18 de abril 2012    /   IDEAS
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Revoluciones, hashtags y overpromise

18 de abril 2012    /   IDEAS     por          
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Uno de los males de nuestro tiempo es la exageración. Especialmente, en el lenguaje y en la forma de comunicarnos, tendemos a ponderar en exceso tanto lo bueno como lo malo. La vehemencia con la que les contamos a nuestros amigos el último restaurante que hemos descubierto o la penúltima serie a la que nos hemos enganchado genera no pocas veces eso que algunos llaman ‘overpromise’. El peligro es pasarse de frenada y dejar de ser creíbles porque, luego, la cruda realidad es muy dura.

Súmese a esta tendencia a la exageración otra sociológica: la de pensar que todos y cada uno de nosotros somos superimportantes, que nosotros somos siempre lo último, que hemos dejado a las generaciones pasadas a cientos de millones de años luz en la escala del progreso y la evolución.
Añádase convenientemente a esta mezcla de exageración y egocentrismo una base de descontento popular, crisis económica y alteración social. El resultado no podía ser otro que el fenómeno del ‘hashtag’ con los que se están autodefiniendo algunos de los acontecimientos sociales que nos rodean estos días. Como en las peores campañas de publicidad, adolecen de un ‘overpromise’ del tamaño de la Catedral de Toledo.

Y es que produce sonrojo la comparativa a la que te llevan los autoproclamados hashtags: #spanishrevolution, #primaveravalenciana, #occupywallstreet…

Probablemente, sea producto de esa volatilidad, de ese pensamiento efímero del que alguna otra vez he hablado. Porque, de verdad, es muy pretencioso que unas manifestaciones de estudiantes (por muy justificadas que estén y que no valoro en el fondo) se intenten siquiera comparar con un momento histórico como la Primavera de Praga, un movimiento que transformó la forma de entender una de las grandes corrientes del pensamiento político del siglo XX.

Posiblemente, sea fruto de la inconsciencia que un conjunto de protestas, articulado en torno al desencanto con una clase política que deja bastante que desear, en términos generales, pueda querer compararse, aunque sea solo autonombrándose revolución, con los girondinos y jacobinos que en la cumbre del absolutismo se atrevieron a jugarse la vida en la Francia de finales del XVIII y que, en medio de tantos momentos brillantes como excesivos, nos alumbraron el mundo moderno tal y como lo conocemos hoy en los campos de la política, la ciencia, la religión, la sociedad…

Visto desde la perspectiva de la comunicación, creo que es un error de bulto. Porque, aunque el efecto inicial pueda ser más o menos potente, con el paso de los días, el mensaje se diluye como azucarillo. Y, cuando se mira con la perspectiva de apenas unas semanas o unos meses, los rimbombantes y pretenciosos nombres y etiquetas que se les dio a estos movimientos no resisten el envite.

Creativamente, por otro lado, dejan mucho que desear si no generan una denominación propia, una personalidad auténtica y ex novo, un mensaje que, como en su día la Primavera de Praga o la Revolución Francesa, las convirtió verdaderamente en mitos históricos, no solo por su entidad y su contenido, sino por su simbología e identidad.

Y lo terrible es que, en el fondo, este fenómeno de ausencia creativa, de impersonalidad, de vanidad, no es sino un reflejo más de la sociedad que se critica. Curiosa paradoja la del ‘overpromise revolucionario’.

Ricardo Sánchez Butragueño es director general de Butragueño & Böttlander

Foto: Thomas Heddon bajo licencia CC.

 

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Súmese a esta tendencia a la exageración otra sociológica: la de pensar que todos y cada uno de nosotros somos superimportantes, que nosotros somos siempre lo último, que hemos dejado a las generaciones pasadas a cientos de millones de años luz en la escala del progreso y la evolución.
Añádase convenientemente a esta mezcla de exageración y egocentrismo una base de descontento popular, crisis económica y alteración social. El resultado no podía ser otro que el fenómeno del ‘hashtag’ con los que se están autodefiniendo algunos de los acontecimientos sociales que nos rodean estos días. Como en las peores campañas de publicidad, adolecen de un ‘overpromise’ del tamaño de la Catedral de Toledo.

Y es que produce sonrojo la comparativa a la que te llevan los autoproclamados hashtags: #spanishrevolution, #primaveravalenciana, #occupywallstreet…

Probablemente, sea producto de esa volatilidad, de ese pensamiento efímero del que alguna otra vez he hablado. Porque, de verdad, es muy pretencioso que unas manifestaciones de estudiantes (por muy justificadas que estén y que no valoro en el fondo) se intenten siquiera comparar con un momento histórico como la Primavera de Praga, un movimiento que transformó la forma de entender una de las grandes corrientes del pensamiento político del siglo XX.

Posiblemente, sea fruto de la inconsciencia que un conjunto de protestas, articulado en torno al desencanto con una clase política que deja bastante que desear, en términos generales, pueda querer compararse, aunque sea solo autonombrándose revolución, con los girondinos y jacobinos que en la cumbre del absolutismo se atrevieron a jugarse la vida en la Francia de finales del XVIII y que, en medio de tantos momentos brillantes como excesivos, nos alumbraron el mundo moderno tal y como lo conocemos hoy en los campos de la política, la ciencia, la religión, la sociedad…

Visto desde la perspectiva de la comunicación, creo que es un error de bulto. Porque, aunque el efecto inicial pueda ser más o menos potente, con el paso de los días, el mensaje se diluye como azucarillo. Y, cuando se mira con la perspectiva de apenas unas semanas o unos meses, los rimbombantes y pretenciosos nombres y etiquetas que se les dio a estos movimientos no resisten el envite.

Creativamente, por otro lado, dejan mucho que desear si no generan una denominación propia, una personalidad auténtica y ex novo, un mensaje que, como en su día la Primavera de Praga o la Revolución Francesa, las convirtió verdaderamente en mitos históricos, no solo por su entidad y su contenido, sino por su simbología e identidad.

Y lo terrible es que, en el fondo, este fenómeno de ausencia creativa, de impersonalidad, de vanidad, no es sino un reflejo más de la sociedad que se critica. Curiosa paradoja la del ‘overpromise revolucionario’.

Ricardo Sánchez Butragueño es director general de Butragueño & Böttlander

Foto: Thomas Heddon bajo licencia CC.

 

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Opiniones 8
  • Mucha razón. Sólo un apunte. Me parece que lo de la Primavera Valenciana va más por la Primavera Árabe que por la de Praga. Que a mí me da que, desafortunadamente, de la Primavera de Praga muchos jovenzanos no han oído ni hablar.

    • +1 iba a comentar exactamente lo mismo. La generación Twitter, precisamente por lo que comenta el post, desconoce en su gran parte lo acontecido antes de que a Steve Jobs le diese por enredar con las pantallas táctiles…

  • Pues yo no lo veo ninguna razón a este artículo, no soy un fiel defensor de los movimientos surgidos hace unos meses como Occupy y demás. Pero ya que el autor defiende el periodismo ‘slow’ (en inglés siempre queda mejor) tal vez habría que esperar para poder analizar donde convergen este tipo de movimientos ayudados por las nuevas tecnologías. El artículo carece totalmente de sentido, es determinista en el aspecto que se compara el hashtag con el mensaje completo de los movimientos, olvida otras redes sociales como N-1 u otros elementos y actividades que han ido surgiendo a partir de estos movimientos ciudadanos. Está repleto de comparaciones desafortunadas (Primavera de Praga, Revolución francesa, WTF!) y siento decirlo huele a izquierda nostálgica del mayo del 68 (que es peor que la derecha) y a la creencia de que todo lo que se hizo, se hizo bien, que cambió el curso de la historia a mejor. Cuando dos años después de la revolución se vendían adoquines en las esquinas de Paris como recuerdo turístico. Gran parte de los culpables de esta crisis surgieron de estos movimientos aprovechando el tirón popular. Antes me acercaba a esta revista más a menudo, pero artículos como este, completamente vacuos, oportunistas y llenos de topicazos ya escuchados en todo tipo de medios hacen que la lea cada vez menos. Una pena.

    • @makalister3: Tu lo que querrías es escribir en la revista y sientes envidia del autor, me da a mí.
      Yo coincido plenamente con lo que en el artículo se expone. Enhorabuena.

      • Supongo que es eso, necesitaba expresarme a ver si me contratan por alguna casualidad. Pero no trabajo en marketing, ni en el área del diseño, ni soy cool hunter, ni utilizo aplicaciones para el móvil. Así que lo tengo difícil, por desgracia me dedico a estudiar y a leer sobre acontecimientos como los explicados, e incluso cuando me da por escribir con referencias, si esas cosas que aparecen en los libros en letra pequeña, me informo antes de lanzarme a la piscina y utilizar temas complicados como «Primavera de Praga», trato tener los textos bastante bien atados y no hacer valoraciones personales sin tener ni idea del tema (Remember: «Primavera Árabe», no Praga). Claro es eso, envidia. Creía que además podía surgir un poco de debate, en vez de las incesantes alabanzas de las que estamos acostumbrados, pero ya veo que es más fácil criticar sin argumentos y retwittearlo, y ahora a pasar a otra cosa. ¿Me podrías decir porqué coincides plenamente con el artículo? Yo he expuesto mis razones, si deseas descalificar, creo que puedes hacerlo mejor que un simple comentario con un «¡envidia!» propio de la guardería.
        Vaya! me parece que hay otro artículo sobre la primavera árabe y redes sociales en portada https://www.yorokobu.es/tu-puedes-derrocar-a-un-gobierno/ supongo que esto no es hipocresía, oportunismo y tratar de adornar la publicidad del AppFest con un aire romántico de rebeldía, que casualidad justo cuando están llegando los aniversarios de las movilizaciones. No, ahora eso se llama pluralismo e independencia, LOL!. Sí, tienes razón, la envidia me corroe Vivi.

        • Hola Makalister. Por lo que nos toca, no voy a entrar a valorar el artículo. Al final es un artículo de opinión y me parece muy respetable que estés o no estés de acuerdo. Ahora bien, me parece un poco atrevido tirar por la borda todo el trabajo del medio porque lees una cosa que no te gusta. En lo que se refiere a The App Fest, la lectura que haces es un poco cínica. Es un contenido interesante que hemos querido compartir nada más que eso. Es un medio conformado por personas con colaboraciones de otras personas. En el, caben distintas opiniones. Si este post te ha hecho pensar y reflexionar algo hemos conseguido. Discrepar enriquece la noticia y la hace más interesante.
          ¡Saludos!

          • Hola Marcus, gracias por la respuesta, siento que tal te parezca un cínico. Y no voy a entrar en un debate infinito de a ver quien tiene razón. Como se puede ver en los comentarios simplemente me he sentido molesto por un artículo de opinión de bastante peso político, donde se omite bastante información y no solo eso, sino que se obvia. Cierto lo que dices, mis disculpas, por un artículo no puedo justificar todo el contenido de la revista, la cual siempre me ha parecido bastante interesante, de nuevo mis disculpas. Pero personalmente me cuesta seguir leyendo un espacio que promociona una cosa, para más tarde criticar el uso que hacen ciertos usuarios de esta tecnología (algo que me parece absurdo dado el carácter de la revista, al parecer existe un uso correcto, maduro y revolucionario pro de la tecnología) como por ejemplo los alumnos de Valencia, los cuales creo que tienen todo el derecho a interpretar el uso de cierta tecnología y usar distintas formas de movilizarse y organizarse como les venga en gana. Además después de las leches recibidas por parte de la policía han ganado bastante mis respetos, por muy pueriles que puedan resultar sus hashtags. Como comenté, pienso que son temas que se deben tratar con cuidado, respeto, información veraz y esperar un poco para realizar ciertos juicios de valor tan contundentes como se ha hecho, no solo aquí, en muchos otros medios aprovechando el tirón de las redes sociales. Cualquiera podría realizar una artículo de opinión simplemente criticando twitts y picando información de oídas, pero lo siento, eso no es periodismo y aquí se roza la demagogia. Prefiero vuestros artículos de divulgación. Un saludo para tí también.

          • Hola otra vez Makalister. Está claro que lo que hicieron muchos estudiantes esos días fue admirable pero es verdad también que quizá se exageró un poco con llamarlo Primavera Valenciana. Otra vez está abierto a la interpretación. Es verdad que promocionamos mucho estas tecnologías pero de vez en cuando leer algo que lo cuestiona es sano aunque estemos o no de acuerdo. De nuevo agradezco tu opinión y espero que no sea la última vez que aportes algo en los comentarios en Yorokobu. Gracias.

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