28 de mayo 2014    /   CREATIVIDAD
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Lo único bello de un crimen puede ser su relato

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Si David Simon fuese español, probablemente Fiat Lux sería su revista fetiche. En sus páginas no encontraría esas anodinas historias de sucesos que publican muchos medios conocidos. Este lugar está reservado para esas historias que no encontrarás en Google, fruto de las décadas de experiencia de su fundador, Daniel Borasteros, escribiendo crónicas relacionadas con el crimen.
«Me he dejado la indemnización en este proyecto», afirma el periodista, que fue uno de los que salieron de El País en 2012 tras el ERE que aplicó Prisa a un tercio de la plantilla. «Tengo hijos, así que decidí aceptar una propuesta de trabajo que no me gustaba nada, pero que me daría ingresos tras mi salida del periódico. Duré 20 días».
Era el momento. La hora del todo o nada. Escuchar a la cabeza, que llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de crear una revista que tratase temas relacionados con el crimen. No es que estuviese desprovisto de espacio para hacerlo anteriormente, sus crónicas se publicaron en El País durante los 14 años que trabajó para el medio. Pero en los últimos años sintió el ímpetu de querer llegar más allá, de generar información sin estar encorsetado por las restricciones de un medio de gran tamaño. «La rapidez no te daba tiempo para hacer nada con sustancia».
La primera edición salió a los quioscos en octubre de 2013. Actualmente ya va por tres números y el cuarto llegará en junio. Hay quien define Fiat Lux como una publicación sobre sucesos. Borasteros prefiere una definición más amplia para describir su revista. «Relatamos aventuras con un claro enfoque criminal. No se trata de buscar el lado sombrío de la vida. Se busca el asunto escabroso, pero no tenebroso. Describir las grandes aventuras del crimen. No tanto la miseria humana».
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Crónicas como la que abrió el número de marzo firmada por él mismo. En esta historia reunió a tres guardias civiles de distintas generaciones en un rincón oscuro de Madrid y los fotografío en blanco y negro. En la entrevista comentan sus batallitas sin pudor. Uno de ellos, José Luis Cervera, es de los que cortaban el bacalao en su día. «Movió muchas cosas. Era una gran fuente y estaba enterado de todo», dice Borasteros.
La pieza es una oportunidad de ver hablar a estos agentes con la guardia bajada. Un espacio para escuchar sus historias sin los filtros que les suele dotar la institucionalidad de sus puestos. Cervera, el más veterano, incluso confiesa ser «rojo» en sus pensamientos políticos. Cuenta cómo la Guardia Civil permaneció fiel a la República durante su corta existencia.
Unas páginas más adelante, la redactora Rebeca Carranco cuenta la historia de un triple homicidio aún sin esclarecer. «Alejandro estaba ‘deshecho’ desde que Mónica le dejó. La fiscalía mantiene que eso le impulsó a vengarse de ella matando salvajemente con una maza a los padres y a la sobrina».
Una historia de estas características «no cabría en un medio tradicional. No admitirían una crónica contada en primera persona fuera de la sección de opinión. El problema es que se pierden todas esas intrahistorias que hacen verdaderamente interesantes estos artículos».
Aun así, Borasteros se declara seguidor de los sucesos que encuentra en algunos periódicos locales. «Me gustan mucho las piezas de Amaya P, una periodista de Gijón que cubre este tipo de temas. Sus historias tienen un punto de realismo mágico que me fascina».

1fiatl«Las noticias de sucesos reflejan la versión de la policía»

Si algo ha aprendido Borasteros tras tantos años cubriendo estos temas es que las historias sobre crímenes y criminales vienen alimentadas sobre todo por la policía. «El 99% de las fuentes y la información viene de allí. Eso hace que las historias de los malos estén contadas desde su óptica. El problema es que cuando logras entrevistar a ‘los malos’ frecuentemente acaban intentando utilizarte para justificarse. Corres el riesgo de ser su altavoz».
En casos como ese, el redactor ha preferido no publicar artículos así. «No voy a entrevistarles para acabar haciendo un artículo exculpatorio. En esos casos los dejo en el cajón».
El acercamiento habitual al mundo criminal le ha valido vivir de primera mano la gran habilidad que tienen algunos de vivir del engaño. «Para el segundo número entrevisté a unos tipos que se dedican al menudeo. Fue en un bar de Carabanchel. Mientras hice la entrevista empezamos a pedir varios botellines y la cosa siguió su rumbo con normalidad. Ya al final es cuando me la colaron. Fui a la barra a pedir la cuenta y me llegó una de 160 euros. Resulta que ellos habían dicho al dueño del bar que yo invitaba a todos a tomar algo. En ese momento me di la vuelta y mis entrevistados habían desaparecido. En principio me puse furioso y me negué a pagar todo lo que no fuese cerveza consumida por nosotros, pero fue en vano. Cerraron la puerta y acabé accediendo», cuenta Borasteros con una sonrisa en la cara. Gajes del oficio.
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La comercialización, como cualquier revista que se lanza hoy en día, no está siendo fácil. Pero Borasteros, como los antihéroes que relata en sus crónicas, tiene intención de llevar este proyecto hasta las últimas consecuencias. «Prefiero ser cabeza de ratón que cola de león». Un ratón que seguirá navegando la oscuridad humana que también merece ser relatada de forma exquisita.

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«Me he dejado la indemnización en este proyecto», afirma el periodista, que fue uno de los que salieron de El País en 2012 tras el ERE que aplicó Prisa a un tercio de la plantilla. «Tengo hijos, así que decidí aceptar una propuesta de trabajo que no me gustaba nada, pero que me daría ingresos tras mi salida del periódico. Duré 20 días».
Era el momento. La hora del todo o nada. Escuchar a la cabeza, que llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de crear una revista que tratase temas relacionados con el crimen. No es que estuviese desprovisto de espacio para hacerlo anteriormente, sus crónicas se publicaron en El País durante los 14 años que trabajó para el medio. Pero en los últimos años sintió el ímpetu de querer llegar más allá, de generar información sin estar encorsetado por las restricciones de un medio de gran tamaño. «La rapidez no te daba tiempo para hacer nada con sustancia».
La primera edición salió a los quioscos en octubre de 2013. Actualmente ya va por tres números y el cuarto llegará en junio. Hay quien define Fiat Lux como una publicación sobre sucesos. Borasteros prefiere una definición más amplia para describir su revista. «Relatamos aventuras con un claro enfoque criminal. No se trata de buscar el lado sombrío de la vida. Se busca el asunto escabroso, pero no tenebroso. Describir las grandes aventuras del crimen. No tanto la miseria humana».
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Crónicas como la que abrió el número de marzo firmada por él mismo. En esta historia reunió a tres guardias civiles de distintas generaciones en un rincón oscuro de Madrid y los fotografío en blanco y negro. En la entrevista comentan sus batallitas sin pudor. Uno de ellos, José Luis Cervera, es de los que cortaban el bacalao en su día. «Movió muchas cosas. Era una gran fuente y estaba enterado de todo», dice Borasteros.
La pieza es una oportunidad de ver hablar a estos agentes con la guardia bajada. Un espacio para escuchar sus historias sin los filtros que les suele dotar la institucionalidad de sus puestos. Cervera, el más veterano, incluso confiesa ser «rojo» en sus pensamientos políticos. Cuenta cómo la Guardia Civil permaneció fiel a la República durante su corta existencia.
Unas páginas más adelante, la redactora Rebeca Carranco cuenta la historia de un triple homicidio aún sin esclarecer. «Alejandro estaba ‘deshecho’ desde que Mónica le dejó. La fiscalía mantiene que eso le impulsó a vengarse de ella matando salvajemente con una maza a los padres y a la sobrina».
Una historia de estas características «no cabría en un medio tradicional. No admitirían una crónica contada en primera persona fuera de la sección de opinión. El problema es que se pierden todas esas intrahistorias que hacen verdaderamente interesantes estos artículos».
Aun así, Borasteros se declara seguidor de los sucesos que encuentra en algunos periódicos locales. «Me gustan mucho las piezas de Amaya P, una periodista de Gijón que cubre este tipo de temas. Sus historias tienen un punto de realismo mágico que me fascina».

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Si algo ha aprendido Borasteros tras tantos años cubriendo estos temas es que las historias sobre crímenes y criminales vienen alimentadas sobre todo por la policía. «El 99% de las fuentes y la información viene de allí. Eso hace que las historias de los malos estén contadas desde su óptica. El problema es que cuando logras entrevistar a ‘los malos’ frecuentemente acaban intentando utilizarte para justificarse. Corres el riesgo de ser su altavoz».
En casos como ese, el redactor ha preferido no publicar artículos así. «No voy a entrevistarles para acabar haciendo un artículo exculpatorio. En esos casos los dejo en el cajón».
El acercamiento habitual al mundo criminal le ha valido vivir de primera mano la gran habilidad que tienen algunos de vivir del engaño. «Para el segundo número entrevisté a unos tipos que se dedican al menudeo. Fue en un bar de Carabanchel. Mientras hice la entrevista empezamos a pedir varios botellines y la cosa siguió su rumbo con normalidad. Ya al final es cuando me la colaron. Fui a la barra a pedir la cuenta y me llegó una de 160 euros. Resulta que ellos habían dicho al dueño del bar que yo invitaba a todos a tomar algo. En ese momento me di la vuelta y mis entrevistados habían desaparecido. En principio me puse furioso y me negué a pagar todo lo que no fuese cerveza consumida por nosotros, pero fue en vano. Cerraron la puerta y acabé accediendo», cuenta Borasteros con una sonrisa en la cara. Gajes del oficio.
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La comercialización, como cualquier revista que se lanza hoy en día, no está siendo fácil. Pero Borasteros, como los antihéroes que relata en sus crónicas, tiene intención de llevar este proyecto hasta las últimas consecuencias. «Prefiero ser cabeza de ratón que cola de león». Un ratón que seguirá navegando la oscuridad humana que también merece ser relatada de forma exquisita.

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