conocimiento, que es lo que tenía Pepe», concluía Seijo en su discurso, «quizá algún día deberíamos hacer algo con ello», pronosticó. Y lo hicieron.

Retiario, hace ocho años

Hace ocho años José Cervera, Retiario, hablaba mucho del 15M. Como todos. «Vaya mesecitos que lleva…», comenta con sorna su hermano Javier sin saber muy bien qué tiempo verbal emplear. «No, pero me suena a mí que ahora está en Chile», replica Pilar Cubas, su viuda. «El otro día tuiteaba sobre la acampada, que fue la primera vez que fuisteis a verla», insiste Javier. «¡Cierto! Que acababa de llegar de Chile y nos subimos a ver la acampada por la noche. ¡Ay, madre mía!», acierta a exclamar Cubas con una sonrisa amarga.

Estamos los tres sentados en un bar hablando de un hombre que ya no está aquí, aunque lo estuvo. «Aquí se acodó Retiario», reza una placa en la barra del bar, un extremo que confirma una foto en la pared. No estamos cualquier bar. Pilar Cubas y Javier Cervera han querido quedar en La Fontanilla, un pub que sirvió de lugar de reunión para una pléyade de periodistas de la que Cervera era algo así como su gurú espiritual. Papá Pitufo lo llamaban.

José Cervera, Retiario
Foto de Javier Trueba

Parapetados tras una cerveza, Cervera y Cubas comienzan a explicar por qué decidieron resucitar el Twitter de Retiario. «Tenía muchos seguidores y pensamos, ‘qué pena que esto se pierda’» rememora ella, «además, su Twitter era muy interesante, muy atemporal, yo creo que aporta. Así que hablé con Juanpi [Juan Pablo Seijo] y con Antonio [Delgado] y les dije, ‘¿vosotros creeis que se puede hacer algo así, recuperar la cuenta de José e ir retuiteando todo su feed, los ocho años que estuvo activo?’». Unos meses más tarde Retiario volvía a lanzar mensajes sobre Angry Birds, Wikileaks, Alex de la Iglesia o la Ley Sinde.

Esta acción se ha creado de forma colaborativa. Juan Pablo Seijó y Antonio Delgado descargaron el histórico, Raúl Mora programa los mensajes de forma mensual desde la cuenta de Iker Merchan. Pilar y Javier repasan los tuits que se van a lanzar.

Algunos no pasan su filtro, porque eran conversaciones cruzadas o porque los links ya no funcionan. Muchos no lo hacen. «A veces las páginas cambian de servidores, algunas directamente no están activas…», explican. Así, de forma colectiva, van recomponiendo las ideas y mensajes de José Cervera, van alargando el eco digital de sus pensamientos.

José Cervera tenía el don de explicar con claridad ideas complejas. Quizá porque las conocía muy bien. Excavó hasta encontrar los orígenes de la humanidad en el yacimiento de Atapuerca, en su etapa como paleontólogo. De la prehistoria se lanzó a un futuro todavía por llegar, y ya como periodista combinó la ciencia con la tecnología. Fue uno de los innovadores del periodismo en Internet, empezando esa revolución digital incluso desde las páginas de papel.

Escribió junto a su compañera, Rosalía Lloret, la serie Hágase internauta en cinco días, que en 1996 explicaba desde el periódico Cinco Días conceptos punteros que ahora suenan anacrónicos. Fundó Baquía, una especie de Wired español que analizaba los avances tecnológicos desde una óptica económica. Escribió de paleontología, de Internet, de periodismo, de ciencia, de guerra. Conjugó así sus dos pasiones, la de aprender y la de contar lo aprendido.

De todas estas cosas y de muchas otras habla en Twitter, a ritmo rápido pero de lectura pausada. «Es que su cuenta no es una de estas de insulto fácil y reflexión banal», defiende su viuda, «él tenía la idea de que Twitter podía ser un buen lugar donde compartir conocimientos, contar cosas». No mucha gente tiene esa idea.

Pocas cuentas de redes sociales sobrevivirían un escrutinio y reposición como la de Cervera, coinciden ambos; a un retuiteo fuera de contexto, huérfano de trending topics e incendios pasajeros. En una época en la que los tuits se miden a ritmo de hashtag, de última noticia, zascas y gifs, la cuenta de Retiario marca un ritmo discordante y pausado. Se compone de una colección de reflexiones sobre temas variados, de enlaces de interés y discrepancias desde el respeto.

Porque Cervera también polemizaba. «Tenía grandes peleas con tuiteros», recuerda Cubas, «por ejemplo, con los de los chemtrails o los antivacunas, hacía un artículo sobre ello y se tiraba dos semanas contestando a la gente, era su cruzada. Igual le dedicaba una semana a mirar los papers, los links que la gente le ponía y les rebatía, eso sí, con mucha educación», explica. «Yo creo que les convencía por saturación de información», añade su hermano, y ambos sonríen.

Nunca nos pilla en buen momento la muerte. Sobre todo a los vivos. Nos deja una herencia, un legado, un montón de objetos que ya se han convertido en recuerdos. Nos deja armarios por vaciar, cajones por revolver. Y las cosas han ido a peor. Internet ha multiplicado los armarios de los muertos y ahora cuando alguien cercano fallece nos cae encima una herencia de ceros y unos que a saber cómo gestiona cada uno.

Los familiares y amigos de José Cervera han hecho pública esa herencia digital, han rebobinado en el tiempo, para seguir esparciendo por las red sus reflexiones. «Nuestra idea con esta cuenta es que no muriera la memoria de José», explica Pilar apurando su cerveza, «mantener todos estos enlaces y ese conocimiento que él quería compartir». «Era un tío que merecía la pena conocer», añade Javier, «decía cosas que merecía la pena compartir. Y esta es una forma de hacerlo».

Nunca pilla en buen momento la muerte. Nunca pilla con las cosas recogidas, el Twitter despedido y la casa lista para entrar a heredar. La muerte es inoportuna y suele interrumpirnos mientras hacemos otras cosas, como vivir. A José Cervera le interrumpió con 54 años y un montón de historias por contar. Porque Cervera contaba historias. Era lo que hacía en su trabajo, periodista y divulgador científico; lo que seguía haciendo en su tiempo libre, repantingado en el sofá de casa o acodado en la barra de un bar; era lo que hacía en Twitter, desde su cuenta, Retiario. Es lo que sigue haciendo allí, pues en internet las palabras de los muertos se pueden conjugar en presente.

José Cervera murió en 2018 pero su cuenta de Twitter sigue tuiteando a un ritmo constante, sigue lanzando ideas, compartiendo enlaces, contando historias. Al nombre de su perfil, Retiario, se le ha añadido una escueta frase explicativa: «hace ocho años» y un tuit fijado. Este.

Pero empecemos esta historia desde el principio. O desde el final. Una de las primeras cosas que hicieron los amigos y familiares de José Cervera cuando supieron de su muerte fue lanzarse a internet. Lo hicieron para escribir necrológicas, para expresar su dolor, para dar el pésame a su viuda. Pero también para buscarle a él. Cuando se les da forma escrita, a las palabras no se las lleva ni el viento ni la muerte. Y Cervera había dado forma escrita a muchas palabras. Así que sus amigos releyeron sus textos con fruición.

E hicieron algo más. Un amigo recopiló los diferentes post que había ido publicando Cervera en medios como Cinco Días, 20 Minutos, El Diario, RTVE o Muy Interesante. Otra amiga realizó un gráfico con todas las reacciones que su muerte había generado en las redes sociales, creando un gráfico del luto. Dos amigos más, Juan Pablo Seijo y Antonio Delgado, se descargaron todo su histórico de Twitter. «Son más de 65.000 tuits», recordaba Seijo en el homenaje que le organizaron en la Asociación de la Prensa de Madrid un mes después de su fallecimiento.

Esta ingente cantidad de información sirvió para analizar sus palabras, sus amistades y el dolor que dejó su marcha. Fríos datos que se vistieron de sentimientos y recompusieron una idea de lo que fue José Cervera, también en Twitter. «Es un pedazo de histórico de enlaces, hay mucho conocimiento ahí volcado y mucho amor por ese conocimiento, que es lo que tenía Pepe», concluía Seijo en su discurso, «quizá algún día deberíamos hacer algo con ello», pronosticó. Y lo hicieron.

Retiario, hace ocho años

Hace ocho años José Cervera, Retiario, hablaba mucho del 15M. Como todos. «Vaya mesecitos que lleva…», comenta con sorna su hermano Javier sin saber muy bien qué tiempo verbal emplear. «No, pero me suena a mí que ahora está en Chile», replica Pilar Cubas, su viuda. «El otro día tuiteaba sobre la acampada, que fue la primera vez que fuisteis a verla», insiste Javier. «¡Cierto! Que acababa de llegar de Chile y nos subimos a ver la acampada por la noche. ¡Ay, madre mía!», acierta a exclamar Cubas con una sonrisa amarga.

Estamos los tres sentados en un bar hablando de un hombre que ya no está aquí, aunque lo estuvo. «Aquí se acodó Retiario», reza una placa en la barra del bar, un extremo que confirma una foto en la pared. No estamos cualquier bar. Pilar Cubas y Javier Cervera han querido quedar en La Fontanilla, un pub que sirvió de lugar de reunión para una pléyade de periodistas de la que Cervera era algo así como su gurú espiritual. Papá Pitufo lo llamaban.

José Cervera, Retiario
Foto de Javier Trueba

Parapetados tras una cerveza, Cervera y Cubas comienzan a explicar por qué decidieron resucitar el Twitter de Retiario. «Tenía muchos seguidores y pensamos, ‘qué pena que esto se pierda’» rememora ella, «además, su Twitter era muy interesante, muy atemporal, yo creo que aporta. Así que hablé con Juanpi [Juan Pablo Seijo] y con Antonio [Delgado] y les dije, ‘¿vosotros creeis que se puede hacer algo así, recuperar la cuenta de José e ir retuiteando todo su feed, los ocho años que estuvo activo?’». Unos meses más tarde Retiario volvía a lanzar mensajes sobre Angry Birds, Wikileaks, Alex de la Iglesia o la Ley Sinde.

Esta acción se ha creado de forma colaborativa. Juan Pablo Seijó y Antonio Delgado descargaron el histórico, Raúl Mora programa los mensajes de forma mensual desde la cuenta de Iker Merchan. Pilar y Javier repasan los tuits que se van a lanzar.

Algunos no pasan su filtro, porque eran conversaciones cruzadas o porque los links ya no funcionan. Muchos no lo hacen. «A veces las páginas cambian de servidores, algunas directamente no están activas…», explican. Así, de forma colectiva, van recomponiendo las ideas y mensajes de José Cervera, van alargando el eco digital de sus pensamientos.

José Cervera tenía el don de explicar con claridad ideas complejas. Quizá porque las conocía muy bien. Excavó hasta encontrar los orígenes de la humanidad en el yacimiento de Atapuerca, en su etapa como paleontólogo. De la prehistoria se lanzó a un futuro todavía por llegar, y ya como periodista combinó la ciencia con la tecnología. Fue uno de los innovadores del periodismo en Internet, empezando esa revolución digital incluso desde las páginas de papel.

Escribió junto a su compañera, Rosalía Lloret, la serie Hágase internauta en cinco días, que en 1996 explicaba desde el periódico Cinco Días conceptos punteros que ahora suenan anacrónicos. Fundó Baquía, una especie de Wired español que analizaba los avances tecnológicos desde una óptica económica. Escribió de paleontología, de Internet, de periodismo, de ciencia, de guerra. Conjugó así sus dos pasiones, la de aprender y la de contar lo aprendido.

De todas estas cosas y de muchas otras habla en Twitter, a ritmo rápido pero de lectura pausada. «Es que su cuenta no es una de estas de insulto fácil y reflexión banal», defiende su viuda, «él tenía la idea de que Twitter podía ser un buen lugar donde compartir conocimientos, contar cosas». No mucha gente tiene esa idea.

Pocas cuentas de redes sociales sobrevivirían un escrutinio y reposición como la de Cervera, coinciden ambos; a un retuiteo fuera de contexto, huérfano de trending topics e incendios pasajeros. En una época en la que los tuits se miden a ritmo de hashtag, de última noticia, zascas y gifs, la cuenta de Retiario marca un ritmo discordante y pausado. Se compone de una colección de reflexiones sobre temas variados, de enlaces de interés y discrepancias desde el respeto.

Porque Cervera también polemizaba. «Tenía grandes peleas con tuiteros», recuerda Cubas, «por ejemplo, con los de los chemtrails o los antivacunas, hacía un artículo sobre ello y se tiraba dos semanas contestando a la gente, era su cruzada. Igual le dedicaba una semana a mirar los papers, los links que la gente le ponía y les rebatía, eso sí, con mucha educación», explica. «Yo creo que les convencía por saturación de información», añade su hermano, y ambos sonríen.

Nunca nos pilla en buen momento la muerte. Sobre todo a los vivos. Nos deja una herencia, un legado, un montón de objetos que ya se han convertido en recuerdos. Nos deja armarios por vaciar, cajones por revolver. Y las cosas han ido a peor. Internet ha multiplicado los armarios de los muertos y ahora cuando alguien cercano fallece nos cae encima una herencia de ceros y unos que a saber cómo gestiona cada uno.

Los familiares y amigos de José Cervera han hecho pública esa herencia digital, han rebobinado en el tiempo, para seguir esparciendo por las red sus reflexiones. «Nuestra idea con esta cuenta es que no muriera la memoria de José», explica Pilar apurando su cerveza, «mantener todos estos enlaces y ese conocimiento que él quería compartir». «Era un tío que merecía la pena conocer», añade Javier, «decía cosas que merecía la pena compartir. Y esta es una forma de hacerlo».

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